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Fred, shut the fuck up

por · Julio de 2011

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Un poco antes de que se subieran a los aviones como si fueran taxis, cuando todavía no miraban su agenda de conciertos como una infinita boleta de supermercado, Limp Bizkit se clavó en la retina con “Nookie“.

Ese fue el primer arponazo importante de la-gorra-New-Era-de-los-Yankees en Chile.

Desde el cable por MTV o, en señal abierta para Santiago, en el último año al aire de Canal 2; el video dirigido por Fred Durst plantó una enredadera que avanzó con la trilogía de clips que completan “Re-arranged” y “N 2 gether now“, e hizo descubrir vía Napster (siempre que nadie llamara por teléfono en medio de la descarga) al debut bajo perfil, Three Dollar Bill, Y’all$, y el demo Mental Aquaducts.

Otros llegaron por algunos VHS grabados desde DirectTV, con la pasada por el Warped tour, Ozzfest o los cagazos en Woodstock 1999, con increíbles moshing y la mayor concentración de cerveza volando y tetas víctimas de manilargas de la época.

Estábamos frente a un nuevo lugar común de la industria de fines de los 90s, post-grunge, y mucho más visceral en sus conflictos internos que, por ejemplo, la generación Prozac y sus dosis de Fluoxetina.

A place to escape from today -dicen en “9 teen 90 nine“.

Y así bien lo retrata el clip de bajo presupuesto para “Faith“, con imágenes del Family Values tour de 1998, que apareció como manifiesto de una estética que se repetiría hasta el cansancio, como un loop interminable de casi todos los videos y conciertos del nuevo género:

Las adidas Superstar blancas.

Al menos un disco crudo con Ross Robinson en las perillas.

Los frontman con una mano pegada al cierre del jeans suelto y a medio culo, como dicta el manual skater para proteger la entrepierna en una caída, o como los primeros breakers, para hacer más vistosas sus piruetas sobre el pavimento.

Coros con distorsión y gritos, aunque sin el inconformismo de Rage Aganist the Machine ni la poesía existencialista y en ácido de Faith no More, en las letras, como bien apunta Joel McIver en Nu-metal: the next generation of rock & punk.

El aggro-metal se tomaba los medios con su rudeza básica, visceral, y a varios pendejos que crecimos sin saber del sampler a “You’re Getting a Little Too Smart” de The Detroit Emeralds al comienzo de “Nookie“, o que era Scott Weiland de Stone Temple Pilots la voz que grita “hey” antes de “like a chump”.

Así quedó tatuada nuestra entrada al 2000: todos pendejos, menores de edad, esperando pasar a la media, cuando CNN era un loop de hambruna y miseria en el tercer mundo, y la música masiva era una disputa entre boybands y las nuevas divas sub 20, atrincherados en el bando pop, y el aggro-metal como cara visible y plástica del otro lado, del rock.

En ese mismo punto, la época de los legendarios discos: Issues, White pony, Significant other, Chocolate starfish and the hot dog flavored water, Dysfunction, The battle of Los Angeles, Awake, el homónimo Slipknot, Hybrid Theory y The Fundamental Elements of Southtown; la masividad de Limp Bizkit los llevó a filmar encima de una de las desaparecidas torres gemelas.

El máximo símbolo de la época, como nos recordaría Al Qaeda en 2001.

Estaban literalmente en la cima. Y acá hacían saberlo:

outro

Once años después, con varios discos crípticos y sin resultados entre medio, se abre un telón en algún lado del otro hemisferio. La gira que trajo de regreso a Limp Bizkit, con su guitarrista original, lleva exactamente dos años dando vueltas y esta noche es la primera vez que tocan en Sudamérica.

El ex House of pain, Dj Lethal, es el primero en saludar al mutante, en un concierto que debió ser a lo menos 10 años antes.

Unos minutos después de las nueve abre con “Introbra“, que satura al Movistar Arena en versión reducida, a la mitad, como para los Pumpkins; y a saltar: “Why try” saca las primeras notas con un Fred Durst casi intacto, moviéndose de un lado a otro, saltando y sacudiendo su camisa de los Yankees a semanas de su cumpleaños 41.

Casi pegada, la Jackson USA RR1 Randy Rhoads blanca de Wes Borland desenfunda la primera repactación de la noche: “Pollution“, del Three Dollar Bill, Y’all$, del que más adelante solo mostraron “Faith“.

Hot dog“, “Break stuff“, “My generation“. Abajo, se arma el primer pogo de la noche, que ya había encendido 2X, y entre medio, una gotera de colados pasándose a la primera división de la cancha que ya estaba llena.

Arriba, el-Lady-GaGa-de-los-90s, Borland, cambia su guitarra con una calcomanía de arcoiris por la Jackson Warrior WR-1 que lo acompaña desde su regreso a la banda, en febrero de 2009. Cuando, entre medio, el Custom Warwick Streamer stage I iluminado del bajista se une al tapping de Wes en “Re-arranged“.

El grupo que fundaron Sam Rivers y Fred Durst avanza por los mejores réditos de su fórmula para escalar en distintos rankings, entre medio de acoples y varios problemas de sonido, alternando lo mejor del chovinismo con el carisma rockstar: bandera chilena, polerón “Chile”, latas de Stella Artois por acá, una groupie regalándole un koala al vocalista, otro fan cantando galleteado a dúo y con maestría “Full Nelson“, la camiseta de “la selección” con el 10 y Durst en la espalda, el brazo derecho de un lado a otro para la previa de “Rollin’” y el “fuck you” aquí y allá.

Es una fiesta y Fred anda buenas pulgas. Se golpea el pecho, pide que se muestren las chicas.

En 100 minutos de corrido se pasearon por los singles más tocados de su discografía, saltándose unos pocos infaltables- “N 2 gether now“, “Counterfeit“, “Stuck“, “Cambodia“-, aunque haciéndole justicia a su disco más vendido, Chocolate starfish and the hotdog flavored water, del que tocaron más de la mitad.

En el global, lo del jueves aprueba. Un debut con atraso, que nos imaginamos hubiese sido muy parecido una década atrás: Una intro y un solitario tema del disco nuevo. Formación original. Todo el grueso de sus hits 1999-2000. Harto karaoke “spanglish”. 6-7 mil personas. Interludios de Dj Lethal para recuperar el aire- obvio- con House of Pain y trozos de Metallica y The White Stripes. Sonido mediocre (después de “Break stuff“, el cantante tiró lejos su micrófono mirando a los técnicos), aunque la guitarra y la pedalera de Wes hicieron el trabajo.

Unos días atrás él mismo andaba corriendo con quiltros por Providencia.

Bien por la nostalgia, pero no alcanza con Gold cobra. Por mucho que trajeran de vuelta a las chicas con poca ropa y jockeys de los Yankees, los autos deportivos, las coreografías y el maquillaje de Wes en sus nuevos videos. Habrá que esperar al nuevo trabajo que anunciaron para 2012, para ver si de verdad valió la pena el regreso.

Por mientras, como dijo un amigo a la salida, lo de Limp Bizkit fue como las tetas de Claudia Burr en Baby shower: todos queríamos verlas, pero debió ser 10 años atrás.

// Fotos: paniko.cl.

Fred, shut the fuck up

Sobre el autor:

Alejandro Jofré (@rebobinars) es periodista y editor de paniko.cl.

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