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Nicolás López a los críticos: «vayan a lavarse el hoyo»

por · Octubre de 2011

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Justo antes de comerse un sándwich, pillamos a Nicolás López en el Festival de Cine de Valdivia. Estaba ahí para presentar una función especial de su última y taquillera película, Qué Pena tu Boda, pero también para ver films, participar del evento y —cómo no— armar polémicas. Lo vimos tranquilo, sentado, y le preguntamos sobre QPTB y sus proyecciones, y también sobre la discusión que generó entre los críticos la no realización de una función de prensa. Con todo y contra todos, López disparó sin tregua en los quince minutos que duró la charla. Provecho.

// Por Cristóbal Bley, desde Valdivia.

¿Cómo surgió venir a este Festival de Valdivia, tan a último minuto?

—Yo tengo una relación súper especial con Valdivia, desde el principio de los tiempos. Pajero, mi primer corto, lo dieron en Valdivia el año 99. Después Promedio Rojo se estrenó acá, lo mismo con Qué Pena tu Vida (QPTV) cuando era un cortometraje, de ahí con QPTV cuando fue una película; y en teoría al inicio ya me habían invitado antes, pero no iba a poder venir porque estaba con todo lo que era el estreno de Qué Pena tu Boda (QPTB), pero me vine a penas pude.

Es como una obligación.

—Es que es maravilloso Valdivia, es un lugar donde yo siento que pasan muchas cosas, está lleno de energía. Además uno aprovecha de verse con gente con la que de pronto por estar trabajando en ocho mil cosas no te veís. Yo soy súper amigo de Fuguet y hoy día estuve hablando con él y nos dimos cuenta que no nos veíamos en físico hace como un año casi.

Yo hablaba con Sebastián Lelio y él me decía que este Festival servía mucho para reflejar…

—Es un punto de encuentro, heavy.

Pero también para reflejar lo que está pasando en el cine chileno hoy.

—Es que uno también aprovecha de ponerse al día con muchas cosas que uno no vio durante el año o que de repente no vai a alcanzar a pillarlas cuando se estrenen comercialmente. O muchas que ya no se estrenan comercialmente tradicionalmente, muchas que se dan en Internet o se dan en una sola sala, cachai. Los festivales siempre tienen una energía en particular que es súper interesante, y yo le tengo mucho cariño a Valdivia porque muchas cosas que pasaron conmigo en Estados Unidos nacieron de Valdivia: cuando di Promedio Rojo por primera vez estaba el director del Festival de Cine de Los Angeles y él la puso en la selección oficial, y de pronto gracias a eso la vio el director del Festival de Cine de Tokio, y terminé en Tokio, cachai; por Valdivia.

Pero últimamente tus películas no están tan metidas en la onda festivalera. ¿Eso tiene que ver con el tipo de películas que estai haciendo o con otro factor?

—¿En qué sentido?

Lo que tú decíai, que hay muchas películas chilenas que están sólo en festivales y que después no tienen su espacio en el cine comercial. Tú como que no necesitaste más de festivales para entrar a los cines.

—Pero desde el inicio: ya mi primera película, Promedio Rojo (PR), que era así. También es curioso, porque PR estuvo en tres festivales clase A: estuvo en el de Tokio, en Mar del Plata. Después QPTV fue a muchos festivales, siendo que no son películas para festivales. Yo creo que son para cierto tipo de festivales: son para el de LA, el South by Southwest (SXSW), Slamdance, festivales que tienen que ver con el estilo de película. Yo creo que uno siempre tiene que tener claro que el cine que uno está haciendo se lo tiene que dar al público que quiere verlo. No podís invitar a un gourmet a comer al mcdonald’s, me entendís, porque seguramente le va a parecer como el culo. Ahora, si estai después de un carrete y son las 4AM, el mcdonald’s es lo mejor que te puede pasar. Yo como que siento que muchas veces se comete ese error. Hoy día (viernes 14 de octubre) cuando hicimos la función de QPTB acá, una función sorpresa para el público, llegaron 600 personas y era una sala pa 140, y nada más se avisó por twitter. Entonces a mí me parece que eso es maravilloso. A mí me gusta hablarle al público que va ahora, al público que está consumiendo ahora, que son los que tienen 14 años. Los que nacieron hipermegaconectados, que les están pasando ocho mil cosas en la cabeza, gente que ya no lee los medios tradicionales, cachai. O sea, que toda su información es por facebook, por twitter, y que pasan todo el día metidos en jaidefinichon. Es súper interesante eso.

Y en cuanto a tu película, ¿cuánta proyección le ves a la saga de Qué pena? ¿Tendría algún otro paso más?

—Qué Pena nace con toda esta idea de hacer secuelas sobre la vida de un personaje. Truffaut tiene una tetralogía… y es divertido porque la gente no entiende el rollo del alto arte versus lo que es la cultura pop. Entonces por ejemplo Truffaut: Los 400 golpes, es la primera parte de una tetralogía. Después vino Amor a los diecisiete (NdelaR: El amor a los veinte años), no sé qué, y agarraba a Antoine Doinel, que era este personaje, y lo mostraba en cuatro etapas de su vida. A mí eso me parece que es súper interesante, y de alguna forma lo hemos hecho de manera no oficial con Ariel Levy desde PR, QPTV y QPTB.

Y así como ustedes van creciendo con las películas que van haciendo —el equipo y los personajes—, ¿tú creís que el público también va creciendo con ustedes?

—A mí lo que me gusta es que por ejemplo QPTB es mucho más oscura que QPTV. Y que funciona en la lógica de una comedia romántica, pero hace todo lo que no pasa en una comedia romántica gringa: eso es lo que me gusta. Nosotros no tenemos detrás un estudio de Hollywood ni a un grupo de personas que nos tengan que decir qué hacer y qué no hacer, entonces hay una especie de anarquía dentro de eso. Dijimos: hagamos el género pero deconstruyamos el género y hagamos todo lo que no debería pasar en una comedia romántica. Y eso es lo que yo creo que al público le ha gustado ahora, y la razón por la que la película ha tenido tan buena taquilla. Porque tú podís hacer buena taquilla por una campaña, pero eso dura dos días. Porque el boca en boca ahora es brutal, y eso es lo más terrible: ya no podís ocultar si una película es mala, o si el público no conecta con ella. En cambio pasa que la taquilla (de QPTB) hoy día subió, la segunda semana. Y ya le ganamos a Gigantes de Acero, lo que es bien sorprendente para una película que se estrena con la mitad de copias versus la mega producción de cientos de millones de dólares. Entonces le ofrecís al público un empaque similar a lo que ya están acostumbrados, cachai. Es como un brownie con marihuana, es como así. Es un brownie, está hecho con chocolate, pero tiene adentro una cosa distinta al brownie que podis comprar en cualquier otro lugar. Tiene el empaque de una comedia romántica, pero dentro algo que es distinto.

¿Y las posibilidades de exportar la franquicia?

—Bueno, ya estamos en eso. La estamos estrenando en Rusia, que es algo muy sicodélico. La vamos a estrenar en Perú en diciembre, están haciendo el remake de la primera parte en Estados Unidos, compraron hace dos meses el remake para hacerlo en México. Ahora, claro, tú entregai esto y anda a saber si la hacen o no. Pero siempre es interesante, porque es la película más barata que hemos hecho, y aunque toda la gente se mete como oh, QPTB es súper comercial y no sé qué, no se dan cuenta de que QPTB no costó ni menos de la mitad de lo que cuesta una película de arte. Esta es una película que no tiene ningún apoyo del Estado. Acá no llegó el Estado a regalarme 200 palos porque soy simpático. Las dos películas costaron cada una menos de 300 mil dólares, todo el proyecto, incluyendo marketing, copias, publicidad. Buscamos una forma de hacer películas muy muy guerrilla en realización, pero que tengan un resultado que sea competitivo a lo que estamos acostumbrados nosotros como espectadores a ver en el cine. Porque ese es el rollo: nadie paga más barato por ver una película chilena. Pagai la misma plata, entonces porque vai a tener un producto inferior. Eso lo hemos aprendido a patás en la raja.

La mini polémica generada por los críticos y su carta reclamando por la función de prensa que ustedes no hicieron para mostrar la película, ¿qué te pareció? ¿Cuál es tu opinión al respecto?

—Pasa que las funciones de prensa son una actividad de marketing más. Tú hacís una función de prensa para que los críticos hablen o mal de tu película, pero es una actividad de prensa, entonces es como que a ti te reclamaran por no poner carteles en las micros. Es una decisión que tú tomai o no.

También hubo comentarios de otros productores al respecto…

—Si, acá saltaron todos. Porque fui el primero en decir por qué hay que hacerla. Piensa que una película es como si yo celebro mi cumpleaños: ¿por qué voy a invitar a alguien que, uno, me cae mal; y dos, alguien que me puede terminar vomitando en la alfombra y pegándole a mi mamá? Porque es lo que hay que hacer. ¡¿Según quién?! Ahh, porque uno lo hace para que se hable de la película y tenga marketing. ¡No, eso ya cambio! La gente ahora tuitea. Después dijeron que era censura. ¡¿Cómo puede ser censura si llevo tres semanas viajando por todo Chile mostrando la película?! Hicimos una cantidad de premieres, y todas mostrándoselas a la gente, haciendo que la gente fuera, y ni siquiera como a un público elegido, sino que hacíamos premiere avisando por twitter para que fuera la gente y viera la película. Y habían también muchos críticos locales que la fueron a ver. Lo que yo les decía es que no tengo ningún problema en que la vean y hablen de ella, yo eso no lo puedo prohibir, pero paguen su entrada. Es súper simple. Si vai a hacerla pelota, paga tu entrada. Porque lo que sentimos es que lo que sucedió con todas mis películas es que no se habla de mis películas, se habla siempre los primeros tres párrafos sobre mí.

Por ejemplo la gente de la productora Fábula, que ellos hicieron todo un rollo con su película Ulises, hicieron una función de prensa, ¡y no llegó nadie! Entonces tú decís ah ya, todo esto es porque es chori hacer pelota a QPTB.

Es una tontera. A mí me parece que el ejercicio crítico es súper interesante, el rollo es que no hay un lugar donde se haga crítica seria en este país. Tenís a gente que juega un juego de farándula. O sea, Passalacqua, que me parece que es divertido lo que hace, pero finalmente es un personaje. Es lo mismo que sucede con un montón de otros. René Naranjo también es un personaje, una caricaturización del crítico. Leopoldo Muñoz es una caricaturización del crítico. Gonzalo Maza también. Son caricaturas de lo que es un crítico, que además no tienen el espacio para escribir y explayarse sobre lo que les gustaría. Por ejemplo tú leís que Polo Muñoz hace una crítica larga y como seudo intelectual, pero que debería aparecer en un Cahiers du Cinéma más que en Las Últimas Noticias, cachai. Y que son súper personales: el titular de Polo Muñoz fue “Puedes correr pero no esconderte”. Entonces es como que están de la cabeza.

¿Y cómo debería ser, si es que debería ser de alguna forma?

—A mí lo que me gusta de cuando estreno las películas en Estados Unidos, es que hablan de las películas. Bien, mal o regular, pero hablan de las películas. Acá nos duele ser chilenos, y como nos duele ser chilenos, es como cuando, nosé, Ascanio Cavallo por ejemplo ponía sobre QPTV: “tiene una obsesión con el hotel W”. Y es como si tú hai ido al W, y conocís todos los lugares del W, podís darte cuenta que usamos el W usándolo como otras locaciones. Es muy gracioso, nos duele ser chilenos. Nos duele mostrar una ciudad que sea bonita. Acá todo funciona al revés: hay como una postura violenta porque yo quiero hacer películas para que las vea el público, que es como la base del cine. Pero también es lo que le gustaba a Godard, a Truffaut, a Kim Ki-duk. ¿Me entendís o no? Tú finalmente hacís películas para que se encuentren con un público, y acá parece que eso es como si le estuvierai sacando la madre a alguien. Como: ah, es que eso es comercial. Y es como: ¡weón! A menos que tus películas las den en el MoMA, cachai o no. El cine arte como concepto no existe. David Lynch es un autor que cada película de él la ven ocho millones de personas. No es como que la ven veintiséis personas, eso no existe ya. No existe porque el cine de partida es muy caro. La película más barata —pero la más más más barata, lo más barato— igual son 10 mil dólares. Igual es un auto. Aunque lo hagai con esa cámara, con cuatro amigos, en tu casa, y la traigai acá en una copia en bluray, igual son 10 mil dólares.

Entonces eso es finalmente lo absurdo: yo siento que se tiene que hablar de las películas. Acá hay una cosa conmigo en particular, que hablan mucho de la idea preconcebida que tienen de mí y de lo que yo debería o no debería ser. Entonces en un minuto es como, uno: vayan a lavarse el hoyo; y dos: toda la controversia que hubo el año pasado con la weá de que hay un chiste de los down y no sé qué, es como weón, cómo tan tonto. Yo se lo contaba en Estados Unidos a mis amigos y me decían ¡weón, es que es impactante! Porque yo les decía: la misma comedia —la misma comedia— con Drew Barrymore y Ben Stiller, sale ese chiste, y nadie diría nada. Entonces nos duele que pase en Chile. Nos duele que lo diga Ignacia Allamand en vez de que lo diga Mandy Moore. ¿Me entendís? Es súper absurdo. Pero también es súper gracioso: es parte de un juego mediático que hay.

Que incluso te puede servir.

—Sí, no, pero es una estupidez también. Porque no estai hablando de la película. Pero bueno.

¿Y sentís que es algo que tiene que ver solamente contigo o veís que pasa con otros directores chilenos?

—Ooobvio. Es como cuando a Pablo Larraín le dicen que por su origen no puede hacer películas que hablen de la dictadura. Tú decís ¿weón, por qué? También hay que entender que nosotros vivimos en una provincia, hay una cosa muy provinciana. Yo también entiendo a los pobres críticos que no tienen el referente norteamericano o europeo cuando se estrena una película local, entonces por primera vez tienen que dar su opinión. Eso es súper complejo. En cambio con las de afuera se meten y ven ahh, cómo le fue a esta, Metacritic, Rotten Tomatoes, qué dijo Robert Ebert, qué dijo este otro, y ahí escriben. ¿Cachai? Hay de todo igual, gente que yo respeto y admiro mucho. Pero me pasó una cosa súper graciosa con Antonio Martínez, que fue a ver QPTB a una de las premiere. Yo ahí en la presentación digo, weando, que esta es una forma de hacer películas, y que yo hago películas como salchichas, no me interesa el arte y no sé qué. Era claramente un chiste y una ironía. Pero después el llega y escribe en su crítica: Nicolás López y la teoría de las salchichas, que yo quiero hacer salchichas, y es como: ¡es un chiste, weón! ¡Cómo tan subnormal! Y así con muchas cosas, entonces tú decís que esta es gente que no es pensante.

Pero qué es lo que me parece maravilloso: twitter. Toda la gente está comentando la película y son comentarios de gente de verdad, lo que les pasa: se emocionan, no se emocionan, lloran, aplauden, no sé qué. Eso es increíble, hablar directamente con tu público. Yo siento que ese intermediario, donde la crítica buscaba entre la basura y encontraba las joyas y te las presentaba, es una pega que ya no están haciendo. Están haciendo bullying. Entonces qué les hicimos ahora: bueno, no están invitados, paguen su entrada. Y qué hicieron todos: se volvieron locos, hicieron una carta —que es la carta más triste que yo he leído en mi vida, y que me dan ganas de mandarle tres lucas a cada uno así por correo; una cosa muy triste—, y bueno, es algo muy triste.

Nicolás López a los críticos: «vayan a lavarse el hoyo»

Sobre el autor:

Cristóbal Bley es periodista y editor de paniko.cl.

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