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(Me embaracé usando pastillas y condón) Aborté

por · Mayo de 2014

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Esta semana conocimos las complicaciones del aborto de una chica de 17 años. Y al médico que la denunció mientras estaba inconsciente en el hospital. Hechos que simplifican una cadena viciosa, a propósito de que abortar en Chile es ilegal.

En marzo, las amigas de Esmifiesta publicaron este testimonio en crudo de un aborto clandestino. Una práctica frecuente y riesgosa, mientras todavía no existe una ley que permita a las mujeres tomar su propia decisión de abortar.

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decidi abortar

Aborté

Tengo 26 años y hace dos que aborté.

Quedé embarazada tomando anticonceptivos de forma regular, durante varios años y usando condón, con una pareja estable. Soy una mujer de clase media acomodada, estudié en un colegio privado, en una universidad estatal y estoy a punto de comenzar un posgrado. Lo explico porque generalmente se piensa que pasa porque las que quedan embarazadas son irresponsables y no toman precauciones. Además, también mucha gente cree que esto le sucede a jóvenes y mujeres sin estudios, de bajos recursos. Pero no. Le puede pasar a cualquier mujer que mantenga relaciones sexuales, aún siguiendo un método anticonceptivo.

Si seguía un tratamiento con pastillas y además utilizaba anticonceptivos, es porque había evaluado la situación. Había decidido no tener hijos y a mi alcance tenía esos métodos para poder evitarlo. Aún así, fallaron y quedé embarazada.

Mi ciclo era siempre muy regular, por lo tanto, con solo unos días de atraso ya empecé a asustarme. Esperé una semana más. Le dije a mi pareja de ese momento (porque ya no estamos juntos) que necesitaba hacerme un test, al menos, para salir de las dudas. Y del miedo.

Terminé comprando cuatro test de embarazo en una farmacia del Costanera Center y me los hice en el baño de ese lugar. Él me esperaba afuera. Uno tras otro, salían positivos y yo sentía que me iba a desmayar. O a vomitar. Por qué me estaba pasando esto si yo era una persona preparada, una persona que había sido responsable. Salí del baño llorando y le dije que me acompañara a la casa de una amiga. Él me abrazó y me dijo que no me iba a dejar sola.

Después me dejó en la casa de mi amiga y sí, se fue. Ella abrió la puerta, me vio y me dijo —por la cara que traía— «¡estás embarazada?». Me sentó, le expliqué todo y me tranquilizó un poco. Hablamos sobre los pro y contras de tenerlo. Yo decidí no tenerlo. ¿Por qué? Porque estaba terminando de estudiar, no tenía plata (dos condiciones importantes a la hora de haber decidido cuidarme con todo lo que tenía a mi alcance) y, ahora que lo puedo ver con un poco de distancia, tampoco sentía que iba a ser apoyada por mi pareja en la crianza de un hijo. Con esto último, no me equivoqué. Resultó ser la persona más egoísta que he conocido y la que mayor violencia sicológica ha ejercido sobre mí.

Mi amiga me dijo: «bueno, entonces hay que ver cómo puedes abortar». Pastillas. Buscamos por Internet y nos dimos cuenta de que en muchos sitios las vendían. Tengo una amiga que estudió medicina y nos asesoró por completo. Antes de comprarlas y hacerlo, obviamente, nos informamos acerca de todos los efectos físicos que iban a producirme y también los peligros. Tomé la decisión plenamente consciente de lo que estaba haciendo, sintiendo que me podría morir de miedo en cualquier momento, de todas formas.

Fui a comprarlas. Nos juntamos en el Parque Bustamante con la mujer que me las vendió. Me explicó cómo usarlas y nunca me voy a olvidar de su cara de pena al mirarme. Me dijo que le daba mucha tristeza que tuviéramos que pasar por estas cosas y que no existiera una forma legal y menos traumática de hacerlo, pero que ella, con sus conocimientos, quería ayudar a que las mujeres pudieran abortar —aunque no fuera legal—, porque creía que era un derecho fundamental, de todas. Que si necesitaba cualquier cosa, la llamara, que ella me iba a ayudar en todo.

Me dieron ganas de ponerme a llorar y me tomé la primera pastilla de Mifepristona, que es un medicamento que bloquea la producción de progesterona, una hormona necesaria para la continuidad de los embarazos. Eran tres y tenía que tomarlas cada ciertas horas, como preparando al cuerpo para recibir el Misoprostol. Llegada la noche, tenía que introducir esta por el conducto vaginal hasta que el cuello del útero y, después, quedarme inmóvil con las piernas en posición de vela, hasta que sintiera las contracciones.

Estuve toda la noche sin dormir y nunca sentí las contracciones. Esperé unos días y fui al hospital alegando sangramiento, para que me hicieran una ecografía. Cuando la hicieron, me di cuenta que las pastillas no funcionaron porque no llegaron al cuello y se disolvieron sin más.

Me fui llorando y mi pareja me acompañaba. Le dije: «¿Y si no tenemos que hacer esto?». Él, callado, decía «no sé». No sé a todo. Es súper difícil hacerse cargo de algo así, sobre todo si el apoyo que deberías tener no existe. Pero decidí hacerlo de nuevo. Ahora, mi amiga doctora se ofreció a ayudarme e insertar las pastillas. Tenía todos los implementos necesarios. Fue rápido, limpio y con mucho amor hacia mí de su parte. Me quedé recostada y luego de un rato comenzaron las contracciones. Unas horas más tarde, mucha sangre y dolor.

El dolor físico era una cosa que podía soportar sin problemas. Nunca le he tenido miedo a ese tipo de molestia. Pero mi estado emocional era un asco. Era un zombie. A pesar de que mi pareja estaba ahí, en realidad no estaba. Todas las decisiones las tomé yo. Por supuesto, durante todo ese tiempo estaba muerta de miedo, primero, por estar embarazada, por sufrir alguna consecuencia física grave a partir del aborto y, también, por la ilegalidad del asunto. Porque me pillaran y me juzgaran por algo que —he creído durante toda mi vida— debiera ser un derecho de todas nosotras.

Esa noche estaba muerta. No era capaz de tomar más decisiones. Estaba en shock. Cuando me levanté, él me dijo que lo acompañara a un cumpleaños. Le dije que sí. En realidad, le habría dicho que sí a cualquier cosa porque me sentía completamente fuera de mi cuerpo.

Dado mi estado emocional alterado por el miedo y las hormonas, lloraba mucho, habían momentos en los que estaba muy irritable y él se enojaba por eso. Peleaba conmigo y me trataba mal. Me decía que estaba igual de asustado y triste que yo, pero la verdad es que no era así. La que tenía el cuerpo y la mente maltratada por el aborto era yo. Yo me quedaba con eso en mi casa y él se iba a clases, a cenar con sus papás, como si nada hubiese pasado.

Después de una semana del segundo intento del aborto con pastillas, fui al hospital, alegando mucho sangramiento vaginal. Me hicieron un examen de nuevo y el médico me dije que no había nada en mi útero. Que tuve una pérdida natural de un embarazo de seis semanas. Le dice a mi pareja que entrara a la sala. Me vestí. Nos sentó. «Lo siento mucho, es normal que estas cosas pasen. Se desprendió y era muy chiquitito aún», dijo el doctor. Yo no podía dejar de llorar y él pensaba que era por haberlo perdido.

En parte sí, en parte no.

Salimos del hospital y yo seguía llorando con una mezcla de sentimientos raros. Me sentía ajena a mi cuerpo.

Mi pareja me dijo que fuéramos a una fiesta. De nuevo, dije que sí. Era eso o quedarme sola en la casa. Seguía en shock y, ahora, con la distancia, pienso ¿por qué no me dijo que nos quedáramos juntos en la casa descansando? ¿por qué no le dije que quería eso? No dije nada porque ya todo era demasiado.

Llegué a mi casa, me hice un té y me quedé dormida en el sillón con el teléfono en una mano. Desperté de noche y tenía muchos mensajes de un novio enojado: que por qué no le abría la puerta de la casa si en whatspp aparecía que estaba en línea, por qué no le contestaba, que tocó mucho el timbre y que iba camino de vuelta a su casa. Le dije que nos encontráramos en una calle. Estaba enojado.

Si les estoy contando todo esto es porque las discusiones sobre el aborto, desde que yo aborté, me parecen facilistas. Existen muchos niveles y factores que tienen que ser tomados en cuenta a la hora de legislar algo así y nadie que no haya pasado por esto parece entenderlo. Todos se llenan la boca con un discurso acerca de la persona que se supone que va a nacer, pero nadie ha pensado en las mujeres, ni en su salud mental, ni en su salud emocional.

Después de algunos meses, terminé mi relación con esa persona de una forma muy tóxica, tal como él fue después de mi aborto. Siempre me sacaba en cara mi mal genio, que era muy pesada, que era insegura. ¿Cómo crees que queda una mujer después de abortar? ¿Crees que es eliminar un embrión y fin de la historia? No.

Yo he sabido —creo— sobrellevar este tema, porque mi postura siempre fue muy clara al respecto. Es mi derecho decidir si quiero tener un hijo o no. Es mi cuerpo. Y como es mi cuerpo, también tomo la responsabilidad por haber abortado. Eso sí, ese daño es una responsabilidad que comparto con el Estado y con la sociedad que cree que puede prohibir un derecho, basándose solo en sus preferencias a la hora de rezar.

El Estado es responsable de mi miedo. De mi miedo a morir y de mi miedo a ser encarcelada por haber ejercido un derecho completamente legítimo.

Yo quiero ser madre, eventualmente. De hecho, creo que voy a ser una gran madre. Amo a los niños. Amo enseñar. Pero quiero ser madre cuando lo haya decidido, cuando me haya preparado y haya generado un ambiente propicio para que un niño crezca. Voy a ser madre cuando yo quiera. Cuando haya dejado de tomar las pastillas y de usar condones. Cuando haya comenzado a tomar mis vitaminas para que mi niño pueda crecer en el mejor cuerpo posible que pueda crear su madre.

Yo aborté y he sido afortunada, en primer lugar, porque no me morí. Y luego, porque he tenido fuerza emocional e intelectual. Pero cada vez que pienso en que todos los días hay mujeres abortando en peores condiciones que yo, me dan ganas de encerrarme en el baño a llorar y ofrecer la ayuda que sea que pueda ofrecer. Mis condiciones para abortar fueron terribles, sí, pero es lo mejor que se puede hacer en estos momentos en Chile.

Denle la posibilidad a las mujeres de decidir de forma preparada y así evitar situaciones tan traumáticas como esta. Si no quieres abortar, perfecto, es tú decisión, pero tú visión del mundo no puede poner en peligro mi vida.

aborto

Aparecido en Esmifiesta.

(Me embaracé usando pastillas y condón) Aborté

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PANIKO.cl (@paniko)

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