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Chile, Australia, el Mundial, la dictadura

por · Junio de 2014

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Como se sabe, el de mañana no es el primer partido entre Chile y Australia en un mundial. Hace 40 años, cerrando el grupo A, la Roja del Zorro Álamos guardaba cierta esperanza de clasificar a segunda fase. Tenía que ganarle a los australianos y esperar que, como luego lo haría la historia, los alemanes capitalistas derrotaran a sus compatriotas comunistas. Ninguna de esas cosas pasó.

El partido fue fome. Cero a cero. Australia se defendió bien y Chile atacó mal. A pesar del retorno de Caszely —el primer jugador en ver la tarjeta roja en la historia de los mundiales, en el debut—, la Selección no pudo. En el segundo tiempo, aparte, se largó un diluvio que inundó al Olímpico de Berlín y el partido se transformó en un desperdicio total.

Mientras permanecieron concentrados, la Asociación Central les prohibió a los jugadores chilenos dar entrevistas con medios extranjeros. Nadie podía hablar. Tampoco leer los diarios —¿el Pollo Véliz sabía alemán?— ni escuchar la radio. Estaban encerrados, sin contacto exterior: la idea era mostrarle al mundo que no había nada que mostrar, que Chile era un país en paz, donde los defensas eran altos, los delanteros rápidos y se escuchaba a los Huasos Quincheros.

El día del primer partido, ante el local Alemania Federal, una bomba explotó en el consulado de Chile en Berlín Occidental. Nadie murió ni resultó herido. Afuera del estadio, cientos de personas, portando lienzos de Víctor Jara con frases en alemán, se oponían a la participación de una selección que representaba a una sangrienta dictadura. Un comité sueco pro-chileno emitió un comunicado: «Consideramos, consecuentemente, la participación chilena en la Copa del Mundo como una demostración directa en favor de la dictadura de los “gorilas”, sin dejar de ser, al propio tiempo, un acto contra la lucha del pueblo de aquel país».

De las 17400 personas que soportaban la lluvia y el aburrimiento —un cuarto de la capacidad del estadio—, once tenían una misión que superaba mirar el partido o apoyar a la Selección. Eran partidarios de Salvador Allende —u opositores a la dictadura—, que durante todo el encuentro gritaron «Chile sí, Junta no». Como sabían que se estaba transmitiendo en vivo a todo el mundo, y por supuesto en Chile, al comienzo de la segunda parte entraron a la cancha con una bandera nacional. «CHILE SOCIALISTA», le escribieron encima, y llegaron a la mitad de la cancha, mientras los jugadores miraban con miedo. Alcanzaron a acostarla en el pasto mojado, para que se leyera el mensaje, cuando unos treinta policías berlineses ingresaron a correrlos. Los dejaron libres esa misma noche.

Chile volvió sin nada en sus manos: ningún triunfo, apenas un gol. Los exiliados y los contrarios a la dictadura celebraron: un triunfo de la Selección sería un triunfo de Pinochet. Mañana la Roja vuelve a enfrentar a Australia. ¿Un triunfo de Chile será un triunfo de quién? ¿Del pueblo? ¿De la ignorancia? ¿De todos, de nadie? ¿De los jugadores, de sus representantes, de los auspiciadores, del Rafa Araneda?

Chile, Australia, el Mundial, la dictadura

Sobre el autor:

Cristóbal Bley es periodista y editor de paniko.cl.

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