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¿Cómo cachar qué amigos de Facebook usan Tinder?

por · Agosto de 2014

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¿Su nueva foto de perfil es más coqueta y extravertida? ¿Le hace me-gusta a todo? ¿Actualizó su frase? It’s a match! Ese huevito quiere sal.

En 1965, todo era sumamente sencillo si uno vivía en EE.UU., más aún si además se tenían tres dólares y se estaba dispuesto a sentarse durante una hora contestando un test de 110 preguntas, entre las que se encontraban perlas como «¿crees en un Dios que responde a las plegarias?», o «mi cita ideal sería: a) muy experimentada sexualmente, b) moderadamente experimentada sexualmente, c) algo experimentada sexualmente, d) sexualmente inexperta, e) no me importa».

Las respuestas se iban entonces a una tarjeta perforada, como las que conocimos en los setentas en Chile jugando a la Polla Gol o dando la Prueba de Aptitud Académica. Junto con la tarjeta personal, a la “maquina” —que se llamaba “Operation Match” y había sido creada por los estudiantes de Harvard, Jack Tarr y Vaughan Morrill, con ayuda de David Crump y Douglas Ginsburg— se ingresaban decenas de miles de cartones similares. Tantos que, con complejos algoritmos matemáticos, la entelequia, suerte de tómbola virtual, lanzaba una ganadora, la chica de nuestros sueños, la persona más compatible. Era el inicio de las citas determinadas por un ordenador, una especie de Her en versión MOD y steampunk.

tindermemeHoy la cosa ha llegado a ser sumamentísimamente sencilla, basta meterse a Google Play desde el smartphone, descargar Tinder, conectarse con la cuenta de Facebook… y, a buscar pareja. ¿El acabose? ¿Otra señal de que la “singularidad” ya llegó? Quizá nada de eso. En un paper que generó revuelo, y que fue publicado en mayo de 2013 por PNAS (aka “revista penas”, aka “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America”), una de las tres revistas científicas más prestigiosas del planeta, los especialistas Cacioppo, Cacioppo, Gonzaga, Ogburn & VanderWeele (“Marital satisfaction and break-ups differ across on-line and off-line meeting venues”) reportaban que hoy en los Estados Unidos un 33% de las parejas se forman por estos medios online. Y lo que es mejor, ellas reportan, tras años de matrimonio, que están bastante más satisfechas de sus relaciones que los que siguen con modalidades offline para encontrar su peor es ná. Incluso, la tasa de divorcios ha caído en aquel grupo demográfico. Es verdad que detrás de estos sorpresivos resultados estaban esperando unos fondos de eHarmony.com, uno de los líderes en el mercado de buscar la media naranja mecánica (con un sano ranking Alexa un poco más alto que 2.000), pero hasta ahora los datos no han sido refutados.

Dado lo impresionante de este hallazgo, le echamos un vistazo a Tinder mismo, con ganas de encontrar algún patrón. Y lo que pasó es cuando menos raro.

1. La foto es todo: como hemos comentado en otros lados, la idea de que en las relaciones interpersonales representamos un papel como en el teatro —ocurrencia de Erving Goffman hace una tracalada de años— está más vigente que nunca en las redes sociales como Facebook o Twitter. En estos casos, como comentan centenares de papers (solo en 2014 se han publicado más de mil artículos sobre el tema), «la presentación del sí mismo» se realiza por medio del perfil y en mucho menor medida por las actividades en la red. Así que esa foto con el fondo de Machu Picchu o la Torre Eiffel, esa selfie foodie, esa toma decúbito dorsal en la yapla, habla caleta sobre nosotros mismos. Gosling, Gaddis & Gazire (2008) muestran que la foto ideal, la que más llama la atención en el perfil (particularmente de potenciales peor es nás) es la extraversión. Así que la idea es que la foto muestre a la persona haciendo algo que muestre que tiene harta personalidad y que no es tímida. Así que pista uno: fíjese en las fotos de sus contactos en Facebook. ¿Están insinuando ser extravertidos y ser alegres (otra de las marcas de fábrica de los sitios online de citas)? Entonces de más que están en Tinder, porque, como ya sabemos, Tinder, para evitar rollos, toma la foto de perfil del Facebook como foto de presentación.

2. Muchos “me gusta”: uno de los algoritmos sencillos que usa Tinder para buscar matchs, igual que el viejo “Operation Match”, son gustos en común. Mientras más, mejoran las probabilidades de encuentro. Pista dos: ¿de pronto a alguno de sus contactos le dio por ponerle me gusta hasta a la página de fans de “Cachureos” y “Peter Rock”? Hummm.

3. El oráculo de la frase de perfil: hasta ahora la frase de perfil del Facebook pasaba desapercibida en medio de tantos datos. Pero ahora esa es la frase que pasa al Tinder como el CV del o la usuario. ¿“Soy feroz y vivaz”, “En mi patio hay arbustos…”? Pista tres: el mensaje no es para los amiguis, es para los amiguis del futuro.

4. Muchos cambios en poco tiempo: quizá cambia de perfil muchas veces, foto, gustos, frases. Pista cuatro: está jugando al ensayo y error.

5. La producción de la foto: ¿nuestros contactos tienen fotos de perfil que parecen sacadas de Fotolog, o encuadradas en “planos psicológicos”? Pista cinco: si es lo segundo, está en Tinder.

Ahora, claro, viene la pregunta del millón. ¿Qué nos importa a nosotros lo que hagan nuestros contactos con sus vidas, Tinder? Nada, es solo por copuchar.

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¿Cómo cachar qué amigos de Facebook usan Tinder?

Sobre el autor:

Ricardo Martínez (@terceracultura) es Magíster en Estudios Cognitivos y Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, con mención en Lingüística, de la Universidad de Chile. Fue asesor musical de la serie de Canal 13 Los 80.

 
 

 

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