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La leyenda sin fin: mil queques para Link

por · Abril de 2015

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zelda link

A punto de cumplir treinta años, el universo de Zelda sigue como uno de los caballitos de batalla de Nintendo.

A continuación, un problema de primer mundo. Salen y salen Zeldas y yo no tengo plata. Era más fácil la época en que uno sabía que podía llegar para el cumpleaños. Si no, había que cruzar los dedos para recibirlo en navidad. Y si de nuevo no, negociar y fusionar los regalos de cumpleaños y navidad de dos años. Pero la vida real ya no es así.

Algunos quieren la mejor cámara, el mejor celular, la ropa de moda, ir al festival que traiga a las bandas que escuchaste todo el año. Yo no quiero nada de eso. Yo quiero el Zelda.

Si bien la saga de acción y aventura partió mucho antes, con The Legend of Zelda en 1986 para NES (Nintendo Entertainment System), el primero que pasaría por mis manos fue la cuarta entrega: el Ocarina del Tiempo, lanzado en 1998.

A los siete años —entiéndase que no tuve el juego apenas llegó al mercado— con suerte comprendía los diálogos eternos del búho, o la historia de la trifuerza repetida en innumerables ocasiones, pero en mi casa había un diccionario y con mi tía —fiel compañera de juego— traducimos como pudimos. Para mí era como cuando los niños juran que leen por ver los dibujitos de un libro. Amor a primera vista.

Pese a que mi primer juego en N64 fue el Mario 64, preferí las orejas puntiagudas que un fontanero con bigote. Más allá del problema de la traducción —que pude sobrellevar con los años—, mi drama era otro: le temía a todo. No exagero: el juego era mi adrenalina, como casi un The last of us para la época. Y por eso, no quería que se hiciera de noche, porque salían los esqueletos. No quería ir al cementerio, porque al acostarme aparecerían las momias en mi espalda. No quería entrar al templo para ser niño o adulto, porque la musiquita me resultaba escalofriante. En resumen: cabra llorona.

zelda

Pero jugar la Ocarina del Tiempo no fue nada, al lado de su continuación, Majora´s Mask (2000). Hoy adaptado para la New Nintendo 3DS, es conocido como el juego más oscuro de la saga. Para los que no lo hayan jugado, Link, luego de haber salvado a Hyrule y vuelto a ser niño, continúa su viaje y llega a Termina. Los primeros minutos del juego me paralizaron; en cosa de segundos, el niño de traje verde pierde a su compañera Epona y a su Ocarina por Skull Kid, un espantapájaros con una misteriosa máscara. Como eso no fue suficiente, Link persigue al espantapájaros y acaba peor de como empezó, convertido en un Deku.

Hasta el momento, no suena tan oscuro. Sin embargo, las mini historias del juego van conformando un todo desconsolador; el actuar de Skull Kid —dominado por la Máscara Majora— pondrá fin al mundo, pues al cabo de tres (miserables) días una Luna con ojos desorbitados caerá y aplastará todo, y por mucho que lo intenten, nadie saldrá vivo de esta. Me cagué de miedo.

La nueva entrega de The Legend of Zelda: Majora’s Mask en versión 3D, fue lanzada en febrero de 2015 para la consola portátil New Nintendo 3DS, un aparato prácticamente igual a la 3DS, pero con un 3D mejor resuelto y un nuevo stick (que en el caso de Zelda servirá para mover las cámaras). Lo más novedoso —y caro— es la integración de los Amiibo, figuras coleccionables que al mismo tiempo permiten llevar a tu personaje favorito a determinados juegos, como ya lo hizo Skylanders.

Pero Majora´s Mask no es mi favorito de la saga. Sí, disfruté una relación de amor y odio con la Luna de ojos demoníacos o la invasión extraterrestre que tenía por objetivo abducir las vacas del rancho, pero mi preferido viene mucho después, para la consola Game Cube y posteriormente adaptado para Wii. Me saltaré los episodios de la saga en donde sale Toon Link –estilo del juego más infantilizado, ocupado en los juegos de portátiles y Wind Waker (2003)- para llegar al juego más maravilloso de mi vida, The Legend of Zelda: Twilight Princess (2006).

Entre medio de la línea Ocarina-Majora´s Mask existen otras entregas que nos llevan a otro momento histórico en el legendario Hyrule, produciendo un enredo entre sus seguidores. Por eso, sus creadores publicaron en 2011 la cronología oficial de la serie en el libro Hyrule Historia, en donde se explica que The Legend of Zelda cuenta con líneas de tiempo diferentes, mas se unen por la misma leyenda del joven guerrero. Entre estas otras temporalidades alternativas se encuentra Twilight Princess.

También dirigido por Eiji Aonuma y Shigeru Miyamoto, el juego repite la trama de un joven que no puede renunciar a su destino: ser el guerrero elegido para salvar al mundo del mal, resolver acertijos y eliminar los focos de oscuridad esparcidos por los diferentes templos, a lo que se le suma la constante lucha con las sombras —propias de esta entrega— que provienen de una realidad paralela, el Reino Crepuscular.

Eso no suena suficiente, para darle más dramatismo, Link perderá su forma humana cada vez que tenga contacto con la otra dimensión oscura, convirtiéndose en lobo durante gran parte del juego. Otra novedad es que en vez de un hada -o un bote, como en Wind Waker– la acompañante de Link será Midna, la princesa del Reino Crepuscular.

Este nuevo personaje rompe los esquemas del rol femenino de la princesa Zelda, quien necesita de su alter ego Sheik -en Ocarina del Tiempo– para abandonar su pasividad. Con un carácter muy complicado y diálogos sarcásticos que una y otra vez cuestionaban las habilidades de Link, Midna se roba la película y rompe corazones al confesarse a Link para luego destruir la única forma de volver a verlo una vez que ambas dimensiones -Hyrule y el Reino Crepuscular- ya han vuelto a la normalidad. Un final sublime.

El último integrante a mi colección personal fue la única entrega inédita de Zelda para Wii, Skyward Sword (2011) —también se hizo una versión compatible de Twilight Princess y un juego para practicar la puntería, Link´s Crossbow Training—. Ya superada en gran parte mi cobardía, este juego resultó relativamente sencillo, aunque fue la primera vez en que podías controlar la Espada Maestra con el mando de Wii. Con una estética similar a Twilight Princess, lo que más puedo decir es que en esta entrega, las miradas cómplices y los palos que le tira Zelda a Link son mucho más evidentes. Ah, y también se debe destacar a Grahim el rey demonio, uno de los tantos “malos” de este juego, que sin duda será recordado más que por su maldad, por su lengua. La dejo ahí, googleen.

Algo que no puede faltar en esta declaración de amor eterno es uno de los pilares del juego, la música. Qué habría sido de la Ocarina del Tiempo sin la “Canción de Epona”, o en Majora´s Mask sin la “Canción del Tiempo”. Qué sentido habría tenido la batuta de los vientos en The Wind Waker o la Lira de la Diosa en Skyward Sword. Así, en todas sus versiones, Zelda regala melodías —generalmente orquestadas— con la personalidad de cada juego, encontrándonos con las desoladoras canciones de Majora´s Mask, o los oscuros lamentos del aullido del Link lobo en Twilight Princess, sin contar con las canciones propias de cada escenografía, como el prado, el bosque, el rancho o Kakariko.

Nintendo sabe que Pokémon y Mario Bros., junto a The Legend of Zelda son sus caballitos de batalla, los que probablemente los salvan de los números rojos cuando la competencia de PlayStation, X-Box y el mercado abierto para tabletas y smartphones se empodera y expande. Ante esto, no es de extrañarse que relanzaran la Ocarina del Tiempo para 3DS, seguida el 2013 por Link Between Worlds para la misma consola, con una nueva parte para agregar a la leyenda del héroe de traje verde.

Poco tiene de la magia de Zelda y su esencia más meditativa que bélica, pero los personajes que aparecen en Hyrule Warriors, el juego lanzado el 2014, tienen un diseño más minucioso como plus, además de poder elegir a tu favorito y verlo en acción a modo colaborativo con los otros personajes pertenecientes a las diferentes entregas y temporalidades de la saga. Entre ellos, puedes optar por los archi conocidos Link, Sheik, Impa, o por secundarios que más de alguno quiso dominar.

Este juego tiene de antagonista a Cia, una hechicera que se enamora de Link —déjate una—, pero al no ser correspondida desata su furia y es apoderada por el mal. Sin embargo, no podía faltar el malo de los malos. Después de todo, Zelda no es Zelda si falta Ganondorf.

Reflexión del día: extrañamente nunca le temí al líder de los Gerudo, tal vez lo encontraba un poco mino, y más todavía en su versión mejorada y en HD que desarrolla Nintendo para sus juegos en Wii U. Recordatorio: no juzgar el libro por su tapa.

Durante el año pasado, Nintendo reveló sus planes de producir un nuevo título de Zelda para Wii U. Pese a que han subido videos de avances, solo son para dejar con las ganas a sus seguidores pues no se habla de fechas. Mientras tanto, puedo instalar de nuevo mi N64. #alcaboqueniqueria.

La leyenda sin fin: mil queques para Link

Sobre el autor:

Laura Aliaga

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