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Daniella Chávez salió en Playboy: a pajearse sin culpa ni miedo, hermanos

por · Julio de 2015

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Chile ganó la Copa América y con esa euforia nacional se ocultaron los verdaderos temas.

No te hablo de que los políticos te siguen intentando decir qué puedes o no puedes fumar o jalar o inyectarte o abortar preocupados supuestamente de tu salud o de que no enloquezcas y te mates o mates a alguien mientras en realidad son amigos o empleados de los narcos y los empresarios del copete y el cigarro y amigos de los doctores pro-y-anti-aborto y te roban hasta el agua y permiten que las industrias conviertan en mierda hasta el santo aire que respiras.

Eso lo sabes. A estas alturas, sabemos, la única posición política posible es estar 100% en desacuerdo con totalmente todo lo que digan. Partiendo por el hecho de que la cantidad pornográfica de plata que ganan es directamente proporcional al porte del puño que te meten en el poto.

Nada de eso importa, por el momento, por ese cálido e infinitamente placentero momento de la masturbación trascendental.

Si nos enfocamos en que mientras todo eso pasaba, un ángel bajó a la tierra, y después de calentarnos la sopa un buen tiempo en la tele y la internet con su carita de pornocelana (porno + porcelana) decidió por fin sentarnos a todos a la mesa, echarse de espaldas encima, tomarse la sopa hirviendo y expulsarla con la temperatura y espesor perfecto en forma del néctar de la eyaculación femenina- squirt a nuestras sedientas bocas.

Como postre, se sentó sobre nuestra cara para una probadita de ese plato de frutos del bosque que es su vagina de ensueño.

Estoy hablando de que Chile ganó la Copa América y también su primera portada de Playboy.

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Porque Daniella Chavez al fin le regaló al mundo su desnudez. Y pareció algo tan natural. Como si la ropa siempre le hubiese incomodado. Como si hubiese estado siempre de más. Como si de pronto me hubiese quedado dormido sedado en el más hermoso sueño y luego despertar y que sea realidad.

Y no es sexismo. Corten el hueveo, mierda. Que a un hombre le guste una mujer, que le caliente una mujer, que quiera ver desnuda a una mujer, que quiera chuparle las tetas y la vagina y el poto y hasta los dedos de las patas a una mujer no convierte a un hombre en un sexista ni en un depravado.

No es la intención, nunca ha sido, la de decirle a nadie que es lo que está bien o lo que está mal. Pero sigamos un ejercicio de lógica: ¿Por qué de pronto solamente las mujeres y los homosexuales —con todo respeto y cariño— tienen derecho a vivir y hablar y mercantilizar sobre su sagrada sexualidad, sobre qué les gusta y qué no les gusta? ¿Por qué si un hombre, clase media, heterosexual, dice que le calienta una mujer, es automáticamente un violador en potencia, un neandertal, casi un femicida, un fascista?

Creo, honestamente, que si hubiera existido siempre esta heterofobia reinante, no habría habido ni la mitad de la poesía/música/escultura/pintura que existe ahora. ¿Quién más caliente que un artista?

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El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es Claudio Bertoni. ¿No tiene un libro el compadre de fotos de minas en la micro o en la calle, de potos (creo)? ¿No escribió un hermoso verso sobre lo lindo que es caminar zen por la calle detrás de un bello trasero de mujer? ¿Qué pasaría si lo escribiera hoy? Lo hubieran censurado. Tratado, en el mejor de los casos, de viejo verde.

Por eso hermano, hermana, te invito a mirar sin culpas el cuerpo de una mujer que sabe que está sobre esta tierra para excitarnos. Que le calienta calentarte.

Te invito a babear, a sentir ese exquisito cosquilleo en la genitalia que se expande hacia las piernas y hacia el estómago. El corazón latir más rápido y más fuerte. A sentir ese ahogo en el pecho, ese bloqueo en la mente, ese fuego en los testículos que solamente se extingue cuando eyaculas tan fuerte como un extintor.

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Daniella Chávez salió en Playboy: a pajearse sin culpa ni miedo, hermanos

Sobre el autor:

Domingo Verdejo

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