Publicidad

Pedazos de una película imposible

por · Enero de 2016

Publicidad

Hace muy poquito tiempo descubrí que me gusta hacer entrevistas. Cuando supe que Felipe Cussen lanzaría un nuevo libro (el 21 de enero en Estudio Panal) decidí sumarlo a mi pequeña y modesta lista de entrevistables. A horas de partir a un largo viaje, con una maleta sin hacer y con muchos pendientes, logré coordinar con él una conversación por chat para preguntarle por Explicit Content (Gauss PDF), un libro compuesto a partir de textos apropiados de la “Guía para padres” del sitio Internet Movie Data Base.

—Desde hace un tiempo que vienes investigando y practicando en torno a las relaciones entre música electrónica y poesía contemporánea. Cuéntame cómo se dio ese vínculo para la creación de este libro.

—Sí, hace muchos años que he estado estudiando e investigando de manera paralela en música y literatura, por lo que ya desde la universidad me surgía naturalmente pensar en algunos vínculos (adaptaciones musicales de poemas, letras de canciones, etc.) y también en géneros híbridos como la poesía sonora. De a poco comencé a trabajar con la voz en programas de edición de audio bien sencillos (como Audacity), pero hace ya casi seis años quise tomarme más en serio el aprendizaje de música electrónica y empecé a bajar softwares, comprar equipos, y tomar clases con Ricardo Luna. Además, comencé a participar de manera activa en improvisaciones de poesía sonora con amigos del Foro de Escritores, y en proyectos como La Orquesta de Poetas. En ese período, paradójicamente, fui escribiendo cada vez menos «poesía», y aunque se me ocurrían algunas ideas para proyectos, me enfocaba más en tratar de avanzar en la dimensión sonora. Este libro, Explicit Content, es lo primero que publico como libro (no sé si de poesía, porque lo veo más como narrativa) en todo este tiempo, y si bien no fue una influencia tan consciente, es claro que no podría haber surgido si no hubiera estado tan pegado con procedimientos y formas de trabajos como el sampling y la programación de secuencias aleatorias, que son muy propias de la música electrónica, aunque también de otras artes.

—Cuéntame un poco cómo fue el proceso desde que escogiste trabajar con la “Parents Guide” de la base de datos IMDB y el resultado final.

—La mayoría de mis libros anteriores me han tomado mucho tiempo, a veces han pasado cinco o diez años entre que los concebí y los iba corrigiendo y rearmando hasta que conseguía publicarlos. En este caso, en cambio, fue súper rápido, porque su origen fue más bien de tipo conceptual: me propuse una serie de restricciones que tenía que ejecutar. Se me ocurrió unos meses antes y básicamente lo realicé en un par de semanas durante las vacaciones de febrero. Fue un proceso bastante rápido y divertido, porque me entretenía mucho el material con que estaba trabajando. Siempre me había gustado mucho la “Parents Guide” de IMDB porque refleja esa corrección política típicamente gringa (y que también se ha implantado en Chile), que no es más que otra forma de moralismo. Pero lo que me interesa especialmente es ese lenguaje tan higiénico, pudoroso, que resulta absurdo (por ejemplo, cuando reemplazan los garabatos por otras expresiones). Ese es un problema estrictamente literario muy interesante, porque de algún modo ese es un lenguaje figurado, y en esos dobleces aparecen cosas raras. Algo que me resultó llamativo, una vez que finalicé el libro, fue que me di cuenta que se ligaba con otras cosas previas donde también había un interés por el cruce entre literatura y cine o tv, como mi primer libro de poemas, Mi rostro es el viento, que es sobre James Bond, o un texto titulado “Ideas para comedias”, donde pongo pequeños argumentos de posibles películas.

—Con respecto a eso, me llama la atención que en este y otros trabajos sueles jugar bastante con el humor y la ironía, a partir de los que se suele “colar” bastante crítica, pero no de manera obvia ni directa…

—Sí, el trabajo con el humor y la ironía ha sido siempre fundamental para mí, en parte porque me parece que ya es muy posero dárselas de poeta, pero principalmente porque considero una obligación entretenerme y tratar de producir algo entretenido en estos procesos. Sé que puede sonar muy raro en nuestro contexto literatoso, pero últimamente estoy muy pegado con eso: cómo hacer cosas entretenidas, que a la vez puedan ser experimentales o complejas o abiertas, no reductivas.

—Justo te iba a preguntar por eso, pero más en relación con el Conceptual Writing o conceptualismo. A diferencia de muchas publicaciones que se podrían clasificar dentro de ese «ámbito», publicaciones que no exigen necesariamente ser leídos sino en ocasiones todo lo contrario, Explicit Content es bastante leíble e incluso entretenido. Eso me llamó harto la atención…

—Claro, ahí hay varios puntos. Es evidente que este libro se relaciona con el Conceptual Writing (que he estudiado bastante los últimos años), aunque aún más atrás con otros trabajos que desde antes hacía con citas. En este caso efectivamente todos los textos son citas, medianamente ajustadas y homologadas, pero citas al fin y al cabo (cuya fuente directa no indico en el libro mismo). Cabe la posibilidad, entonces, de que alguien piense que yo escribí todas esas cosas o, más aún, que ando fijándome todo el rato en esas cosas. Me gustaría que se produzca ese malentendido, aunque al final creo que prevalece el sentido de la composición y supongo que se termina entendiendo que no estoy hablando de una manera directa. Luego está lo que dices de la legibilidad y el humor: ahí hay un elemento complejo porque en algunos poetas conceptuales ha habido una defensa del aburrimiento, con obras muy extensas (“unboring boring” lo llama Kenneth Goldsmith), o también una tendencia al hermetismo (por ejemplo, obras que corresponden a transcripciones de códigos, etc.). Es curioso, porque me interesan mucho esas obras, y me encanta investigar al respecto (mi tesis doctoral, de hecho, fue precisamente sobre el hermetismo). Pero en mi propio trabajo me gusta trabajar con formatos muy breves (por ej. mi libro Deshuesos, que es una prosa súper enredada, o en mi disco quick faith), para que su efecto funcione de manera bien concentrada, y también me gusta desarrollar formas de entrada que sean muy directas, como ocurre en este libro.

—La primera vez que leí Explicit Content lo primero que me pregunté fue ¿qué procedimiento habrá detrás de esto? Lo único que intuí con relativa seguridad es que tenía que ver con películas. Conociendo tus otros trabajos, me consta que muchas veces te interesa que ese “referente” no sea reconocible. Por ejemplo, desestructurar y distorsionar por completo una palabra hasta que sea solo sonido. ¿Cómo manejaste —en el caso de este libro— esa tensión?

—Como te decía, desde hace mucho tiempo que trabajo con materiales apropiados; mi primer proyecto más o menos en serio (que hice entre el ’93 y el ’94) incluía muchísimas citas, de cartas, de libros, de cosas que había escuchado, y durante mucho tiempo lo he seguido haciendo. Generalmente las incluía entre comillas, y textuales; las trabajaba con una cierta «ética», podríamos decir. La gran diferencia en los últimos años (y que ha tenido que ver con lo que me ha inspirado la poesía conceptual, entre otras influencias) ha sido justamente quitar esas comillas, permitirme hacer algunas modificaciones, y omitir la fuente. Como dices, eso ocurre también a otro nivel en quick faith (donde a pesar que todos los sonidos provienen de mi propia voz están tan alterados que por momentos parecería que son de un sintetizador). Igual, por otra parte, en muchas performances de poesía sonora en vivo me gusta justamente mostrar la fuente e irla variando gradualmente, para que se perciba el proceso. En este libro sí hubo una preocupación específica: quería producir el efecto de mezcla entre los distintos fragmentos, y que pareciera que se podían mezclar indistintamente, como si fueran pedazos de una misma película imposible. Para eso, borré todas las marcas de personajes, lugares, etc.: así, aunque el lector pueda reconocer parte de una trama específica, ésta no quedará fijada, y se podrá recombinar. Otros de los fragmentos, en cambio, podrían pertenecer a cualquier película, como aquellos donde hay un personaje que fuma.

—Esa mezcla que se produce (de muchas películas en una) funciona muy bien sobre todo por lo descriptivo de las frases que te apropias. Es como estar «viendo» esas escenas una encima de la otra. En todo caso, aunque a primera vista Explicit Content está compuesto a partir de una combinación aleatoria de descripciones de películas, una vez que se avanza en la lectura uno se percata que hay cierta estructura detrás que se repite. Por ejemplo, todos terminan con los “garabatos”, lo que le da un ritmo a la lectura, como si fuera una oración que se repite circularmente.

—Sí, en cierto modo pienso que funciona también como un zapping, aunque bien cargado para el sexo y la violencia. Quise enmarcar todo ese material en secuencias más o menos breves, con unas pocas citas por página, para que se produjeran pequeñas unidades, como si fueran treinta resúmenes de películas, cada una hecha de pedazos de otras películas. Lo único que me preocupé de dejar fijo era el final de cada una, donde voy colocando los conteos de garabatos y malas palabras. Hay un asunto importante ahí, y que tiene que ver con el modo en que trabajo con lo aleatorio y las restricciones: una opción es armar el procedimiento y aplicarlo sin ningún ajuste, pero la otra es ir haciendo cambios y darle una dirección más definida, que es lo que hice en este caso. Si bien es bastante azarosa la combinación, hay elementos estructurales mínimos que quise incorporar para que tuviera una pequeña linealidad a nivel general.

—Claro, cuánto se controla y cuánto no…

—Sí. Está esa frase final en cada secuencia, que es siempre sobre los garabatos, pero que me preocupé de colocar de manera gradual a lo largo del libro (como un eje transversal): desde lo más explícito (los garabatos tal cual) a lo menos explícito (referencias indirectas). Lo otro fue que la última sección, la número treinta, está compuesta sólo por versiones “disminuidas” de lo que veíamos antes: no hay clímax, no hay drogas, etc. Así es que al final, a pesar del aparente caos, no pude resistirme a darle al menos un hilito de progresión (y en eso sí que creo que tiene muchísimo que ver mi formación musical, y estar pensando siempre en fraseos y dinámicas). Además, como suele ocurrir en casi todos mis proyectos, me gusta siempre terminar con finales vacíos.

—Me interesa eso que me dices porque, a pesar de que tu manera de generar el libro parece muy frío y distante, es en estas pequeñas decisiones donde se va revelando una presencia autorial y un manejo del lenguaje mucho más cuidado de lo que se aparenta.

—Sí, finalmente es una combinación de procedimientos de azar y control. Cuando publiqué Deshuesos me preocupé que la tipografía pareciera la de un computador antiguo, como si un robot se hubiera largado a hablar sin parar, y acá hay algo de eso, también, como que la base de datos de IMDB se hubiera vuelto loca y se pusiera a lanzar todas estas citas. Pero eso es el artificio, porque si bien el uso de la aleatoriedad o técnicas parecidas me ayuda muchísimo a encontrar una forma cuando no se me ocurre cómo componer, luego voy haciendo cambios de posición para marcar más algunos flujos.

—Volviendo a lo que me mencionaste recién (que en tus proyectos te gusta terminar con finales vacíos), me llama la atención cómo aparece la negatividad en el último texto o entrada del libro, la número treinta.

—Sí, ¡todo pasando con la negatividad!

—El libro está compuesto a partir de puras descripciones asertivas (un hombre dispara, etc.) pero en esta última parte se describen cosas que van a pasar pero no pasan: «A woman fakes an orgasm in front of everybody in a restaurant / A man threatens to rape a woman. But it’s nothing direct. / A man and woman have sex. They stop before either of them climax. / No drug use».

—Exacto: incluso es como darle un descanso al lector; después de haberlo machacado insistentemente con tanta cuestión, ahora lo amenazo con que le voy a dar de nuevo con la cuestión pero no.

—¡«No drug use»! ¿Eso lo pusiste tú o lo sacaste del “Parents Guide” también? Qué raro advertirle a los papás que no hay uso de drogas en la película….

—Sí, todo eso lo saqué de ahí, lo que pasa es que aplican todas las categorías a todas las películas, y hay algunas en que no pasa nada de eso. Eso es lo chistoso, por cierto. Es como el voyerismo del censor, que está obsesionado con encontrar escenas de sexo o violencia…

—Sí, suele pasar que el censor tiene la mente más sucia de todas. Cuéntame un poco, ¿has pensado cómo llevar a cabo una «lectura» o performance de este libro?

—Hasta ahora solo lo he leído una vez en público, en una lectura en Valparaíso a la que me invitó Gladys González. En esa ocasión, traduje los primeros fragmentos del libro mediante Google Translate y luego lo corregí un poco. Me preocupé, eso sí, de que quedara un poco como traducción más «española», como de subtítulos de películas. Por ejemplo: «4 usos de ‘Mierda’. También hay una docena de usos cada uno de ‘Infierno’ y ‘Maldita sea’, y 3 ó 4 usos de ‘Hijo de puta’ y ‘Bastardo’. 2 ‘Asnos’ y 1 ‘Gilipollas’». Ahora, para el lanzamiento, quiero preparar algo un poco más producido, y que acentúe el carácter aleatorio del libro. Leeré una versión más larga de esa traducción al español, pero en paralelo iré proyectando distintos fragmentos del libro en inglés (ahí sí que de manera totalmente azarosa) y quizás sume algunos otros fragmentos sampleados y leídos por el computador, también en inglés. La idea es que se produzca una gran majamama, que desordene nuevamente todos los materiales.

—¿Vas a tocar con Ricardo Luna como otras veces?

—No, va a ser algo más sencillo, y para esta vez lo voy a dejar descansar, pero exijo públicamente que asista para añadirle el toque cachondo y tropical al lanzamiento.

—No pueden faltar sus «animal prints»…

—Por ningún motivo. Lo que también me tiene muy contento es que contaré con las presentaciones de Carlos Soto Román, Natalia Matzner y Mike Wilson, que creo que lo pueden interpretar desde perspectivas muy diversas. Y además lo haré en Estudio Panal, así es que estoy seguro que asistirá mucha gente linda y sofisticada. Aunque el libro ya está disponible hace un par de meses en pdf y se puede descargar gratuitamente, es muy importante para mí hacer el lanzamiento, porque creo que es un acto que debe tener una relevancia por sí mismo. Además, es bacán, porque es como estar de cumpleaños. Igual será divertido porque no habrá libro y no estará el editor, Gordon Faylor, a quien no conozco en persona, pero que ha sido muy buena onda y está encantado con que hagamos un lanzamiento.

—Sobre eso mismo te quería preguntar. Tal vez debió ser lo primero pero preferí dejarlo para el final: ¿por qué escogiste publicar tu libro en formato digital y descargable, y en una página gringa (Gauss PDF) y no, por ejemplo, en formato físico en una editorial chilena?

—Sí, eso es bien importante para el proyecto mismo porque, a diferencia de otras veces, apenas lo pensé me tincó que estaría bien para una editorial como Gauss PDF o también Troll Thread, que en cierto modo se parece a la que hicimos con Alejandro Jofré acá, http://www.cumshot.cl. Hay varias cosas: por una parte, si lo que me importaba utilizar era el lenguaje políticamente correcto, era mucho más fácil de encontrar y trabajar en una base de datos en inglés que en español, porque me parece muy idiosincrático de la cultura gringa. Por otra parte, desde hace ya varios años que he estado en contacto con poetas gringos cuyo trabajo me interesa mucho y con quienes he intentado colaborar de diversas maneras, como Craig Dworkin (a quien trajimos a Chile recientemente por un proyecto Fondecyt), Rob Fitterman (quien me invitó a participar este año en el proyecto http://collectivetask.com) o Charles Bernstein, además de mi amigo Carlos Soto Román, que ha estado asociado de manera muy directa al conceptualismo. Tenía ganas, entonces, de hacer algo que funcionara en ese circuito, pero que a la vez operara de manera crítica: muchos de los propios poetas conceptuales o experimentales gringos caen también bastante en la corrección política y son bastante mamones en estos asuntos, entonces me parecía entretenido lanzar esto desde el tercer mundo (un poco a la manera de la antropofagia de Oswald de Andrade, que siempre me ha parecido la propuesta más lúcida respecto a las interacciones culturales). Por último, me interesa muchísimo hacer cualquier gesto que me pueda desmarcar o sacar de los debates típicos de los escritores chilenos en Facebook, que se pelean por quién es más marginal o independiente y ese tipo de tonterías. Muchos pensarán que es muy barsa lo que estoy haciendo, de sacar un libro en inglés (cuando ni siquiera sé escribir muy bien en inglés), pero filo, feliz de que piensen eso. Lamentablemente no soy tan importante como para que me traduzcan un libro en Estados Unidos, así es que por ahora ¡ésta es mi única opción!

—Y de haber traducción, obvio que tendría que ser por Google Translate como en esa lectura que hiciste.

—Por supuesto.

—Algo bien despersonalizado, pegoteado, mal hecho…

—Eso mismo. Igual, pienso que si se hiciera una versión chilena de este mismo libro habría que tomar el material de la “Orientación Cinematográfica Católica”. Fíjate, hace unos años apareció este comentario sobre La duda (una película en que Philip Seymour Hoffman hace de un cura acusado de violación). Es muy ilustrativo leer lo que dijeron sobre esa película, justo antes del escándalo de Karadima: «LA DUDA. El tema es la búsqueda de la verdad. Las personas nos quedamos atrapados en los prejuicios y las reglas. En una escuela básica mixta se enfrentan una madre superiora intolerante, prejuiciosa, obstinada e inhumana con el Capellán, humano y comprensivo en una acusación de abuso con un niño negro en la cual ella se obstina en acusarlo sin tener pruebas y no querer buscar la verdad sino ganar. Clasificación: Adultos con reserva».

—Chan!

Pedazos de una película imposible

Sobre el autor:

Megumi Andrade Kobayashi

 
 

 

Comentarios