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El gabinete del doctor Salvatierra

por · Julio de 2016

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1.
La narrativa de Dany Salvatierra tiene la particularidad de utilizar los materiales de aquellos sueños más enrevesados y extraños. No me refiero a las pesadillas, que son, en términos de tono, uniformes, porque trabajan solo con el horror. Acá, el narrador nos presenta un mundo que conocemos, escenarios cotidianos que poco a poco se van deformando. Es como aquellos sueños donde estamos en nuestras casas, pero esas casas tienen leves variaciones espaciales, a veces muchas, pero nuestra intuición y una extraña certeza nos indican que estamos allí, en el lugar que habitamos. O cuando nos encontramos con gente conocida, pero esas personas tienen facciones alteradas, y aún así sabemos que son ellos. Eso me ocurre al leer los relatos de Dany Salvatierra: ingreso a un mundo en apariencia conocido para mí, cotidiano, pero a poco andar, las cosas se van torciendo, sin perder sus formas primigenias, pero implantando mutaciones que convierten a estos relatos en piezas únicas e insólitas.

2.
Salvatierra trabaja como un cirujano que utiliza, para crear a sus entes narrativos, diversos pedazos de la vida cotidiana y de la cultura popular. Por eso el gabinete del doctor Salvatierra está lleno de elementos y herramientas que nos son reconocibles. Dany se aferra a esa máxima aristotélica que dice que las estructuras dramáticas deben resolverse contra lo esperado, pero que una vez concluidas, el todo debe hacernos sentido. Pienso en esa película de los ochenta llamada Re-animator, un clásico del cine b dirigida por ese monstruo que es Stuart Gordon, y que adapta el relato de Lovecraft, Herbert West el reanimador. Gordon extrapola la médula del cuento a la vida de un científico universitario, obsesionado con darle vida a cuerpos y partes de cuerpos con un líquido verde fosforescente. Pienso la narrativa de Dany Salvatierra como un laboratorio donde confluyen elementos reconocibles, pero que mutilados y rearmados, construyen un universo particular y que cuesta arrancarse de los pensamientos.

3.
Cito: «Por lo general, cuando uno escucha alguna anécdota desagradable, siempre pertenece al amigo del amigo de un amigo, o a un pariente cercano, o a alguien cuya procedencia es siempre un enigma. Nunca le ocurre a uno mismo, ni a una persona que conozcamos lo suficiente como para no desconfiar de su testimonio», dice el narrador del cuento “La pasión china”. Las historias de Salvatierra siempre parecen narradas por alguien demasiado próximo a nosotros, alguien que, pese a la extrañeza de las situaciones que nos cuenta, lo hace con tal convicción y fuerza que, como lectores, no somos capaces de distanciarnos del relato y del mundo que allí se erige. Es que Dany Salvatierra nos exige que vivamos la experiencia en carne propia, nos empuja a incorporar sus historias como nuestras, casi como si estuviéramos adquiriendo recuerdos para implantarlos en nuestra memoria. Esto se debe a que Salvatierra posee un manejo sumamente robusto del lenguaje que vierte en las páginas de Terapia de grupo, y también de algo que para mí es determinante en el relato breve: la estructura. En cada uno de los cuentos entramos a sus historias en el momento preciso: ocurre con la frase de apertura de “La cabeza de Sandra”, ocurre con esa madre que se adentra por un territorio hostil para ir a entregar a su hijo recién nacido a un destino cruel, ocurre con ese hermoso relato donde un hombre cocina con maestría y amor el sexo de sus amantes de turno. Salvatierra juega y se arriesga y, de una u otra forma, funde las palabras y los acontecimientos para exponer la esencia de sus historias y las dicotomías más poderosas de sus personajes. Comprendemos los colores de esos universos, pero también el autor es capaz de dejar zonas inconclusas, zonas que solo podemos avistar en parte, como tanto le gustaba a Hemingway.

4.
Mi relato favorito se llama “Los elegidos”, y es mi favorito no solo porque está magníficamente escrito ni porque implanta algo retorcido en un mundo blando y anodino, sino porque supo tocar una fibra que estaba dormida en mí, al acecho, lista para emerger y atacarme. Digno de psicoanálisis. El cuento va de un sujeto en la temprana adultez que prende el televisor todos los sábados a las ocho de la mañana para ver un programa infantil animado por dos muchachas, una de ellas objeto del deseo y obsesión sexual absoluta del narrador. El programa está dirigido a niños, pero quienes lo ven son jóvenes y adultos solitarios que se estimulan observando a las hermosas animadoras. Son una cofradía secreta y que solo intuyen la existencia del resto de sus compañeros. Entonces, mientras leía, recordé una mañana invernal a principios de los noventa, para mi cumpleaños nueve o diez, esperando con ansiedad a que llegaran en la tarde los invitados a una sencilla fiesta que habían organizado mis padres. Yo veía Nubeluz y aún no comprendía que estaba experimentando el horrible tránsito de la niñez a la adolescencia. Miraba fijamente las piernas brillantes y los cabellos y las cinturas y los pechos que tan bien narra Dany Salvatierra en su cuento. Mi mamá estaba en la cocina preparando la comida para la tarde, mientras yo permanecía bajo hipnosis frente a la pantalla del televisor. Afuera hacía frío, tal vez la lluvia amenazaba mi fiesta de cumpleaños, y nuestra casa estaba cálida y olía a parafina. En Chile teníamos una triste imitación de Nubeluz llamada Yuli Yum Yum, donde una rubia utilizaba unos títeres en las manos para animar. Yo había ido a Yuli Yum Yum con mi curso. Habíamos hecho una fila gigantesca de horas para entrar al estudio, que era diminuto y asfixiante. Un mes después aparecí durante tres segundos en pantalla, a un costado, blandiendo unos plumeros que me entregaron antes de entrar. Yuli Yum Yum había sido un antídoto momentáneo para calmar mis ansias por Nubeluz. Pero nada se comparaba a la imagen de esa mujer cantando para que nuestros papás dejaran el cigarro. Salvatierra supo encontrar un pedazo de mi memoria y fabricar un objeto que transformó mis recuerdos. Pienso que eso ha provocado siempre en mí la gran literatura, o por lo menos, la literatura que a mí más me gusta.

terapia

Terapia de grupo
Dany Salvatierra
Das Kapital Ediciones, 2016
207 p. — Ref. $11.000

El gabinete del doctor Salvatierra

Sobre el autor:

Simón Soto A.

(@replicoreal) es escritor y guionista. Publicó los volúmenes de cuentos Cielo negro y La pesadilla del mundo. Participó en la escritura de las series Secretos en el jardín y Los 80.

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