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Tres palabras de Nicanor Parra

por · Julio de 2016

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Ya está en librerías Interrupciones, diario de lecturas (Hueders), el volumen que reúne los textos críticos del poeta y editor Matías Rivas, donde la poesía se cruza con el ensayo, la crítica literaria, la columna de opinión y la biografía. De esta forma, junto con descifrar la obra de Nicanor Parra, Roberto Bolaño, Henry Michaux, Alice Munro o Manuel Puig, entre muchos otros, el autor entrega un antídoto para liberarse del tráfago cotidiano y poner atención a las pulsiones que habitan nuestro cuerpo.

«Actualmente Matías Rivas es el mejor editor literario de la lengua española. Que publique un libro sobre sus simpatías y diferencias es un acto de justicia crítica. Muy pocos editores, como él, como Roberto Calasso, pueden darse ese lujo». Christopher Domínguez Michael

«¿Qué tiene Matías Rivas en la cabeza? Cuando leímos sus poemas quedamos estupefactos ante tanta precisión lírica. Acá, en este libro de prosas, entramos en la alacena donde el gran escritor nos muestra la potencia de su espíritu. Guardarse como el oso en la cueva, las amistades literarias, las novelas de Donoso o el análisis inquietante de la prosa de Estado forman el mapa cerebral de uno de los poetas chilenos con genio». Fabián Casas

Tres palabras de Nicanor Parra

He compartido con Nicanor Parra algunas tardes en su casa en Las Cruces, muchas veces junto a Alejandro Zambra, a propósito de la publicación del libro Lear rey & mendigo. Conversamos —en esos encuentros— de los diversos temas que salían al ruedo, eso sí, sin demasiadas preguntas, ya que Nicanor las considera —con cierta razón— interrupciones que obstaculizan el flujo del habla.

Parra enhebra prodigiosamente el diálogo, acompañando sus palabras con una especial acentuación y con gestos propios de un actor de fuste. Su ladino sentido del humor, su desparpajo y su cultura, se mezclan con envidiable naturalidad en lo que asevera. Especulamos, en varias ocasiones y con entusiasmo, con la idea de realizar un volumen que contuviera todos los chistes de Don Otto que tanto le interesan. En una ocasión oí responderle a un periodista agujón, que le sugirió eliminar los pinos que animan su vista al mar, que jamás los cortaría porque tenía presente los versos célebres de Paul Valéry que dan comienzo al poema “El cementerio marítimo”.

Tres son las palabras que Nicanor Parra dejó clavadas en mi cabeza. La primera es «plausible», que para él es clave a la hora de analizar un discurso, de escuchar un poema o de especular sobre lo cotidiano o lo patafísico. Plausible es lo verosímil, lo que suena a habitual aunque sea algo extraño, lo que creemos posible. Se trata de una palabra resistente, pero que encierra en el caso de Parra mucho más que un puñado de significados. Es una posición vital: su poesía solo considera al lenguaje cuando está despojado de florituras y se presenta libre, suelto, atendible por el oído; o sea, cuando es plausible de ser escuchado claramente por cualquiera y mostrar, así, la voz de un sujeto imaginable tras los versos. Entonces, me atrevo a señalar que Parra mira y escucha la realidad desde la perspectiva de lo plausible, con absoluto desdén por lo improbable o lo fantástico.

La segunda palabra está vinculada a un poema de Antonin Artaud que comienza con el enfático verso: «Toda la poesía es una basura». Este verso, traducido por Parra, dice aun con más fuerza: «Toda poesía es una mierda». La palabra mierda —en este caso— está cargada de sentido hasta el extremo de convertirse en un gesto similar al de Alfred Jarry cuando la utiliza en el comienzo de su obra Ubu rey para sacudir al teatro de comienzos del siglo XX del letargo y la afectación que lo consumían. El interés de Parra en este poema de Artaud radica, por lo tanto, en la forma tajante de rechazo hacia aquella cultura de viejucas de salón que trata de imponerse desde el pedestal de la ignorancia, dándoles las espaldas a la vida y sus oscuridades, a las bajezas que nos incumben a todos por igual. En definitiva, «mierda» es, figuradamente, una palabra revolucionaria y recurrente , que comprende una forma de enfrentar el mundo sin remilgos y sin impostura.

Por último, recuerdo con una sonrisa levemente cínica que aprendí de Parra, sin que él me lo enseñara directamente, que en las discusiones acaloradas, en los encuentros desastrosos y en los momentos de nerviosismo inútil, había que librarse de la pesadumbre por medio de una verónica. Esta palabra hace alusión a la elegante pirueta del torero cuando lo embiste la bestia y él la deja pasar con un movimiento sutil que descoloca al bruto y permite salir del peligro al artista. Nicanor Parra es un maestro a la hora de hacer verónicas: las hace, sobre todo, con sus frases agudas, con sus repentinos cambios en el diálogo o con su indiferencia chillaneja. De ahí su boca cerrada ante las cámaras cuando lo persiguen para homenajearlo, así como su actitud franca y sagaz ante sus interlocutores, por muy poderosos o miserables que sean. Tras la filosofía de la verónica, seguro que se esconde un afán por buscar la distancia precisa para poder escuchar y sobrevivir, fraguando los poemas más salvajes y conmovedores escritos en Chile desde hace más de 50 años.

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Interrupciones, diario de lecturas
Matías Rivas
Hueders, 2016
303 p. — Ref. $14.000

Tres palabras de Nicanor Parra

Sobre el autor:

Matías Rivas es Director de Publicaciones de la Universidad Diego Portales y autor de los poemarios Aniversario y otros poemas, Un muerto equivocado y Tragedias oportunas, además de Interrupciones. Diario de lecturas.

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