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Solo voy en la mitad

por · Agosto de 2016

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Vengo leyendo a Cynthia Rimsky hace más de diez años, desde que encontré Poste restante en una librería y la compré porque una amiga me la había recomendado y porque traía fotos, he tenido la suerte de conversar muchas veces con ella en Santiago y Buenos Aires, he ido a varios de sus lanzamientos, incluso esperaba secretamente que algún día me pidiera que presentara un libro suyo, y recién ahora me doy cuenta que nunca había escrito algo sobre ella. Se me ocurre hacerlo justo cuando voy en la mitad de El futuro es un lugar extraño, que lanzó hace unos diez días, en un evento en el que me pidió que la acompañara con una «intervención sonora» (una manera más digna de llamar a mis «ruiditos») mientras ella leía un fragmento. Aún no he leído ninguna reseña, pero me las imagino y ya me cargan: supongo que solo dirán que la dictadura, que la postdictadura, que la mezcla de géneros, que la autoficción, que lo típico que dicen siempre, y que no van a fijarse en cómo se las arregla para sugerir pero esquivar la alegoría, en lo interesante que resulta el uso del buscador de google para disparar la acción en diversas direcciones, en los rápidos cambios de foco de la narración entre el exterior y el interior, en el ritmo inquieto y la estructura desarmada que se corresponden con el aceleramiento de la Caldini, su protagonista, y la extraña abogada que la acompaña en su irremontable (hasta donde voy) juicio contra su ex-marido. No conozco a muchas personas de esa generación, la que me precede, que estuvo a punto de hacer muchas cosas en los noventa, así es que no puedo, ni tampoco me interesa, jugar a reconocer a los personajes en los que podría haberse inspirado, pero eso nunca me ha interesado, siempre he preferido los chismes de la farándula a los de la literatura, esos sí que son de verdad. Supongo que esas reseñas tampoco destacarán el modo en que su sintaxis se ha expandido y desordenado, con extrañas sucesiones de un evento a otro de manera contigua. De algún modo me contagia y me obliga a escribir frases largas, justo las que estaba evitando hace tiempo, porque ahora estaba tratando de escribir frases más cortas. Quizás porque quiero parecerme a Fuguet. Pero lo último que querría en la vida es parecerme a Fuguet. Esta novela es todo lo contrario a Fuguet. Si él la hubiera escrito, se las habría arreglado para hacer hipster los años más imposiblemente hipster de la historia de Chile. Y le hubiera salido emo. Pero aquí no hay melancolía, esta memoria o postmemoria o como se llame no es lamentosa, es nerviosa. Por eso es mucho más viva. Imagino que esta novela es el antídoto exacto para todas esas novelas tipo Los 80 que han sobre poblado nuestro panorama editorial los últimos años. Pero para eso tendría que haber leído esas novelas y aún no me he animado. He estado en la casa de Cynthia, conozco su barrio, que es casi el mío pero al otro lado del río. Está al borde de Patronato, es decir, al borde de ese barrio que siempre se pinta en la tele como caricatura. Pero lo que me llama la atención, en realidad, son las calles de un barrio de El Salto que aparecen en la portada: «Fraternidad», «Cooperación», «Abnegación», «Constancia», «Amistad». Una vez fui a esas mismas calles, quizás para comprobar que existían más allá del mapa de la guía de teléfonos, cuando uno aún ocupaba ese mapa y no el del celular. Cuando coordinamos la intervención sonora para el lanzamiento le pedí que me enviara links de youtube con lo que quería que sampleara: canciones de la época, pero también gritos de protestas, paladas de tierra, pasos y conversaciones. Le propuse que primero partiéramos con ruidos difusos, como ecos lejanos, y que de a poco fueran desapareciendo todos los efectos y los sonidos para que se fuera sintiendo todo más cercano y al final quedara su voz sola, seca, directa. Mezclé todas las canciones de manera que fueran apareciendo aleatoriamente algunos trozos medianamente reconocibles, dentro de una capa de mucha reverberancia, que las volvía casi líquidas. Ella leyó la escena del funeral de una escritora, una escena algo ridícula y con mucho humor negro, en la que una funcionaria de gobierno se ofrece para leer un fragmento de uno de los libros de la difunta: «Abre la página que le marcaron con la servilleta de una central de casinos, pero no sabe leer, lo que es imperdonable en su cargo, o sabe pero no entiende y para encontrarle un sentido a lo que lee cambia por su cuenta preposiciones, tiempos verbales, palabras, líneas. Los que conocen bien los textos no saben si armar un escándalo o dejarlo pasar». Luego aparecen unas cotorras; en ese momento yo coloqué sonidos de cotorras. Cuando un amigo se acercó al final se lo comenté, y le dije que esta vez no había alterado tanto los samples que ocupé, que había sido muy referencial, pero él me miró con incredulidad. Lo del buscador de google lo noté una vez que Cynthia leyó un texto en un coloquio de estudiantes en la UDP, y ahora trato de recordar si ese texto tendrá algo que ver con esta novela, pero parece que no, o sí, aunque caigo en cuenta que esa vez tuve que presentarla y sí tomé algunas notas. Las encuentro en la carpeta «Trabajos 2011», y se trata básicamente de algunas vueltas muy generales sobre el tópico de escritura de viajes, que tantas veces le han calzado. Solo me gusta lo que puse al final: «En la foto de la solapa de Ramal, Cynthia aparece en un bote o un barco, mirando al horizonte, pero se nota claramente que lleva puesto un flotador. Me llamó la atención esta imagen porque resulta muy paradojal, casi irónica: si hay algo que caracteriza a Cynthia es su valentía. En eso creo que se destaca por completo dentro de los escritores chilenos: no hace aspavientos, no se queja, no llora, pero es capaz de correr todos los riesgos en la escritura». Y termino de escribir antes de que llegue a la parte donde imagino que aparecerán aquellos eventos que en una reseña me vería obligado a callar, para evitar los spoilers, como diría Fuguet. Solo voy en la mitad.

el futuro

El futuro es un lugar extraño
Cynthia Rimsky
Literatura Random House, 2016
180 p. — Ref. $12.000

Solo voy en la mitad

Sobre el autor:

Felipe Cussen (@felipecussen) es investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la USACH y co-autor de Mil versos chilenos y Opinología, entre otras publicaciones.

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