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Hermana de Roberto Bolaño sobre Carolina López: «Mi mamá sufrió mucho por esa mujer»

por · Noviembre de 2016

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Desde España, María Salomé Bolaño dispara contra la responsable de gestionar la obra de su hermano: «Carolina le remarcó a mi mamá que ella era la dueña de todo lo que tenía que ver con Roberto».

«Muchas veces han tratado de entrevistarme, pero nunca he querido dar una entrevista, menos a alguien que no conoció a mi hermano. A veces pienso que quieren encontrar un eslabón perdido en la vida de Roberto. Y no existe tal cosa», dice María Salomé Bolaño Ávalos.

Ella es la única sobreviviente de su familia. Su hermano, Roberto, murió en Barcelona el 2003. Su madre, Victoria, murió en Figueres el 2008. Su padre, León, murió en el D.F. el 2010.

La hermana de Roberto Bolaño tiene 62 años y vive en Figueres, una ciudad ubicada a 136 kilómetros al norte de Barcelona, en la provincia de Girona. Llegar hasta allá es simple. Lo complicado es llegar a ella. «Todo sobre mi hermano está ahí: en sus libros. ¿Por qué crees que existe algo más? ¿Por qué te interesa eso?», cuestiona.

Salomé trabaja junto a su marido, el catalán Narcís Batallé, en una ONG que busca hospedaje para los migrantes que llegan hasta Figueres desde países como Rumania, Colombia y Senegal. Ella y su madre también fueron inmigrantes: en 1968, viajaron desde Los Ángeles al D.F. y, en 1976, desde el D.F a Barcelona.

«Mis padres se fueron a México porque mi madre tenía posibilidades de tener un trabajo como profesora en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Pero cuando llegamos pasó lo de la huelga estudiantil, por la matanza de Tlatelolco, y con ello ese trabajo se fue al garete», recuerda.

—¿Y qué hicieron?

—Mi padre puso un restaurante, pero le fue mal. A los años, en 1973, ellos se separaron y años después me fui con mi madre a Barcelona. Roberto y mi padre se quedaron en el D.F. Recuerdo que mi mamá sacó un mapa y me preguntó a qué ciudad quería que nos fuéramos. Y yo tomé el mapa y elegí Barcelona. Lo hice porque me gustaban los pueblos y ciudades que estaban alrededor.

—¿Por qué Roberto se quedó en el D.F?

—Porque estaba de novio (con la poeta estadounidense Lisa Johnson). Y se encontraba enamoradísimo. Pero al año terminaron y mi hermano quedó muy mal.

—Y entonces llegó a España para vivir con ustedes.

—Roberto quería viajar y ampliar sus posibilidades para convertirse en escritor. Por eso quería irse a París, pero cuando pasó por Barcelona se enamoró tanto del lugar, que se quedó a vivir ahí (hasta 1980).

—¿Cómo se ganaba la vida en esos años?

—Trabajaba de vigilante nocturno durante el verano en un camping (como en los hechos de la novela Estrella distante) de Castelldefels. Con lo que ahorraba durante esos meses tenía para vivir todo el año. Era muy austero.

—¿Qué hacía el resto de los meses?

—Escribía. Cuentos, poemas, artículos para revistas. Siempre estaba escribiendo, sobre todo poemas.

—¿Tú leías esos poemas?

—No, pero sí lo escuchaba recitar. Cuando Roberto recitaba sus poemas en el piso de Tallers, todos sabíamos que estábamos ante algo único; a mí escucharlo me ponía los pelos de punta.

—¿Y te daban ganas de escribir?

—Cuando niña escribía cuentos; pero cuando Roberto empezó a escribir, yo dejé de hacerlo. Ahora he vuelto a escribir, pero para mí, no para publicarlos. ¿Te imaginas que dirían si la hermana de Bolaño publicara? Tendría a todo el mundo en mi contra.

—Cuéntame cómo Roberto se convirtió en escritor.

—Él siempre lo fue. Roberto nunca pensó en otra cosa que ser escritor. A los dieciséis años, cuando vivíamos en el D.F., le dijo a mi madre: «Yo voy a ser escritor y un escritor no necesita estudiar». Ella lo aceptó y él dejó la escuela.

—¿Así tal cual?

—Mi hermano tenía problemas con sus maestros, siempre se peleaba con ellos, decía que no le enseñaban nada. Cuando citaban a mi madre a la escuela, por la conducta de Roberto, los profesores le decían que por favor le pidiera que no los avergonzara más en clase. Mi hermano, además de ser muy burlón, era un erudito. Siempre tuvo un carácter muy fuerte y especial: le gustaba exponer la falta de conocimiento de sus maestros cuando sabía que ellos se equivocaban al enseñar algo. Él leía mucho y te podía hablar con detalles tanto de un pueblo de África como de una batalla de Napoleón. A veces, incluso, te inventaba historias con esos datos solo para tomarte el pelo.

—¿Escribió algo durante esos años en el D.F.?

—Escribió mucho teatro y también una novela. Mi madre la tenía guardada en la casa; ella siempre lo ayudó a taquigrafiar sus manuscritos y conservaba una copia de todos, ya que ponía un calco en la máquina. Lamentablemente esa copia se perdió.

—Tú también tienes otro hermano en México.

—Te refieres a Enrique (Enrique León Bolaño)… Él no es mi hermano, es mi hermanastro; y es el mayor de los tres hijos del segundo matrimonio de mi padre (junto a la mexicana Irene Mendoza).

—¿Tienes contacto con Enrique?

—No. Hace unos años, tal vez por cosas de dinero, él le vendió a un diario de México (El Universal) unas cartas que Roberto le había mandado a mi madre y a mi padre cuando viajó a Chile. Eso no estuvo nada de bien. Enrique no era dueño de esas cartas. Las encontró durante un traslado de su familia del D.F. a Cadereyta, estaban en un baúl que tenía mi padre, en la casa del D.F. Cuando nos fuimos de allí, todas las cosas de Roberto se quedaron en esa casa.

—¿Siguen hablando?

—No tengo contacto con Enrique; él es todo lo contrario a mí. Yo trabajo en una fundación y él participa de un partido político de derechas (Partido Acción Nacional de México).

—Bolaño, además de un montón de libros, dejó dos hijos. ¿Compartes con ellos?

—Prefiero no hablar de eso.

—¿Y sobre su viuda (Carolina López)?

—No tenemos ninguna relación. Cuando Roberto empezó a publicar sus novelas por Anagrama, él le enviaba mensualmente unos 200 euros actuales a mi mamá; pero cuando murió, Carolina le dijo que no le iba a pasar más esa cantidad, que ya no había ningún vínculo y que se olvidara de contar con ese dinero.

—Oh.

—Y eso que Roberto le había dicho a mi madre que todas las ganancias posteriores de Estrella distante (publicada por primera vez en Anagrama en 1996) serían para ella. Pero eso no pasó, ya que no hizo un documento legal, y después de su muerte Carolina no lo permitió.

—¿Cómo era la relación entre Carolina y tu mamá?

—Imagínate… una vez Carolina la llamó para demandarla. Fue muy desagradable. Le dijo a mi mamá que la iba a demandar por haber cedido una foto de Roberto a un diario. Carolina le remarcó a mi mamá que ella era la dueña de todo lo que tenía que ver con Roberto.

—¿Y qué dijo tu mamá?

—Mi mamá sufrió mucho por esa mujer; Carolina incluso la alejó de sus dos nietos. La actitud de Carolina ha sido como de las clásicas viudas de escritores, como la de Borges, esas que quieren todo el dinero para ellas.

—¿Y mantienes contacto con algún amigo de Roberto?

—El único amigo verdadero de Roberto fue Bruno (Montané). Estos años han aparecido muchos que dicen haber sido amigos de Bolaño, o que se habían tomado una copa con él, pero no es así…. Bruno además es mi hermano, viene seguido a verme a Figueres y me cuenta de los últimos chismorreos, tales como que ahora Alfaguara es la editorial que tiene los derechos para publicar los libros de Bolaño, y que ya no es Anagrama.

—¿Has leído los libros de tu hermano?

—He leído algunos, como Estrella distante. Los que me faltan no los quiero leer por ahora. Esperaré que pasen los años, para poder ser capaz de leerlos.

—¿Cómo te llevabas con tu hermano, Salomé?

—Roberto tenía un carácter muy complicado. Era capaz de dejarle de hablar a un amigo si se enteraba que ese amigo había decidido dejar de escribir. Ese mismo carácter está en su escritura. También era muy hipocondríaco y por lo mismo siempre tenía mucho miedo a morir. Él tuvo la posibilidad concreta de hacerse un trasplante de hígado, pero lo dilató, ya que no estaba seguro de lo que tenía; no le daba importancia, decía que no era una enfermedad concreta.

—¿Qué fue lo último que le dijiste?

—Eso me lo guardo para mí.

—¿Recuerdas los años que vivieron en Chile?

—Los mejores recuerdos que tengo de nuestra infancia son los de una parcela en que vivimos en Quilpué. La entrada tenía unos naranjos maravillosos. Roberto tenía un caballo y yo otro. Pero no sé en qué parte de Quilpué queda ese lugar.

—¿Te dan ganas de volver?

—No creo que alguna vez vuelva a Chile. Atesoro recuerdos tan bonitos que no me gustaría tener que cambiarlos.

Hermana de Roberto Bolaño sobre Carolina López: «Mi mamá sufrió mucho por esa mujer»

Sobre el autor:

Ignacio Molina (@Molinaski)

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