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Chicos que volverán

por · Diciembre de 2016

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1.
Hacia el final del cuento “Chicos que vuelven”, de Mariana Enríquez, todos los niños, niñas y jóvenes perdidos de Buenos Aires comienzan a reaparecer. Así, en los grandes parques de la ciudad, se empiezan a reunir, lentamente y en silencio, miles de niños tras años desaparición absoluta —desaparición secreta o escandalosa, nimia o violenta—, generando, primero, una gran alegría en las familias de los desaparecidos, para luego desatar una creciente histeria en la ciudad.

Reaparecieron niños vivos. Sí. Pero también algunos que estaban (o debían estar) muertos.

Volvían a la realidad jóvenes absolutamente olvidados, en el mismo estado y condición en que habían partido: embarazadas de 5 meses que, tras años de desaparición, seguían embarazadas de 5 meses.

Al parecer, ninguno de los reaparecidos necesitaba comer. Tampoco hablaban mucho.

Pronto, la locura llegó para instalarse.

2.
Fiscalía investiga cuatro redes de prostitución integradas por menores de centros del Sename.

La PDI identificó a 25 internas y ex residentes de estos recintos que son explotadas sexualmente en Santiago. La mayoría de las niñas y jóvenes, de entre 13 y 17 años, fueron reclutadas por una familia que vive en el sector sur de la capital.

(La Tercera, 11 de diciembre 2016)

Once funcionarios del Sename destituidos en febrero por maltratos a niños siguen en funciones.

Sumario, que data de 2015, revela la forma en que los encargados de un centro de la Región de Valparaíso abusaban física y sicológicamente de los menores.

Reglamento impediría cumplir sentencia.

(El Mercurio, 19 de diciembre de 2016)

3.
En “Chicos que vuelven”, el primer suicidio de padres ocurre cuando una joven que había desaparecido tras una pelea con su papá —él la había golpeado bestialmente— reaparece con el párpado hinchado y el labio inferior sangrando, como si los golpes hubiesen sido hace pocas horas. Marisol, la niña, había conservado, además, el mismo, exacto, largo y color de pelo que cuando se había escapado.

El cuento sigue así: «La madre y el padre se habían acostado en la cama, juntos, con una foto de Marisol bebé entre los dos. Él se había disparado primero, en la sien. Después le sacó el arma de la mano, se la metió en la boca y se voló la cabeza. Dejaron una nota que decía lo que tantos padres habían dicho anteriormente: ‘Eso no es nuestra hija’.»

4.

«Somos palomas.
¿Cómo es eso?
Palomas. La gente nos mira, a veces nos tiran comida, otras nos espantan, pero la mayor parte del tiempo pasan por nuestro lado, nos miran en menos o no existimos.»

Así comienza “La caleta de los ex niños Sename”, reportaje de Claudia Godoy para Paula (http://www.paula.cl/galerias/la-caleta-los-ex-ninos-sename/), en donde comparte las historias de distintos adolescentes que viven en comunidad, de manera ilegal y en un sitio eriazo, a solo cuadras de La Moneda.

En el reportaje, más adelante, se puede leer: «’A los 13 me volví a mi casa. Mi mamá se fue a vivir con nosotros. Lo malo es que llevó a mi padrastro’, no cuesta visualizar qué sucedió esos meses: maltrato y posible abuso. Cuando Alejandra lo acusó, su madre defendió a la pareja y le gritó que se fuera. De ahí a la calle nuevamente y otra vez al Sename. ‘Estaba embarazada. El juez me quitó a mi guagua porque era menor de edad y vivía en la calle. En el CTD Pudahuel entregaron a mi hija en adopción’. Y nuevamente se arrancó. Vivió bajo el puente, en el Mapocho, tuvo otra hija, deambuló por las calles de Providencia y casas okupa. Hizo todo el recorrido hasta llegar a esta caleta hace 2 años.»

»Su compañera de cama —no de amor— es María. Lleva 20 años en la calle y 8 pasadas por el Sename. ‘Cuando murieron mis abuelos me fui’, dice. Otra historia de abuso, de parte de su hermano, la tiró al puente Bulnes, Quinta Normal, Mapocho y las calles de la Posta Central. Fue violada.»

5.
«El suicidio de los padres de Marisol y la reacción de los vecinos, que con los días ya pedían linchamientos —o por lo menos ejecución de la chica acusada de asesina— sirvió para que el cambio ocurriera. O más bien el desplazamiento. Los chicos empezaron a desocupar los parques (…) El retiro era en silencio. Tan silenciosamente como habían llegado se retiraban.»

6.
Los chicos y chicas volverán.

Quizás nunca se fueron y han estado ahí, esperando, en los parques y calles.

Las cicatrices no han cambiado; dolerán. Está en nosotros no iniciar el linchamiento.

Chicos que volverán

Sobre el autor:

Guillermo García Moscoso

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