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La barrera cultural del sonido

por · Enero de 2017

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Hace cuatro meses me hice de un par de amigos sordos que me enseñaban lengua de señas. Una contradicción biológica: yo amante de la música y ellos viviendo en un silencio profundo. Hay dos sordas en mi casa sentadas en el sillón. Una de ellas tiene un implante coclear en el oído derecho. Del izquierdo no escucha nada. La otra escucha 45% con el derecho y 0% con el izquierdo. Usa un audífono que tiene desde los 9 años. En mi mano dos cajitas musicales, organillos en versión miniatura que me regalaron en mi cumpleaños. Le doy vuelta a la manivela y Violeta me canta qué pena siente el alma cuando la suerte impía; en la otra Víctor me dice que quiere hacerse un cigarrito y si acaso tendrá tabaco. Quiero que lo escuchen y lo amen tanto como yo.

Les digo —en señas— que quiero intentar algo y acerco mi cajita a sus oídos escuchantes. Le doy vuelta a la manivela. Yo escucho y canto en mi cabeza. Ellas no cantan, no conocen las canciones, no conocen a Víctor Jara ni su historia, ni su música, ni saben que lo mataron. Saco de la caja el organillo en miniatura y se los muestro para que sea más fácil y entiendan el sonido. Les explico que yo hago girar el cilindro. El cilindro tiene saliente. Las salientes tocan las teclas metálicas que ellas escuchan a lo lejos. Y lo intento nuevamente. El alma de la Violeta vuelve a sentir pena.

Después de que el cilindro diera varias vueltas en mi mano, lo logré. Escucharon mi cajita musical aunque no distinguen la diferencia entre una y la otra. Las dos tienen sonidos agudos y armonías que no entienden, pero lo escuchan.

“Manivela: cajas de música chilena” es un proyecto que promueve la cultura y la historia musical de chile en formato de caja interactiva. Si no la tocas no suena. Fue una idea de Angélica Ovalle y Gonzalo Carreño que quisieron profundizar la relación de las personas con la música nacional entregando pequeñas melodías en formato de organillo en miniatura dentro de una caja de cartón. Quisieron encantar a grandes y chicos, nunca pensaron en encantar a sordos y oyentes; yo lo logré. Hasta ahora Manivela tiene 20 cajitas con diferentes melodías icónicas de la cultura nacional. Yo solo tengo dos, y gracias a esas dos pude transmitir una parte de la historia de Chile.

Cuando terminamos de escuchar las dos cajitas ellas me explicaron cómo entendían la música. Me dijeron que era difícil distinguir la diferencia entre los sonidos así como lo era distinguir el teléfono del timbre o un avión de un camión. Les conté quiénes eran Víctor y la Violeta y les mostré algunas letras y otras canciones.

La barrera cultural del sonido

Sobre el autor:

Macarena Nieto

 
 

 

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