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El año de la joya

por · Febrero de 2017

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De acuerdo al Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, en la mayoría de las tradiciones «las joyas significan verdades espirituales: las piedras preciosas que aparecen en las vestiduras de las princesas, los collares, pulseras, como todas las joyas encerradas en estancias escondidas son símbolos del saber superior». Los Menamorados lo sabemos perfectamente: llamamos a Javiera Mena «la joya» porque su energía es tan brillante y transparente como profunda.

El 2016 fue un año muy intenso para nuestra ídola. Luego de su imponente show en el Festival de Viña, se sucedieron varios conciertos en Chile y el extranjero que culminaron con la celebración de los 10 años de Esquemas Juveniles en el Teatro Caupolicán. En esa noche mágica, se dirigió a todos sus seguidores y nos dijo: «Esto es como una relación».

En mi calidad de fan a tiempo completo, me he visto obligado a un amplio despliegue comunicacional durante este período. Algunos conocidos me preguntaban con sospecha: «¿De verdad te gusta tanto? ¿no es una exageración?». Y les respondía que sí, que de verdad me gusta tanto. Eso no significa que su música sea la única que escuche: mi playlist cotidiano incluye pop y electrónica junto con folklore latinoamericano, experimentaciones sonoras y misas medievales. Pero me he convertido en militante y he hecho pública mi afición por sus composiciones porque creo que ella refleja mejor que nadie las virtudes necesarias en estos turbulentos tiempos: la alegría, la simpatía, la empatía, la ironía, la dulzura, la soltura, la compasión. Su guía me ha ayudado a sobrellevar el difícil paso por los cuarenta. Mientras mis coetáneos han optado por comprarse una moto o hacer ejercicio para reconvertirse en zorrones, yo me he aferrado a las canciones de Javiera Mena.

Eran muchas las emociones que se habían acumulado en estos meses y que quería compartir con ella. Por eso, una vez más me aproveché de mis distinguidas credenciales como reportero de Paniko para solicitar una entrevista. Ocupé como pretexto que justo estos días se cumplía un año de su paso por el Festival. Cualquier excusa vale para volver a conversar con mi artista favorita.


—¿Qué pensaste cuando te fuiste a dormir después que terminó el Festival de Viña?

—Pensé: «por fin se acabó»… Fue como una sensación de gloria, de soldados que salieron heridos pero gloriosos; así nos sentíamos yo y todo mi equipo, apaleados pero con victoria. Hubo muchas opiniones dando vuelta, al otro día, lo que me decían mis amigas y la gente del equipo es que se hablaban cosas muy diferentes, por ejemplo en las noticias ni le dieron cabida al show, salió poco, y lo que salió era casi que habían pifiado, y no hubo ni una pifia. Pa mí fue súper bonito que ese público me escuchara; no estaban vacilando como si fuera reggaetón, era diferente, era música electrónica, no era lo que ellos estaban habituados, pero igual escucharon. Tú estabai ahí, estaban un poco como: «qué es esto, qué es esta huevá», pero respetuosos. Y me tocó difícil, después de Meruane, la gente estaba con frío, querían a Don Omar… Pa mí fue una gran victoria Viña.

Ahora debe parecerte como algo que pasó hace mil años, pero ¿cómo fue estar en esa vorágine, en la gala, el jurado? Debe haber sido algo medio irreal, porque ése no es el mundo en el que estai habitualmente.

—Sí, fue algo que he estado viviendo con más fuerza desde la alfombra roja de los Grammy y los Billboard. Fue como toparme por primera vez con todo ese mundo de las apariencias, un mundo donde el feminismo no existe, la mujer ahí tiene que ir con un buen escote, esas cosas llaman la atención. Y la gala es una cosa muy de princesa de Disney, lo veo como muy antiguo, entonces era jugar un poco ese juego también, porque yo tampoco me voy a ir a quejar ni a botar las cosas ahí. Yo quiero mostrar mi música en lugares populares, porque hago canciones, entonces tengo que aprender a jugar ese juego, a mi manera, sin sentirme incómoda, y fue lo que hice ahí, pero siempre me siento un poco mirando desde afuera esto. Es lo que le pasa a muchos músicos alternativos que tienen que llegar a estos lugares, no soy la única.

Hay gente que se debe volver loca…

—Sí, pero al menos lo que yo vi en la alfombra roja, hablando con la gente, es que para todos es casi una broma. No es algo muy serio, es apariencia, superficialidad, todo está basado en el vestido, si te ves más linda o no. A ningún músico de Viña lo entrevistan, entrevistan más a los de la farándula, va más por ese lado. Trash TV.

¿Cuánto tiempo les tomó preparar el show?

—Fue algo que veníamos preparando hace ene tiempo; el espectáculo con la danza lo veníamos preparando desde hace un año, y para Viña fue: «Tuixén [Benet, coreógrafa] vente a Santiago, trabajemos con bailarinas chilenas y españolas». Fueron como tres meses y el último mes arrendamos la sala del GAM, y estuvimos ahí dándole, así que fue harto.

Y en términos de la estética del show, las luces, las visuales, ¿cómo lo fueron planificando?

—Bueno, sabíamos que era un espectáculo pa la tele, entonces tratamos de ocupar los recursos que Viña nos daba, como su iluminador, que es uno de los mejores de habla hispana y del mundo, que se llama Luis Pastor, y él hizo las luces, orientadas al show, pero también a la televisión. Otra cosa cosa es que ocupamos muy bien las pantallas, trabajamos con un visualista que se llama Anatómico, con este concepto que a mí me gusta mucho, que es el retrofuturismo, y él también enganchó con eso, y luego todo el mundo comentó que habíamos sido los que ocupamos mejor las pantallas.

¿Y cuando viste el show por youtube después, cómo lo sentiste?

—Me gustó, me gustó harto, sentí que lo habíamos hecho bien, y que aprovechamos mucho la parte de la danza.

Eso se mostró mucho en la tele.

—Sí, pa mí había sido muy importante el show de Raffaella Carrà con los bailarines, entonces yo quería mostrar mucha danza, que hubieran muchas mujeres. Quizás hay cosas que yo hubiera cambiado, como mostrar más a la banda, o mostrar incluso más el todo, porque en Viña muestran más la cara del cantante, pero es algo televisivo, que tendrá que ver más con otros parámetros, son pequeños detalles, pero a mí me gustó mucho el show.

También mostraban a la Renata Ruiz bailando, y a todos los del jurado.

—Sí, Ana Torroja también, Rick Astley, todos los ’80.

Igual heavy ver a cantantes de los que tú hai bailado su música, bailando la tuya.

—Sí, muy bacán.

Algo que me pareció bien logrado era que entre la danza y las visuales se lograba que cada canción funcionara como un clip, pero además la secuencia general estaba muy bien organizada.

—Sí, queríamos que fuera un todo, no que fuera la canción, la canción, la canción, la canción. Otra cosa muy bonita que a mí me gustó de Viña fue la conexión que había con la gente que no estaba ahí, que estaba en la casa, entonces yo trataba de igual evocar un poco eso. De ahí un montón de gente me dijo: «yo te vi en mi casa, estábamos todos tomando una piscola, estábamos llorando». Fue muy épico.

Poco después vino un concierto que a mí me encantó, el concierto íntimo en el GAM, y que fue casi que como el reverso de Viña. ¿Cómo surgió?

—Fue un acuerdo al que llegamos con el GAM para poder ensayar en su sala y fue un muy bonito acuerdo, porque ellos nos pidieron un concierto y se nos ocurrió así por la sala. Me acordé de esos momentos más de piano, que antes hacía más, y quise extenderlos. Hicimos versiones distintas de algunas canciones, también otras que no se necesitaban versionar porque también tengo baladas, y estuvo súper bonito.

Para ese concierto, además, incorporaste al cuarteto de cuerdas Alcyon Consort, que funcionó muy bien.

—Yo conocía a la Dani [Daniela Maltrain], y ella misma me dijo: «cuando quieras, yo puedo tocar la viola da gamba», y ella era muy fan de mi música, y se me ocurrió ocuparlas para este concierto, y también después para el Caupolicán.

[Éste es el momento exacto en que yo debería decirle: «cuando quieras, yo puedo tocar la flauta dulce», pero no me atrevo…]

Y me gustaba la mezcla entre el piano y la viola da gamba, era muy especial, la viola da gamba tiene un timbre, no sé, como muy sentido, tiene una historia. Pero además las invité porque me gusta mucho trabajar con gente que disfruta mi música, no sólo que toque bien; ellas estaban muy motivadas, se sabían las canciones, entonces eso me gustó mucho de trabajar con ellas.

Para ti, no es esa cuestión del músico de sesión, que llega, toca y se va.

—Me ha pasado, pero se hace a la larga aburrido, es sólo un trabajo. Y claro, la música es un trabajo, y tenemos todos que pagar las cuentas, pero por otro lado me gusta tocar con gente que le gusta mi música, me motiva mucho más alguien que dice: «oye, esta canción me encanta».

[«Oye, esta canción me encanta…»]

Y los arreglos de cuerdas ¿los hiciste tú, o los trabajaste con ellas, cómo fue vestir de nuevo estas canciones?

—Para el GAM ellas estuvieron marcando más acordes y propusieron varias cosa, junto a mí también. Pal Caupolicán, retomé mi lado de arreglista, y les escribí las partes, fue un reencuentro con esa faceta, porque yo estudié Composición y Arreglos. Igual me costaba esa parte a mí en la carrera, porque es la parte como más tierra, más matemática, que a mí me gusta, pero como soy más volada, me cuesta, y me equivoco. Pero igual acá los escribí yo, en el Finale, y las chicas estaban súper contentas de tener sus partes. Sí, me encantó, fue bacán.

Claro, ahí vinieron los diez años de Esquemas Juveniles en el Caupolicán, que fue como una culminación de todo esto. No sé cómo lo sentiste tú, pero al menos desde el público se sentía desde el comienzo una energía muy especial. Además que fuera domingo en la tarde, como más familiar, había un ambiente muy rico al inicio, muy expectante, muy junto todo.

—Sí, yo estaba muy emocionada al principio, de hecho me costó cantar, porque estaba al borde de las lágrimas.

[Yo también: desde que tocó la primera nota hasta el final tuve que aguantarme las lágrimas, y eso que me jacto de ser un poeta sin sentimientos.]

Fue súper difícil, igual, por eso mismo. Porque además era algo tan desnudo al comienzo, yo con el piano y el Caupolicán lleno. Me costó empezar, pero me sirvió un montón igual para experimentar ese momento. Creo que la gente lo apreció así, y también fue como reencontrarme con mi público, después de Viña, que fue tan masivo. Aquí estaba la gente de siempre.

Nosotros fuimos con un amigo y su hija de 7 años, Violeta, que se sabía todas las canciones, estaba feliz, fue una muy linda experiencia para ella. Y era bacán porque yo sentí que estabai llegando a un público súper amplio. O sea, al inicio de tu carrera tu componiai para un público que más o menos sabiai quién te iba a escuchar, y acá esta cuestión se abre totalmente.

—Sí, le pregunté a una amiga que es muy observadora cómo había visto al público, y me dijo que era muy diverso, niños, grandes, también eso me gusta. Y a veces se me acerca gente que me dice: «yo igual soy viejito pero me gusta su música», como si pidieran disculpas, y yo: «por qué, por qué te tienes que disculpar», si la música no es sólo para los jóvenes, como que la música que es más ritmo o más de vanguardia fuera sólo pa los jóvenes. Y eso se vio en el Caupolicán, yo creo, una diversidad en todo sentido: heteros, gays, niños, viejos, diferentes clases sociales, muy muy diverso.

Otra cosa fue que además de Gepe, invitaste a cantantes más jóvenes, como Chini Ayarza y (mellamo) Sebastián.

—Claro, la Chini es más joven, están en su carrera en otra etapa, y los invité por eso, primero porque me caen muy bien y después también porque me gustan sus voces y creía que podían quedar bien en las canciones. Y también para integrarlos en esta celebración, porque lo último que he escuchado de ellos me pareció muy potente. Además, la Chini como compositora es súper aperrada, hace cómics en un diario financiero, y me gustó mucho su vida, y la invité. Al Sebastián lo conozco hace mil años, pololeaba con un amigo. Bueno, y al Gepe, es como el eterno… Entonces fue súper bonito haberlos tenido, no sólo en el escenario, sino después estar con ellos y celebrar.

Por lo que me decís son súper importante los vínculos que creai con la gente que trabajai, no es tener una oficina, llamar a tres gallos e irse de gira… Aunque esto no es una banda, se ve con mucha claridad que es un equipo el que está funcionando, un equipo tanto a nivel de gestión, técnico, musical, artístico. ¿Cómo se ha ido dando eso?

—Claro, el proyecto se llama Javiera Mena, y yo asumí un liderazgo desde el comienzo. No quise tener una banda porque, al menos musicalmente, yo quería liderar algo. Sobre todo al empezar a ocupar programas musicales tenía tan claro todo que dije: «quiero ser a lo músico antiguo, hacer todos los arreglos yo», porque me gustaba y me divertía y sentía que era mi talento. Y claro, a nivel de organización, de videoclips, de coreografía, obviamente uno trabaja con muchas personas, y mi clave para que las cosas pasen, y pasen de buena manera, es la libertad, que la gente se sienta libre trabajando conmigo y desde ahí comencemos a trabajar, más que de yo imponer lo que la gente vaya a hacer, porque creo que se produce mucha neurosis en estos ambientes. He visto a mi alrededor a muchos músicos tratando de controlar demasiado, y veo que la gente que trabaja a su lado no es feliz, entonces le he puesto atención a eso porque pasa mucho que los equipos no están cien por ciento contentos. Es como ese meme que dice «Jefe» versus «Líder», y pa mí esa es la manera de liderar, liderar más como en clan. Creo que lo principal, mientras pueda, es confiar, confiar en que todos están ahí haciendo lo mejor que pueden, porque si andai desconfiando mucho como que ahí empieza a romperse. Y pasa mucho, y yo mismo lo he vivido en grupos, esta cosa del jefe en vez del líder.

El que tiene que validarse siendo pesado, siendo cabrón, y en eso basa su autoridad.

—Sí, y eso está bien visto también, más pa los hombres.

Sí, y quería llevar un poco para allá la conversación, que tiene que ver con otras maneras de pensar una carrera musical, o un trabajo artístico. No es una cosa de que los hombres son así, las mujeres son asá, pero sí se puede hablar de maneras más femeninas o masculinas de liderar.

—Claro, hay hombres que dan espacio a lo femenimo y mujeres que son ultra masculinas.

Y te quería preguntar por eso, porque tú el año pasado participaste en Ruidosa, que lo van a hacer ahora de nuevo, y se ve que está agarrando harto vuelo, y además ha habido todo un movimiento en los últimos años, especialmente en música electrónica, sobre booking, por ejemplo, que cómo puede ser que en un festival inviten a cien hombres y ninguna mujer, cuestiones así. Y bueno, hay distintas estrategias y discusiones. También está la entrevista de Björk que salió en Pitchfork.

—Sí po, tú siempre me las posteai.

[En efecto, siempre trato de llamar su atención postéandole notas sobre música y feminismo en su Facebook. Mi adorada Marcela dice que en vez de postear tanto debería ayudar más en la casa.]

Me parece que es un problema que tiene varias dimensiones, tiene que ver por un lado con cuestiones de gestión, cómo alguien se hace cargo de su carrera, cómo la dirige artísticamente, y también está eso que cuenta la Björk de que todo el mundo le decía: «ah, estai trabajando con Arca, o con Matmos, ellos hicieron el disco y vos sólo cantai». ¿Cómo lo veís, cómo lo hai vivido en Chile y en los países en que hai tenido que trabajar?

—Sí, obvio que sí. Es la base que tenemos y es difícil cambiarla así como así. Como dice Björk igual estamos viviendo un momento súper potente de transformaciones, pero hay una base, sobre todo acá en Latinoamérica, aunque quizás estemos más avanzados que el Medio Oriente, y bueno, en España también. De hecho hoy día estaba viendo una campaña española sobre el micromachismo, y salían diferentes mujeres, hasta salía Amaral, casi derramé una lágrima… Y sí, siempre lo he tenido que vivir, desde los comienzos, me daba mucha rabia cuando no se me daban créditos. Los mismos músicos, colegas, incluso del indie que se supone que son más abiertos, preguntándome quién me había hecho el tema, cero confianza en una mujer compositora. También lo viví en el Festival de Viña, en un momentó me senté a leer los comentarios con una amiga, y una gran parte de ese odio tiene que ver con el machismo, con no querer que allí esté una mujer, y exigirle mucho más en cuanto a todo. Lo mismo que le pasó hace poco a Myriam Hernández en Olmué. A veces leo estos foros, como La Tercera, un poco de masoquista porque sé lo que me voy a encontrar, porque son terribles.

Son terribles, yo no sé de dónde hay tanta amargura, y huevones ociosos, que no hacen nada más en todo el día.

—También hay un reportaje de The Guardian, con un análisis de los foros de internet, y era demasiado grande la diferencia entre insultos a mujeres que hacia hombres, entonces hay un odio igual, como planteado de base, para que una mujer no sea líder.

Aunque ahora no sea políticamente correcto decirlo de manera más explícita, está contenido y sale igual.

—Sí, yo creo que está. Igual hay una transformación, ya que estemos hablando de esto en todos lados me parece súper bueno, y están pasando cosas, pero igual hay una base muy fuerte, de muchos años atrás. Se está moviendo, recién, esta dureza, como muy muy dura, se está recién derritiendo para moverse. Pero queda por lo menos un siglo.

Hace unos días leí una entrevista de Soledad Fariña, una poeta muy bacán, en La Segunda, en la que decía: «Raúl Zurita me ha dicho que le gusta mi poesía, pero jamás se ha referido a ella públicamente».

—Sí po. Daniel Melero también dijo en una entrevista que cuando chico compró un disco de Janis Joplin y su mamá le había dicho: «cómo te compras un disco de una mujer». Imagínate, venimos de eso, obviamente a mí me tocó, desde el comienzo me preguntaban quién me hacía los temas, y luego en el estudio, igual a lo que cuenta a Amaral, si decía: «súbele a esto», oídos sordos, pero si lo decía un hombre ahí pescaban. Es todo el tiempo. Yo ya estoy acostumbrada, y no me lo tomo con amargura, eso prefiero transformarlo más que rebelarme de un modo más violento, como también lo hacen algunas chicas, y también es válido, porque hay mucho dolor.

Y agotamiento, porque que te toque eso siempre debe ser terrible.

—Es difícil ser feminista de una manera gentil, pero creo que es la única manera. Porque está muy filudo, cada vez más.

Hay otra parte más específica, la de las mujeres y la teconología; si una mujer es ingeniero en sonido o si una mujer es productora, como que esos roles fueran exclusivamente masculinos, como que no puede haber una mujer detrás de una consola.

—Ir al estudio es igual que ir al mecánico. Es muy raro ver una mujer ahí. Una chica que investigó esto en Estados Unidos me había dado una cifra y era ridículo el porcentaje de hombres trabajando en un estudio versus mujeres. Yo he hablado esto y me dicen: «es que las mujeres no se interesan en el estudio», y bueno, quizás no se interesan, pero porque nadie les enseñó que se podían interesar. Si es que todo te dice que vayai pa un lado, no todas van a querer romper con eso, pero hay otras que quieren romper e ir al estudio. Pa todas las posiciones como de liderazgo artístico, de chiquitita te dicen que no se puede liderar siendo mujer.

Claro, como se sólo puede tener el rol de la cantante, o la diva incluso. Ahora en los Grammy, por ejemplo, las dos grandes que habían eran Adele y Beyoncé, dos mujeres, pero el rol que se les obliga a tener es bien delimitado.

—Sí, y cuando Adele sale a recibir los Grammy sale con veinte hombres alrededor.

Como un equipo de fútbol americano atrás, es cuático.

—Por eso, falta mucho para la equidad de género en los estudios de grabación, pero es muy lindo ese mundo, y no es que a la mujeres no les interese, y es así en muchas cosas más.

Otra cosa que hablaba la Björk hace poco, y que es otra dimensión de este problema, es que se espera si eres compositora que cantís de ciertos temas, y de otros no, también hay otras limitaciones ahí.

—Sí, se fue a un lugar mucho más sutil, que me encantó. Obviamente todo el mundo espera que una mujer hable de su situación sentimental. Y tú veís las grandes que están hoy en día, los discos que triunfan de mujeres, como el de Adele, hablan de abandono, de una mujer con el corazón muy roto por un hombre, llorando por un hombre, y siempre están llorando y llorando. Y generalmente están compuestas por hombres, entonces como que te rodean por todos lados. Pero bueno, cada día están saliendo cosas más diferentes, aunque lo que se espera es la mujer llorona.

Y pasando a tu nuevo disco, ¿en qué etapa estai?

—Estoy escribiendo en el Ableton Live directamente, ahí tirando beats, arreglos, tratando de hacerlo más con las herramientas que he agarrado, y tenerlo bien claro todo. Estoy también analizando gente con quién trabajar, pa pasar a la etapa de abrirme, abrirme a otras mentes.

Porque en esta etapa eres tú sola con el computador y quizás algún teclado, en tu casa.

—Sí, en mi pieza estudio, ahí súper encerrada. De hecho no le he mostrado a nadie ninguna canción, y ya están agarrando harta forma.

¿Y las hai compuesto todas en un período específico? ¿O veníai acumulando algunas de antes?

—Venía acumulando de antes, y ya desde el último año me puse en modo canciones, pero es un proceso súper lento, y trabajar sola también es más lento, y un poco locura. No sé, pienso en bandas de tres personas, que se van pimponeando. Pero ya estoy en una etapa más que quiero empezar a abrirme, creo que ya viene el momento, porque también es rico pasar a otra etapa.

Y de lo que se puede contar, ¿pa dónde va la micro, hay zonas nuevas, o cuestiones que querís enfatizar de lo que veniai explorando antes?

—Es más o menos línea electrónica, pero quiero darle un vuelco al sonido, eso es lo que estoy buscando. Es difícil hablar del sonido con palabras, es la típica cosa que dicen los músicos. Y quiero que sea un disco también orientado a tocarlo en vivo desde el momento uno, porque siempre me pasa con los discos que lo hemos sobreproducido en estudio, y al momento de tocarlo en vivo es más difícil. Mi amigo Erlend Øye hacía la analogía de una pizza, que tú tienes los ingredientes de la pizza y después tienes que llevar los ingredientes de la pizza al escenario y mostrar esta pizza. No que cada canción sean diferentes pizzas, sino todo el disco la misma pizza.

Como cuando un pintor tiene una paleta, una gama de colores más o menos definida.

—Sí, eso te podría decir. Porque de repente hay infinitos bancos de sonido en la música electrónica, y yo empezaba este, este, este, agarrando ingredientes de todos los lados, pero ahora quiero elegir sólo los sonidos más nobles y trabajarlos en todas las canciones. Y otra cosa es que quiero seguir con el dance. Es que creo que es mi misión. Hacer bailar al Hemisferio Sur, con música en español, también.

Eso yo también lo veo muy ligado a lo que hablábamos antes. Hacer dance hoy es una cuestion políticamente interesante; o sea, todo el mundo opina como si fuera experto, todos están enojados, está la cagá, pero esto también puede ser una manera de hacer política, no es sólo escapismo.

—Como le pasó a Virus, que pa mí es un grupo muy político, o sea, más que cualquiera, pero para la prensa era como: «ah, no les importa nada». A mí también me han catalogado de nihilista, porque hago dance, o que mi disco es nihilista porque habla sólo de los placeres. No sé por qué los periodistas lo interpretan así, o no me entienden, pero yo no me siento nihilista ni nada por el estilo. No sé, otra cosa que aprendí en Viña es las gentes tienen mentes muy diferentes.

Claro: podís controlar lo que querís decir y hacer, y estar tres años haciendo un disco con tal sentido, pero mientras más se ha ampliado tu público y los lugares a los que llegai, la cuestión se dispersa hacia cualquier parte. Y no sé, me imagino que ahora también influye el paso por el Festival; o sea, no es que estís mirando las gaviotas todo el rato, pero igual con todo lo que te ha pasado en estos años, obviamente erís una persona distinta a la que estaba escribiendo Esquemas Juveniles.

—Sí, es un desafío bien bonito: conectarte con quién eres tú, con quién era yo cuando hacía Esquemas Juveniles, cuando nadie me había escuchado mucho, eso es lo que estoy tratando de hacer igual. Por eso, también, trato de no meterme tanto a las redes sociales, las tengo un poco delegadas, sólo para información más que nada, porque eso también te nubla un poco si es que te ponís a tomarlas mucho en cuenta, los comentarios buenos también. Trato de buscar esa conexión que uno tiene con la música, que tiene que ver con los demás, pero que también es algo muy espiritual.

¿Y ahora estai viendo gente con quien colaborar?

—Sí, estoy viendo con quién trabajar producción. Me gustaría tener un partner o una partner, pero realmente es difícil encontrar productoras, ¡eso sí que es difícil! Como que no se puede. O sea, hay, he buscado, de hecho hay una página que se llama Women in Music, pero son gringas, y claro, es súper complicado. Tampoco me voy a cerrar, como que solamente vaya a trabajar con mujeres, hay hombres increíbles, muy genios, y puedo aprovechar eso. Estoy buscando, todavía no sé bien, pero he hablado con varias personas.

Pero igual vai a traer las canciones ya bien armadas.

—Sí. Y a mí también me gusta que me ayuden, es difícil cuando uno está cantando en el estudio, mirarte de afuera, me gusta mucho que alguien me diga: «esta parte te suena mejor así, más tranquilita», ese tipo de producción yo la necesito. Y también opiniones pal sonido, hay gente que hace muy buena electrónica acá en Chile, que me pueden dar una mano con la elección tímbrica. Me gustaría un sonido más noble, no tan de presets.

¿Más con sintes análogos?

—Sí, más con sintes análogos. Creo que gana mucho. Creía que no, pero he estado haciendo comparaciones entre los sintes análogos y virtuales. A pesar de que me encanta la música tipo Avicii, David Ghetta, que es puro preset, esos gallos trabajan con el Fruity Loops, y unos compresores y sería. Es una estética. Pero como ya he trabajado por ese lado, me gustaría probar más con sonidos análogos, son tan buenos que no necesitai tanto más.

Decíai que pensabai en un disco que sea fácil llevarlo al vivo. No sé si en algún momento, a nivel consciente o inconsciente, ¿pensai también en que sean canciones con las que se puedan hacer coreografías?

—Sí, últimamente, siempre que estoy componiendo una parte de mi cerebro está pensando en Tuixén inventando las coreografías, qué se le va a ocurrir con esto. Porque obviamente quiero seguir trabajando con ella, pa mí ella es parte de la banda, totalmente.

Viendo los shows desde afuera, su rol ha sido clave.

—Tuixén es una socia, totalmente, y un honor pa mí, porque ella es una grande mundialmente, ha hecho grandes coreografías, y es una gran aliada. Y eso, al momento que estoy haciendo las canciones pienso en las coreografías, abstractas como las que se le ocurren a la Tuixén, pero también con mucho humor. Siempre estamos hablando, le mando algún mensajito: «oye, estoy pensando en ti componiendo esto», porque la tengo muy presente.

Eso me interesa, como que las coreografías le ponen un tono más de humor o ironía que quizás no es tan explícito en las canciones, pero es entretenido como las llevan pa otro lado.

—Sí, a mí también me gusta eso, porque claro, me gusta añadirle diferentes mentes a lo que yo hice. Pasa esta cosa como azarosa para la gente que lo ve, como en “La Joya”, que tiene una coreografía súper chistosa, y quizás si me estuvieran viendo sólo a mí tocarla con los músicos pensarían otra cosa, pero se transforma todo en algo más fresco. Las coreografías de Tuixén no son para nada como sexuales, yo siento, a pesar de que algunas veces tienen algo humorístico con la espada…

Es como entre en serio y en broma…

—Sí, ella se preocupa mucho de las caras que las chicas pongan, porque pasa mucho que las bailarinas están acostumbradas al espectáculo, y es como: «voy a bailar así, lo voy a bailar sensual», y Tuixén es como: «por favor, no pongan cara sensual, pongan cara como que tuvieran seis años». Ella se preocupa mucho de esas sutilezas, para que sea humorístico, pero también transmita una idea. Es muy inteligente ella.

Y tienen cierto relajo, además, no es esa cosa angustiosa de bailarina de ballet, tipo Cisne negro. Hay momentos en que ellas se quedan en el escenario, como no haciendo nada, o moviéndose muy poco, eso es interesante también.

—Sí, es la idea también, que sean parte de la banda, que se puedan quedar en el escenario, y que estén relajadas, que no sea esa cosa de la danza como estén con miedo a equivocarse.

¿Hay algo más que quieras decir a los lectores de Pániko?

—No voy a decir que voy a sacar una canción, porque siempre me atraso, y después empiezan: «oye, dijiste que ibai a sacar una canción»…

Di que vai a sacar una el 2020, ponte tú.

—Sí, eso, paciencia, yo creo que vivimos en un mundo en que todo es rápido, pero yo me tomo mi tiempo entre disco y disco. Paciencia.

 

En un esfuerzo de la producción, propio de un programa de Alfredo Lamadrid, finalizo esta entrevista con un regalo para la artista. Se trata de la reciente edición de la Poesía de Violeta Parra. Javiera recibe el libro con alegría: «¡Me va a servir mucho!».

Cuando apago la grabadora nos quedamos conversando harto rato de otras cosas, con mucha calma. Por un instante me olvido que no soy más que un fan suyo. Entre medio hablamos de Hildegard von Bingen, una mística visionaria del siglo XII, considerada por algunos como la primera feminista dentro de la Iglesia Católica, y que también fue compositora y poeta, es decir, una «cantora» como se autodefinía Violeta Parra, una «poeta melódica» como la propia Javiera. Al llegar a mi casa me pongo a revisar la Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales de Hildegard, traducida y editada por un equipo de destacados profesores de la Universidad de Chile. Encuentro un canto dedicado a la Virgen María, “O splendidissimma gemma”, donde la compara con una joya que transmite el resplandor del sol. Como comentan sus traductores, «las piedras preciosas son símbolos de estrellas celestes, de luz celeste sobre la tierra o la verdad». Así seguimos todos acompañando a Javiera, nuestra joya. Hasta la verdad.

El año de la joya

Sobre el autor:

Felipe Cussen (@felipecussen) es investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la USACH y co-autor de Mil versos chilenos y Opinología, entre otras publicaciones.

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