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Juntas y en revuelta: luchando por un país más justo e igualitario

por · Marzo de 2017

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La despenalización del aborto y la necesidad de promulgar una ley en contra de la violencia hacia las mujeres fueron las demandas que con mayor fuerza se hicieron escuchar en la marcha del pasado 8 de marzo, día en que se conmemora en todo el mundo a la mujer trabajadora. «Para crecer sin capitalismo y patriarcado dejo hasta los pañales» y «Quiero nacer sin miedo por ser mujer», son algunas de las frases que dejaron entrever estas exigencias.

¿Eres mayor de edad?, le preguntó la mujer a la joven. Sí, le dijo ella con una sonrisa y miró a su compañera. Ambas marchaban con sus cuerpos pintados. La mezcla de rojo, morado, tintes verdes y amarillo solapaban su desnudez, pero aún así la mayoría de la gente se giraba para mirarlas. Les pidieron fotos y ellas no se negaron: solas, acompañadas y hasta con las Fuerzas Especiales de fondo, como si fuera la primera vez que una mujer sale así a la calle para reclamar su libertad.

Ya van un par de años en que los cuerpos pintados son protagonistas de diversas manifestaciones callejeras y el pasado miércoles no fue la excepción. La Alameda se llenó de diferentes expresiones artísticas, batucadas, bailes, vida y colores. También de mucho compañerismo, conciencia y, sobre todo, sororidad. Mujeres jóvenes y mayores, madres con sus hijas y abuelas con sus nietas. Parejas y grupos de amigos. Todas y todos avanzaron ese día en comunidad.

Esta nueva marcha dejó ver a una mujer empoderada, atrevida y sin miedo a alzar la voz. «Contra todo orden capitalista y patriarcal, mujer organízate», «Aborta al Jaime Guzmán que llevas dentro» y «En nuestros cuerpxs se gesta la revolución», son algunos de los carteles y lienzos que se pudieron ver ese día. De hecho, este último, realizado por el Colectivo de Arte Resiliencia iba acompañado de una performance que a nadie dejó indiferente. Un grupo de mujeres llevaba sus cuerpos desnudos y moreteados envueltos en cinta de embalaje transparente. Tenían la cara cubierta con capuchas negras y el pequeño agujero donde podíamos ver sus ojos, pintado de rojo. Lo primero a pensar en ese momento: ellas podían ser cualquiera. Todas aquellas mujeres que han sido violentadas, física o psicológicamente y las que no. Todas.

Cuando la noche llegó muchas familias comenzaron a irse, alejadas por el frío, el viento y, quién sabe, el hambre. Sin embargo, la movilización no perdió ímpetu. Los tambores sonaron más fuerte y las antorchas comenzaron a encenderse. «Aquí están, estas son, las mujeres de la población», se escuchaba a lo lejos. Y en el escenario, instalado en metro República, las mujeres volvieron a alzar la voz, a impulsar la lucha contra el sistema capitalista y patriarcal que lo único que hace es oprimir y menospreciar a las mujeres. Un llamado a hacer de este un país feminista, en el que la igualdad sea un derecho. Un país en que se ponga fin al acoso callejero, donde exista una educación no sexista, sueldos igualitarios y aborto libre, legal, seguro y gratuito. Donde se promulgue una verdadera ley contra la violencia hacia las mujeres y, sobre todo, un país en el que al fin se haga justicia. Por la activista asesinada Macarena Valdés. Por la Machi, injustamente aprisionada, Francisca Linconao. Por todas aquellas que han sufrido las consecuencias de vivir en una sociedad machista y patriarcal. Por todas las víctimas y para que no exista ni una más.

Juntas y en revuelta: luchando por un país más justo e igualitario

Sobre el autor:

Valentina Gilabert

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