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El arte ante todo

por · Agosto de 2017

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Hace unos días tuve que ir al Forum les Halles, un enorme centro comercial subterráneo ubicado en el centro de París. Tenía que comprarme un computador nuevo. El anterior (a causa de la obsolescencia programada o de mis malos tratamientos) había pasado a mejor vida. Una vez concluida mi compra, como todavía no deseaba volver a mi departamento del extrarradio, me fui a ver una película al cine Cité les Halles. A pocos pasos de donde estaba.

Gracias, sobre todo, a los hermanos Kaurismaki yo tengo una predisposición favorable al cine finlandés. Hasta ahora las películas provenientes de este país nórdico nunca me han desilusionado. Compre entonces una entrada para ver Tom of Finland. En la sala oscura sorpresa: el realizador no se anda con preámbulos y va al grano directamente. Las primeras imágenes de la película son unos varones jóvenes y bien constituidos. Sus poses sugestivas dejan bien claro que se trata de un filme homosexual. Confieso que, vestigio de mi barbarie latinoamericana, durante unos segundos sentí el impulso de partir. Finalmente, no lo hice. Pese al anonimato, que prodiga las salas oscuras, me hubiera sentido ridículo. Mi condición de escritor me ordeno imperativamente no moverme de mi butaca.

En un vestíbulo con paredes altísimas dos hombres vestidos de cuero negro (las fotos del comienzo sirven solo de introducción) esperan sentados. El cuadro extremadamente austero y sobrio hace pensar en la antesala de un tribunal o de un cuartel policíaco. Por suerte esta escena angustiante no se prolonga demasiado y comienza la historia que el realizador de la película desea contar. La biografía del dibujante finlandés Touko Laaksonnen (1920-1991).

Las primeras imágenes de este racconto muestran una guerra (la segunda entre los dos países) que tuvo lugar entre la URSS y Finlandia. Touko participa en este conflicto con el grado de teniente. En el curso de esta guerra mata a un soldado soviético. El rostro del enemigo muerto es bello. Este hecho va a traumatizarlo durablemente. Como se sabe, al igual que las cárceles, el medio militar es bastante propicio a la homosexualidad. Touko tiene un encuentro sexual con otro soldado, en medio de un bosque. A una cierta distancia de ellos, un capitán es testigo de este encuentro. Cuando Touko se queda solo, un diálogo tiene lugar entre los dos oficiales. Al despedirse el capitán le regala a Touko una pitillera de plata con su nombre grabado. Agregando que después de la guerra tal vez podrían encontrarse de nuevo.

Al término de la guerra Touko entra a trabajar en una agencia de publicidad, donde también trabaja su hermana Kaija. Los dos hermanos comparten el mismo departamento. Pronto otra persona, un muchacho joven como ellos, se viene a vivir al departamento. Una rivalidad amorosa comienza entre los dos hermanos. Finalmente, Touko es quien gana la partida.

El ambiente de época, que el realizador logra restituir, sobre todo gracias al buen uso de los colores, es fascinante. Sin embargo, para los homosexuales finlandeses la vida es dura. La legislación penaliza la homosexualidad. Un beso entre dos individuos del mismo sexo es ya un delito. La policía puede entrar en un domicilio privado, sin orden judicial, si sospecha que en ese momento están ocurriendo «actos inmorales». En un contexto como este no es difícil imaginar que las agresiones homofóbicas son moneda corriente.

A fin de escapar a este ambiente opresivo, ni siquiera su hermana Kaija está al corriente de su orientación sexual, Touko vuelca sus fantasmas eróticos en el papel. Hombres jóvenes (marinos, leñadores, policías, conductores de moto, a menudo vestidos de cuero negro), musculosos y con un falo consecuente. A un momento dado, el ambiente de Helsinki se vuelve insoportable para él. En búsqueda de un poco de aire fresco, y de libertad, parte a Berlín. Una búsqueda que se revela infructuosa. A causa de un incidente, derivado de su homosexualidad, es detenido. Como no tiene su pasaporte contacta el consulado de su país. No obstante, el particularismo del idioma finlandés, el funcionario consular, que acude al cuartel de policía, no lo reconoce como ciudadano finlandés. Touko se recuerda, entonces, del capitán que le había regalado su pitillera durante la guerra. En Berlín, el ex oficial ocupa un cargo diplomático. Este concurre al cuartel de policía. Declara no conocerle, pero finalmente, luego de una entrevista en privado con él, reconoce su identidad y su condición de ex militar. Touko es liberado sin que la justicia alemana retenga cargos en contra suya.

Touko retoma su trabajo en la agencia publicitaria a su regreso a Helsinki. Una relación de amistad se establece entre él y el diplomático. Que lo introduce en su círculo de amigos. Invitándole a las fiestas que, con el consentimiento de su esposa, organiza en su departamento. Touko continúa dibujando sus imágenes eróticas. (que por cierto oculta a su hermana Kaija). Entre tanto el idilio con su compañero de departamento sigue su curso. Durante un tiempo un cierto equilibrio emocional parece instalarse en su cabeza. La irrupción de la policía en el domicilio de su amigo diplomático, durante una fiesta, le pone fin. Este suceso aparece en la prensa. Escándalo asegurado. Internado en una clínica, el ex capitán y diplomático decide curarse de su «enfermedad». En la vida de Touko un ciclo viene de terminarse.

Tiempo después Touko decide enviar sus dibujos eróticos a una publicación americana. A fin de no tener problemas judiciales adopta el seudónimo de Tom of Finlande. Su iniciativa se ve coronada por el éxito. Tras su publicación, los dibujos son adoptados por la comunidad gay americana. Touko viaja a California donde es muy bien acogido. El contraste con su país natal es enorme. Los homosexuales asumen su condición libremente y lo demuestran en su forma de vestirse y mostrarse en público. La policía se introduce en una residencia privada, durante una fiesta gay, pero persiguiendo a unos ladrones y pide disculpas.

La obra de Touko acompaña la evolución liberal de la sociedad americana, durante toda la década del 60 y del 70 -en Finlandia Touko sigue viviendo como un proscrito-. La aparición del Sida, en la primera mitad de los años 80, pone temporalmente en dificultad a su trabajo artístico. (Son años de mucho sufrimiento moral para los homosexuales.) La moral tradicional pasa de nuevo al ataque. Touko logra preservar su obra haciéndose un propagandista de la prevención. En sus dibujos aparecen preservativos.

El curso de la Historia no se detiene jamás. En Finlandia las mentalidades y la legislación evolucionan en un sentido más favorable para la condición homosexual. Kaija, que no aprecia su trabajo artístico, termina aceptando, mejor dicho, tolerando, la condición de artista homosexual de su hermano. Fin del racconto. Los dos hombres de cuero negro entran en una sala de espectáculos. Donde les acoge, ruidosamente, una muchedumbre de hombres vestidos de la misma forma que ellos.

Según algunos críticos Touko Laaksone habría sido un dibujante muy hábil con el lápiz, pero sus dibujos carecerían de expresividad. Hay otros que afirman que en sus dibujos pueden descubrirse una amplia gama de emociones. Mi opinión, parcial y limitada, por cierto, es que son demasiado repetitivos y monótonos. Basta con ver uno para verlos todos. Evidentemente el gran mérito de esta obra reside en el hecho de haber contribuido a imponer a nuestras sociedades la legitimidad (y el derecho a existir) de la realidad homosexual.

En Francia existe una crítica que, con el fin de parecer inteligente, le encanta decir horrores. La película Tom of Finlande no ha escapado a esta tendencia. Evidentemente, ha habido también una crítica que ha sabido reconocer el valor artístico del trabajo del realizador Dome Karukoski ¿El principio del funcionamiento del arte (y de la vida) es la contradicción no? Por mi parte estéticamente esta película me ha producido una excelente impresión. Lo que me ha motivado a escribir estas líneas.


El arte ante todo

Sobre el autor:

Georges Aguayo

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