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Fui al concierto de Animal Collective y me parece increíble lo que logran dos hípsters con buenos contactos

por · Septiembre de 2018

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Hay muchas cosas que yo no entiendo. Una de esas es lo que pasó con Animal Collective el sábado en el Teatro Teletón.

Conocido es que Animal Collective, agrupación gringa que viene sacando discos desde el nuevo milenio —y uno de “Los 123 peores músicos de todos los tiempos” según Vice—, es de gusto del hipsterimo local. No habiendo escuchado sus discos de forma extensiva, fui al concierto porque me habían regalado las entradas. Así de perdida. Y ya, habrá quienes piensen que con qué derecho escribo sobre estos cabros sin conocerlos, pero pucha, puedo hacer lo que me dé la pinche gana.

Así, sin haber hecho la tarea y luego de escuchar un par de canciones, lo primero coherente que pensé fue: “Qué increíble lo que pueden lograr dos hípsters con buenos contactos”. Me considero una mujer abierta a lo moderno –tanto como puede serlo una chiquilla con aspiraciones victorianas–, pero no le pude encontrar ningún sentido a lo que fuera que estaba escuchando. Y al mirar al público, supe que no estaba sola. Rostros de confusión llenaban el Teatro Teletón. Todos se miraban con cara de “mmm, ¿se supone que esto me gusta mucho?”, pero el ambiente carecía de esa maravillosa experiencia colectiva que es escuchar a una banda en vivo. No había emoción.


Me explicaron que lo de Animal Collective es más crear atmósferas que armonías. Que esa insistencia en tocar una única nota en forma repetitiva tiene que ver con eso. Que el vocalista emitiendo gritos primales desde el escenario es algo más experimental. Okey, my friend.

Ante mi inhabilidad de conectar con los ruidos que llenaban el recinto, me puse a pensar sobre por qué estaba ahí, cómo tan rata que no tenía nada mejor que hacer y un montón de otras cosas igual de deprimentes y, entre ellas, tuve un momento de iluminación (gracias Animal Collective). Si muchos de los que estábamos ahí sentíamos parecido, ¿por qué insistir? El mercado la hizo de nuevo, solo que el nuevo producto es lo que se ve cool, lo que se siente alternativo, lo extraño, distinto, “creativo”. Y ahí estábamos, una tropa de mensos, tragándonos todo lo que nos vendieron.

Cuestionando ya mi existencia entera y creyendo haber caído en un hoyo del que ya no me iba a recuperar, por suerte terminó el concierto. Después de un recreo para una cerveza, partió Father John Misty, dándome una experiencia tan distinta como familiar, porque él suena a muchas cosas que ya hemos oído antes, pero que nos encanta escuchar.

Fotos: Claudia Jaime
Fui al concierto de Animal Collective y me parece increíble lo que logran dos hípsters con buenos contactos

Sobre el autor:

Ángela Braun No soy periodista.

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