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Apuntes de Primavera Fauna

por · Noviembre de 2013

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General Bustamante a metros de Providencia. El sol pica y el mediodía está vacío. Falta gente en Plaza Italia. La ciudad es una especie de maqueta imposible de Mundo Mágico.

A la sombra del Telefónica hay buses, hay fila, hay ansiedad. El idioma oficial es difuso: una especie de portuñol y castellano nivel tchile mapotcho catchai.

Harta gringa de catálogo veraniego One book, harto brasileño tan bronceado y el denominador común del festival Primavera Fauna: ¡hipsters! El universitario mantenido tan preocupado de su apariencia vintage —filtrada por instagram, con algún accesorio irrepetible y dorado— que parece estar al día y recrear a escala lo que sucede afuera. Adentro del beau monde.

Pura diversión, evasión, aspiración.

Un gesto honesto y hasta provinciano por pertenecer al circuito donde nacen las tendencias, donde los coolhunters te invitan a un frapuccino antes de fotografiar tu peinado asimétrico y ese polerón tan cool sacado de la ropa americana.

Son la última actualización del yuppie que re-descubrió la bicicleta, el primer botón de la camisa abrochado, la belleza del papel mural de las casas antiguas de Valparaíso y las horribles traducciones al español de Anagrama y Alpha Decay, que por supuesto ordenan por colores y tonos.

Porque fácilmente Primavera Fauna podría ser un festival organizado por Pitchfork en Chicago y está bien: arman una tremenda producción —de verdad muy profesional— en el margen de Santiago y el público —su público (hipsters, turistas, lo que sea)— responde.

Seguimos.

En la película de la ventanilla del bus de acercamiento —5-lucas-de-ida-y-vuelta-hasta-Espacio-Broadway—, no mucho.

En el Forestal los grupos de gringos que caminan como turistas caminan como turistas.

En el parque Balmaceda los boy scouts que pierden el tiempo disfrazados pierden el tiempo disfrazados.

 

De entrada Espacio Broadway no es una discoteca, es una especie de fiesta Quinto Sol en Cachagua donde la música no importa, sino la experiencia de estar saltando con la mirada perdida, el roce con actrices y modelos de moda: Celine Reymond, Javiera Díaz de Valdés, Denise Rosenthal, Josefina Montané, Adriana Barrientos.

Una belleza que quema la retina, unos bajos que duelen como la bajada en la semana de DIIV y hasta hace poco Breakbot.

En el escenario Dentyne el argentino Coiffeur, de jockey verde olivo, termina por aniquilar cualquier recuerdo de sus primeras presentaciones en Santiago: se cuelga y descuelga la guitarra pero ahora acompañado de más músicos para una remozada “Crujen” o la versión para festivales de “Mientras tanto”.

En algún momento la colombiana Li Saumet dice que los «los sentimientos son como pájaros» y el viento a favor juega con su largo pañuelo en “Pájaros”; parece un ave exótica entregada al vendaval mientras el guitarrista de Bomba Estéreo, Julián Salazar, no para de saltar y juguetear hasta pasarse al sintetizador. Suenan: “Sintiendo”, “Caribbean power”, “Bailar conmigo”. El batero Kike Egurrola le responde con maestría desde el otro lado del escenario. Siguen: “La Boquilla”, “Cumbia psicodélica”, “Ponte bomb”. La banda, que viene de volar doce horas desde Las Vegas y que traduce a la perfección la champeta del Caribe colombiano a la electrónica orgánica, son el primer punto alto del festival. “Fuego” se roba todos los pasos de baile. Un acierto que toquen aquí por segundo año consecutivo.

A estas alturas Primavera Fauna cumple con el sonido y al menos en los dos escenarios grandes se respetan todos los horarios del programa. En comparación con el año anterior, eso sí, la convocatoria fue menor. ¿Habrá pesado más la bajada de The Cardigans o que en 2012 estuvo Pulp?

Suena la batería de “Don’t let me down” y Solange Knowles aparece puntual en el escenario Movistar con un coqueto pijama azul. Uno tiende a sospechar cuando se trata de la hermana de Beyoncé y cuñada de Jay-Z, pero su pop teñido de soul negro se defiende con argumentos propios. Su Ep True es una joyita. Siguen: “Some things never seem to fucking work”, “Bad girls”, “Locked in closets”. Sus dos coristas y los slap del bajista zurdo se robaron las miradas junto al cóver de The Dirty Projectors “Stillness is the move”. Fue probablemente la gran sorpresa del festival, incluso se quedó a ver algunos shows con sus músicos colada entre el público después de despedirse con “Sandcastle disco”.

En Pool party las chicas comienzan a escapar de la piscina. El viento helado puede más. En el pequeño escenario oculto entre un par de palmeras, un desorden en efecto dominó por la bajada de Breakbot: Varios alcanzamos a ver el final de The Twelves previo al crossover de Mostro con Matías Aguayo, que parte media hora después de lo presupuestado. Delante de un led horizontal que dispara violentos pantallazos blancos y negros, los hermanos Reinoso rodean a Aguayo que golpea dos jam blocks y que canta mientras Jaime Reinoso castiga su batería al ritmo de un galope de caballo y Cerebro transforma su voz en la de un monstruo. Parece que improvisan, que se multiplican por el sonido de una banda como Battles, pero en cada cambio en cada giro brusco los músicos se miran a los ojos y parecen seguir una canción partida en cien canciones ensayadas en la memoria. Hermostro.

 

De vuelta en el escenario Dentyne, Álex & Daniel ejercitan el músculo que trabajan desde su debut en Neutral. Las canciones de su disco homónimo de pop electrónico (“Mundo real”), un par de temas propios (“Fruta y té” de Gepe, “Amar en el campo” de Anwandter) y un agregado especial: el cóver de Miguel Bosé “Si tú no vuelves”.

Suenan: “Golden girls”, “Für Hildegard von Bingen”, “Baby”, “Brindo”. Tan ordenados van los escenarios principales que Devendra Banhart parte un par de minutos antes con su vibrato de cordero degollado y su batería de pilarsordismos entre cada canción. Siguen: “Seahorse”, “Something french”, “Never seen such good times”. Parece que el espacio le queda grande, que necesita más intimidad para su intensidad de fogata neo-hippie. “Quédate luna” suena ansiosamente desordenada, “Mi negrita” y “Carmensita” funcionan.

 

Al otro lado del festival una pantalla roja desmotiva. Dice: «La velocidad de la luz», quizá el disco más arriesgado pero menos convincente de Los Bunkers. A las 20:49 la banda arranca con “Desperdíciame” y Primavera Fauna es una densa electricidad rockera. Para “Llueve sobre la ciudad”, las gotas de las visuales inundan de luces a la incipiente noche que se prende con el cóver de Silvio Rodríguez “Santiago de Chile” y “Nada nuevo bajo el sol”. Pequeñas historias del conocimiento de la rabia, del ego masculino dañado, siempre lideradas por las guitarras de los hermanos Durán. Celebran los diez años del disco La culpa con “No me hables de sufrir” y siguen sin darle tregua a sus fanáticos, sonando como casi ningún otro grupo chileno en la actualidad: “Ahora que no estás”, “Miéntele”, el single “Bailando solo”, “Ven aquí” y “El necio”. La banda chilena mejor instalada en México demostró que siguen intactos. Como a Gary Medel en la Selección, nadie les ha visto una actuación mala.

 

Después de fundar y deshacer una y otra vez Spacemen 3, Jason Pierce aterrizó su rock espacial en el proyecto Spiritualized. A las 21:30 la banda se lanzó con “Here it comes (the road, let’s go down)” y el guitarrista más hipnótico y volado de todo el rock británico —su debut con Spacemen 3 se llama Taking drugs (to make music to take drugs to)— aparece de blanco y con los brazos extendidos. Rápidamente toma asiento como un piloto. Después abraza su Fender Telecaster roja como si se tratara de un volante. Despegamos. A pesar de que el característico olor a hierba de este tipo de eventos es reemplazado por las latas de bebidas energizantes y cerveza «Light», volamos. Siguen “Hey Jane”, “Lord let it rain on me” y un punto alto: “Electricity”. Parte del álbum Ladies and gentlemen we are floating in space, que apareció el mismo año que el Ok computer de Radiohead y el Urban hymns de The Verve compitiendo a la par en varios rankings especializados. Pierce está ensimismado. Oculto tras sus lentes y la oscuridad de este rincón de la ciudad rodeado de cerros. “Shine a Light”, “She kissed me” y “Oh baby” son un contraste: a pesar de que su inclusión en Primavera Fauna supera por paliza a la bajada de The Cardigans, el público no está a la altura. Parecen unos extraños entre el pop bailable del resto del line-up. Sobre el final “Cheapster”, “Come together” y “Take your time” le quitan velocidad a la noche hasta reventar en los segundos de “Take me to the other side” de Spacemen 3. Memorable.

 

Javiera Mena cumplió con un sonriente set de electro-pop pensado para bailar. En formato de banda y secuencias despachó “Hasta la verdad”, “Acá entera” y el cóver de Daniela Romo “Yo no te pido la luna”. La punta de lanza del Nuevo paraíso del pop queda al debe en formato de festivales, sobre todo porque no logra extrapolar la intensidad de su voz en sus discos. Sigue con “Acá entera”, “Primera estrella” y el guiño a la nostalgia adolescente de su primer disco —y con Gepe como invitado— en “Sol de invierno”. La fiesta vuelve con “Al siguiente nivel”, “Sufrir”, “Luz de piedra de luna” y una acelerada “El amanecer”.

 

Suenan: “The message, the world”, “Bring the noize”, “XR2”. Pasadas las 23:30 todo estaba dispuesto para que el show de M.I.A. fuera lo mejor de la noche. Lo anunciaba el tamaño de su nombre en el cartel, el escenario principal del Espacio Broadway con dos mandalas gigantes de luces y el título de su último disco Matangi destellando. Diseños exóticos, un sombrero de leopardo, dorados brillantes y labios rojos. Un batido entre Oriente y Occidente que tiene por oficio incendiar las pistas de baile de medio mundo y también a medio mundo. Siguen: “Y.A.L.A.”, “Bamboo banga”, “Warriors”. Ahora todo es ruido y furia en el Espacio Broadway, es un baile a base de minimalismo percutivo, un reguetón que se va distorsionando entre el dance, el hip hop y la electrónica hasta desconcertar. Esa chica es M.I.A. Ahora: “Pull up the people”, “Lovalot”, “Sunshowers”, “Galang”. M.I.A. es hiperactiva y escurridiza, enérgica como sus bailarines, de paso hipnótico y carisma necesario para subir a un puñado de fanáticos al escenario sobre el final. «I fly like paper/ get high like planes» rapea en “Paper planes”, que parece ser una sola canción que se va repitiendo a lo largo del show, y con las más de seis mil asistentes saltando una música que es el reflejo del ruido de las calles de una metrópolis como Los Ángeles. Sobre el final: “Sexodus”, “Amazon”, “Double bubble trouble”, “Come walk with me”, “Bucky done gun”, “Bird flu”, “World town”, “Boyz”. El show termina tan arriba, de verdad tan prendido, que más tarde es imposible siquiera intentar dormir.

En este link todas las fotos de Primavera Fauna 2013.

Apuntes de Primavera Fauna

Sobre el autor:

Alejandro Jofré (@rebobinars) es periodista y editor de paniko.cl.

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