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Camila Moreno: «Me gusta faltarle el respeto a los formatos»

por · Junio de 2015

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El sonido es como una bruma, a ratos borroso, pero luego se transforma y se vuelve visible. Son golpes claros, certeros, rítmicos. Alguna vez, ese sonido, brotaba de una batería grabada en una sala, en un estudio. Hoy se condensa y se interviene en una consola, se vuelve ruido, se vuelve mantra, mediante una pantalla frente a la cual ella no deja de reflexionar y explicar el proceso. De darle vueltas a una idea que se va concretando.

—Yo te diría que todo el disco está construido así, en la batería —comenta—. Fue una idea que salió cuando empezamos a escuchar los demos, y ver cómo se podían generar los beats, y de las ganas de trabajar con una aproximación más de sampler, como en el hip hop, a pesar de que el disco es más cercano al trip hop.

Ella es Camila Moreno, instalada en los estudios Triana, en Providencia, ya en los últimos fragmentos de un día oscilante entre el frío y los restos de un verano capitalino que resiste a la desaparición. Lugar en donde ha pasado las últimas —largas— jornadas dándole forma a lo que será Mala Madre, disco que sucederá a Almismotiempo (2009) y a Panal (2012).

—La grabación estuvo larga —continúa—. En el disco quedaron todas las maquetas que hice en mi casa, mis voces, el piano, mi guitarra, y esas cosas que grabé pensando en que iban a ser grabaciones caseras. Después fuimos a Estudios del Sur a grabar baterías, convocamos a tres bateristas diferentes —Matías Mardones, Gabriel Holzapfel y Lego Mustache de Astro—, hicimos una especie de collage, para luego samplear loops que ellos mismos habían hecho de esas baterías. Fue una manera como al revés de los cristianos de trabajar.

Cuando Camila habla de los diversos procesos del disco, lo hace en plural, no solo por la variedad rítmica, o por la inclusión de una orquesta en seis de sus temas, sino además por cómo trabajó —trabajamos, dice constantemente— la producción: «Por primera vez dejé que otros intercedieran y opinaran sobre la estructura de las canciones», comenta. «Dejé que otras personas pudieran estar más involucradas en momentos más primigenios de las canciones, a pesar de que yo soy la productora y los otros chicos me hacen una coproducción, es un disco bien colorido, porque ha habido varias cabezas dentro». Se refiere a la labor que en Mala Madre desarrollan los productores Tomás Preuss, Cristián Heyne y Cristóbal Carvajal, quienes además aportaron con guitarras y matices: «Me gusta trabajar con gente, tener un equipo en el que confío», confiesa. «El resto del disco lo grabé yo, no hay muchos músicos invitados específicamente».

Pero esa soledad, se ve interrumpida o acompañada por una orquesta, ¿no?

–Invitamos a la Orquesta de Cámara de Valdivia, viajamos allá a grabar las cuerdas, porque queríamos que sonara el Aula Magna de la Universidad Austral. Esa Aula Magna está acondicionada para que suenen las cuerdas de una manera increíble, es otra cosa. Fuimos por un día y por una noche, salimos a las 6 am, grabamos allá, todos súper profesionales, luego dormimos, y nos volvimos a Santiago al otro día.

Decías que a los bateristas les proponías improvisar un loop. ¿Fue lo mismo con estos músicos de orquesta?

–No, ellos siguieron las partituras que escribí yo con el Marcos Meza (ex Cómo Asesinar a Felipes), él es un compositor.

—¿Y qué tal este encuentro?, lo docto y lo popular parecen dos mundos éticamente opuestos.

–Sí, es diferente pero yo ya lo había hecho, igual ya estudié composición, algo entiendo de partituras, no mucho, ya había incorporado instrumentos de orquesta en mi trabajo y me encanta. También lo hicimos en Panal, aunque ahí grabamos un cuarteto y ahora grabamos, no sé… ¿quince cuerdas sonando al mismo tiempo? Es diferente. Igual son dos mundos que conviven todo el rato, el mundo docto con el popular, y cuando logran encajar, es un alivio. Porque muchas veces los músicos populares nos acercamos con hartos errores al momento de escribir una partitura, por ejemplo, pero esta vez estuvo súper fluido.

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—Cuando uno revisa Almismotiempo y luego Panal, nota que has dado un salto al abismo, o de un cerro a otro. ¿Sientes que en Mala Madre hay también un paso radicalmente distinto?

–Sí, es súper diferente a Panal, que todavía guardaba algo de relación con Almismotiempo, aunque fuera más oscuro y más rockero, eran canciones folk. Este disco es más pop, en términos de estructura, el mismo acercamiento al trip hop y al sampler hace que sea algo muy distinto. En Panal todavía tenía ganas de cuidar el mundo más acústico. Hoy día, no tengo pudor en mezclar una batería acústica y arriba de ella poner otras electrónicas. Hace rato quería hacerlo.

Da la impresión que las canciones de tu primer disco salieron de una guitarra de palo, en una pieza; las de Panal, de algún viaje. ¿Ha cambiado la forma de encontrar las canciones?

Almismotiempo fue un disco bien en la pieza, pero también de viaje, de ir viajando con una guitarra. Panal sí fue el encierro, a escucharme sola. Y este disco tiene momentos distintos, harto de desamor, que sí involucra estar encerrada en una pieza, pero también harto de desafío, de escribir canciones más simples, como con estructura, como A B A B. En este disco está mucho más presente el piano en la matriz de la canción, tiene que ver con que me compré un piano hace dos años, para algunas canciones compuse en Pocket Piano, que es un sintetizador chiquitito que me permitió ir lejos a componer. Hay pocas canciones concebidas desde la guitarra, entonces hace una diferencia con Panal en donde aún hay hartas composiciones desde la guitarra, el cuatro, la mandolina, el charango.

—¿Y ya no hay charangos?

–En este disco… eeeh… no… Hay piano, Pocket Piano, guitarra, es más del mundo rítmico, además.

—Da la impresión que fuiste produciendo mentalmente, al momento en que concebías esas canciones.

–Fui componiendo también en el momento en que fui grabando. Usé mucho el Kaleidoloop, que es un instrumento de la misma familia Critter & Guitari del Pocket Piano, también tengo un Bolsa Bass que hace bajos, me obsesioné harto con los bajos porque nunca los había hecho antes. Hay mucho de trip hop, como te decía, pero también cosas africanas, influencias de Florence + The Machine y del pop que toma del mundo de orquesta y del mundo épico. Finalmente, hay cosas hechas con el cuatro, como en “Libres y estúpidos”, utilizado de una manera que no se debe, en una canción súper pesada y rockera. El segundo single, “Sin mí“, está basado en la guitarra, es una balada y el resto de las canciones nacen de los pianos y harto apoyo en las cuerdas.

Mutar

Esto es en un escenario, en él, ella comparte junto a sus pares Manuel García y Nano Stern, han sido proclamados como la voz de una nueva generación de artistas, como relectores de una tradición antiquísima, la de los trovadores, el nuevo folk, y la organización ha ideado un show a seis manos para hacer justicia, un concierto televisivo en donde intercalan sus composiciones, como hermanos celestes.

–Vamos a dedicar la siguiente canción a todas aquellas personas que creen que pueden comprarlo todo con el dinero, incluso un país —dice Camila Moreno, para introducir su tema “Millones“.

Una idea quizá común, un pensamiento en voz alta, pero que en el contexto de unas recientes elecciones, con el triunfo del derechista Sebastián Piñera, crea polémica. Camila Moreno habla desde El Festival del Huaso de Olmué, uno de los escenarios más conservadores del país, y las pifias anticipan lo polémico del gobierno que se avecina. Semanas después, vendría un terremoto. Luego despertaría el movimiento estudiantil, luego, nadie se escandalizaría con palabras como las de Camila.

–Yo nunca lo viví como un movimiento –recuerda esos inicios–. Fue algo circunstancial que nos encontráramos un grupo de gente que no nos conocíamos y que de pronto los medios o la gente quisiera ponerle atención a los que hacíamos cosas con guitarra, más simples, más íntimas, volviendo a la raíz, y así nos conocimos. No nos conocíamos de antes. Agarramos buena onda, pero después cada uno se lanzó a hacer su camino solo, porque si uno no lo hace es más complicado, sobre todo en un mundo como hoy. Había buena onda, hermandad, pero no sé si un movimiento.

—En ese tiempo había una sintonía entre ustedes, y otros músicos como Chinoy. Sin embargo, ahora, cada uno ha tomado caminos distintos. Manuel García ha hecho cosas distintas, Nano Stern un poco menos, y tú… ¿Tocan juntos todavía?

–Yo no sé. He visto a Chinoy, de pronto he tocado con él. Con el Manuel y el Nano buena onda, podríamos tocar juntos, no sé, me imagino que sí. No tendría problema alguno.

—¿Pero tocarías en una noche así como la gran noche del folk?

—¿Así como la Cumbre del Folk? no… me da un poco de lata, más que nada porque desde el primer disco sentí que era una etiqueta injusta con mi trabajo, con canciones como “Pera“, como “Lo Cierto“, “La Necesidad“, canciones de Almismotiempo que apuntan a lo experimental y se distancian de esa idea del folk. Me da lata, además, entrar en las ganas de pertenecer, me aburre eso. Aunque lo entendí bajo la necesidad de hacer visible esa cosa que en Chile estaba ahí a medio morir saltando, la Violeta Parra, el Víctor Jara, que solo se escuchaba en un sector.

—Y con mucho respeto, también, como algo lejano que parecía congelado, ¿no?

–Sí, y eso finalmente es parte de lo mismo. Si Víctor Jara en sus últimas composiciones metió guitarras eléctricas o si Violeta Parra hizo las Anticuecas, era porque hicieron justo lo contrario a lo que los otros esperaban que hicieran, porque los artistas necesitan moverse y perseverar siendo insolentes, sino sería demasiado condescendiente todo. Yo necesito ir experimentando constantemente, por eso estudié composición y me metí en la volá de la orquestación, ahora estoy estudiando piano, particularmente no tenía un amor a la madera, ni a la guitarra acústica, si hubiera tenido un sintetizador en la casa, lo hubiera agarrado igual, porque me interesaba trabajar un sentimiento, más allá de con qué lo hiciera. Me gusta faltarle el respeto a los formatos. Es demasiado mediático querer encasillar a la gente, pero finalmente la misma Ella Fitzgerald decía que no hacía jazz, que hacía música. También tengo hermandad con la Fran Valenzuela, y quiero que la gente lo sepa, igual que con Fernando Milagros, con Gepe, con la Dadalú o con Natisú. Y eso es más importante, que haya hermandad no con el género sino con la música, aunque hagas música eclesiástica o heavy metal.

—Sobre los nombres que mencionas, el pop chileno ha tenido cierta repercusión. Sin embargo, tu pop es más… clandestino, por decirlo de alguna forma, como que no calza con lo bailable y lo más radial en cuanto al formato.

–Me siento un poco en tierra de nadie y eso es complicado, pero también es bueno. Siento que estoy atreviéndome a tomar riesgo, y siento que es un poco solitario el camino, pero en otras partes del mundo hay más gente haciendo esto. Me acerco a las cosas con intensidad y dramatismo y, en general, no he querido coquetear mucho con el mundo de la entretención, porque el arte y la entretención, sobretodo en Chile, están divididos por una delgada línea que me hace cuestionar, sin juzgar, porque los prejuicios son los que hacen tontos a los seres humanos, pero me cuestiono, porque yo nunca voy a transar lo que me gusta, no quiero llegar a hacer pop o música comercial, aunque ambas no necesariamente tienen que ver, por necesidad. Porque Chile es una industria chica, y ser músico es tirar constantemente un buque gigante solo. Por eso mismo hay más solistas que grupos, y es una pega súper ardua y uno se cansa y busca estabilidad. Tiene mucho que ver con el mundo del teatro, y ahí entra la fina línea entre arte y entretención, y ahí es donde yo reflexiono y no tengo conclusión.

—Igual, cuando salió tu primer disco, hubo mucha luz mediática que luego ya no estaba. Estuviste nominada a los Grammy…

–Ese lugar de los Grammy, fue un lugar que nunca busqué. Yo quería hacer música, aún con una pata en la danza y varias cosas me hicieron optar por la música. Pero entrar a ese mundo no era parte de lo que buscaba, todavía no lo es. Ese tema del lobby a mí no me fluye, aunque creo que es súper necesario, cuando veo a la gente que tiene más ese don, le resulta todo de forma más eficiente.

—Pero se te veía pasándolo bien con todo eso, en entrevistas, sin prejuicios. Además conociste un aspecto de la industria internacional dura.

–Lo pasé súper bien y conocí gente súper interesante de la industria. También fue una pizca no más de eso, pero claro, finalmente la decisión de hacer Panal tuvo que ver con esa idea de no hacer concesiones de nada.

—¿Fue un escondite ese Panal?

–Puede ser, aunque si me hubieran nominado con Panal a los Grammy, feliz hubiera ido a Las Vegas otra vez. Más que un escondite fue un refugio. ¿Dónde está mi voz? ¿De qué quiero hablar? Por eso me fui a Tierra del Fuego. Eso es Panal.

—Te llevó a otra parte, musicalmente hablando también…

–Eso fue súper raro con Panal, porque como ya había tenido cierta llegada con la gente y con el primer disco se me había puesto en muchos lugares, como comparaciones con Violeta Parra, o títulos como la voz del pueblo, como si tuviera una vocación social súper heavy, fueron cosas que al final, cuando estás recién partiendo, no quieres estar necesariamente en ese lugar y…

—Pero es con lo que dialogabas en ese momento, Violeta Parra está ahí, así como Björk, lo mismo en el segundo disco con Radiohead…

–Sí, es cierto. Pero a veces uno cree que está dialogando con algo y la gente te hace ver que estás dialogando con otra cosa. Con Panal mucha gente me habló de Tool o de Led Zeppelin, y los respeto, pero no los escucho. Entonces también es entretenido ver que uno dialoga con cosas más misteriosas que las que hace de manera más consciente. Me gusta esa relación poco intencional con las cosas que uno hace. También siento que hay harto de eso con Violeta Parra o con Björk, a mí me han influenciado mucho las mujeres que cantan solas, me gusta que la voz de mis maestros se refleje en lo que hago. Para este disco estoy más metida en The xx, con Florence + The Machine, con Portishead, con el sonido de los noventas, y claro, quizá hay algo de Fiona Apple, de Björk y de Radiohead, también. Hay varios colores, puede haber algo de Patrick Watson, que son cosas que ya hace como dos o tres años que vengo escuchando harto.

—Pasó algo raro, también, con Panal, que muy cerca de su lanzamiento, Nicole sacó un disco titulado igual, ¿qué te pasó con eso?

–Eehh… No sé (risas).

—Además, el productor es el mismo, Heyne. ¿Cuándo supiste que se iba a llamar igual?

–Cuando estaba terminando el disco, Heyne me dijo «oye, la Nicole le quiere poner Panal también a su disco». Yo pensé que no lo iba a hacer, la verdad, porque el mío salió primero. Pero después nada, buena onda.

—¿Has hablado con ella, después?

–Directamente del tema, no.

—¿Y escuchaste su disco?

–He escuchado algunas canciones, como dos o tres, y me parecen muy buenas, le ha ido muy bien con el disco, además. Es como opuesto a lo que hice yo y eso es muy bonito. Igual el concepto de panal ha comenzado a rotar, hay un lugar ahora que se llama Estudio Panal y creo que tiene que ver con el momento histórico, para mí el rollo de Panal es un organismo concentrado sobre sí mismo, autocreándose y automutilándose a la vez, era el proceso en el que estaba yo, a diferencia de Mala Madre, que es más hacia afuera.

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Mala madre

A horas de haber recibido el disco de oro por Panal, Camila Moreno se prepara para la salida de Mala Madre —este jueves 4 de junio estará disponible para descarga desde su sitio oficial— y su consecuente lanzamiento el 7 de agosto en el Teatro Cariola. Ya dos adelantos, “Libres y estúpidos” y “Sin mí”, sirven como una degustación reveladora del material: «Están esos dos polos», advierte. «Hay una tendencia en las canciones a hablar de la vulnerabilidad y la agresividad. Hablo de mi infancia, de mis decepciones amorosas, de mis conflictos con la vida, con la madre, con la abuela. Hay una suerte de incomodidad».

—¿Por qué Mala Madre?

—Porque había una planta en la casa de mi abuelita, que yo encontraba muy fea, pero cuando estaba buscando el nombre para el disco encontré este, a través de un amigo, y me di cuenta que era la misma planta, y me gustó la relación personal.

—Es fuerte, como suena, su significación.

–Eso también me gusta, que sea incómodo, porque Panal era aún muy bucólico, abierto, buena onda. Este disco no te da mucho espacio para pensar, porque como es extrovertido también es agresivo, y por lo mismo me gustó la relación con la fealdad, con el asco, con el deber ser de la mujer en el mundo.

—Bueno, hay harto del sentido de lo femenino, o de la mujer, más a secas, en el disco.

–Me puse a investigar sobre los ciclos menstruales, y descubrí que en algunas culturas, cuando las mujeres menstruaban en luna llena, eran expulsadas de la tribu, porque tenían menos posibilidades de ser madres, y fueron esas mujeres las que desarrollaron la hechicería; fueron esas mujeres las que luego fueron quemadas por la Inquisición; fueron esas mujeres las que crearon el imaginario de la bruja, que fue el imaginario que Disney nos metió de la mujer mala y fea a la cual hay que temerle. Se me cerró el concepto, también, porque hay varias canciones del disco que tienen que ver con descripciones de pasajes de la infancia. Cuando yo de niña vi por primera vez la muerte, un animal muerto, y los adultos quieren ocultarte eso, y las sensaciones raras que uno tiene de niño. Hay tantas malas madres en Chile, la Violeta Parra perdió un hijo, la Cecilia Vicuña hacía poesía erótica y fue censurada, a la Stella Díaz Varín nadie la pescaba, la Gabriela Mistral era lesbiana. Hay un aspecto que no solo tiene que ver con la mujer, sino con la humanidad, con todo ese mundo salvaje que la sociedad trata de acallar.

—Cuando salió tu disco anterior proyectaste una nueva Camila, mucho más teatral, más performática, con puesta en escena colectiva y todo. Te vimos en Lollapalooza, y el show estaba más centrado en ti, despertaste cierta corporalidad escénica al momento de interpretar canciones. ¿Eso se ha dado o está calculado?

–No está tan pensado, la verdad. Tengo ganas de bailar, extraño la danza. Estudié danza y pensé que me iba a dedicar a eso, y había una relación con ella y el teatro y estaba súper metida en eso, pero la música empezó a ser más fuerte. Me di cuenta de que si bailaba tanto era porque necesitaba expresarla de alguna manera.

—Te gusta eso, ¿no?, descubrir algo, estudiarlo y luego buscar otra cosa.

–Sí, me gusta crear desde la torpeza.

—Bueno, además te pusiste a estudiar piano y ya sacaste un disco que nació de uno.

–Sí, ahora estoy tocando a Bach, así que el próximo ya no va a tener piano (ríe). Me gusta aproximarme a los instrumentos sin saber tocarlos y reconocerlos, meterme a estudiarlos y darles otra vuelta. También lo hice con el arpa y con otros instrumentos.

—Vas a presentar este disco en vivo, ¿cómo piensas hacerlo?

–Voy a tener que implementar necesariamente cosas más electrónicas, porque no me gusta tocar con pistas, así que voy a meter maquinitas para hacer ritmos y para tirar melodías. Para el lanzamiento la idea es tocar con todo, con las cuerdas, también, pero eso se va a ver en los ensayos porque, finalmente, con la banda terminamos haciendo versiones de las canciones del disco. En este disco no lo tengo tan claro, por el momento la idea es tocar las canciones lo más parecido, pero eso uno no controla mucho eso. Si sale algo mejor en los ensayos, mejor toquemos lo mejor.

—¿Te gustó esto de tener más control en la producción del disco?

–Cada vez soy más obsesiva y quiero hacer las cosas yo, pero preguntando a un equipo en el que confío por sus criterios o sus ideas. Hoy en día es muy raro que un artista no tenga una idea de lo que hace.

—A no ser que venga de la balada romántica.

–Claro, que te estén haciendo las canciones, y que tengas otros fines con la música. Igual me parece interesante tomar un proyecto así. Yo he pensado en hacer un disco de puras baladas.

—¿Pero así como para sonar en la Radio Paula o en la Play?

–Bueno, “Sin mí” está sonando en todas esas radios.

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Descarga Mala madre, el último disco de Camila Moreno, desde el 4 de junio en su sitio oficial (disponible desde ese día).

Camila Moreno: «Me gusta faltarle el respeto a los formatos»

Sobre el autor:

Daniel Hidalgo (@dan_hidalgo). Publicó los libros Barrio Miseria 221 (2009) y Canciones punk para señoritas autodestructivas (2011).

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