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Pobre rico

por · Marzo de 2016

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Cada vez que el tío Lollapalooza preguntaba en redes sociales qué quería ver la gente en la siguiente edición, siempre respondimos con Die Antwoord, entre medio de los clásicos Tool, Weezer, The Knife y peticiones absurdas del tipo The Smiths o The Postal Service. Y así como nos preguntan qué queremos ver, esperamos y esperamos sorprendernos por cada festival del que se anuncie un lineup. Porque Die Antwoord no necesita una línea editorial para tocar en un festival de música, ni un escenario en particular.

Del escenario Acer cuelgan lienzos garabateados parecidos a los dibujos que uno hace a las esquinas de un cuaderno durante una clase aburrida o una reunión insufrible. Entonces entra DJ Hi-Tek, el número tres de Die Antwoord, enfundado en ropa deportiva ancha y naranja que se pone fosforescente con las luces ultravioletas. Hi-Tek se instala tras las tornamesas y suenan bases electrónicas cuando la gente grita. Luego aparece Ninja igual de enfundado en buzo naranjo y atrás la misma maraña naranja pero muchísimo más pequeña. Es Yolandi Vi$$er. Junto con Ninja rapean y saltan, comenzando con dos canciones de su segundo disco Ten$ion y una de $O$, entonces hacen “Fatty Boom Boom” y el público se descontrola, a pesar de no ser de sus primeros singles, sí es una de sus canciones más reconocidas, quizás por el videoclip que se burla de una Lady Gaga turisteando en Sudáfrica.

Entonces Yolandi desaparece tras el escenario, despidiéndose, y Ninja se hace cargo del show. Nos manipula y nos somete. Lo vitoreamos, lo aplaudimos y se baja los pantalones más de una vez. Yolandi vuelve con otro look y continúa la exposición de este híbrido de hip hop, punk y rave. El zef, la contracultura africana que domina su estilo y su música, donde se explotan lujos en medio de la pobreza: autos enchulados, cadenas enormes bañadas en oro, un culto a la basura y la exuberancia de las trazas de lujo que descartan los verdaderos ricos.

Die Antwoord es una protesta en forma de fiesta, una forma de descargar toda la energía saltando a través de todo el escenario, gritando letras explícitas de esas que tus papás no quieren que escuches. Yolandi y Ninja como unos extraños símbolos sexuales, que cantan a veces en Afrikaans y Xhosa por lo tanto no sabemos bien qué nos están diciendo, un poco como la fiebre del Axé y esa hipersexualidad enfundada en palabras que nunca traducimos del todo bien. Pero Die Antwoord tiene mucho más de condena y de mugre.

Un día antes de su presentación en Chile, Yolandi abofeteó a un policía argentino y la arrestaron, video que subió con gracia a su Instagram:

dat time i got arrested in argentina for slappin a cop!! ?@zefalien @skrillex

Un vídeo publicado por ¥O-LANDI VI$$ER (@prawn_star) el

De Ninja hablan pestes, pero pareciera que es imposible nadar fuera de su caudal. Si el arrebato de St. Vincent contra las pinturas de Constanza Ragal nos pareció desbordado, el año pasado, probablemente en el camarín de Die Antwoord no había nada que destruir para asegurarse.

Su música es esa descarga de escritorio, esa rabia enmascarada en rave, esos dos personajes que no entendemos bien, esos garabatos en la esquina del cuaderno para hacer como que estás haciendo algo por alguien.

Die Antwoord

Pobre rico

Sobre el autor:

Alexandra Hyland

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