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El poema como retorno

por · Mayo de 2019

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A propósito de Lengua que jadea y gime, de Sergio Muñoz y Gabriel Cereño (Libros del Pez Espiral, 2018).

Por Claudio Guerrero

  1. Detenerse en el reflejo del espejo. Qué reflejo proporciona el espejo. Cuál es la envergadura de la imagen oblicua que provee. El trato enrevesado de su especulación. Dónde está la quebradura que interroga. Qué es lo que hay en su reverso. Qué está escrito detrás del silencio. Cómo son las borraduras de lo escrito. Cuáles son las grietas del recuerdo. Cuáles son sus filiaciones. Qué trato impone la estatura de un legado. El poema como retorno. El poema como palimpsesto. El poema como un coro que distingue los pliegues de una voz.
  2. Quién soy. Cómo es mi otro. Bajo qué ropajes adviene su presencia. Cuántos otros hay dentro de ese otro. Qué orillas propone el ondeo de su nombre. Qué bordes precisa la flama que cubre con un velo. Quién soy. Cuántos caben en este yo. Qué sombra proyecta la sombra de la sombra. Adónde oculta el rostro. Adónde deja la signatura de su ojo. En qué quietud descansa su mano. Qué hace con el recuerdo impreciso que palpa. Cuántas veces se baña en ese estanque cautivo. Cómo tantea con el pulso el linaje de su silencio.  
  3. Donar el nombre. Borrarse. El papel del muerto en la escritura. La imperfección que aflora en la imagen tachada. La muerte del autor. El fantasma que acecha las habitaciones de la memoria. Un espectro anónimo reflejo de otro muerto. Una impertinencia que instaura el sujeto desdoblado. Una ausencia que firma el acto de su desaparición. Una tinta que borronea las tercas sílabas. Las sigilosas líneas que configuran un mapa de silencio. Su desvarío. La pronunciada estirpe del habla. Las migajas a través de las cuales la imagen quebrada hace caducar al papel del muerto.
  4. Lengua muerta. Lengua en blues. Lengua ósea. Lengua de humo transparente. Lengua que jadea y gime. Lengua que olfatea el trasluz. Lengua de polvo. Lengua rugosa. Lengua premonitoria. Lengua cansada. Lengua vieja. Lengua que va y vuelve. Lengua que calibra el estallido y el asombro. Lengua que propicia la trama de la bruma. Lengua radiante. Lengua bosquejo. Lengua baldía. Lengua debajo de la lengua. Lengua huacha. Lengua cuya acción desatada triza el agua. Ese espejo que refleja la mecánica de los escombros.
  5. El poema como retorno. El regreso de la voz a su origen estruendoso. El vuelco de la mirada hacia los signos convalecientes. La detención en la zona muda. La fijación de la mano en la manera en que los cementerios pueblan la ciudad. Pesquisarla manera en que se ilumina un rostro. El poema como interrogación. El gesto a partir del cual se alumbran los pozos de la memoria. El estallido de las comisuras del texto. La arquitectura del grano de la voz. Desanudar los hilos de la excavación. Escribir para atrás. Darle un cuerpo a la enfermedad.
  6. Un piano suena a lo lejos. Unas manos torpes tantean el teclado. Los sonidos de las serpientes que son los dedos escalan en una partitura cuya piel intima con las palabras. Esas palabras se cruzan y entrelazan. Se abre un roce que escarba en la posibilidad de su muerte. No hay palabra que no haya sido antes acariciada por un muerto. En contacto con el silencio, la partitura esboza la presunción de recomponer un espejo roto. Pero no hay espejo sin espectro. Ni espectro que no hable. Un piano suena a lo lejos. Otra lengua comienza a jadear y gemir.
El poema como retorno

Sobre el autor:

PANIKO.cl (@paniko)

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