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Estrenos Cuevana: The Office, séptima temporada (11)

por · Junio de 2011

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Una oficina es una familia, dicen. Porque, y lo saben los que han trabajado en una, la lógica es parecida: uno no elige ni a su jefe ni a su papá —menos a su compañero de escritorio o a su hermano— pero los termina queriendo igual, como se quiere a lo que viene impuesto. Yo quiero a mi papá no tanto porque sea un buen papá sino porque trata de serlo, lo hace lo mejor que puede. Y en una oficina, aunque todo salga mal, mientras se intente, todo puede ser también una maravilla.

Eso es lo que confirma la séptima temporada de The Office —versión norteamericana de la original inglesa creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant. La oficina como una familia.

Lo que empezó como una serie de humor negrísimo, basado en la incomodidad de la estupidez humana y la rutina de una oficina sin inspiración, fue evolucionando a la aceptación de los defectos ajenos, y el final de esta temporada termina siendo una bellísima celebración al amor. Sí, así de mamón, pero sin perder el chiste.

¿No saben de qué trata la serie? Es un falso documental sobre el día a día en Dunder Mifflin, una oficina que vende papel en Scranton, pequeña ciudad de Pensilvania; el jefe es un ridículo y se llama Michael Scott (Steve Carrell); su ayudante es un vendedor-granjero-seminazi que se llama Dwight; y los otros protagonistas son el bromista y sensato Jim, y su novia, la ex-recepcionista y muy normal Pam. A priori, una oficina normal y gris, sin proyecciones y muy decadente: una oficina que es todas las oficinas.

Pero las temporadas van corriendo, los personajes creciendo y la luz entrando. Lo opaco de la imagen en los primeros episodios, hechos en 2005, reflejaban también el ánimo y el tono de la serie en esa época, lleno de un absurdo hiriente y muy directo, con Michael Scott fallando en su misión de hacer de la oficina una familia y de su rol de jefe el de un entretenedor.

Si bien la séptima empieza forzada en sus primeros capítulos, con sus personajes muy caricaturizados y los argumentos muy apresurados, avanza hacia un delicioso y luminoso equilibrio entre las hilarantes personalidades de los trabajadores y el emocionante desarrollo de sus vidas. La carga emotiva de la salida de Steve Carrell -principal rostro de la serie, que deja el programa para dedicarle más tiempo a la familia- inunda los últimos caps, pero sin caer en la cursilería de las despedidas. The Office es un show maduro, que le exige al que la ve: no es el humor fácil y universal de The Big Bang Theory o Two and a Half Men, sino inteligente, incómodo y sobre todo desafiante.

No es difícil botar una lágrima en los últimos episodios, porque la ofis de The Office logra mostrarse como la mejor familia posible: esa que acepta los defectos y valora las intenciones de su padre que se va.

Cuevana, como siempre, tiene todos los capítulos a un click y 45 segundos de distancia.

Estrenos Cuevana: The Office, séptima temporada (11)

Sobre el autor:

Cristóbal Bley es periodista y editor de paniko.cl.

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