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Fuller House: el regreso de la familia Tanner

por · Febrero de 2016

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Cuando fui al estreno de Star Wars: The Force Awakens, lo emocionante no fue el filme en sí, sino la pasión de los espectadores, sobre todo cuando aparecían en escena los personajes de las anteriores películas. Gritos, aplausos, unas cuántas risas, y un par de lágrimas: así se sienten los seguidores de una historia cuando tras varios años esta vuelve a la pantalla con un nuevo relato.

¿Ocurre lo mismo con Fuller House, continuación de la popular serie de los 80-90, Full House? Pareciera que no. Algo falta. No es suficiente con nuevamente ver a la familia Tanner veintiún años después.

Empecé hablando de Star Wars porque quería hacer notar que si bien los fans se emocionaron por el regreso de esa saga, cualquier espectador no conocedor puede disfrutar de la película e incluso interesarse por continuar viendo filmes de esa franquicia. Por otro lado, con Fuller House, la nueva serie de Netflix, nos enfrentamos a una historia bastante simple, repetitiva, que por momentos creemos pertenece más bien a Disney Channel que a la casa productora que nos dio House of Cards y Orange is the New Black. Fuller House se construye como la secuela de Full House, pero no logra formular una historia independiente. Por ejemplo, muchos de los chistes son referentes a la serie que le dio origen. Incluso la propia historia de Fuller House se construye bajo el mismo esquema de Full House. Si en Full House eran tres hombres criando a tres niñas, acá son tres mujeres criando a tres niños. Si bien allí podría residir cierto encanto, o el chiste de la serie, más bien lo que produce es aburrimiento. A Fuller House le falta emanciparse, encontrar aquello que la hace única, y no recordarnos cada cinco minutos que antes existió Full House. Por ejemplo, está bien hacer una vez un chiste sobre las gemelas Olsen, quienes interpretaban el papel de Michelle Tanner: “Michelle manda cariños, pero está ocupada en Nueva York manejando su imperio de la moda», un claro guiño a la ausencia de ese personaje debido a que las Olsen prefieren dedicarse a los negocios de la moda que regresar a la actuación. Si bien la primera vez causa gracia, repetir el chiste en varios episodios decepciona.

Otro elemento frustrante son las risas de fondo. Si bien Fuller House pertenece a una categoría tradicional del sitcom (como The Big Bang Theory o Friends), Netflix se ha distinguido en sus comedias Master of None y Love por prescindir de ese recurso anticuado (como también ocurre con Modern Family o The Middle).

Posiblemente, lo mejor de la serie se encuentra en tres personajes: el jovencito Elias Harger como Max Fuller, quien tiene la personalidad para llamar la atención en cada momento, Andrea Barber como Kimmy Gibbler, cuya ingenuidad brinda los pocos momentos entretenidos de la serie, y Jodie Sweetin como Stephanie Tanner, el personaje menos artificial en un circo de clichés y diálogos superfluos. Porque justamente lo artificial de cada episodio, con ese exceso de eufemismos y de inocencia estilo Disney, hace que la serie se torne frívola y descontextualizada. Fuller House necesita encontrar su propia voz frente a una variedad de comedias que la superan y la hacen prescindible.

Fuller House estrenó completa su primera temporada en Netflix. Deseamos que la segunda deje de lado los clichés y la autocensura, y nos traigamos una comedia familiar mejor adaptada a nuestro tiempo. No basta con mostrar teléfonos o iPads en cada episodio, sino descoserle la boca a los personajes para que expresen los vaivenes y emociones de nuestra época.

Fuller House: el regreso de la familia Tanner

Sobre el autor:

Alejandro Arturo Martínez (@alexm) es licenciado en Letras (UCAB, Venezuela), magíster en Ética (UAH, Chile) y actualmente estudiante de doctorado en el departamento de Español y Portugués de Princeton University. Ha colaborado para distintas revistas en América Latina y Estados Unidos.

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