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Fiesta maestra

por · Marzo de 2016

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Ahora son las 21.16 y Gepe, que viste un traje con un estampado de diarios y motivos ingleses, comienza con “En la naturaleza (4-3-2-1-0)”. Quince minutos antes, el Acer Windows 10 Stage ya está lleno. Muchos niños. Más que nada familias que se abrazan para capear el frío, que a esta hora ya cae sobre el Parque O’Higgins. El «grato ambiente familiar» de Gepe puede explicarse porque esta es la edición más juvenil del Lollapalooza Chile, aunque también por la transversalidad que viene adquiriendo Daniel Riveros desde el lanzamiento de GP (2012). Lo cierto es que el show funciona con una rapidez y pulcritud de una máquina aceitada hace ya demasiado tiempo. Siguen: “Con un solo zapato no se puede caminar”, “Hambre” y “Punto final”, dedicada a su natal San Miguel —«que está tan cerquita»— y un guiño a “Cuéntame una historia original” de Los Prisioneros, quizás la canción que mejor narra una caminata por la comuna de Jorge González. Es cierto: es un concierto que hemos visto muchas veces —tal vez demasiadas—, aunque también es una energía incontenible, una búsqueda ardua por la festividad, por lo colectivo. La gente canta y sonríe, mientras Gepe baila sus propios sonidos huayno-andinos, su propio reggaetón y se declara pionero en hacer sonar una bachata en Lollapalooza antes de presentar la hermosa “Invierno”. Gepe, como diría el escritor Fabián Casas, siempre trabajó contra su habilidad. Mutó una y otra vez, escapando siempre de lo que se esperaba de él para encarnar su propia idea de lo que debe ser un artista. Ahora, mientras se despide con “Bomba Chaya”, parece tan cómodo que lo más probable es que esa búsqueda haya terminado.

Gepe

Fiesta maestra

Sobre el autor:

Javier Correa (@javiercorreaM) es periodista.

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