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Gonzalo Egas: Progresista con guantes

por · Enero de 2011

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La variedad de partidos políticos no es tal en Chile. Los sectores no abundan en sus ideologías ni utopías, lo que plantean o cómo actúan. En este país la queja sobre los políticos es permanente, pero la militancia es escasa. Claro, por intuición, tal vez, saben que la adhesión a un partido político significa comenzar de base, lo que es equivalente a “panfleteo”. Pero bueno, hay un nuevo personaje que tiene más suerte. ¿De quién hablamos? Si lee usted “matonaje” o “alcoholismo”, ¿se hace una idea? Se trata de Gonzalo Egas. Sí. Comenzamos mal.

El mismo año en que golpeó a Cristina García reapareció en televisión, entre sollozos, contando su dramática situación de alcohólico ex anónimo. Fiel ejemplo de todas las leyes que intentan proteger a la sociedad de personas como él

Se podría decir que los veranos son los más enriquecedores cuando de política se habla: los anuncios que ningún Gobierno se atreve a hacer en meses como mayo o septiembre, se hacen cuando la mente de muchos está pendiente del bronceado y las benditas vacaciones. Es por esta razón que Egas, el chico que empezó dedicándose a peleas de todo vale, y que luego se dedicó a vivir de realities -“La Granja”, “Expedición Robinson”, “1810”-, escándalos y de la compañía de chicas regias y plastificadas, eligió esta estación del año para comunicar que está próximo a fundar un nuevo partido político de la mano de alguien que sabe bastante de personajes públicos: Marco Enríquez-Ominami.

Datos no menores e interesantes son algunos como que Egas en el encierro del año 2005, en el reality de Canal 13 “La Granja”, mostró de inmediato su agresividad y violencia nada más ni nada menos que con su pareja de encierro, la uruguaya Victoria Lissidini, lanzándole un balde de agua mientras la muchacha dormía. Bueno. Ya. Se perdona un error. Pero dos años después fue detenido y dejado en libertad por golpear a su novia conejita Playboy Cristina García. Pocos días luego del incidente, Gonzalo Egas fue hospitalizado en una clínica psiquiátrica donde, seguramente por costumbre a los encierros, no encontró diferencia alguna entre “La Granja” y el recinto en el que ahora se encontraba.

Como todo buen material de farándula, esto no termina acá. El mismo año en que golpeó a García (2007), reapareció en televisión, entre sollozos, contando –y, literalmente, curado de espanto– su dramática situación de alcohólico ex anónimo. Gran pasado. Fiel ejemplo de todas las leyes que intentan proteger a la sociedad de personas como él. Empezamos súper bien, Egas. Súper.

Gonzalo Egas

Tal vez Usted, lector que no debe comprender lo que ocurre, debe estar agarrándose la cabeza y gritando “¡¿qué habré hecho en mi otra vida?!”. Se entiende. La respuesta a dicha búsqueda política del chico experto en encierros, es que tal vez quiere sorprendernos con su oculta inteligencia que, seguramente, sí, claro, no lo dejaron mostrar en televisión. Si los productores son tan malos y editan cuando, seguramente, estos chicos que compiten entre ellos y hacen “cara a cara” para solucionar sus problemas, hablan de política y contingencia nacional. Es obvio que Gonzalo Egas y Arturo Longton siempre conversaban sobre el gobierno de Ricardo Lagos y las campañas presidenciales que estaban por venir en sus horas de ocio. Súper obvio.

El sentido político de alguien que no ha destacado por comentarios históricos ni de contingencia nacional y sí por salir con estupendas modelos y problemas personales de violencia doméstica y alcoholismo, no generan una imagen pública digna de protección social ni amparo ciudadano

Pero bueno. El pecado de Egas se llama Progresistas, al que llama inocentemente “partido”. Qué poco sabe, Egas. Se le dice “movimiento en vías de oficializarse como partido”. En fin. Explica agudamente a un programa de farándula que el movimiento se divide en “equipos comunales” para trabajar en diferentes partes de Santiago. Amoroso, tierno e Inocente: TODOS los partidos políticos se dividen en “equipos comunales”. ¿Cómo quiere reclutar gente, entonces? ¿Ah?

Tal vez parezca un poco majadero y discriminador no confiar y criticar el ingreso de Egas a la política. Sin embargo, esta vez la vida está siendo injusta, ya que en Chile vivimos es una cuestionada democracia que otorga espacio para quienes nunca han sido un ejemplo decoroso. No se confunda, no hay apologías a los Ossandón con la moral y las buenas costumbres, sino que consecuencia. El sentido político de alguien que no se ha destacado por comentarios históricos, ni de contingencia nacional y sí, muy por el contrario, por salir con estupendas modelos y problemas personales de tipo violencia doméstica y alcoholismo, no generan una imagen pública digna de protección social ni amparo ciudadano. Todo lo contrario. Ni de Ministro del trabajo, ni como asesor en el SERNAM, sólo para empezar a conversar.

Seguramente, de concretarse la llegada de Egas a la política, marcará un hito: nos hará regresar a las clásicas y memorables peleas en el Congreso. Egas puede llegar a cambiar la historia con la misma violencia con que nos deleitó en televisión. Algo así como un futuro dictador. Bastante interesante.

Además, están las especulaciones sobre lo que puede llegar a hacer alguien como él en política. Sólo piensen en las elecciones internas. ¿Qué harán para elegir al presidente más capaz? ¿Juegos extremos para que lidere el partido el más fuerte? O tal vez un cara a cara; el que saque menos votos es el más indicado. Sin dudas, esto parece muy poco serio. Es como que Edmundo Varas apareciera como candidato a concejal. Pero no. Verdad que Egas tuvo educación y habla bonito, en cambio Edmundo a lo único que puede aspirar es a escribir igual de extraño que el Presidente con frases como: “Ha siendo”.

Más allá de las bromas, es difícil, después de haber expuesto la vida en un reality, –¡más encima en un reality!- que pueda ser creíble en sus aspiraciones sociales alguien como Egas, el mismo que llevado por su furia le dijo al compañero de encierro que trabajaba como chofer de micros amarillas, Marko Marinkovic, una frase capaz de humillar hasta al más rudo: “¿A qué te dedicái vos? ¿a manejar carrozas? Cuando te vea voy a dar una gamba por pena”. Esperemos que ningún chofer del Transantiago lo haga enojar jamás con sus demandas.

El mito dice que la política es más que un conglomerado de ineptos. En Chile, lo anterior es utopía. Deciden pocos por los muchos que somos y en beneficio de otros pocos. Por lo mismo no es extraño que Egas entre al circo de terno y corbata, porque no se necesitan pruebas de salud mental, ni papeles que acrediten rehabilitación, para poder tomar decisiones o dar opiniones de país. Las cabezas de partidos políticos no necesitan cultura. Tampoco consecuencia. En Chile cualquiera puede tener un cargo importante. Sin ir más lejos, es cosa de mirar quién lleva el cargo de Presidente. Todos opinan, pero nadie hace algo al respecto. Así, entonces, somos cómplices de la entrada de un personaje como Egas a nuestro zoológico político. No nos quedará otra, entonces, que llamar a Gonzalito por el nombre impuesto por el SERNAM en la campaña “Maricón es el que le pega a la mujer” porque, con su historial, está más cerca de ser rostro de una campaña pro femicidio que de la presidencia de Chile.

Gonzalo Egas: Progresista con guantes

Sobre el autor:

Tamy Palma (@tamypalma)

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