De monja a escritora erótica sin escalas. Riola Hernández (chilena, en la foto) recuerda la quema de sus libros en 1973, las amenazas de muerte, los encontrones literarios con Lafourcade y los coqueteos con Salvador Allende. Además, jóvenes promesas de las letras nacionales (Uribe, Varas y Rojas) opinan sobre literatura, erotismo y religión.

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“Soy anti-dios” afirma la señora Riola Hernández, una ex monja que se aburrió, abandonó el hábito, decidió quitarse los pelos de la lengua y se puso a escribir literatura erótica. Y lo hizo a principios de la dictadura. Hoy Riola reedita su libro “Confesiones íntimas de las mujeres” (editorial Grijalbo) y agradece que en estos tiempos se pueda decir poto y teta. Porque según su experiencia, cuando le censuraron la primera versión, no fue tan sólo en Chile sino que en Argentina, Colombia, Venezuela y en España ni siquiera lo dejaron entrar al mercado.

Además le trituraron 100.000 ejemplares en su propia cara, arrojándolos desde las Torres San Borja a una hoguera gigante de libros.

Cuando la llamo a Panguipulli, su actual residencia, tarde en la noche, urgido, me aconseja que me relaje. Ella les dice a sus amigos que tiene horario de “fono erótico”. Desde las diez en adelante, porque se acuesta a las 5 de la mañana trabajando en su amada literatura.

Cuando era una niña camino a la pubertad, la actual escritora eroticona ingresó al convento durante 10 años. Hasta que un día decidió salirse y vivir de verdad. “Tengo una personalidad extrovertida. Me gusta reírme. Y allá, había que mirar para abajo, mantener silenció y el tema del sexo mejor ni pensarlo”, cuenta la ex monja al recordar ese periodo.

Riola es un caso especial.

Pero no tan sólo la religión cristiana castiga la cosa sezual. A los testigos de Jehová tampoco les gusta el sexo, según Riola “hace un par de días” recibió un mail de testigos que “criticaban cómo podía escribir ese tipo de aberraciones donde aparecía la homosexualidad”. Y ella se defiende. “Yo no juzgo a la gente. Les respondí ¿acaso querían colgarles piedras a los homosexuales y tirarlos al mar como lo hizo el presidente Ibáñez?”.

Marilyn Monroe dijo: “el sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravillas con la naturaleza”. Al bronce.

Parecido piensa la ex religiosa, aunque le costó. “La primera vez recé antes de hacerlo. Cuando mi marido me vio los pechos me puse a llorar. Después que mi marido me inicio pensé que en realidad era muy lindo. Pensaba que era pecado, pero aprendí y me gustó el sexo con amor”, confiesa como en el silenció de una iglesia.

La veterana con los años ha aprendido uno que otro truco después de vagar en el mundo del exilio entre Alemania, Puerto Rico y Portugal. Su salida al extranjero fue producto de la amenaza de muerte que recibió en 1973 del pseudo “crítico literario” militar Edmundo Castro, quien la llamó tres veces a la casa de La Moneda para instarla a que escribiera sobre el amorío entre Salvador Allende y Payita (Miria Contreras), su secretaria personal. Pero se negó reiteradamente y la amenaza llegó de inmediato. También la destrucción de los ejemplares de su libro. Conclusión: maletas y avión.

Sobre el presidente socialista guarda lindos recuerdos de Algarrobo en el almacén de “Mama Rosa”, donde lo conoció. “Una vez estábamos en el almacén y me dijo: ‘subase a la pesa que debe ser una plumita’. Era muy simpático y enamoradizo, bien coqueto”. No obstante, ese año no todo fue flirteo, también fue acusada de escribir pornografía por el escritor Enrique Lafourcade y de plagiar la tapa de “Gracia y el forastero” de Guillermo Blanco, cuestión que ahora recuerda como anécdota.

Finalmente da un consejo: “A la gente amargada que no ha gozado, les recomendaría tener un orgasmo y que vean la felicidad que sienten después”.

Bonus: Tinta roja caliente

Siguiendo la línea de religiosos escritores calientes nos encontramos con José Mantero, sacerdote español, escritor y activista social, quien hace un par de años salió del closet declarándose homosexual. “Doy gracias a Dios que soy gay” afirmó, y remató diciendo que no estaba ni ahí con el celibato. Posteriormente, después de ser pateado de la jerarquía eclesiástica, lanzó su libro que trató sobre las prácticas sexuales en el seno del clero y la vida monacal: “El cuarto oscuro de la Iglesia” (Editorial Acadap, 2004).

Al otro lado del río, con una experiencia más armoniosa con la sotana, está el prestigioso poeta y escritor nicaragüense, Ernesto Cardenal, que tras años de estudios universitarios se ordenó como sacerdote y unió su religiosidad a su narrativa. Autor del clásico poema “Epigrama”, que lo caracteriza por una poética rítmica y métrica, tiene un pasado revolucionario que no oculta en contra del dictador Anastasio Somoza Debayle.

Otro personaje literario ligado al clero es Juana Inés de la Cruz quien creció como niña prodigio aprendiendo latín a temprana edad. Quiso ir a la universidad y pensó en vestirse como hombre. Pero lo meditó y encontró menos descabellado hacerse monja. Desde su conventillo escribió versos sacros y profanos durante el siglo XV. Dedicó una buena cantidad de sus poesías a sus amigas virreinas utilizando un lenguaje amoroso que reveló ciertas tendencias lésbicas. Además, era mal vista por los hombres pues la escritura era una actividad inconcebible para las chicas.

Bonus 2: La calle opina

Armando Uribe, premio nacional de literatura (2004), nos cuenta sobre sus acercamiento a la literatura, el erotismo y la religiosidad, apuntando que con su libro “Te amo y te odio” (editorial UDP), publicado hace dos años, estuvo en un acercamiento con esta santa trinidad. Además sostiene con su voz ronca y profunda que “no hay erotismo sin que también este presente lo religioso y la muerte”, de esta manera el literato justifica la escritura de los apegados a dios. Además el mismo se considera católico apostólico romano con todas sus letras.

José Miguel Varas, premio nacional de literatura (2006), aclara que existe una delgada línea entre el erotismo y la pornografía. “La pornografía es la descripción comercial de actos fisiológicos con acompañamiento teóricos de suspiros. Y no tiene nada que ver con la literatura”.

Su relación con este tipo de escritura nace “cuando es buena e interesante. No cuando es un producto comercial. Por que es un desastre”.Y frente a la comunión entre la religiosidad y el erotismo Varas tranquilamente reflexiona que “suelen ir juntos, pero hay una contradicción, que en muchos de los casos, es superada porque los escritores religiosos subliman la atracción física”. Además deja claro que no es una persona religiosa.

Gonzalo Rojas, el gran poeta fisiológico, cuya obra contiene grandes inyecciones de erotismo en su canto lírico, entrega una visión propia respecto al tema.

“Cuando se habla de ese erotismo mío. No tengo nada que ver con lo porno. El Eros mío es sagrado”. Pasando al asunto de la religiosidad el vate nos dice que todo tiene relación con la muerte y el nacer y desnacer: “El Tánatos, yo trato como cualquier otro poeta el diálogo con la muerte y que va con uno desde los instantes en que nace”, sentencia.


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