
Segunda entrega. Mentiras piadosas y la imposibilidad de mentir, por piedad. Esta vez, la tercera seguirá a esta de cerca.
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Ya he explicado que ni aún las verdades más objetivas se escapan de las ficciones que construyen incluso su propia prueba de veracidad.
Una vez leí de Tomas Ibáñez el siguiente ejemplo: supongamos que este vaso en el que serviré en 1 minuto más un whisky entra dentro de lo que podríamos llamar un objeto aprehensible. Todos estarán de acuerdo en que esto es una verdad objetiva.
Ahora supongamos que hubiéramos nacido sin manos y no las conociéramos. Si esto fuera así el vaso sólo sería un objeto a ser mirado. Por lo tanto lo aprehensible tiene que ver con que tenemos manos y no con sus características, que podríamos llamar, intrínsecas.
Digo esto porque en esta segunda ocasión empezaré a contar las historias que me cuentan y eso significa que lo que contaré es lo que pude escuchar y no una trascripción. Por eso seguramente se me pasarán cosas entre los vasos que sirvo y he olvidado otras en el camino.
Esta es una de esas historias que uno no sabe si sucedió o no pero que te la contaron con tanta pasión que llegaste a creértela.
Me la contó uno de esos personajes nocturnos que comienzan hablándole a uno y son como si anduvieran con polen y los demás fueran abejas porque basta que uno escuche para que terminen escuchando veinte más.
Empezó diciendo que venía llegando de la municipalidad de Apóstoles, capital de la yerba mate en el norte de Argentina.
Volvía después de 30 años porque había ido a enterrar a su padre que fue presidente del club de fútbol yerbatero durante los últimos 30 años.
Contó que una de las gracias de su padre había sido ser presidente del club todo ese tiempo sin haber llevado nunca al club a una final. Y justo el día en que iba a ser velado jugaba la final del campeonato yerbatero con Azara.
Antes del tercer whisky se dedicó a describir lo poco que había cambiado la ciudad. Dijo que la única diferencia era la que podía verse entre una primera mano de pintura y una segunda.
Que hasta la heladería Cartolano de la plaza era la misma con la única diferencia de que Cartolano era más viejo y que ahora vendían sándwiches y servían café aparte de los helados.
Y a partir del cuarto whisky dijo que habría dado su vida porque su viejo pudiera ver esa final que nunca pudo ver en vida.
Contó que cuando llegó al club después del velorio a ver la final tuvo que ponerse a escucharla por radio porque lo último que había hecho su padre había sido poner un canal interno para que los que trabajaban en el casino pudieran ver los partidos. Aún con el canal funcionando, su padre siempre prefirió escuchar los partidos por la radio.
Así que su último homenaje sería ese, escuchar por radio a yerbatero levantando una copa por primera vez.
En el quinto whisky dijo que el casino era el mismo aunque sólo lo diferenciaba una imitación de plasma en la que los que trabajaban ahí veían el partido.
No recuerdo del todo los nombres de los jugadores pero me ayudó Internet para poder acercarme a lo que Juan, así se llamaba, comenzó a describir.
Y confieso que cuando busqué esa final en Internet pensé por unos segundos que no existirían ni los equipos pero me equivoqué. Así que si Juan hizo un homenaje a su viejo yo lo homenajeo a él por tan hermosa verdad.
Esta es la reconstrucción de lo que escuché ese día a partir del momento en que Juan empezó a contar la historia poniendo voz de relator de radio.
Desde el arranque fue mejor Yerbatero pese a que Azara colocó a Jorge Gallardo más suelto por izquierda, donde hizo pesar su habilidad.
A los once minutos Gallardo sacó un derechazo fuerte que obligó a Bernal al primer “revolcón”.
A los dieciocho más menos, el árbitro sacó la primera amarilla y para Do Santos.
En Yerbatero comenzó a notarse la firmeza de Juan Valerio en el fondo y Mario Montenegro adelante, pese a que atrás Escalante tenía problemas con la marca.
Como a los 30 Mario Montenegro entró por derecha al área “limpiando” defensores, aunque el arquero de Azara salvó la situación tirándose a los pies.
Un minuto después nuevamente Montenegro con un fuerte tiro de izquierda obligó a Cáceres a tirar al corner.
En la próxima jugada tras buena combinación de Carlos Butiuk con Javier Valerio, éste tiró fuerte y alto.
Pero de tanto buscar Yerbatero tuvo su premio a los 30 minutos cuando Montenegro anticipó un centro desde la izquierda para tocar a un costado de Cáceres y festejar el primer gol de la tarde.

Juan contaba que cuando vio saltar a los que trabajaban en el casino por un segundo creyó ver saltar a su viejo pero prefirió seguir escuchando el partido con los audífonos más que creerle a su mirada.
Justo acá dijo Juan, se cortó la luz.
El público se paró como si se les hubiera perdido al mismo tiempo a todos la billetera.
Miraban el plasma falso. Algunos movían cables. Otros puteaban a la cooperativa de la luz. Y los que quedaban que no hicieron nada de eso empezaron a mirar a Juan.
El primero que se acercó lo miró como si hubiera sido obvio que tenía que volverse relator por circunstancias ajenas a todos los presentes.
Juan dijo que al principio le dio un poco de vergüenza pero que no le quedaba otra así que empezó a decir en voz alta lo que escuchaba por los audífonos.
Estamos en 41 y ya se va el primer tiempo. La agarra Valerio y la pelota sale apenas desviada.
Cacéres salva a su equipo al tapar ante Carlos Butiuk tras buena maniobra de Montenegro.
Pero ponle más huevos le gritaban a Juan… ponle emoción.
Estaba claro que ya no podría salirse de ese lugar así que empezó de a poco a ponerle emoción al relato y lo que empezó como un favor a la platea improvisada empezó de a gustarle.
Azara reaccionó y faltando dos minutos para el cierre de la primer etapa Bernal se estira espectacularmente y la tira al corner. Nos salvamos fue lo primero que dejó deslizar sin que haya sido una repetición de lo que se escuchaba en la radio.
Y termina el primer tiempo.
Y Juan cuenta que por un segundo quiso que la luz no volviera. Y la luz no volvió.
Empieza el segundo tiempo y ya hay dos amonestados, Héctor Franco en Azara, y Carlos Butiuk en Yerbatero por infracción a Montenegro y Do Santos, respectivamente.
Carlos Butiuk habilita al recién ingresado Héctor López y uno de la platea improvisada grita que es el pendejo de 17 años.
Cáceres salva. Y Juan ya empieza a emocionarse pensando que no habría podido haber mejor homenaje a su viejo que el que estaba teniendo lugar. Yerbatero iba ganando y por primera vez podrían salir campeones.
Estamos en 27 y la agarra Batiuk en el área….que va a hacer……media vuelta y uhhhhhhh sale apena desviada cuando el arquero había ido a comprar pan y no llegaba ni cagando.
Baldazo de agua fría, empata Franco.

Las cabezas del público bajan y Juan decide empezar a crear su propia versión de los hechos y dio la casualidad que lo primero que inventó sucedió 30 segundos después. Me creía Dios decía Juan en el 6to whisky pero ya mezclado con agua.
Dijo echan a Franco y Azara queda con 10 y se da cuenta que las caras de su público muestra alegría y 20 seg después lo echan. Así que se envalentona y empieza a no conformarse con lo que escucha en los audífonos.
Faltaba un minuto de partido y Yerbatero tenía que hacer otro gol para forzar los penales así que Juan decide darse 4 minutos más por si se sentía en la necesidad de tener que cambiar la historia.
4 minutos eran suficientes y nadie lo sabría y si su viejo lo estaba escuchando desde el cielo fútbol club escucharía lo que él decía.
Nuevamente tuvo suerte y justo después de decir que faltaban 5 minutos, o sea 1 en sus audífonos, Batiuk de cabeza grita el gol.
Quedan 5 minutos y la agarra Montegro cerca del área…va a tirar el centro y Batiuk está en el área. La pelota se eleva….saltan 2 de Azara pero no van a llegar….el arquero se pasa de largo……y está Batiuk y salta….y goooooooooollllllllllll de Yerbatero….goooooooollllllll……Váyanse a cebar mates a la reconcha de su madre porque nos vamos a los penales……Penales señores…penales…
El público del casino pasea de un lado al otro como si estuvieran en un pabellón del psiquiátrico y Juan sabía que siempre habían perdido en los penales pero estaba dispuesto a ocupar el lugar de locutor en el que el destino lo había puesto.
Sorteo dice Juan mientras en el casino no vuela ni una mosca.
Empieza Azara……. Do Santos frente a la pelota y gol.
Para yerbatero viene Butiuk…..da dos pasos y goooooollllll de yerbatero…..vamos yerba que ganamos grita el más viejo de todos.
Antúnez para Azara se pone frente a la pelota y se escucha de la platea improvisada: Este se va afuera.
Va Antúnez le pega y palo palo……pega en el arquero y se mete adentro………
Viene ahora por yerbatero Butiuk pero Edgardo el hermano de Carlos y ataja Cáceres.
Por Azara viene Cáceres el arquero y travesaño y afuera y Juan pide otro diciendo que él creía que ya lo tenían ganado.
Rodríguez por Azara frente a la pelota. Este le pega a matar le dice Juan a la multitud. YYYYY gooooollllll.
Do Santos por Azara y gol…
Viene Vera para yerbatero y adentro carajo.
Diego Franco para Azara y a este se le va dice Juan…….
Le pega por encima del arquero y gol por la puta madre.
Montenegro está en frente de la pelota y tiene que meterlo para seguir en juego.
La platea improvisada mira el suelo. Otros rezan. Y Juan sigue relatando y se salta todo y le pone suspenso y ya no le importa lo que dicen en la radio sino que sólo quiere gritar la palabra gol asi que se de un silencio incómodo pero termina gritando goooolll con toda la garganta que le queda.
Ramón Franco se prepara para Azara y convierte.
Francisco Braga se para frente a la pelota por yerbatero se escucha en los audífonos y Juan repite exactamente lo mismo. Le va a pegar dice también y ataja Cáceres escucha pero se detiene en decirlo.
Piensa que le gustaría cambiar la historia y decir otra cosa por lo que el público lo mira sin entender su silencio y quiere gritar gol por si su viejo lo escucha y quiere darle una alegría a su público improvisado. Y quiere la belleza de que el mismo día que enterraron a su viejo yerbatero salga campeón.
Pero piensa que al día siguiente muchos de sus oyentes huevearán a sus amigos de Azara por haber perdido y serán más infelices aún que viviendo una hora de felicidad falsa si es que inventa un final distinto y terminan hueveándolos a ellos.
Así que agarra los audífonos con la mano y dice: Ataja Cáceres. Otro año sin copa y nos quedamos sin motivo de brindar.
Y llega contando esto al bar y hago lo que no debo que es tomar con un cliente. Y brindo porque llegaron a la final. Y Juan ya está borracho así que me apuro en quedar a su altura.
Y me quedo con la sensación de que no quiero ninguna otra pega en el mundo más que esta.
Y ahora que le muestro esto que escribí a Juan que ya es un cliente habitual él se ríe y me dice que me habría caído demasiado bien su viejo.
Y yo no le digo nada porque lo supe desde el primer día que escuché a su hijo.




