
La banda favorita de Mike Patton estuvo en el teatro Novedades, al pulso de un baterista hiperkinético y guitarras experimentales. Esto pasó.
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Fotografías de Carlos Müller de Zona.cl
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Battles es una aventura bastante atractiva y avasalladora. Primero, porque su rock matemático es música de laboratorio con historia.

La apertura de cortina comenzó con Ian Williams, uno de los tres guitarristas, apareciendo solo y con el bajo. La escena parte cuando enciende una consola y emite sonidos que luego procesa y modula con parte del aparato tecnológico de la banda. En esta pura fotografía ya se cacha de donde vienen y hacia donde van. El inicio de Live in Japan 2003 de King Crimson tiene al satánico Robert Fripp produciendo un tono apenas perceptible que se va extendiendo. Un ejercicio que da paso a la demostración experimental posterior.
Ahí se muestra el origen de los Battles y es el primer paso para empezar a disfrutar lo que viene. Una propuesta alucinante de futuro con bases en el dark y en el camino antiguo de la experimentación.

En segundo lugar, es arrolladora, porque la fórmula sonora de construir una selva de escalas alteradas, ruidos deformes, percusiones contrapunteadas y cardíacas, coloreadas con tonos expansivos que se transforman en silencio y bulla, tiene base en una arquitectura mil veces pensada por los músicos, pero que para el público, es un fatal viaje sin destino. Desde el poderoso motor análogico de la batería de John Stanier, una máquina que acesta golpes fuertes y precisos, se proyectan los juegos de guitarras, teclados, micros, pedales y consolas de Williams, Dave Konopka y Tyonday Braxton y quedan cuatro posibilidades: bailar, analizar, escuchar y todas las anteriores.
El teatro Novedades tiene fama de sonido pésimo: lo que pongas a sonar termina teñido de reverb y ecualizado como gimnasio de colegio. Esta vez no fue la excepción, pero adelante, bien al centro y pegadito al escenario se escuchó filete. Llegó harta gente y Braxton, que además emite sonidos vocales y hace beatbox, es el maestro de ceremonias, y hasta dijo, en inglés, por supuesto, que era el concierto que más le había gustado de la gira. Y los asistentes lo disfrutamos bastante. Fue un regalo tener a una pequeña gigante, tan actual y vanguardista, sudándola toda para presentar su título de mejor banda en vivo.

El único que quedó con sentimientos encontrados fue el administrador del local. Cuando ya había encendido las luces, para echar a la gente e irse por fin a casa, el ambiente estaba tan prendido que los fabulosos cuatro volvieron por el segundo bis. Se negaba a apagar las luces, pero tuvo que entregarse no más. “Cinco minutos más”- le dijeron. Por esos puros minutos ya habría valido la pena aventurarse en este camino alucinante llamado Battles.
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