Bjork se mandó un concierto de aquellos. Y aunque sus canciones son difíciles de bailar y cantar, todo el estadio se movió. Pregúntenle a los de seguridad. ReacTable y la islandesa en este review.

Texto: Luc Gajardo – Fotografías: Cristóbal Olivares.

Pocas estrellas en el cielo muy azul y acá abajo en la punta de un cerro adentro del estadio de la Católica poco menos que el aterrizaje de una nave extraterrestre poniendo música. Y ahí todos apretados pero tampoco ni tanto, en la cancha, donde estábamos. Brennid pid vitar (walk in). Anchor song. Unravel. Hunter. Todo muy pegado y no se veía mucho más que cabezas y una reja blanca, la otra mitad de la cancha llena de culiados parados arriba de sus sillitas de ticket caro, y por allá al fondo el escenario con telas verdes y rojas de imperio chino. Y dos pantallas bien grandes.

The Pleasure is all mine. Come to me. Jóga. Who is it. Desired constellation. Y yo pegado y con la mente entendiendo que este era un maldito momento único. Y todos más o menos igual. Una masa negra, en puntillas y estirando el cuello para enfocar el escenario o tirando la mirada a las pantallas. A estas alturas ya el reacTable se robaba la película, además de los otros inventos del futuro, uno como un tetris y otro como un palm gigante, y un teclado, etc, que usaba entero concentrado el dj. Que a estas alturas no es un disc jockey. Eso es el pasado. Lo que ahora la lleva son los instrumentos marcianos de computadores del espacio futuro. Y yo ahí bailando pero adentro de mi cabeza porque en verdad no me podía mover de lo pegado que estaba. Además habíamos fumado la espera toda la tarde. Bjork corre flotando como un hada enana y con vestido de arco iris y canta igualito que en los discos. Baila dando saltitos como si no pesara nada.

Earth intruders. Army of me. Innocence. I miss you. Y ahí entonces obvio que se empieza a prender el estadio. Y a ratos suben el volumen pero no al máximo todo el rato como siento que necesito. Al fin el suelo se empieza a mover con los saltos y en cada salto se respira un poco y se ve un poco el escenario también. Bjork corre sosteniendo unas tiritas blancas y después de cada canción dice ‘gracias’ y nada más. Obvio que no la conozco en persona, pero me tinca un plomo. Como divorciada de la realidad. En otra totalmente. Filo. Qué importa. Empiezan los primeros empujones, movimientos telúricos que uno disfruta en los conciertos. Ni un brillo estar ahí paradito cómodo, o peor, sentado. Para eso está la opera. Bueno, empiezan los primeros empujones y quedamos al frente de la reja que se empieza a mover.

Bachelorette. Five years. Wanderlust. Hyperballad. Un láser verde dispara desde el escenario y de la masa negra responden con cámaras de foto y celulares con flash pese a que la artista había pedido que por favor no lo hagan porque le afectaba su arte. A quién le importa. Hyperballad se estira con la versión reacTable dándole duro y bajan las luces y dejan el puro láser verde y todo se transforma en una fiesta futurista. Yo dejo de entender mucho lo que pasa y Plutó manda todo a la chucha. Bjork dice gracias y se va y se van el baterista, el súper dj y todas las niñas islandesas con uniforme raro naranjo también. Todos saben que falta el bis. Y que también ha sido mucho rato detrás de esta reja de mierda. All is full of love, gritan. Es que faltan caleta de canciones. Caleta. Es obvio que tiene que volver. Al menos por una. Y vuelve. Da las gracias y entonces empieza Declare Independence (la más la zorra de todo el disco según yo) y grita ¡VIVA LA REVOLUCIÓN! (marciana del futuro). Y esa es la orden directa. Entonces empezamos para delante y para atrás con la reja hasta que se cae y empieza la invasión. Y ahí gritando ¡anarquía, anarquía! chuteando sillas y paquetes de galletas saladas que regalaban y quedamos al lado y por fin se ve como la gente la hueá. Y caen millones de papelitos. Y ella parada encima de una silla y yo afirmándola y con la boca de oreja a oreja en una sonrisa estirada y los ojos abiertos como platos. Y el momento es apoteósico y apocalíptico. Hasta que todos los papelitos quedan muertos en el suelo y se apaga todo. Y Bjork da las gracias muy tranquila y se va. Todo se apaga y es como si la nave que aterrizó despegara de repente y desapareciera porque todos nos fuimos de ahí caminando por encima de las sillas aplastadas con las caras de cómo si hubiésemos todos visto un ovni y da lo mismo que después lo contemos porque nadie que no estuviera ahí lo va creer. Lo que ahí pasó fue un instante- porque fue súper corto- de alucinación, un chispazo de futuro intergaláctico. Y después todos bajamos desde San Carlos al mundo real como si de un puto viaje al espacio viniéramos.


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