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Archivo May 2008

En febrero de 2003, Erlend Øye se echó la crítica al bolsillo con el primer disco de su carrera solista: el estupendo Unrest. 10 canciones que el noruego encargó por separado a cada productor top que consiguió reclutar. La lista incluye a- ejem- Morgan Geist, Prefuse 73, Schneider TM y un largo etcétera de maestros del hardware y las perillas. Siempre con la voz y los anteojos de Øye encima.

Cinco años más tarde, ese mismo concepto sedujo al ex Compiuters Pablo Infante, de aquí en adelante Pol.

-Encontré bacán la idea y quise hacerla al revés: muchos cantantes y un solo productor: yo.


Foto de Ninion

De eso trata Efectos Espaciales (08). Synth-pop y funky synth en 11 canciones que Pol compuso y produjo para las voces invitadas de gente como Javiera Mena, Pedro Piedra y Nea (de CHC), Benz (ex Raíces Subterráneas), Valentina Fel y sus ex colegas en Compiuters, Manuela Baldovino y José Alonso, entre otros.

Un disco que por definición suena a space invaders, cosmos y espacio exterior (o lo que uno imagine con eso). Con una artillería de programaciones y sobre todo teclados alucinantes, que puedes descargar gratuitamente desde esta dirección.

Y que también se define por negación. “Este no es un disco de electro pop tipo Lulú Jam. Porque esa etiqueta designa aspectos muy extra musicales que mi disco no cumple. Yo nunca me propuse hacer un disco electro-pop, porque lo mío va por tocar buenos teclados y programar música. No tenemos las mismas intenciones con Lulú Jam, por ejemplo, le digo a mis amigos cuando me preguntan a qué suena el disco.”

-¿Cómo llegaste a elegir a tus vocalistas? (el listado incluye a Jorge González y un etcétera de voces nuevas)
-Sabía desde el primer momento que tenía que participar la Nea (Yaia, CHC) porque siempre tuvo un rol no protagónico en sus bandas y quería que hiciéramos un tema a toda raja.

El primer single de Efectos Espaciales es ‘Why’. Un tema pegote interpretado en el inglés de la rubia debilidad de CHC, y que ya cuenta con un video que esperan lanzar próximamente.

“La Manu y Cote- continúa- (cantan en ‘Countdown’ y ‘West bad english’, respectivamente) eran de mi ex banda y si no los invitaba se iban a picar. Con el Benz (que rapea en ‘Sal’ y produjo el arte del disco) pasa lo mismo que con la Nea, él tiene un talento en bruto increíble. A mi el hip-hop no me gusta mucho, pero el Benz hace que me guste. A la Valentina Fel (aparece en ‘Chicos listos juegan raro’) la invité por loca. Y bueno, Pedro Piedra (CHC) es un fuera de serie, lo admiro harto, y para mi es como un papi de la música. Por eso antes de que se subiera al avión (el año pasado se radicó en México) le pedí que participara y se metió al estudio con Vicente (Sanfuentes, co-productor del disco)”.

Pedro Piedra canta y toca algunas guitarras en la canción ‘Sin gravedad’, uno de los puntos altos del disco, junto a ‘Amiga’, el tema interpretado por Javiera Mena y los coros de Jorge González. Ahí otro problema.

-¿Alguna vez piensas tocar el disco en vivo con todos sus vocalistas?
-Ni cagando. Yo no me amarro a este disco así como que de aquí depende mi carrera artística. Lo hice ahora porque estaba con energía, con la experiencia de mi ex banda. Y como este disco no es una banda entonces va a pasar lo que tenga que pasar como disco.

Pol se define como un melómano. Este estudiante de filosofía y colaborador de Super45 se inició en segundo medio, con un controlador midi y el Reason. De ahí a formar Compiuters (“Ariel fue uno de mis maestros prácticos, no teóricos”) y las once canciones que componen este nuevo disco.

-Efectos Espaciales tiene harto teclado. ¿De dónde sacaste ese sonido?
-Investigué teclados y llegué a usar pre-synths setenteros como el farfisa, b4, rhodes, hammond, etc. También esos que suenan medios bluseros y soul. El soul es una parte bien importante de este disco en muchos sentidos para mi, porque hay un dogma sobre la música que es programada. Se dice que es un sonido muy duro, que tiene que ser necesariamente post de post de otra cosa. Algo muy absurdo que al final tiene más que ver con la ropa que con la música. Entonces traté de mezclar la programación electrónica de la música con algo banal como expresar los sentimientos. Eso es bien soul.

-¿Y cuáles fueron tus influencias para componer?
-Kraftwerk, Devo, Stereolab, Jorge González.

-¿Y tus discos de cabecera?
-El ‘Think Tank’ de Blur, ‘Emperor Tomato Ketchup’ de Stereolab y temas sueltos de Prince y el lugar común de todos, The Beatles.

Escucha el primer single ‘Why (con Nea)‘:

Descarga el disco Efectos Espaciales en este link.

Hace unos años atrás, mientras algunos cineastas se ponían gordos y pelados de desenfreno y carrete, un grupo de seis niños –la mayoría del sur– llegó a la capital tomando oncecita y acostándose temprano. Gepe, Electrodomésticos, Muza, Rosario Mena y Nike, ya se rindieron ante la magia del SURE. Pero, según dicen, la cosa está recién empezando.

“Hay dos tipos de gente en el mundo”, dice tajante Leo Medel y se queda callado. El café acaba de hervir, la palta, el manjar y el pan recién salido del horno pasan de una mano a otra y la frase con comienzo cósmico se queda sin conclusión por el momento.

Es hora de tomar once en SURE y hasta los más profundos enigmas universales tienen que esperar.

En medio del banquete se escucha un ruido de llaves. Se abre la puerta de entrada y aparece Gepe. Saluda, recoge un par de cosas y se va. Hace dos meses se cambió a otro departamento, pero siempre pasa a saludar y recuperar alguna cosa que olvidó en la que fuera por 1 año su casa, junto a Leo Medel y Daniel Ferreira.

Leo Medel, Daniel Ferreira, Estefanía Vergara, Andrés Gillies, Juan Pablo Fernández y Felipe Valenzuela. Los seis integrantes de SURE (equipo de baby fútbol, productora de cine y películas aleatorias, según dicen) acaban de terminar la última campaña de Nike y por estos días se dan un respiro en su incansable agenda.

“Trabajar con Nike ha sido extremadamente agradable”, cuenta JP Fernández. “Nosotros vamos, les proponemos las barbaridades que se nos ocurren y listo, las hacemos” agrega Estefanía. Y es que en el relanzamiento de las zapatillas Dunk se hicieron cargo de crear y producir cinco cortometrajes, cada uno dirigido por un personaje clave en distintas áreas de la escena nacional. La actriz Emilia Noguera, el ex Bitman y Roban Christian Powditch, Nicolás Copano, el skater Juan Alfredo Lacassie y finalmente uno dirigido por ellos mismos en que pelean con una retroexcavadora gigante y, por supuesto, ganan.

[vimeo]http://vimeo.com/890535[/vimeo]

Aunque pelear con bulldozers es actualmente una de las pasiones del grupo, no siempre fue así. Se conocieron hace 5 años, cuando todos menos Valenzuela entraron a estudiar a la Escuela de Cine de Chile. “El Leo venía de Punta Arenas y yo de Mininco, cerca de Angol. Era el típico caso del niñito sureño que llega a la capital y no sabe muy bien qué está pasando. Nos conocimos y entre todos formamos una especie de familia postiza”, aclara Ferreira.

Al principio era Medel, Ferreira y Marco Angelo (otro puntarenense). Después de cinco años, llegadas alegres y despedidas tristes, el equipo quedó finalmente conformado por Leo Medel (director y portero), Daniel Ferreira (postproductor y delantero), Estefanía Vergara (directora de fotografía y jefa de porristas), Andrés Gillies (sonidista y DT), Juan Pablo Fernández (productor y lateral derecho) y Felipe Valenzuela (productor ejecutivo y lateral izquierdo).

“Igual nos falta un buen mediocampista, pero para hacer películas y videoclips estamos impeque”, dice Gillies, mientras echa sin asco la cuarta cucharada de azúcar en su taza de té.

Se empezaron a hacer conocidos en 2004, en el festival de Valdivia, cuando ganaron un Pudú por “Mejor Cortometraje de Escuelas de Cine y Audiovisual” por Santalucia.zip y en menos de cuatro años se convirtieron en nombre conocido dentro del medio chileno.

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Entre medio han hecho una buena cantidad de videoclips y visuales para artistas como Electrodomésticos, Gepe, Muza y Rosario Mena. El año pasado clasificaron dos (Estilo Internacional de Gepe y Cambio de Estación de Muza) al 1er concurso de videoclip chileno y este año compiten con otro más.

Pero lo que realmente los vuelve locos es hacer películas. Hace dos años hicieron historia al convertirse en la primera generación de la Escuela de Cine en postular y ganar un Fondo de Fomento Audiovisual. Con los $5 millones, empezaron a hacer una película que venían planeando desde hace tres años y que a fin de este debería ser estrenada.

El largometraje se llama “Papá o 36.000 juicios de un mismo suceso”, protagonizada por Willy Semler y dirigida por Leo Medel, Premio Nacional de Arte y Cultura INJUV 2007. ¿36.000 juicios? Bueno, es que esta película –grabada en Santiago y mandada a programar a Francia– son en realidad 36.000 en una. “Cada vez que se reproduce la película una nueva vez, los capítulos se recombinan y la historia cambia levemente. En una tú puedes creer que uno de los tipos es el malo; en la otra que es el bueno”, explica Felipe, como si fuera lo más normal del mundo, mientras rellena su taza de café.

“Papá o 36.000 juicios de un mismo suceso” no es el único largometraje en que están trabajando, eso sí. Acaban de estrenar “Rabia” –producida por ellos y dirigida por Óscar Cárdenas– y están en la etapa de montaje de “Chao”, dirigida por JP Fernández con actuaciones de Elisa Zulueta (Lola), Emilio Edwards (Vivir con 10, Mala Conducta), Carlos Flores y Gepe.

Pero eso ya es otro cuento. Aunque la incógnita de cuáles son los dos tipos de personas en el mundo queda inconclusa, la once en la casa de SURE continúa. “Hay cosas más importantes”, se excusa Medel mientras sirve la segunda ronda de café.

Con diez años en el cuerpo interviniendo espacios públicos, Vazko (24) es todo un referente en las calles de Santiago y Valparaíso. Nacido como artista callejero en Bellavista, lo suyo es la invertención de pequeños oasis en medio del caos urbano. Su tarjeta de presentación son los murales y dibujos de Lira con Marín, Independencia, Vivaceta o el sector entre Vicuña Mackenna y Portugal.

Los primeros pasos de Vazko fueron en familia, creció junto a un padre y una abuela dedicados a la pintura. “Cuando me preguntaban qué quería ser cuando grande, yo respondía `voy a ser pintor´, ni siquiera `quiero ser pintor´. Mi papá tenía un juego en que cuando llegaba del trabajo me compraba los mejores dibujos que yo había hecho en el día. Por ejemplo, yo hacía 40 y el me compraba 5 o 6, a $50 cada uno. Eso duró hasta los 9 años, en que yo pintaba y pintaba todos los días para que él pudiese elegir lo mejor”.

Cuando comenzó a asomar las narices por la calle, se encontró con un ambiente donde predominaba el graffiti de un estilo más neoyorkino o hip hop, pero donde también había unos pocos -como Agotok o Charquipunk en Valparaíso- muralista de factura más pictórica, usando látex, pincel y rodillo en vez de spray. Esta fue la técnica que adoptó Vazko a fines de los 90 para desarrollar la gráfica que lo caracteriza, de líneas limpias y definidas que dan vida a seres mutantes, cuyas partes se asemejan más a engranajes mecánicos que a organismos de escala humana.

-¿Qué te motivó a pintar afuera de tu casa?
-Cuando yo tenía 15 años empecé a pintar en la calle como un juego. Había todo un boom del graffiti en Chile (estaba la tienda de Zekis, La Otra Vida, el grupo DVE, etc.), yo vivía en Bellavista y veía lo que pintaban cerca de mi casa, en Plaza Italia. Conocí a gente que llevaba más tiempo en esto y empecé a diferenciar las distintas ramas que se daban dentro del graffiti. Algo que me caracterizó desde un principio es que siempre me interesó el tema del soporte, el hecho de no borrar el muro que pinto sino que intervenirlo, aprovecharlo y considerarlo en relación con el entorno.

-¿Qué te parece la explosión del Street Art en Santiago, se ven más y más graffitis y stencils?
-El lado bueno que tiene es que cada vez más gente está pintando en la calle. Mi ideal es que el espacio público sea público, que lo usemos. Puede que haya gente que le moleste que ahora sea una moda, pero el hecho de que las personas intervengan su ciudad me parece positivo. Ahora, el stencil a mí me parece poco atractivo como medio, creo que hay muy pocos artistas buenos, por lo menos en Santiago yo no he visto ninguno… pero prefiero que se hagan malos stencil a que no se use el espacio.

-¿Y qué te parecen los tags)?
-A mí me parecen excelentes. Me encantan los rayados, y aunque es la única práctica que no he adquirido -nunca he sido de rayar las casas-, de todas las cosas del graffiti lo que más me gusta y me llama la atención son las letras.

“El rayado surge con más fuerza en los lugares donde hay problemas. Para mí el rayado de ciudad es un síntoma de vivir en ella, y la historia del graffiti es eso: el hacinamiento humano inevitablemente lo produce. Creo que los tags en Santiago socialmente se justifican, porque son como una protesta. Para mí las protestas no son acciones, son reacciones a algo. Si la sociedad ve al graffiti como un ataque, es porque ella está atacando de otra manera a la gente que lo hace”.

-¿Cuáles son los temas que cruzan tu trabajo?
-Siempre he tenido el mismo tema. Los artistas pueden trabajar distintas temáticas, pero siempre va a haber un gran eje que une sus obras, lo que en mi caso ha sido el cuerpo. Pintar en la calle me ha servido para llevar esa idea del cuerpo más como objeto que como persona. No me interesa la persona ni la emoción, sino que la estructura, la figura y su interacción con el entorno. También hay elementos de sexualidad, vista de una manera muy física y sin sentimientos, como un mecanismo. Cuando era más chico y pintaba en la calle, siempre ponía cosas sexuales entremedio, hasta me borraron graffitis por eso. Pero qué iba a poner, ¿hojitas de parra? Que esto produzca incomodidad me parece excelente, es algo que busco.

-¿Qué te parece que tu estilo sea imitado en varios muros de Santiago, sobre todo en el sector de Bellavista y Patronato?
-Dentro de Chile yo soy un referente súper claro, pero fuera de él hay miles de referentes más, entonces hay personas que pueden parecer que pintan como yo, pero en realidad traen sus influencias de afuera. No me molesta para nada, en cierto modo es gratificante. Es rico ver que tu trabajo influenció a gente, lo veo como un mérito.

Pura autogestión

El 2006, Vazko volvió a Chile después de una estadía de tres años en diferentes ciudades de Estados Unidos, donde se dedicó a trabajar, ver arte y crear en otros soportes diferentes al muro. Sin embargo, lo más importante de ese viaje fue el replanteamiento general que hizo de su actividad como artista. “Cuando salí del colegio pintaba en la calle compulsivamente, casi sin pensar. Entonces se había convertido en un juego, era como pintar por pintar. Cuando me fui a Estados Unidos dejé de pintar en la calle por dos años, y seguí haciendo otras cosas, como dibujar o pintar cuadros. Esa pausa me sirvió mucho para conocerme, para saber mejor quién soy, para pensar más mi trabajo y ver qué quería hacer de mi vida, qué pintor quería ser. Y me di cuenta que no me interesa tanto que me vaya bien, me importa más saber hacia dónde va mi trabajo”.

Luego de ese viaje –donde expuso sus obras en dos oportunidades-, hoy es un artista de tiempo completo en Chile, y ha podido vivir de su arte gracias a las ventas y a su trabajo para Upper Playground.

-¿Te ha pesado no contar con un título universitario?
-No me ha pesado, pero tampoco es algo que me ha ayudado. Ser autodidacta no te abre puertas. Lo que te abre puertas es tu trabajo, tu constancia y lo mucho que te muevas buscando oportunidades.
Yo no creo en el talento, creo que las cosas se aprenden y se adquieren, entonces para mí ir 5 años a la Universidad no es perder el tiempo, es fortalecer tu obra. De haber estudiado en la Universidad, probablemente estaría haciendo cosas más importantes.

-¿Has postulado al Fondart alguna vez?
-No, nunca. Aunque entiendo a la gente que lo hace, yo he tenido la suerte –hasta ahora- de no necesitar de él. Me molesta que el arte dependa del Estado, y más que eso, me molesta la estructura que el Fondart propone, esa estructura de trabajo rígida en donde se presentan los proyectos de una manera en que hay que concluirlos según lo que diga el formulario. Pero lo que menos me gusta del Fondart es que te traten como un delincuente, me parece feo que la desconfianza sea el hilo conductor de todo esto: que haya que presentar boleta justificando cada gasto, que siempre estén pensando que te los vas a cagar. Y eso es típico de Chile, es cosa de ver cómo te tratan en los bancos, o cuando vas a pagar una cuenta. Hay una desconfianza absoluta hacia todo.

-Es que lamentablemente hay casos en donde se le ha dado un mal uso a esos fondos.
-Sí, pero es mejor que unos pocos le roben al Estado, a que todos sean tratados con desconfianza. Creo que la mayoría tiene intenciones bastante honestas, y que la mayoría de la gente que postula al Fondart es porque quiere plata para financiar sus proyectos, no para ellos. Si les interesara la plata, no estarían metidos en el arte.

-¿Qué opinas de la participación de Francisco “Papas Fritas” en la última Bienal de Arte en el Museo de Bellas Artes?
-Al principio lo encontré un chiste. Pero en cuanto a la parte más formal, creo que la instalación era pobre, que los videos estaban mal editados y que la construcción de la temática estaba mal desarrollada. Ahora, me parece interesante que el tipo haya dicho cosas que todos pensamos y sentimos, aprovechando la instancia de la Bienal en el Museo, pero poner la cabeza del director del Museo destruida o pegarse latigazos, creo que es algo que sobra y que le quita fuerza a su discurso.
Lo que te decía del Fondart, por ejemplo, no es lo suficientemente importante para que se transforme en la temática de mi obra. Yo no me tatuaría “yo odio al Fondart” en la espalda. Creo que se equivocó en sus temas, para mí era mucho más potente su crítica al Gobierno y a la Concertación, que a los mecanismos culturales que hay en Chile.

-¿Te han invitado a exponer alguna vez las galerías más tradicionales?
-No, nunca he tenido ofrecimientos ni yo he ido a ofrecerme, pero no me cierro a algo más adelante.
Nunca he expuesto en Chile, pero no me he esforzado para hacerlo tampoco. Quiero exponer acá, pero necesito encontrar un buen lugar, un buen espacio. Siempre he expuesto afuera, así que me gustaría hacerlo acá y que mis amigos vayan, para ir a celebrar después de la inauguración, y todo eso.

Échale un vistazo a algunas obras de Vazko en este link.

Luego de una pausa autoimpuesta, el (ex) crédito del pop lo-fi criollo reinicia su vuelta al ruedo, con varias presentaciones y un disco en ciernes. No le tiene nombre todavía, pero asegura que reflejará este nuevo período que vive, con nuevos amigos, las mismas zapatillas y un montón de canciones con olor a nuevo bajo el brazo. » Sigue leyendo este artículo.

¿Qué aporta un libro como Una vida crítica en un mundo de Metacritic, Wikis e Imdb? En una era donde toda la información cinéfila está al alcance de un clic. Dónde todos, de la noche a la mañana, se convierten en críticos de cine en sus blogs o páginas personales.

Vamos por parte. Si bien hace 15 años Una vida crítica podría haber funcionado bastante bien por el factor trivia, hoy no. Claro, este libro hubiese sido una gran salvación para Lucas García, el cinéfilo y noventero personaje de Por favor, rebobinar que termina padeciendo piromanía.

Hoy –con Internet de por medio- el texto de Héctor Soto sirve más que nada para efectos de curiosidad. Uno lo lee para “discutir con él (Soto) a través del papel”, como asevera Alberto Fuguet, uno de los editores del libro junto con Christian Ramírez, en la contraportada.

Una vida crítica está divido en las secciones: Ir al cine (columnas varias), La marcha del tiempo (el grueso de las reseñas desde 67 hasta 07), Puertas adentro (cine chileno), Rostros (columnas sobre personajes del cine) y una conversación-entrevista con los editores. Y si bien la pluma de Soto a veces es notable (favor de chequear el artículo Spielberg. Respeto, no cariño), también cae en el barroco y rebuscamientos de todo crítico de la vieja escuela.

Por ejemplo, en referencia a Los Excéntricos Tenenbaum y su director Wes Anderson dice: “Sus relatos están muy ventilados por las brisas del absurdo, pero de un absurdo que no es heredero de la pesadez de Ionesco o del viejo surrealismo militante, sino más bien de la tradición del delirio de la gran cultura norteamericana de la basura, alimentada en la actualidad por seriales idiotas, códigos triviales, canciones limítrofes y toda clase de exabruptos reñidos con la alta cultura”.

Lo interesante de Una vida… es que haya sido boicoteado y menospreciado por el mismo Héctor Soto. Y vaya que se nota: “Creo que no tengo ni un puto papel que no haya sido escrito para ser publicado”, arguye. “¿Qué es esto? ¿Una entrevista o una terapia?”, escupe rabiosamente ya casi al final.

Una vida crítica es uno de esos libros de velador, referenciales, que es recomendable no leerlo de un tirón sino consumirlo en dosis homeopáticas. Un libro al que uno vuelve cada cierto tiempo por el simple hecho de hurgar, investigar sobre qué dijo Héctor Soto de tal película que te pillaste en el tevé cable o que bajaste de tu servidor amigo. Lo cual, a fin de cuentas, no es menor.

Una vida crítica, Héctor Soto
Editado por Alberto Fuguet y Christian Ramírez
Editorial Epicentro Aguilar

Fuimos al Arena Santiago para escuchar a Enrique Iglesias, pero no queríamos ver si cantaba de verdad. Atrapamos con el lente a la flora y fauna que lo sigue. Y dice:


Mini peloláis, la tónica de la noche.


Enchulados.


Hijitas de papá.


Las que se les pasó el tren y ahora piden invitación al pololo.


Actores.


La Marlén.


Amor tucán amor tucán.


Grupis.


WTF!


Y salió Enrique. Dijo que había viajado miles de kilómetros sólo para estar en Chile.


Más grupis.


Todo el rato.


Gaia.


Amiguis.


Lo más OUT de la noche fue cuando Enrique subió a una pareja de pololos y le preguntó a la mina si había obligado al pololo a ir. La mina dice que no, que fue al revés, que él es el fánatico. Todos plop y el pololo le dice que es su fan nº1. Ahí Enrique se tira al suelo con la boca abierta y todos plop. Al final el fan termina cantando la Experiencia religiosa.


Te morís, gaia.


Nachito Larraín le hizo la tarea en los coros.


Había que repetirlo. WTF!


Marlén poniendo un huevo.


Eso fue Enrique Iglesias. Ahora opine más abajo cuál es su foto favorita, querido/a lector.

12 y media en la Ex Oz y dj Bitman desenfunda. Valió la pena la larga espera. Incluso mamarse la hora y algo a cargo de Caso.

Reseña: Christian Salinas – Fotos: Carlos Adriazola.

La noche arranca con My computer is funk y el de-jota local demuestra que no sólo su música es una gran mezcla. Dentro de su show en vivo, también las hay sobre el escenario. Para el lanzamiento de su disco solista Latin Bitman de este fin de semana, el músico rotó sobre el micrófono a lo más granado del hip-hop chileno y a cantantes de otros estilos, acá bienvenidos.

Arranca Jimmy Fernández. Como en el disco, estuvo al mando del segundo single de Latin Bitman, El diablo, pegado a Robar es Natural, donde el turno de maestro de ceremonias fue de Solo di medina. Impecable. Luego, las secciones instrumentales, donde Tea Time aportó algo de freestyle y verdaderos piqueros desde el escenario.

En un monento Bitman llama al escenario al tal vez más esperado de sus invitados. Sube Juan Salazar al ring e interpreta alrededor de cuatro canciones pasando por La Raza, Bebedor (de su banda Tiro de Gracia) y Esa Música, para rematar con Nuestra Fiesta, coreada por todo el galón de Bellavista.

Cerca del final, José Bravo, el hombre tras Bitman anuncia el infaltable single Tropilove, la canción a cargo de Julián Peña y Tea Time que dio vueltas por las radios durante buena parte del verano pasado. Pero las sorpresas seguían. Para el bis, vuelven a escena con un cóver de los Talking Heads a cargo nuevamente de Julián Peña. Y la poderosa versión de Psycho Killer. Pero a esta siguió Señora María interpretada por Tea Time, quien jugó al cámbiele la letra improvisando gran parte de la canción.

Para finalizar, Bitman y sus músicos interpretan Pipe dream, un relajado bossanova que nos dejó a todos listos para la cama. Un buen estreno de unos de los mejores discos aparecidos durante este primer semestre, de factura local.

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