Luego de una pausa autoimpuesta, el (ex) crédito del pop lo-fi criollo reinicia su vuelta al ruedo, con varias presentaciones y un disco en ciernes. No le tiene nombre todavía, pero asegura que reflejará este nuevo período que vive, con nuevos amigos, las mismas zapatillas y un montón de canciones con olor a nuevo bajo el brazo.

Harto ha crecido Daniel Riveros desde que sorprendiera hasta a los críticos más brutales con sus dos discos iniciales: el EP 5×5 y su LP debut, “Gepinto”, elegido recientemente dentro de los 50 álbumes más influyentes de la historia de la música chilena según la Rolling Stone.
Con aquel notable trabajo, recordado por esa mujer de orientales rasgos en su portada, ese hombre-niño de diáfana sonrisa y ademanes casi provincianos pasó –en cosa de meses- desde los linderos de la escena musical criolla hasta la cumbre, derechito, sin escalas. Y poco a poco ese aire inocentón fue dando paso a una madurez artística que hasta su rostro hoy evidencia. “Sí, es verdad. Creo que he crecido un poco en todos los aspectos, pero principalmente en lo musical. Creo que en los tiempos del ‘Gepinto’ no sabía ni la mitad de lo que hoy manejo en la técnica, en la grabación y hasta en teoría musical”, dice con una parsimonia casi admirable.
Y ojo, que desde la mágica irrupción de aquel álbum que contenía temazos como “Namás” o “Nunca mucho” –y que cambió radicalmente la apreciación mediática hacia la escena indie- sólo han transcurrido dos años. Cosas que ocurren en el incomprendido mundo de la música.
NEW GEPE
Esta nueva imagen –que no se convence en reconocer- es la que el artista está mostrando en diversas presentaciones en la capital y provincia, como la que sostuvo hace poco en FSS, junto a los argentinos Coiffeur y Félix. Es la efigie de un Gepe con dos discos (“Gepinto” y “Hungría”) considerados dentro de los más importantes álbumes chilenos del último lustro. La de un artista con muchas millas internacionales recorridas bajo sus “lonas” y con muchas más canciones a disposición de su guitarra. La de un joven y curioso músico autodidacta que ya aprendió como se trabaja en Estados Unidos y Europa, latitudes a las que llegó su música de aires folclóricos y vanguardistas, tan depositarios de la Violeta como de Brian Wilson por partes similares.
“Mis últimos conciertos han sido una especie de antología. Y bien basados en el ‘Gepinto’, yo diría que al menos la mitad de ese disco. Es bien rico volver a tocar esos temas que hace rato no tocaba”, reconoce también destacando los temas que ha tocado como una suerte de adelanto de su cuarto disco en ciernes, con fecha para septiembre y con nombre tan improbable como los sonidos que contendrá.
¿Cómo se viene la mano para Gepe 2.0? “En realidad tendrá un poquito del ‘Hungría’ y del ‘Gepinto’, pero creo que es –piensa palabras- más… concreto. Diría que las letras son menos herméticas y más concretas, más simples. Como que todo irá directo al grano. En un 90% serán canciones que llevan algo como bajo, algo de guitarra y piano, más en estructura de canción. No sabría decirte en qué estilo se encasilla, pero será un avance en comparación con lo anterior”, confiesa.
Y no es que su pasado lo avergüence ni mucho menos. Lo que ocurre es que ese manojo de canciones contenidas en sus dos álbumes previos –donde comulgaban citas a Yo La Tengo, a Víctor Jara y a Sonic Youth, entre muchas otras influencias- obedecía a un periodo de búsqueda y aprendizaje que reflejó a cabalidad en el estudio. De ahí ese mérito honesto y desacomplejado que muchos alabaron. Ahora, ya no es tan cándido ni se sorprende con lo que va apareciendo, pero sigue siendo igual de honesto.

“Te diría que más que ahora trabajé canciones forzadas a cambiarse, es un camino lógico el que sigo. Con el ‘Gepinto’ se notaba la influencia de la gente con que me juntaba. Con el ‘Hungría’ lo mismo, con Pedro Subercaseaux, con el Señor Coconut. Creo que ahora es lo mismo: he conocido la escena en Europa, en Estados Unidos y acá también. Ese crecimiento me ha dado herramientas para hacer lo que ahora hago”, agrega. Sus nuevos amigos –en consecuencia- tendrán ahora la palabra.
Es un Gepe influenciable, sin duda.
EL FUTURO DEL PIONERO
Además de su próximo álbum, Riveros prepara un disco acústico que funcionará como banda sonora para la película argentina “Puentes”. También lo están ubicando para reversionar en español la canción “Hallelujah”, de Leonard Cohen, también para una película gringa.
Así está hoy, requerido, en la cresta de la ola y disfrutando del fruto del talento. O de la desfachatez, quién sabe. “Puedo decir que he podido hacer hasta ahora lo que he querido, asumiendo ciertos riesgos, pero con plena libertad. Creo que esa es la clave”, dispara, a sabiendas que su figura es –en gran parte- responsable del éxito comercial de la escena “indie” del pop local, por años condenada al underground pero que con él a la cabeza salió disparada a las primeras planas. Sino, que lo digan Javiera Mena, la Fran Valenzuela, CHC, Teleradio Donoso o el Colectivo Etéreo. Aunque digan que no.
“Lo bueno de esto es que la mayoría de ellos son arriesgados. Y son posturas muy personales, son rollos distintos y maneras distintas de sentir la música. Me parece entretenido eso: antes teníamos un problema de identidad en la música chilena, hoy hay muchas identidades. Es como un fondo común de ideas, todos con mucha libertad para trabajar y sin fijarse en imitar a referentes, porque no los hay”, reflexiona.
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