
Texto: Javier Foxon – Fotografías: Constanza Demicheli.
Los Lomofilia tienen tres lomoreglas en su lomosala de ensayo que siguen como un lomomanifiesto. Uno, en la pieza con olor a gato no se puede hablar mientras la banda está tocando, dos, no se puede tocar mientras la puerta esté abierta y por último, hay que mantener el celular apagado durante toda la lomosesión. El que se atreva a desafiar aquellos lomomandamientos sufrirá una lomopaliza por parte de cualquiera de los otros lomointegrantes.
Es por eso que Cristina, corista y manager de la banda (“mamá Cristi”, como la llaman sus lomocompañeros) espera pacientemente a que dejen de tocar antes de entrar al ensayo.
Una vez adentro, suelta la bomba.
“¡El 10 teloneamos a Nicole!”, dice. Lomosorprendidos, nadie en la sala atina. ¿Lomoindiferencia? No es eso. ¿Lomofelicidad? Quizás.
“Es mi ídola de infancia” dice Valeria Luna, vocalista del grupo, “pero me cagó con el pelo rojo. Yo lo tenía así de rojo y ella se lo tiñó como un mes después que yo. Todos me huevearon con eso, así que me enojé, y me teñí verde”.

Valeria Luna es quien Franco, lomoguitarrista, define como “la vieja culiá”.
Fan de The Beatles (“por una cosa familiar”), Valeria Luna se creía Freddy Mercury cuando chica. Bailaba y cantaba junto a la guitarra de Brian May y después de recibir una extensa educación musical teórica por parte de su viejo, Sergio ‘Pirincho’ Cárcamo y práctica al ser corista de Rosario Salas, su madre, Valeria Luna supo que lo suyo era la música.
Entró a estudiar a la Universidad de Valparaíso donde durante el mechoneo conoció a Franco, futuro lomoguitarrista. Se hicieron amigos y hace un año ella le dijo que había escrito un tema y que le gustaría mostrárselo.
Ese mismo día, y de una patada parieron ‘Un día más’, primer single del LP que “ya esta por salir”.
“Ninguno de los dos es un gran pianista”, cuenta Valeria, “pero ese día nos sentamos y la canción salió sola. Como que estaba en el aire”. Franco, sentado al lado, asiente y se parece a Steve-O. Y a pesar de tener hitos Jackasseros documentados en Youtube, Franco, o ‘La Pelao’ (según él, “todo suena mejor si antes le pones un ‘la’”) fue desde chico un talentoso guitarrista. Basta decir que cuando pendejo se declaraba metalero e idolatraba a John Petrucci.
Frescia es lo oposito a ‘La Pelao’. No habla mucho y cuando lo hace es una bajista pausadamente directa que en lomopalabras, “te hace saber cuando algo no le parece”. Frescia, “Fre”, es la del grosor de los temas.
Si no lo crees, pídele que te muestre su mano izquierda. Tiene un quiste de 9 mm de diámetro. Todo por el lomobajo. “El doctor quiere sacarlo con una jeringa, pero yo no quiero. Me da cosa”, cuenta mientras los otros quieren tocarle “¡el Alien!” que duerme en su mano.
Quien más insiste es Lillo, el batero. “A quien no cambiaríamos ni cagando por unos samples”, como lo reconoce Valeria Luna.
Era Lillo quien faltaba para armar en vivo lo que ella y Franco hicieron ese día. “Nos miramos y nos preguntamos cuántas personas necesitábamos para poder tocar en vivo ‘Un día más’”, cuenta Franco, “¿Seis?, y obvio que conseguirse a un buen batero también”. Y como dice ‘La Pelao’, Lillo llegó de manera unánime. “Queríamos juntar a los más secos de la universidad en sus respectivos instrumentos. Ahí llegó la Frescia, el Felipe y el Lillo”, quien es de esos jazzeros que le dan duro a la batería.
Aunque todos lo molesten por haber dejado los estudios de música (“era una carrera no rentable”), Lillo se convirtió en el lomococinero de la banda que ahora pela a un compañero de gastronomía que hizo algo así como una sopa de sandía con cilantro.
“¿Y eso se sirve frío o caliente?” pregunta Felipe, el de las lomoteclas. Ensimismado cuando toca, a Felipe lo acusan falsamente de ser el “mr. Stress”. Con dos teclados a cargo (sin contar los ocasionales samples en ‘Puedo gritar’ u otros temas), más que sufrir, Felipe parece respirar calma cuando toca. De hecho, es quien más cuesta que pesque el notición de que van a tocar con Nicole.
Llegó parchando a un tecladista heavy metalero que nunca llegó y que se suponía iba a ser el original, Felipe, según Valeria “tiene una voz particular en el sinte que es muy él”.

Las lomo son cámaras rusas, que tienen la gracia de permitir la sobre-exposición de colores. La adicción de Valeria Luna a la fotografía lomo, o lomografía, hizo que un amigo le digiera que padecía de ‘lomofilia’. Ahí el nombre del grupo.
Los seis Lomofilia hablan y respiran música en términos musicológicos. Un ejemplo. Sobre el tema “Puedo gritar”, “esta canción está en 5/8, porque quería hacerla como si fuera un opening de Sakura” dice Luna. Otro. “La canción ‘La Tarea’”, dice Franco “era una tarea de armonización para la universidad. Como que le faltaba algo y decidimos funkearla care raja”.
En medio de esas batallas en sostenido, cuenta Valeria Luna que algunos temas nacen en su pieza. “Es la etapa de ‘la pendrive record’. Agarro mi guitarra y hago cosas que después se las llevo a Franco”, quien las enchula ayudado por Felipe. Después es el turno de Lillo para ‘arma la casa’ “con el beat” y de Frescia para pintarla. Es así como todo vuelve a Valeria Luna, quien trabaja el tema de las armonías vocales con Cristi.
Después de ganar un concurso de bandas en Valparaíso, Lomofilia grabó un disco, el cual ya tiene un video. Se trata del single ‘Un día más’, el cual te presentamos a continuación.
[youtube]Msl-2xm5wdU[/youtube]
Próximas fechas:
10 de mayo. En El Huevo de Valparaíso junto a Nicole. 23 horas.
17 de mayo. SCD Bellavista, Santiago. 20 horas.




