Con diez años en el cuerpo interviniendo espacios públicos, Vazko (24) es todo un referente en las calles de Santiago y Valparaíso. Nacido como artista callejero en Bellavista, lo suyo es la invertención de pequeños oasis en medio del caos urbano. Su tarjeta de presentación son los murales y dibujos de Lira con Marín, Independencia, Vivaceta o el sector entre Vicuña Mackenna y Portugal.

Los primeros pasos de Vazko fueron en familia, creció junto a un padre y una abuela dedicados a la pintura. “Cuando me preguntaban qué quería ser cuando grande, yo respondía `voy a ser pintor´, ni siquiera `quiero ser pintor´. Mi papá tenía un juego en que cuando llegaba del trabajo me compraba los mejores dibujos que yo había hecho en el día. Por ejemplo, yo hacía 40 y el me compraba 5 o 6, a $50 cada uno. Eso duró hasta los 9 años, en que yo pintaba y pintaba todos los días para que él pudiese elegir lo mejor”.

Cuando comenzó a asomar las narices por la calle, se encontró con un ambiente donde predominaba el graffiti de un estilo más neoyorkino o hip hop, pero donde también había unos pocos -como Agotok o Charquipunk en Valparaíso- muralista de factura más pictórica, usando látex, pincel y rodillo en vez de spray. Esta fue la técnica que adoptó Vazko a fines de los 90 para desarrollar la gráfica que lo caracteriza, de líneas limpias y definidas que dan vida a seres mutantes, cuyas partes se asemejan más a engranajes mecánicos que a organismos de escala humana.

-¿Qué te motivó a pintar afuera de tu casa?
-Cuando yo tenía 15 años empecé a pintar en la calle como un juego. Había todo un boom del graffiti en Chile (estaba la tienda de Zekis, La Otra Vida, el grupo DVE, etc.), yo vivía en Bellavista y veía lo que pintaban cerca de mi casa, en Plaza Italia. Conocí a gente que llevaba más tiempo en esto y empecé a diferenciar las distintas ramas que se daban dentro del graffiti. Algo que me caracterizó desde un principio es que siempre me interesó el tema del soporte, el hecho de no borrar el muro que pinto sino que intervenirlo, aprovecharlo y considerarlo en relación con el entorno.

-¿Qué te parece la explosión del Street Art en Santiago, se ven más y más graffitis y stencils?
-El lado bueno que tiene es que cada vez más gente está pintando en la calle. Mi ideal es que el espacio público sea público, que lo usemos. Puede que haya gente que le moleste que ahora sea una moda, pero el hecho de que las personas intervengan su ciudad me parece positivo. Ahora, el stencil a mí me parece poco atractivo como medio, creo que hay muy pocos artistas buenos, por lo menos en Santiago yo no he visto ninguno… pero prefiero que se hagan malos stencil a que no se use el espacio.

-¿Y qué te parecen los tags)?
-A mí me parecen excelentes. Me encantan los rayados, y aunque es la única práctica que no he adquirido -nunca he sido de rayar las casas-, de todas las cosas del graffiti lo que más me gusta y me llama la atención son las letras.

“El rayado surge con más fuerza en los lugares donde hay problemas. Para mí el rayado de ciudad es un síntoma de vivir en ella, y la historia del graffiti es eso: el hacinamiento humano inevitablemente lo produce. Creo que los tags en Santiago socialmente se justifican, porque son como una protesta. Para mí las protestas no son acciones, son reacciones a algo. Si la sociedad ve al graffiti como un ataque, es porque ella está atacando de otra manera a la gente que lo hace”.

-¿Cuáles son los temas que cruzan tu trabajo?
-Siempre he tenido el mismo tema. Los artistas pueden trabajar distintas temáticas, pero siempre va a haber un gran eje que une sus obras, lo que en mi caso ha sido el cuerpo. Pintar en la calle me ha servido para llevar esa idea del cuerpo más como objeto que como persona. No me interesa la persona ni la emoción, sino que la estructura, la figura y su interacción con el entorno. También hay elementos de sexualidad, vista de una manera muy física y sin sentimientos, como un mecanismo. Cuando era más chico y pintaba en la calle, siempre ponía cosas sexuales entremedio, hasta me borraron graffitis por eso. Pero qué iba a poner, ¿hojitas de parra? Que esto produzca incomodidad me parece excelente, es algo que busco.

-¿Qué te parece que tu estilo sea imitado en varios muros de Santiago, sobre todo en el sector de Bellavista y Patronato?
-Dentro de Chile yo soy un referente súper claro, pero fuera de él hay miles de referentes más, entonces hay personas que pueden parecer que pintan como yo, pero en realidad traen sus influencias de afuera. No me molesta para nada, en cierto modo es gratificante. Es rico ver que tu trabajo influenció a gente, lo veo como un mérito.

Pura autogestión

El 2006, Vazko volvió a Chile después de una estadía de tres años en diferentes ciudades de Estados Unidos, donde se dedicó a trabajar, ver arte y crear en otros soportes diferentes al muro. Sin embargo, lo más importante de ese viaje fue el replanteamiento general que hizo de su actividad como artista. “Cuando salí del colegio pintaba en la calle compulsivamente, casi sin pensar. Entonces se había convertido en un juego, era como pintar por pintar. Cuando me fui a Estados Unidos dejé de pintar en la calle por dos años, y seguí haciendo otras cosas, como dibujar o pintar cuadros. Esa pausa me sirvió mucho para conocerme, para saber mejor quién soy, para pensar más mi trabajo y ver qué quería hacer de mi vida, qué pintor quería ser. Y me di cuenta que no me interesa tanto que me vaya bien, me importa más saber hacia dónde va mi trabajo”.

Luego de ese viaje –donde expuso sus obras en dos oportunidades-, hoy es un artista de tiempo completo en Chile, y ha podido vivir de su arte gracias a las ventas y a su trabajo para Upper Playground.

-¿Te ha pesado no contar con un título universitario?
-No me ha pesado, pero tampoco es algo que me ha ayudado. Ser autodidacta no te abre puertas. Lo que te abre puertas es tu trabajo, tu constancia y lo mucho que te muevas buscando oportunidades.
Yo no creo en el talento, creo que las cosas se aprenden y se adquieren, entonces para mí ir 5 años a la Universidad no es perder el tiempo, es fortalecer tu obra. De haber estudiado en la Universidad, probablemente estaría haciendo cosas más importantes.

-¿Has postulado al Fondart alguna vez?
-No, nunca. Aunque entiendo a la gente que lo hace, yo he tenido la suerte –hasta ahora- de no necesitar de él. Me molesta que el arte dependa del Estado, y más que eso, me molesta la estructura que el Fondart propone, esa estructura de trabajo rígida en donde se presentan los proyectos de una manera en que hay que concluirlos según lo que diga el formulario. Pero lo que menos me gusta del Fondart es que te traten como un delincuente, me parece feo que la desconfianza sea el hilo conductor de todo esto: que haya que presentar boleta justificando cada gasto, que siempre estén pensando que te los vas a cagar. Y eso es típico de Chile, es cosa de ver cómo te tratan en los bancos, o cuando vas a pagar una cuenta. Hay una desconfianza absoluta hacia todo.

-Es que lamentablemente hay casos en donde se le ha dado un mal uso a esos fondos.
-Sí, pero es mejor que unos pocos le roben al Estado, a que todos sean tratados con desconfianza. Creo que la mayoría tiene intenciones bastante honestas, y que la mayoría de la gente que postula al Fondart es porque quiere plata para financiar sus proyectos, no para ellos. Si les interesara la plata, no estarían metidos en el arte.

-¿Qué opinas de la participación de Francisco “Papas Fritas” en la última Bienal de Arte en el Museo de Bellas Artes?
-Al principio lo encontré un chiste. Pero en cuanto a la parte más formal, creo que la instalación era pobre, que los videos estaban mal editados y que la construcción de la temática estaba mal desarrollada. Ahora, me parece interesante que el tipo haya dicho cosas que todos pensamos y sentimos, aprovechando la instancia de la Bienal en el Museo, pero poner la cabeza del director del Museo destruida o pegarse latigazos, creo que es algo que sobra y que le quita fuerza a su discurso.
Lo que te decía del Fondart, por ejemplo, no es lo suficientemente importante para que se transforme en la temática de mi obra. Yo no me tatuaría “yo odio al Fondart” en la espalda. Creo que se equivocó en sus temas, para mí era mucho más potente su crítica al Gobierno y a la Concertación, que a los mecanismos culturales que hay en Chile.

-¿Te han invitado a exponer alguna vez las galerías más tradicionales?
-No, nunca he tenido ofrecimientos ni yo he ido a ofrecerme, pero no me cierro a algo más adelante.
Nunca he expuesto en Chile, pero no me he esforzado para hacerlo tampoco. Quiero exponer acá, pero necesito encontrar un buen lugar, un buen espacio. Siempre he expuesto afuera, así que me gustaría hacerlo acá y que mis amigos vayan, para ir a celebrar después de la inauguración, y todo eso.

Échale un vistazo a algunas obras de Vazko en este link.