Se trata de su nuevo disco Radio galena. O como cuchichean los sampleos latinos de Manu Chao, sería mejor hablar de “Radio recuerdos”, para la puesta escénica del concierto con telón de obra teatral en que presentaron esta obra. Maquillaje, vestuario y escenografía incluida. La historia y el callejeo santiagocéntrico en las vibraciones gitanas de La Mano Ajena.

La primera imagen es el amplio escenario que la banda se tomó en el centro cultural Matucana 100, la semana pasada, cálido en texturas y nostálgico en apariencia. La segunda imagen es sonora. Klezmer de los Balcanes a la chilena: como quien roba y lo disfruta sin culpa. Leimotiv de la “Declaración de principios” con que el combo de siete músicos abre su nueva producción (Radio Galena. Oveja Negra 2008).

Para la ocasión, lluviosa en sus entrañas, los amigos de lo ajeno se apoderaron con propiedad de todo lo que pudieron: el trasnochado espíritu de décadas pasadas, el sonido internacional y la fiesta interminable del ritmo. Todo en formato radial -con interferencias AM incluidas- y con el cariz inconfundible del arte popular en clave músico-visual. El show, un relato vivo. Aunque tormentoso a ratos y en función de la fuerza del “directo”, porque la Radio Galena suena más clara y suave en estudio.

Las luces tintinean por el borde de la tarima. El juego de iluminación acompaña la espera del público que se mece al son de la música incidental. Los presentes que repletan el lugar esperan oír y por sobre todo ver de qué manera el grupo autor de “Wewo” y “Favella” –a las que hacen alusión en medio del show, bromeando- dará a conocer un trabajo en formato de programa radial y compuesto de 31 tracks. Poco más de 15 canciones íntegras, acompañadas de fanfarrias, comerciales, sintonizaciones y el anuncio de la hora.

Son las 20:45 y los músicos saltan al escenario, acompañados de dos invitados encargados de la percusión y el sutil vibráfono. “Humpapa” y la composición de su “director orquestal”, Rodrigo Latorre, “Balada del hombre invisible” (finalista de la selección previa para Festival de Viña 2008) ponen a temblar los parlantes. María Fernanda Carrasco canta con el silencio de fondo.

El show, dirigido por Gustavo Sáez a modo de presentador, quien arenga a viva voz los mismos textos grabados en Radio Galena, surca en desorden algunas canciones del disco, aunque interpretadas en aguerrida compenetración. Los retazos de su primera producción (Homónima. Sello Azul 2005) quedarán relegados al final, tras los gritos del público que no alcanzó a arrancar de la sala tras el último acorde y el coro sin micrófonos de la banda en pleno.

Incluyendo un intermedio, para diferenciar las dos partes del espectáculo –en esencia, de rescate histórico y, por lo mismo, doloroso en la parte lírica-, La Mano Ajena puso en escena un discurso radial y color cabaret, para reencontrar los vestigios de su influencia local ante un estilo internacional. La “Cumbia klezmer” que eleva los brazos de los comensales es la demostración de ello. El olor a mestizaje se huele en las veredas de los casi dos minutos que dura el “Café Turco”. Single que, en la voz de Gabriel Moyla (acordeón y saxo), juguetea con sonoridades más jamaquinas que gitanas. Y que sobre el escenario se oye tan bajo como el resto de las canciones que dan forma a la segunda parte del show. Tras el extenso y quizás innecesariamente alargado break, la disminución de potencia rompe con las expectativas generadas por la primera parte, dejando coja su continuidad.

Radio Galena es musical, discursivo y estéticamente un concepto. Un disco extenso en duración, aunque no tan potente como su completísimo montaje en vivo. Hecho no menor, considerando la alta calidad de los arreglos e interesantes composiciones nuevas de la banda. Muchas de ellas en la misma línea de su primera placa, aunque con el suficiente espíritu y aire de renovación como para hablar de “nuevo disco”.

La sola participación de nuevos instrumentos –como el espacial theremin que, ya con mayor experticia y exactitud, Latorre es capaz de manejar- y el emparejamiento, pero no casorio, con otros estilos son el parangón de esta nueva apuesta del dial. Ya probada en bandas como El Gran Silencio, pero necesaria en épocas donde los nadies continúan paseándose invisibles por las calles y las “décimas del Bicentenario” con suerte llegan a los oídos de quienes sueñan con los 200 años del país.