LUCHALIBRO.clPANIKO.clTELEPATA.clTOCAMENLACALLE.cl

Archivo July 2008

Y tú, lector de Paniko, ¿quieres creer o no?

Porque esa misma pregunta se hacía todo el mundo el pasado lunes en la Telefónica para el estreno exclusivo (tres días antes del mundial) de X Files: Quiero creer. Una celebración que había comenzado con la visita de los creadores de todo esto (Chris Carter y Frank Spotniz) y que continuaba esa jornada con la proyección del último capítulo de la serie en una pantalla gigante, como tentempié para dar paso a la segunda película de esta exitosa saga.

En medio de eso, Francisca Solar (autora de la novela para pokemónes La séptima M y suerte de relaciones públicas del fan club) se sacaba fotos a la vez que una turba de fanáticos se paseaba con casacas del FBI en letras amarillas e incluso algunos hablando en walkie talkies. O sea nada que no se encuentre en estrenos de cintas-tribus como El señor de los anillos, Star Wars o Harry Potter.

Hasta que la sala se llenó, le dejaron de tirar palomitas a Italo Passalacqua y dieron un par de sinopsis que nadie atendió o que nadie quiso entender porque, luego de años, por fin Mulder y Scully volvían.

Y la pantalla se fue a negro y esa música tan, pero tan característica que abría la serie sonó por los parlantes…

¿Hay algo afuera?

La nueva película de los Expedientes secretos X trata principalmente sobre mujeres que desaparecen en Virginia, USA. Y un cura pedófilo que, a través de visiones, les va dando pistas al FBI sobre el paradero de los restos de las víctimas. Y dado que el brazo de investigación del departamento de justicia gringa no puede con el caso, cabe preguntarse: y ahora ¿quién podrá ayudarnos? Los dos agentes favoritos de los noventas, por su puesto: mientras la guapa y siempre seria Dana Scully (a.k.a Gillian Anderson) hace carrera de doctora y se topa con el caso de un niño que sufre una extraña enfermedad cerebral; el siempre trastornado y terco Fox Mulder (a.k.a David Duchovny) deja crecer su barba y continúa con la interminable búsqueda de su hermana abducida por extraterrestres.

Y todo bien. X files: Quiero creer comienza bien y sigue bien. Mulder y Scully investigan el caso, se pelean y se besan. Hay una mafia rusa (siempre los rusos son los malos) que trafica con órganos y experimenta con perros de dos cabezas. Pero tan rápido como empieza la película, se termina. Por ahí se cola una notable talla a George W. Bush; el rapero Xzibit hace de agente del FBI escéptico y aguafiestas; el célebre Walter Skinner aparece ya sobre el final de la cinta; y, cabe decirlo, se echa de menos al Hombre Cáncer o Cigarette Smoking Man, aunque éste haya pasado a mejor (o peor) vida en la serie.

Como dice Mulder en su genial aparición en Los Simpsons: “¿Estamos solos en el universo? Imposible. Consideremos las maravillas que nos rodean (…) Los misterios sin resolver sobre… misterios sin resolver. ¡La verdad… está afuera!”.

Y en base a eso (al imaginario paranoico que nos heredó X-files junto con el Semanario de lo insólito), no es desatinado decir que la película se acaba demasiado pronto. Que una pizca de extraterrestres tampoco habría venido nada de mal. Que apenas se cuestiona al FBI y sus oscuras maneras de ocultar la verdad. Y que, al final, es una historia policial con una pizca de misterio y la siempre inquietante pregunta: ¿quiere usted creer? (en lo paranormal, claro).

¿Gusto a poco? Por el recibimiento de los fanáticos en el estreno exclusivo para Chile y los comentarios que se manejan en el foro del fan club oficial, me atrevería a decir que sí. Apenas unos tibios aplausos luego de las casi dos horas de películas y la sensación de que X-files: Quiero creer sufrió el síndrome de serie llevada a pantalla grande: cinta-que-parece-capítulo-de-larga-duración. Y que haciendo una comparación odiosa pero necesaria (y por la cual de seguro me van a linchar) Batman: The dark knight es, sin duda, la película de la temporada invernal.

La tocata se anunciaba a las 23:00, pero con Redolés quedamos de acuerdo en llegar atrasados, así que cuando entré a las 12:01 a un Galpón lleno pero no repleto, el aire se espesaba del primer acorde. El que no lo ha visto salir tocata tras tocata con el mismo atuendo, puede confundirse al tener frente al micrófono a ese tipo con pinta de sargento mexicano corrupto (versión Hollywood claro está), pero toda duda se disipó cuando abrió los fuegos con su mejor as, el caballito de batalla, el “Satisfaction” de los Rolling, el detenidodesaparecidodesconocido más pop de esta angosta y blabla de tierra, Gaete.

El público no alcanzó a tener un minuto los churrines en posición. Se entregaron sin vergüenza, como la compañera choriza, que se los agarra a todos porque no está ni ahí con lo que digan, no había intención cool ni compostura que mantener. Era su público, más que eso era una barra que coreaba alentaba y venía a verlo a él.

Nunca me ha defraudado el sonido del Victor Jara y esta no fue la ocasión. Lo único problemático era la voz de “Reolé”, no sé si no modulaba, eran problemas técnicos o estaba muy Liam Gallagher al momento de enfrentar el micrófono, pero yo no le entendía nada. Lo bueno es que no había nada que entender, todos se sabían las canciones, incluso los silencios, se reían antes que lanzara sus chuchadas con ritmo, antes de sus historias de Estación Central y sus arengas que, de no ser cantadas, rozarían la demanda. Una tocata tan pensada para generar diálogo con el respetable, que si alguien tenía alguna duda, el “torpedo” con las letras estaba proyectado en la pared, escrito a puño y letra.

Las comparaciones son odiosas, pero en este caso sirve para situar el concierto (no a los músicos). Frente al “hacer bien la pega” de Interpol y la distancia impersonal de Dylan, Mauricio Redolés evitó en todo momento hacerse el interesante. Se rajó con todos los singles, ¿Quien Mató a Gaete?, Chica poco comunicativa (con chica poco comunicativa invitada performanceando la presentación), He rica y Triste funcionario Policial (el torturador) etc, etc. Redolés tiró toda la carne a la parrilla, lanzaba tallas, respondía a los comentarios de la gente de “primera fila”, incluso abusó y huevió un kilo para que los asistentes se inscribiera en una rifa y babeó mirando al hijo baterista que le ponía el alma a cada baquetazo, para cerrar el concierto con una declaración de principios contingente, el apoyo a María Música Sepúlveda.

Por si alguien no sabe, el dato duro, la excusa de la presente reseña y el por que destacar ésta tocata de tantas otras, se debe a que la presentación de Mauricio Redolés tenía como motivo el lanzamiento del CD-DVD “Cachai Reolé?”, donde el músico y escritor chileno rescata canciones de ¿Quién mató a Gaete?, uno de los álbumes más conocidos del artista, además de varios temas semi nuevos, todo en vivo. Mientras el audio corresponde a los conciertos que Redolés presentó en la Sala SCD de Bellavista en enero del 2007, el DVD es un “unplugged” grabado para Radio Concierto en marzo del mismo año. Cedé y DVD que quedarán para otra reseña, pero que asumo, intuyo, proyecto, debe ser un acierto por su producción “alive”. El directo de …Reolé quizás no sea el más potente de Chile, pero si claramente está entre los más cálidos. Hablo de respeto y cariño con tu público, de feedback y de pasarlo bien haciendo que otros lo pasen bien, al contrario de Axl Rose que se picó cuando lo corearon, acá parecía una fogata, en la que todos se sabían las canciones y las cantaban. En la que sobraba tanto la buena onda que un tipo me regaló un cigarro de la nada, compartió un pito con el que estaba adelante y acto seguido se puso a bailar cueca con su compañera.

Dicho sea de paso, el collage Redolés, se paseó en los primeros quince minutos, por los rockandroles tipo Johnny Cash, el punk rock, las cumbias y el blues. A lo que sumó luego, algo de murga, boleros y las ya mencionadas cuecas. Si nos salimos del concierto y nos vamos al mismo Redolés, podríamos pedirle que a la combinación de estilos agregara algo de personalidad, que tanto las cumbias como las cuecas sonaran a Redolés y que el sello no fuera la simple mezcla. Sin embargo eso es un plus, la yapa, el valor agregado. Lo curioso es que en su música es dónde mejor refleja ser más poeta que músico y esa es a la vez el sello diferenciador. La forma de frasear (que a veces suena al epidemia), las letras. Son poesía patente, evidente y beatnik y eso ya es una impronta difícil de copiar, por que para escribir y cantar como Redolés lo hace, sólo sirve la formula del talento y de la calle vivida.

A los que había que convencer ya venían convencidos desde la casa, desde hace años. Nadie fue a descubrir a Mauricio Redolés al Galpón, por el contrario iban a festejar un lanzamiento que es sólo un paso más, el síntoma de ser un consolidado, no un súper ventas, pero si un consolidado, alguien que merece grabar un en vivo y que merece aún más ser visto haciéndolo.

[youtube]79hhy1O4LfE[/youtube]

Mis papás son evangélicos. Los evangélicos dicen que no hay que fornicar. Mi primer novio y mi madre diciendo: puedes tenerlo pero no le tomes ni la mano. Literalmente. De la mano al falo un paso. Yo soy joven y no entiendo. La sumisión o la rebeldía ante el dictamen absurdo. Escojo la segunda. Ni siquiera he pensado en la palabra virginidad y ya me lo está metiendo. Pienso: es aburrido que te lo metan. Pienso: estoy feliz porque ahora soy la menos evangélica de los evangélicos. Entonces les cuento a mis amigos y la experiencia aburrida se hace entretenida.

Yo soy joven y si entiendo. Entiendo que la narración completa el follón. La típica idea de que qué gracia tiene tirarse a la maraca más rica del mundo si no podís contarlo. La idea inversa: que te eyaculen en el ojo empelota. Contarlo hace vomitar de la risita.

El otro día en la micro. Una mujer y yo. No nos conocíamos. Me dice que acá en Chile todas las niñas se hacen piercings. Me pregunta si acaso sé por qué se los ponen en la lengua. Creo que lo encuentran bonito. Bonito no, dice. Viene desde las geishas que le hacían sexo oral al varón, con una bola de acero en la lengua para darle más placer. A veces se cortaban la lengua de manera vertical para simular la penetración vaginal. Digamos las cosas por su nombre. Yo quiero que no diga nada por su nombre, pero ella sigue: en la Biblia está bien claro que la vagina es sólo para el pene y el pene para la vagina. Los hombres andan buscando hasta la penetración anal, imagínese; si por ahí salen los excrementos. Usted debe haber hablado esto con sus padres, con sus amigas. No hable con sus amigas, mejor. No hay que confiar en las amigas. Lo dice fuerte. La micro nos mira. Me siento feliz y ya no quiero que se calle: podré contárselo a alguien después.

Básicamente por eso hablo de falos opresores, vayainas y tetas todo el día. Por un lado la rebeldía ante el evangelio (sicólogo dice: adolescencia tardía). Por otro, querer completar o reivindicar la experiencia cecsual.

Alguna vez pensé que el sexo oral era que te dijeran que te querían culear y que uno respondiera oh sí yo también. Que te dijeran que te chuparían el choro y uno dijera que se estaba mojando de sólo pensarlo. Más tarde entiendo: es algo mucho menos imaginativo. Se trata de meter la lengua, si shoro. Abrir la boca, si pico. Cosmopolitan dice: cómetelo como si fuera un helado. Yo trato de comerme el helado como si fuera una pichula. Creo que no es lo mismo. Cosmopolitan no dice qué hay que hacer si se quiere chupar el choro. Cosmopolitan no es gai. Me doy cuenta de que pierdo el hilo. Vuelvo al sexo oral: quizás el sexo oral también sea esto. Hablar, contar las pérdidas. Marco teórico a manejar: el cecso como pérdida progresiva de virginidades. Deberían tener puntos. 10 puntos para la fornicación pico-choro. 20 para pico-culo. 40 para trío. Así. Gana el que tiene más puntos, claro está. Creo que yo nunca ganaré. Soy una persona ortodoxa que pierde lo que la gente suele perder. No me gusta la caca ni los latigazos. Al menos no los que duelen. Guardaré mi Spiniak-virginidad y mi sadovirginidad por siempre. Menos ortodoxa que la mujer del pene para la vagina y la vagina para el pene. Ella debe tener pocos puntos. Pero yo tampoco confío en mis amigas: sólo confío en el mundo virtual que me acoge. Amén, y amén.

Hace tiempo que no estaba solo viendo televisión un sábado. Día difícil. Alguna vez a mi papá le encargaron la misión de inventar algo para el sábado en la noche. “Noche de ronda” se transformó en un inicio en su juguete nuevo. En el largo plazo, en un pequeño dolor de cabeza. El público del sábado era fiel, pero poco y muy conservador.

De niño hay una sola cosa que no ha cambiado mucho en televisión: el sábado.

Ahora es de noche. Lindorfo está salvando a “Flaite“, un perro que se quemó el hocico en un incendio. Vivi intenta que un caballo la expulse de su propio set, con la cabeza. TVN exhibe una impresionante gala de “Rojo“, el Titánic de la estación, en una demostración más que a veces hay que terminar los programas en su clímax, a esperar metamorfosis y decadencia.

En MEGA la familia llora a Flaite. Lo entierra. No son los niños los tristes, son la madre y el padre los que más sufren por la muerte de su can. Lindorfo nos muestra un fotomontaje del cielo digno de Man Ray, en que figura “Flaite” viviendo en el más allá. El profesor Rossa les regala perros, que como indican los animadores son quiltros y abandonados, que nadie los quería y que ahora llegaron a sus manos.

En UCV, Maná canta un cóver de Marco Antonio Solís, que los muestra como la banda más oportunista de la historia del pop rock Latinoamericano.

Me hago el ánimo de esperar Sábado por la noche, “una conversación necesaria” con Viñuela. No tengo cable, pero cuando tenía, el sábado era el día en que no se estrenaba nada.

Creo que hay que salir los sábados.

Lee también el blog de Edo Bertrán.
Original de su blog personal. Autorizado por el autor
Me ha dado por comprar libros de escritores a quienes antes no pescaba mucho, pero que indefectiblemente son buenos; aunque, digamos, soy del tipo de crítico bonachón que encuentra todo bueno; por tanto, no soy crítico. Douglas Adams y su novela El restaurante del fin del mundo. La novela es sencilla. Es como una mezcla de Carver con Kurt Vonneguth. Y Kurt Vonneguth con Matadero Cinco. Mañana, sí, mañana lo leeré. Compré a Manuel Vincent con La novia de Matisse. Ustedes deben saber que admiro a Vincent. Es como la vez en que me dio por leer a Javier Marías. Ahora estoy en la onda de Manuel Vincent. Al insoportable Houellebeq de La posibilidad de una isla lo odio. Estoy con ganas de quemar los libros de Houellebeq. Mientras, a Manuel Vincent lo comparo con la comida de un restorán sencillo, sin esnobismo, pero que ofrece manjares. También lean a Bufalino: es como comer pulpo a la gallega, jiji. Vale, vale: leo a escritores como Marías pero también me agradaría, cuando acabe de una vez mi novela que ya está acabada y que es lo mejor que he escrito, que lleguen los tiempos de bonanza con la lectura y que cerraré leyendo a Crichton. Porque si hacemos una novela nueva con la impronta del lenguaje de Bufalino y la trama de Crichton, será algo que me dejará a mí mismo como el escritor que quiero ser, aunque ningún escritor es lo que desea ser. Porque al que escribe le gusta meterse en berenjenales. Y qué decir sobre mi opinión de Muñoz Molina. Aunque el tiempo te lleva la contra. En principio, se necesita tiempo. Aunque es una diatriba. El tiempo a veces no obra en el sentido de que una obra sea buena de acuerdo al tiempo que le has dedicado. De hecho, la mayoría de las buenas obras han sido gestadas por encargo y en poco tiempo. Estoy pensando en entregarle mi novela a un excelente escritor y profesor de litera, llamado Tomás Harris. Un borrador de la misma la leyó Marco Antonio. Me dijo que mis personajes son como cyborgs. ¡Pues lo son! Y ahora, en tres semanas, llega Eglecé. Ella es una buena lectora que sabe criticar, pero que a veces llega a criticar como yo. O sea, no somos de los que destrozan por destrozar, llámese a todos esos que creen que la literatura debe mezclarse con la fama. El verdadero escritor es del tipo secreto, como Bufalino .
Ignacio Frtiz es autor de los relatos y novelas Eskizoides, Nieve en las venas y Tribu.

“Existe un grupo de películas escondidas para el público. Películas que a las grandes salas no les interesan. Películas que las distribuidoras rechazan. Películas que los fondos no apoyan”. Así parte la editorial del primer Festival Cine/B (8 al 16 de julio, Centro Arte Alameda), dejando en claro el contenido y precalentándonos para lo que nos vamos a encontrar: cine hecho con la misma cámara que tiene tu vecino, con actores desconocidos, bajísimos presupuestos, pero enormes ambiciones. Regalamos 10 entradas para el ciclo!

[vimeo]http://www.vimeo.com/1185753[/vimeo]

Porque a pesar de que en Chile se vienen haciendo últimamente variados festivales (desde los “grandes” como el Sanfic o el de Valdivia; hasta los de género, como el FeSanCor), no existía todavía uno de cine ultra independiente, de ese que es puro ñeque y amor al arte, y que por plata (u opción personal) no llega nunca a transformarse en el tan caro film de 35mm.

Pero el Festival Cine/B, con el mismo empeño que le ponen estos cineastas en sus producciones, logró reunir 101 películas (entre largometrajes, cortos y avances) y mostrarlas cuando los grandes eventos y las salas mainstream no las pescan.

“Este festival nace por una discriminación hacia el video, ya que las películas en digital no pueden competir en el resto de los festivales, sólo lo hacen las en 35mm”, dijo Antonino Ballestrazzi, director del certamen, en la conferencia de prensa. “Además, para las salas de cine estas películas son un cacho, por lo que acá tendrán la opción de ser exhibidas como lo merecen”.

De todas formas, este evento es consecuencia de un boom de realizaciones muy personales, desprendidas de cualquier tipo de fondo o auspicio privado o estatal, y que no requirieron de grandes elementos materiales para su concepción, sino todo lo contrario: una idea, una cámara y harta polenta.

“Pero el cine B no es necesariamente amateur”, dice Jorge Olguín, miembro del jurado y director de las góticas Sangre Eterna y Ángel Negro, y que en el Festival presentará Solos, su última producción. “Y es que ya no se depende de los fondos ni de los concursos para hacer una película, lo que transforma al cine B en una ventana muy grande y atractiva”.

Elisa Eliash, participante de la competencia oficial con Mami te amo, defiende la voluntad de realizar sus pelis en video. “Aparte de que no están los recursos, muchas veces tampoco están las ganas de grabar en 35mm. Muchas de estas pelis son de gente que simplemente queremos grabar en video”.

La media de edad de los participantes del Festival es de sólo 25 años, y privilegiaron las óperas primas y las segundas producciones. Les dio lo mismo el formato y el tiempo de duración, como también los estudios previos o la trayectoria de los realizadores. El único requisito (“por un tema religioso”, según Ballestrazzi) es que no sea en 35mm. Todo lo demás fue permitido.

La entrada sale luca por función ($5000 el abono para todo el Festival) y queda claro que, más que cine arte, este es cine de la ciudad, de la gente de verdad.

En competencia:

Las Niñas (Rodrigo Marín, 72 min): Un día en la vida de dos minas post-adolescentes en un departamento santiaguino. =O.

Mami te amo (Elisa Eliash, 82 min.): Una mamá que está loca abandona a su hija todos los días, y la niña lo único que quiere es que la quieran.

Ultramar (Piero Manzini, 66 min.): Tomás conoce a Lisa. Lisa se lleva a Tomás al sur. Tomás no sabe las razones que tiene Lisa para hacer lo que va a hacer.

El evangelio de la gente sola (Cristián Pérex, 64 min.): Pablo prefirió ser un burgués superficial y consumista, en vez de conseguir sus propios sueños. Pero su novia Sandra no dejará que esto siga sucediendo.

Por sospecha de comunista (Cristóbal Cohen, Marcelo Hermosilla; 60 min.): Documental sobre un viejo que fue detenido el 11/9/73 y llevado al Estadio Nacional, y que hoy debe caminar nueve horas diarias para conseguir las $3000 necesarias para sobrevivir.

Infravideos (Cristián Vidal, José M. Álvarez; 70 min.): Unos videos que vieron en internet movilizan a un grupo de desconocidos a salvar a la humanidad de su exterminio total.

En el silencio (Manuel Muñoz Riffo): La historia de mucha gente que está sola y callada pero que no quiere seguir así, y por eso le hablan a otras personas que no las quieren escuchar.

Revisa el sitio oficial del Festival. La programación. Y los estrenos.

Para ganar entradas dobles al Festival Cine//B, envía un correo a concursos@paniko.cl con el nombre de la película que te gustaría ver. No olvides incluir tu mail real en el mensaje para posterior contacto. Participa!

De la mano de los ex Casanovas José Luis “flaco” Saavedra y Rodrigo “Yoyo” Otero (en ese orden en la foto), re-debutan con el proyecto que los vio nacer como músicos.

Entrevista: Christian Salinas – Fotografías: Susana Hernández

Un lánguido Julián Peña dibuja una cruz católica en el aire de la Batuta. Un acto de fe con el cinismo de los finales programados. Y la determinación de desenchufar cuatro años y dos discos a bordo de Casanova. El mismo buque escuela de Rodrigo y José Luis, que tras el final decidieron retomar la banda donde también se iniciaron los actuales Casino Pablo Giadach y Guillermo Drago: Sintra.

Para esta entrevista nos reciben en la casa-estudio de Pablo (que también es guitarrista de The Ganjas), donde registran el nuevo material de Sintra. La idea es montar un demo con nuevas y antiguas composiciones del- por ahora- dúo.

A 15 años de su primera formación, la dupla se reinventa con músicos de apoyo y un sonido mucho más cercano al soul de principio de los 60.

“Más que los arreglos y las estructuras musicales, estamos tratando de involucrarnos con esa onda. No es el típico soul que la gente se imagina, como no sé… Matahari, sino que mucho más sucio”.

Sintra empezó cuando ustedes apenas dejaban de ser quinceañeros. ¿Cómo proyectan ahora al grupo?
—Éramos re pendejos. Y bueno, ha habido una evolución musical en todos los sentidos, ya sea a la hora de escuchar música, como a la de interpretarla. Si te paso el primer disco de Sintra y el último de Casanova, ¡Te encontrai un abismo al medio po weón! También está la manera de trabajar en el estudio, ahora somos mucho más metódicos y ordenados.

¿Hicieron registros antes de terminar Sintra?
—Grabamos varias veces. De hecho hicimos un disco de como 15 canciones, pero nunca nada oficial, todo muy independiente. Se hicieron varias copias pero en cassette, y eso se movió y se movió hasta que llegó a Conce, a Mendoza también… Weas raras que pasan.

“Me acuerdo que los libritos, las carátulas y todo el arte lo hacíamos nosotros. Asaltábamos al weón con la mejor impresora, comprábamos la tinta y todo… Sí, grabamos varias cosas, de hecho tengo dos discos de Sintra: uno de cinco temas y otro de un poco más, en total hicimos unas 40 canciones.”

¿Y qué pasó con esas canciones? ¿Las retomarán ahora?
—Estamos en la onda de determinar cómo tiene que sonar. Rescatamos La Vida Espiritual porque está buena y es power, pero tampoco indica muy bien hacia donde vamos. Las canciones representan el momento en que estás, y muchas tienen más de 13 años. Ahora es otra parada, hemos escuchado otra música y venimos de una experiencia fuerte que fue Casanova.

Flaco, ¿Por qué retomar Sintra?
—En realidad Yoyo fue el de la idea. O sea él me dijo primero, y después me dijo otra wea, entonces lo seguí hinchando hasta que decidimos seguir con el proyecto. Y nada po, una vez que estai en esto y le agarraste el gustito no te podis salir. Es como un amor que no se deja nunca.

Sintra nace en un principio como banda. ¿Esto cambia ahora que hay nuevos integrantes?
—Finalmente José Luis y yo somos la banda, los demás músicos son agentes externos que están aquí para ayudarnos, pero por ahora somos nosotros dos. No es nada definitivo, solo queremos que las cosas se vayan dando solas y sin presiones. Pero como te decía, por el momento nuestras energías están en este demo que queremos que sea un buen demo y por eso que estamos acá y grabamos con Pablo aquí en… ¿Pablo, cómo se llama? ¿Orange? -Qué cosa? ¿El estudio?- Responde mientras riega unas plantas. -Sí, pónganle como quieran.

¿Y tienen fechas en vivo para Sintra?
—Sí, vamos a estar tocando el 4 de Julio en el Club Mist con Elso Tumbay y Los Chinches, así que los esperamos.