Y tú, lector de Paniko, ¿quieres creer o no?

Porque esa misma pregunta se hacía todo el mundo el pasado lunes en la Telefónica para el estreno exclusivo (tres días antes del mundial) de X Files: Quiero creer. Una celebración que había comenzado con la visita de los creadores de todo esto (Chris Carter y Frank Spotniz) y que continuaba esa jornada con la proyección del último capítulo de la serie en una pantalla gigante, como tentempié para dar paso a la segunda película de esta exitosa saga.

En medio de eso, Francisca Solar (autora de la novela para pokemónes La séptima M y suerte de relaciones públicas del fan club) se sacaba fotos a la vez que una turba de fanáticos se paseaba con casacas del FBI en letras amarillas e incluso algunos hablando en walkie talkies. O sea nada que no se encuentre en estrenos de cintas-tribus como El señor de los anillos, Star Wars o Harry Potter.

Hasta que la sala se llenó, le dejaron de tirar palomitas a Italo Passalacqua y dieron un par de sinopsis que nadie atendió o que nadie quiso entender porque, luego de años, por fin Mulder y Scully volvían.

Y la pantalla se fue a negro y esa música tan, pero tan característica que abría la serie sonó por los parlantes…

¿Hay algo afuera?

La nueva película de los Expedientes secretos X trata principalmente sobre mujeres que desaparecen en Virginia, USA. Y un cura pedófilo que, a través de visiones, les va dando pistas al FBI sobre el paradero de los restos de las víctimas. Y dado que el brazo de investigación del departamento de justicia gringa no puede con el caso, cabe preguntarse: y ahora ¿quién podrá ayudarnos? Los dos agentes favoritos de los noventas, por su puesto: mientras la guapa y siempre seria Dana Scully (a.k.a Gillian Anderson) hace carrera de doctora y se topa con el caso de un niño que sufre una extraña enfermedad cerebral; el siempre trastornado y terco Fox Mulder (a.k.a David Duchovny) deja crecer su barba y continúa con la interminable búsqueda de su hermana abducida por extraterrestres.

Y todo bien. X files: Quiero creer comienza bien y sigue bien. Mulder y Scully investigan el caso, se pelean y se besan. Hay una mafia rusa (siempre los rusos son los malos) que trafica con órganos y experimenta con perros de dos cabezas. Pero tan rápido como empieza la película, se termina. Por ahí se cola una notable talla a George W. Bush; el rapero Xzibit hace de agente del FBI escéptico y aguafiestas; el célebre Walter Skinner aparece ya sobre el final de la cinta; y, cabe decirlo, se echa de menos al Hombre Cáncer o Cigarette Smoking Man, aunque éste haya pasado a mejor (o peor) vida en la serie.

Como dice Mulder en su genial aparición en Los Simpsons: “¿Estamos solos en el universo? Imposible. Consideremos las maravillas que nos rodean (…) Los misterios sin resolver sobre… misterios sin resolver. ¡La verdad… está afuera!”.

Y en base a eso (al imaginario paranoico que nos heredó X-files junto con el Semanario de lo insólito), no es desatinado decir que la película se acaba demasiado pronto. Que una pizca de extraterrestres tampoco habría venido nada de mal. Que apenas se cuestiona al FBI y sus oscuras maneras de ocultar la verdad. Y que, al final, es una historia policial con una pizca de misterio y la siempre inquietante pregunta: ¿quiere usted creer? (en lo paranormal, claro).

¿Gusto a poco? Por el recibimiento de los fanáticos en el estreno exclusivo para Chile y los comentarios que se manejan en el foro del fan club oficial, me atrevería a decir que sí. Apenas unos tibios aplausos luego de las casi dos horas de películas y la sensación de que X-files: Quiero creer sufrió el síndrome de serie llevada a pantalla grande: cinta-que-parece-capítulo-de-larga-duración. Y que haciendo una comparación odiosa pero necesaria (y por la cual de seguro me van a linchar) Batman: The dark knight es, sin duda, la película de la temporada invernal.