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Archivo August 2008

MadeInConce es la nueva propuesta de accesorios de la diseñadora Estefanía Opazo. “Lo defino como productos de manufactura, para gente con actitud y hechos con mucho cariño, ideales para regalos y 100% personalizables,” explica en esta entrevista, donde mostramos parte de sus trabajos y el original resultado de sus accesorios: billeteras, prendedores, monederos, revisteros, bolsos y mouse pads, hechos a pulso.

—Oficialmente partí en marzo de este año, mostrando mis trabajos entre ferias, tiendas y mi flickr. Como MadeInConce, más que sectorizar la marca, voy por el lado de mostrar que pasan cosas fuera de Santiago, y limpiar esa idea de que “si es de región, es penca”. Como no me interesa industrializar el proceso (para crear los accesorios), me veo con una tienda, pero mientras termino mi carrera de Diseño estoy en algunos locales y ferias particulares.

¿Cuál es el concepto tras MadeInConce?
—La alegría y el cariño. Los productos nacieron como regalos para mis amigos y primos, por lo que cuando los trabajo, pienso “qué me gustaría tener, cómo me gustaría que fuera”, y lo hago a mi pinta. Siempre pensando en el uso y en rodearse en el fondo de cosas, imágenes que te hagan feliz.

¿Qué materiales usas?
Papel en todos sus formatos. Desde una carta de amor, a dibujos, papel de diario, de regalo, decomural, revistas, impresiones, etc. Lo que se te ocurra, por lo mismo son absolutamente personalizables, están revestidos con plástico, con soporte de goma y cosidos con hilo. Son todos materiales ultra livianos, adaptables e impermeables.

¿Y qué te ha dicho la gente?
—En general les gusta harto, porque son productos que no se ven en ninguna otra parte a precios súper módicos. Además que son todos hechos a mano, y no hay dos iguales. Han tenido muy buena recepción.

¿Qué técnicas usas?
—La técnica no tiene nombre aún, debo bautizarla. Se me ocurrió a mí, a punta de prueba y error. Probando diferentes materiales en mi casa, llegué a lo que ahora pueden ver, por lo que no existen otros productos hechos de esta manera y con esta materialidad.

Aparte de verlos en flickr, ¿Dónde se pueden “tocar” los productos?
—En las diferentes ferias en las que estoy o tiendas. Toda esa información la estoy subiendo constantemente a mi flickr.

Yo los veo muy kitch y cool, pero en femenino, ¿Hay algo para hombres?
—Sí, hay para hombres, ¡Hay para todos! Hace poco saqué billeteras para hombres, posavasos y monederos, eso es lo que más se vende para hombres. También prendedores con la estética de Condorito. Y como te decía anteriormente, son productos para gente con actitud, es cosa de atreverse no más a ser un poco más diferente.

¿Y qué es lo que más les gusta a los hombres?
—Sobre todo la nueva serie (de accesorios) con deportes extremos; y los posavasos con fotos de cuerpos de chicas guapas, que de hecho ya no me quedan.

Visita el flickr de MadeInConce.

DuobitMis Amigos (08, Neurotyka) # Mis Amigos (08) es una buena fotografía de los inicios de Duobit, cuando el pintor Víctor Mahana y la profesora de la Escuela de Cine de Chile, María Jordán (conocida con el alias María Perlita) jugaban con la experimentación del sonido 8 bits— que popularizó el inmortal Koji Kondo en las secuelas de Mario, Zelda y Star Fox—, con elementos de la electrónica y la trabajada voz de la alguna vez alumna de Arlette Jequier (de Fulano) y la cantante de los 60s, Inés Délano. Hace un tiempo que Duobit masticaba la salida de este disco, pulido en los Estudios Libélula, con Guido Goñi en las perillas. Y el resultado es un pop ensuciado con sintetizadores y sonidos robados de las consolas noventeras, de voz melodiosa al mejor estilo de Cocteau Twins. La amable Ven, o la cálida La Montaña son los clímax de un disco que puede haber nacido muerto: María Perlita, que grabó las voces, se fue a Europa, mientras ya fue reemplazada por la cantante Maria José Andrade. Así presentará este disco Duobit. ¿Un buen momento de lanzarlo?
 
 
Albert Hammond, JR.¿Cómo te llama? (08, RCA Records) # Hace exactamente un año, el mismo Albert Hammond anunciaba en su MySpace el encierro musical que terminó con la salida de este disco en julio pasado. Su segunda incursión solista con Josh Lattanzi (bajo), Matt Romano (batería), Marc Philippe Eskanazi (guitarra), y las colaboraciones de Steve Schlitz y el teclado de Sean Lennon, toma distancia del excelente Yours to Keep (06), mientras parece relajarse y desvanecerse el retorno musical de The Strokes. ¿Cómo te llama? incluye trece nuevos temas, mejor estructurados que su primer disco, pero también más uniformes y por lo tanto planos. Como alternando la Fender Stratocaster con una Gibson Les Paul en una repetitiva canción introspectiva y melancólica, está muy lejos de ese puñado de singles amistosos que fue el primer disco, aunque GfC siga la línea haciendo de puente; y en general promedie los 3 minutos por canción. Hay un bonito instrumental donde incluyen a Sean Lennon en los créditos. El tema Spooky Couch, que le da un aire distinto, como el sonido de Victory at Monterey, que parece sacado de una banda inglesa como Kasabian. Feed Me Jack Or: How I Learned To Stop Worrying And Love Peter Sellers cierra impecable— por lejos la mejor canción—, en un título que parece repetir ese mal chiste de Bono y su “1, 2, 3… 14“. Por simpleza y vocación pop (y si me preguntan), me quedo con el primero.
 
 
Efectos EspacialesEfectos Espaciales (08, Independiente) # Por lejos, el mejor disco chileno en lo que va del año. No quedan dudas, cuando una artillería de teclados y programaciones con la dulzura del pop y la jugarreta del funk y el soul, se toman once canciones con varias de las voces más interesantes y aventajadas de la escena local. Más si sumamos la asesoría y tutela de gente como Vicente Sanfuentes y Gonzalo González. Efectos Espaciales (08) es un disco de muchos cantantes y un solo productor: Pablo Infante. El ex Compiuters, que dio vuelta la idea de Erlend Øye en el álbum Unrest (03), donde el noruego cantó sobre distintas bases encargadas a múltiples productores. Acá compuso canciones de impecable synth-pop y funky synth, con pasajes memorables que sólo entregan los teclados setenteros como el farfisa, el b4, el rhodes y el clásico hammond. Hay temas que no responden al género independiente del disco, como Amiga, con la incombustible voz de Javiera Mena y un breve Jorge González; hits como Sin Gravedad, con uno de los compositores locales a tomar en cuenta: Pedro Subercaseaux (CHC, Pedro Piedra). Y canciones tan buenas y pegates como Why, con Nea Ducci (CHC); y Chicos Listos Juegan Raro, que canta la histérica y multifacética Valentina Fel. Un punto muy alto a tomar en cuenta en los recuentos de fin de año. Una lástima que nunca haya sonado en vivo.

El monopolio de los mismos rostros ya nos tenía medio aburridos, pero desde que me alejé de la conexión de cable, ante la mirada estupefacta de mis amigos que no pueden creer que sobreviva sin la Matrix, mi alegría es suprema al ver este curioso proceso de transición en la televisión nacional.

A Telecanal, el enchulado “UCV“, la metamorfosis sobre lo mismo de La Red, el curioso “Más“, los evangélicos (Enlace y Esperanza), la recepción que tengo del notable esfuerzo del canal municipal de La Pintana, se acaba de sumar una nueva propuesta: dejar lo que fue el “Canal 54” para pasar a ser “LIV tv“.

Como una suerte de Via X elegante, hay de todo un poco con animadores que tienen un carrete en televisión, pero no han llegado a ser “rostros”. Son “gente que trabajó en televisión“.

Juan Manuel Astorga diariamente entrevista a alguien en un programa que se llama “Sin Documentos” que está bastante entretenido y frontal. José Miguel Villouta lanza “Los nuevos chilenos“, cruza entre serio / broma que tiene por intención mostrar que la generación sobre 30 piensa. Este programa es raro. El esmero por la irreverencia a ratos no permite seguirlo seriamente, siendo que pueden estar hablando un tema tremendista (de hecho, la pauta es una extraña mezcla entre “El interruptor” con “Así somos“, entre sexo, seriedad, curas, pero temas muy simples a ratos, con baile y stand up). De olfato, da la sensación que hay que darle tiempo para que cuaje.

El programa “femenino” es entre Ángeles y Gloria, un cocido de papas mayo en que hablan desde magia hasta masajes.

Bastante deporte, fútbol femenino, programas de conversación deportiva, uno que otro programa juvenil insulzo y el “estelar”: Eduardo Guillermo Bonvallet. Acá el stand up comedy funciona perfecto, como reloj. El tipo hace lo que quiere, maneja a su fanaticada como el esquizofrénico sabio que parece ser, se ríe de si mismo, entrevista bien (un poco hiper halagador a ratos) pero cumple con el objetivo básico: entretiene.

Haciendo la línea al final de la ecuación, LIV tv es definitivamente una suma en un medio que le está costando un montón mostrar cosas nuevas. Se ve bien, de gráfica está distinto… cae bien. Que bueno que la tele se decida de una vez por todas a dar alternativas gratis de hacer las mismas cosas de otra forma.

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Por más buenos que sean tus discos favoritos, la verdad de esos grupos está sobre el escenario. Y qué mejor que uno abierto 5 días seguidos a los pies de la sierra argentina; con panchos y milanesas, birras, fasos y un montón de rock chabón y rolinga.

Eso pensó un grupo de chilenos encabezados por la periodista Francesca Roccatagliata, que el año pasado documentó la transformación de San Roque: ‘un pueblo de jubilados que acoge en sus casas y calles a los visitantes de Cosquín Rock’. Recorrieron las vísceras del festival tentados por la cultura en torno al rock, para rodar Bajo el Escenario, el documental que estrenan y muestra cómo una ciudad de mil habitantes muta en un festival de bandas al mejor estilo europeo, a poco más de mediodía en auto desde Santiago.

¿Amor a primera vista?
—Para mi fue la tercera vez en Cosquín Rock, pero desde la primera que quise documentarlo. Empecé a ir el 2005 y quedé literalmente rayando, sobre todo por una escena de ese año. Me acuerdo que llovía y el predio lucía como los videos clásicos de Woodstock. Tocaba Pappo acompañado de Riff, su legendaria banda que incluía a otro guitarrista de renombre: Botafogo. En pleno show Charly García se entusiasmó y subió al escenario con estos dos monstruos. ¡Te juro que los fans lloraban, no se la creían! Ahí entendí cómo y cuánto podía unir la música a un pueblo y a una cultura. Curiosamente, a las pocas semanas Pappo murió cuando se cayó de su moto y lo atropellaron.

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Muy en la forma, Cosquín es como un gran Earthdance rural. Sin agua mineral de a dos lucas y en vez de electrónica, latas de Quilmes y bueno… rock.
—Claro, pero tampoco es solo rock. Lo lindo de Cosquín es que conviven el metal, el rock and roll, el punk y el reggae, con harto asado y copete. Lo más parecido en Chile podría ser una cruza del Vive Latino con los asados en el Intercomunal.

¿Y por qué nace el documental?
—De esa vez que voy por todo lo que sucede bajo el escenario, como dice el documental. Es increíble, hay buena onda en todas partes y todo gira en torno a la música. Yo lo describo como un gran partido de fútbol donde todos son del mismo equipo: familias completas, niños, viejos, extranjeros. Todos en carpas y compartiendo. En vista de eso quise expresarlo de alguna forma y para la edición 2007 de Cosquín, algunos amigos se sumaron a la idea y nació el documental. Por eso en Bajo el escenario los protagonistas no son los artistas, sino la gente que está precisamente debajo.

¿Y qué encontraron ahí, abajo del escenario?
—Primero que todo, la cultura del rock: nuevas amistades, las drogas, la música y la comunidad que se forma. Además (el documental) tiene la intención de preguntarnos por nuestra música local, ¿Sería posible hacer un festival así en Chile?

—Yo lo veo complicado. ¿Qué drogas mueve Cosquín?
—Harta paraguaya, obvio, pero principalmente el fernet con cola, que es un asco; la sangría argentina que lleva tinto con jugo de limón, hielo, soda y azúcar. Y los chilenos llevan pisco, que por supuesto es bien recibido.

Sobre el escenario

Cosquín Rock partió hace siete años en la ciudad cordobesa que le prestó su nombre. Aunque por problemas de espacio, la organización decidió desde 2005 llevarlo hasta San Roque, un pueblito de mil habitantes ubicado a 35 kms de Córdoba. Es en ese lugar, entre la orilla del lago San Roque y el pie de la sierra argentina, donde se realiza cada febrero el festival.

En la tradición de conciertos argentinos, el Quilmes Rock y el Pepsi Music se pelean las visitas anglo, ocupando grandes estadios en el concepto más tradicional de concierto. Por el contrario, el Cosquín Rock se nutre del más visceral rock argentino o en castellano; principalmente representado en el rock barrial o chabón y el rolinga. Desfilan bandas como Los Piojos, Callejeros, Divididos, Intoxicados, Los Violadores, y los más conocidos por nosotros, Catupecu Machu, Bersuit y Árbol, entre muchos otros.

¿A qué suena el Cosquín?
—Mi impresión es que predomina el rolinga y el estilo de Los Redondos y La Renga. Es mucho más aperrado que otros festivales argentinos porque es en un pueblo, así que también hay todo un cuento con el ambiente caluroso y el entorno.

¿Qué shows te llamaron la atención en tus visitas?
—Qué difícil. Attaque 77 tuvo un muy buen show, igual que Las Pelotas; pero lo más impresionante fue Callejeros, por la cantidad de seguidores y toda la producción.

A propósito, ¿Hay mucho rollo con la seguridad en esta época pos Cromañón?
—Harto. El día que tocó Callejeros se tomaron mil medidas de seguridad. De partida la prensa no podía entrar y se dispuso una calle para que pasaran ambulancias en caso de accidentes, porque había muchísima gente. Hasta ahí todo bien, pero cuando empezaron a tocar, creo que todas esas medidas se fueron a la mierda. La producción y la puesta en escena fueron impecables, pero las medidas de seguridad fueron invadidas por los fanáticos. Se subieron a los baños químicos para ver mejor y se instalaron en la perímetro de seguridad que estaba cerca al escenario. Hasta ví al vocalista de La 25 arriba de un baño. Lamentablemente fue complicado grabar todos esos detalles por la cantidad de gente, pero si están las imágenes del excelente show.


En la foto: directora, productora y camarógrafa.

¿Y cómo fue la travesía desde Chile?
—Mira, partimos el 2 de febrero en una camioneta prestada, con carpas y todo lo necesario para el rodaje. En 15 horas llegamos a Córdoba vía el Paso Los Libertadores, y nos fuimos a una especie de hosteling en San Roque. Los habitantes tratan a los visitantes del festival como si fueran sus nietos, es muy lindo lo que pasa. La mayoría convierte sus casas en camping, construye baños y cocina las famosas milanesas (escalopa de carne, huevo y pan rallado) y los panchos (completos).

“Si no te gusta acampar, a unos 15 o 20 minutos está el pueblo de Cosquín, donde se pueden encontrar hoteles y cabañas, pero la gracia es instalar la carpa cerca del predio, donde están los escenarios. Demás está decir que es barato. La comida, el camping, la bencina, todo sale económico”.

Buen dato. Para terminar, ¿Qué bandas chilenas habrían pegado en Cosquín?
Silencio lo hizo muy bien en el 2007, así que tienen que volver a estar. Fiskales Ad Hok, Silverjack y tal vez algo rolinga, pueden ser Los Humberstones. Subradical también creo que andaría bien allá. Y una banda que conocí hace poco, pero no sé si aún tocan, Los Gatos Negros. Weichafe ya ha ido harto, hay que darle paso a otros, hasta tienen su fans club allá jaja.

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Cosquín Rock: Bajo el Escenario
25 minutos, 2008.
Directora y periodista: Francesca Roccatagliata.
Editor: Ricardo Álvarez.
Cámaras: Pía Cerda y Romano Tempesta.
Producción: María Paz Órdenes.
Post Producción: Leo Piagnieri.
Estreno: 4 de septiembre.
Bar Óxido (Purísima 282, Bellavista), 21 horas. Entrada liberada. Bandas invitadas: Mierdaster + Terkos.

Los Bunkers aseguran por los medios que son “la mejor banda de Chile”. Lo he escuchado antes, hace unos cinco años quizás, cuando aparecían con cara de buen provinciano en la tele, con ese engrupimiento clásico de penquista y su mito de “la cuna del rock chileno”, diciendo que sí, eran la mejor banda chilena. Eran tiempos distintos, todavía no explotaba la autopromoción por Internet, las gaseosas no esmeraban en descubrir nuevas bandas y el rock local era lo mismo de ahora pero aún más disimulado.

Cambiaron los tiempos, pero ¿Cambiaron Los Bunkers?

Después del éxito de “Vida De Perros” (05), al quinteto le cambió la vida. Si bien pasaron de tocatas en la SCD a llenar grandes locales, lanzar DVDs, ganar Gaviotas y salir en LUN; en el fondo era la trayectoria lógica de su órbita particular. Y ni siquiera se les puede decir vendidos, porque Los Bunkers son de esas bandas que nacieron vendidas: nada de posturas indies, nada de compromisos con la escena y la autopromoción.

Siempre de mano con la industria, pensando en la meta final de ser populares: se instalaron en Santiago, ambición a full, tres discos al hilo, tocando con cuanto prócer de la música chilena quedase en pie. Los invitaban a las radios e iban a tocar con terno como si fuese el show de Ed Sullivan. Era todo muy en serio. Y gracias a esta mezcla entre engrupimiento y constancia, han tenido todo a su favor para llegar donde están: buenos contactos, apoyo casi incondicional de una prensa que los promueve y buenas canciones que pegaron en la gente. Porque por sobre todo, Los Bunkers son una banda que conoce y ocupa la fórmula del pop, que hacen canciones saboreables como quien hace galletas para el disfrute de su clientela.

Por eso no es extraño que tras lanzar su disco en México, hoy su nuevo trabajo esté disponible en Chile a través de un Supermercado, la cumbre máxima del consumo masivo y familiar. Un disco que representa el retorno y consagración internacional del quinteto penquista, pero que parece de otra época, de otra órbita, de otro planeta. ¿En qué planeta viven Los Bunkers? En uno donde mientras todas las bandas se alejan de los sellos y se consolida el camino independiente y la autodistribución, ellos firman por una multinacional y se lanzan con todo a promocionarse por el continente.

En uno donde esa opción les significa que su ex distribuidor se amurra y no deja vender su nueva placa, y el disco es éxito de ventas en un país a siete mil kilómetros. Mientras que en su tierra los fanáticos esperan con ansias, solo calmada por un adelanto que pusieron en MySpace y que hoy está disponible en dudosas calidades por la blogósfera.

En términos musicales, “Barrio Estación” (08) es el disco más pop hasta la fecha lanzado por los penquistas. Para los fans más rockandrolleros debiese haber una advertencia que los anticipe a un disco distinto pero aún así igualmente infalible. Si la premisa simplista de que Los Bunkers intentan ser como los Beatles sigue en pie, podríamos decir entonces que se encuentran en plena época de sicodelía y exploración. Si antes se advertían guitarreros y directos en sus inicios, si en “La Culpa” (03) coquetearon con nuevas sonoridades más folclóricas en una búsqueda de identificación local, ahora la continuidad en las canciones, la utilización de bronces, la citación de paisajes dentro de un mismo disco da un carácter más elaborado a Barrio Estación, como si pretendiese ser un Sargent Pepper (67), una obra cumbre, un trabajo maduro, pero al estilo Bunkers, con canciones que perfectamente pueden ser coreadas por multitudes.

Es que Barrio Estación se maneja entre esa dualidad, entre su ambición de obra maestra y su vocación de música para estadios. Es esta vocación pop el ítem motivador de todo; de las melodías que prueban ritmos inéditos como “El Tiempo Que Se Va”, “Me Muelen a Palos” con su teclado ochenteno o “Una Nube Cuelga Sobre Mí” con ese juguetón acordeón. De las letras, que pasan de esa adolescencia insufrible de Vida de Perros (05) hasta la redención de la madurez en “Nada Nuevo Bajo El Sol” (hitazo en potencia) o la paternal “Abril” (donde pesa la contingencia biográfica del grupo). Las canciones en Barrio Estación, si bien no son pólvora instantánea de pop facilista, nunca se complejizan demasiado como para parecer chocantes o rupturistas. Y ahí está el mayor logro de los penquistas: hacen que el cambio funcione. De alguna forma, pero que funcione.

Por más que odies a Los Bunkers no puedes negarlo: Barrio Estación es un buen disco, bien logrado, con canciones y letras que es prácticamente imposible que no se peguen a tu memoria instantánea y con varios temas que pintan para seguros éxitos radiales, como no. Pero son Los Bunkers, esos provincianos soberbios que osan en declararse sin descanso “la mejor banda de Chile”, y que son tan fieles a sus influencias que rozan la imitación. No es raro generar anticuerpos si siempre se puede criticar, y decir que “Coma” suena demasiado Oasis, que “Abril” es un plagio a Phil Spector, que el instrumental “Capablanca” parece calcado de algún descartado de Pet Sounds (66) o que “Nada Nuevo Bajo El Sol” le hace honor a su nombre y suena como robada de la mente del mismisimo Robert Smith. Pero una cosa es robar, y otra es hacerlo con estilo propio, y que te paguen por eso. Total, si al final, siempre quedará a criterio personal si lo echas al carro de tu compra de Supermercado.

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Girl TalkFeed the Animals (08, Illegal Art) #

La técnica de tomar un poco de acá y mezclarlo con un poco de allá— los famosos mashups— son el alma de Feed the Animals, el cuarto disco de Girl Talk, el alias que Gregg Gillis usa para mezclar en esta ocasión más de veinte canciones por tema, y armar un disco de casi una hora con 16 de estos experimentos.

La lista es curiosa. De Rage Against the Machine, Nirvana y Radiohead, a T.I., Justin Timberlake y los sesenteros Procol Harum. Aunque en medio de la era de la sobre información no debe extrañar un disco de estas características, lo prolijo del resultado sorprende.

El disco es coherente y habla de una cuidada selección de las partes, las bases, sus samples y una mínima pero audible creación musical por sobre las intervenciones. La excelente What It’s All About, por ejemplo, mezcla desde Rihanna y Phil Collins a Faith No More, Outkast y Jackson 5. Y cierra con un emotivo Bohemian Rhapsody rapeado por Vanilla Ice.

Feed the Animals es un disco de buen humor, con roqueros y mainstream cantando en pos de la pista de baile. Ahí funciona como misil. ¿En serio!

The VerveForth (08, Mri Associated) #

A punto de cumplirse veinte años del comienzo de la banda, y más exactamente en la tercera junta de The Verve, uno de los discos más esperados tras el bullado reencuentro y anuncio de nuevo material en junio pasado, con Glastonbury de vitrina; llega por debajo de los excelentes A Northern Soul (95) y el a estas alturas clásico Urban Hymns (97).

Sin su guitarrista y tecladista original, Simon Tong, que desde que reemplazó a Graham Coxon en Blur no se separó más de los proyectos de Damon Albarn; el resto de la banda: Richard Ashcroft, Nick McCabe, Simon Jones y Peter Salisbury, practicó el encierro a medias en un estudio londinense, mientras alternaban una gira de reencuentro por todo el primer mundo, mostrando una selección del recopilatorio This is music: The singles 92-98 (04).

En esa lectura, con Forth como protagonista de la temporada es que el disco cumple, se afirma y se vuelve expresivo. Primero, porque mantiene el cliché de la textura de viaje atmosférico— como la tapa— y lisergia permanente: ya en Sit and Wonder, el tema que abre las 10 nuevas y sobre expuestas canciones, y Numbness; que The Verve y en particular su cantante Ashcroft, confirman esas credenciales como una identidad incipiente, asomada en una discografía tan breve como intensa y, podríamos agregar, volada.

Forth avanza entre temas que promedian los seis minutos, lo que de a poco gasta la fórmula, ya perceptible en el sencillo Love is Noise y buenas canciones como I See Houses y Valium Skies. Y aburre en los nuevos arreglos vocales y canciones que debieron quedar afuera, como las extensas y abrumadoras Noise Epic y Columbo.

Repasándolas, prefiero la última parte en solitario de Ashcroft, que a propósito está obligado contractualmente a editar otro disco solista. Muy a pesar de los renovados The Verve.

Bloc PartyIntimacy (08, Wichita) #

Nunca me gustó Bloc Party. Aunque siempre tienta esa explosión de riffs y golpes de batería con violencia punk— como en el bravo Silent Alarm (05)—, nunca acepté los cruces bruscos y forzados que hacen con la electrónica y las estructuras pop.

Con este tercer disco producido por Paul Epworth y Jacknife Lee, puedo reafirmar mis prejuicios. La banda de Kele Okereke, Gordon Moakes, el buen baterista Matt Tong y el desaprovechado Russell Lissack, se rodeó de perillas y mandó a la posteridad toda esa rabia que desenfundan en sus conciertos y que los discos poco o— como en este caso— nada muestran.

Hay temas donde los efectos realmente estorban (Halo); se comen la canción (Biko); o de plano te estimulan a adelantar el disco (Trojan Horse). Lo contrario pasa cuando los nuevos elementos sirven a los instrumentos (One Month Off y Better Than Heaven) o cuando dan paso a la simpleza de la íntima Ion Square.

Intimacy me suena a un claro síntoma de la industria por renovarse o consolidar sus propuestas más recientes. Muy lejos de pasar la prueba del tercer disco exitoso, Bloc Party debiera pelear mejor su próximo LP.

Black KidsPartie Traumatic (08, Almost Gold-Columbia) #

Uno de los debutantes interesantes de este año. Del myspace a regalar su EP por internet. Del anonimato al hype, y luego a lanzar su primer disco Partie Traumatic, de la mano del productor y ex guitarrista de Suede, Bernard Butler.

La banda de Owen Holmes, Kevin Snow, Dawn Watley, Ali Youngblood y el frontman Reggie Youngblood, hierve un pop instrumental movedizo y ágil. De las fluidas guitarras que juegan con dos coloridos teclados y coros, al timbre de Youngblood que se levanta como un renovado Robert Smith; Partie Traumatic refresca una escena instrumental desteñida por los vinilos setenteros y el pop de perillas. Tan de moda por lo demás en su natal Estados Unidos.

I’m Not Gonna Teach Your Boyfriend How to Dance With You es un manual de fiesta y el estandarte de este quinteto. Pero hay pasajes de funk y coros pegajosos en este disco que lo hacen un imprescindible del año y tus fiestas. Sobre todo por la austeridad y el tinte fluorescente de canciones como I’ve Underestimated My Charm o la pegote Love Me Already. Bien, muy bien por Black Kids.

I. LM, un joven miembro de la iglesia, se dirige hacia la casa del líder del grupo de jóvenes para hacerle la siguiente pregunta: ¿puedo correrme la paja? Sin embargo, la formula de otra forma: ¿qué piensa Dios sobre la masturbación?

Dios piensa, dice el líder, que la masturbación es lícita siempre y cuando no pienses en nada.

¿En nada?

En nada.

Ya saben ya, shiquillos: en nada.

II. Podrás librarte de la sífilis y de la clamidia. Podrás evadir la gonorrea.

Pero recuerda: hay venéreas ineludibles.

Dios existe. Los demoños existen. El diablo existe. El diablo no es magnífico. La gente tiene demoños. Demoños de temor, de angustia, de fornicación. La gente puede ir a la iglesia y pedir que la liberen, o bien, puede quedarse en su casa con sus demoños. Si se escoge la segunda alternativa; esos demoños pueden contagiarse. Me explico: Juanito, que tiene demoño de temor, culea con María (o Pedrito, para que no me acusen de heteronormativa), que tiene demoño de mentira. Culean con condón, pero las venéreas espirituales traspasan lo intraspasable. Juanito, ahora, tiene su demoño y el de María y María tiene el suyo y el de Juanito.

Moraleja: Liberación y Abstinencia.

III. En no me acuerdo cual evangelio dice que uno no debe afanarse por las cosas de este mundo, que hay que preocuparse primero de las cosas de Dios y lo demás vendrá por añadidura. Dice Yisus: cómo, si los pájaros y las flores que no se preocupan de ná y lo tienen todo, no van a tener los hombres (oh, caros a Dios) lo que necesitan. Pero tampoco hay que irse al chancho, supongo. Dios te va a dar cualquier hueá.

Con mi prima alegábamos por no tener tetas. Estábamos en mi casa de antes pero no la de Ñuñoa. 16 años. Mi otra prima, hermana de prima 1, era más joven que nosotras pero tenía las tetas mil veces más grandes. La odiábamos. Ella, aplicando el ebanjelio, nos dijo: niñas, si ustedes dejan de hablar de las gomas Dios hará que les crezcan… como yo… que no me preocupo y las tengo grandes.

Eso dijo.

Pero Dios sabe que cosas darles a los que lo aman y estuvo bien que no me diera tetas. Porque ¡cuán grande sería mi fornicación si tuviera grandes senos!

Moraleja.