Por más buenos que sean tus discos favoritos, la verdad de esos grupos está sobre el escenario. Y qué mejor que uno abierto 5 días seguidos a los pies de la sierra argentina; con panchos y milanesas, birras, fasos y un montón de rock chabón y rolinga.
Eso pensó un grupo de chilenos encabezados por la periodista Francesca Roccatagliata, que el año pasado documentó la transformación de San Roque: ‘un pueblo de jubilados que acoge en sus casas y calles a los visitantes de Cosquín Rock’. Recorrieron las vísceras del festival tentados por la cultura en torno al rock, para rodar Bajo el Escenario, el documental que estrenan y muestra cómo una ciudad de mil habitantes muta en un festival de bandas al mejor estilo europeo, a poco más de mediodía en auto desde Santiago.

—¿Amor a primera vista?
—Para mi fue la tercera vez en Cosquín Rock, pero desde la primera que quise documentarlo. Empecé a ir el 2005 y quedé literalmente rayando, sobre todo por una escena de ese año. Me acuerdo que llovía y el predio lucía como los videos clásicos de Woodstock. Tocaba Pappo acompañado de Riff, su legendaria banda que incluía a otro guitarrista de renombre: Botafogo. En pleno show Charly García se entusiasmó y subió al escenario con estos dos monstruos. ¡Te juro que los fans lloraban, no se la creían! Ahí entendí cómo y cuánto podía unir la música a un pueblo y a una cultura. Curiosamente, a las pocas semanas Pappo murió cuando se cayó de su moto y lo atropellaron.
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—Muy en la forma, Cosquín es como un gran Earthdance rural. Sin agua mineral de a dos lucas y en vez de electrónica, latas de Quilmes y bueno… rock.
—Claro, pero tampoco es solo rock. Lo lindo de Cosquín es que conviven el metal, el rock and roll, el punk y el reggae, con harto asado y copete. Lo más parecido en Chile podría ser una cruza del Vive Latino con los asados en el Intercomunal.
—¿Y por qué nace el documental?
—De esa vez que voy por todo lo que sucede bajo el escenario, como dice el documental. Es increíble, hay buena onda en todas partes y todo gira en torno a la música. Yo lo describo como un gran partido de fútbol donde todos son del mismo equipo: familias completas, niños, viejos, extranjeros. Todos en carpas y compartiendo. En vista de eso quise expresarlo de alguna forma y para la edición 2007 de Cosquín, algunos amigos se sumaron a la idea y nació el documental. Por eso en Bajo el escenario los protagonistas no son los artistas, sino la gente que está precisamente debajo.
—¿Y qué encontraron ahí, abajo del escenario?
—Primero que todo, la cultura del rock: nuevas amistades, las drogas, la música y la comunidad que se forma. Además (el documental) tiene la intención de preguntarnos por nuestra música local, ¿Sería posible hacer un festival así en Chile?
—Yo lo veo complicado. ¿Qué drogas mueve Cosquín?
—Harta paraguaya, obvio, pero principalmente el fernet con cola, que es un asco; la sangría argentina que lleva tinto con jugo de limón, hielo, soda y azúcar. Y los chilenos llevan pisco, que por supuesto es bien recibido.

Sobre el escenario
Cosquín Rock partió hace siete años en la ciudad cordobesa que le prestó su nombre. Aunque por problemas de espacio, la organización decidió desde 2005 llevarlo hasta San Roque, un pueblito de mil habitantes ubicado a 35 kms de Córdoba. Es en ese lugar, entre la orilla del lago San Roque y el pie de la sierra argentina, donde se realiza cada febrero el festival.
En la tradición de conciertos argentinos, el Quilmes Rock y el Pepsi Music se pelean las visitas anglo, ocupando grandes estadios en el concepto más tradicional de concierto. Por el contrario, el Cosquín Rock se nutre del más visceral rock argentino o en castellano; principalmente representado en el rock barrial o chabón y el rolinga. Desfilan bandas como Los Piojos, Callejeros, Divididos, Intoxicados, Los Violadores, y los más conocidos por nosotros, Catupecu Machu, Bersuit y Árbol, entre muchos otros.
—¿A qué suena el Cosquín?
—Mi impresión es que predomina el rolinga y el estilo de Los Redondos y La Renga. Es mucho más aperrado que otros festivales argentinos porque es en un pueblo, así que también hay todo un cuento con el ambiente caluroso y el entorno.
—¿Qué shows te llamaron la atención en tus visitas?
—Qué difícil. Attaque 77 tuvo un muy buen show, igual que Las Pelotas; pero lo más impresionante fue Callejeros, por la cantidad de seguidores y toda la producción.
—A propósito, ¿Hay mucho rollo con la seguridad en esta época pos Cromañón?
—Harto. El día que tocó Callejeros se tomaron mil medidas de seguridad. De partida la prensa no podía entrar y se dispuso una calle para que pasaran ambulancias en caso de accidentes, porque había muchísima gente. Hasta ahí todo bien, pero cuando empezaron a tocar, creo que todas esas medidas se fueron a la mierda. La producción y la puesta en escena fueron impecables, pero las medidas de seguridad fueron invadidas por los fanáticos. Se subieron a los baños químicos para ver mejor y se instalaron en la perímetro de seguridad que estaba cerca al escenario. Hasta ví al vocalista de La 25 arriba de un baño. Lamentablemente fue complicado grabar todos esos detalles por la cantidad de gente, pero si están las imágenes del excelente show.

En la foto: directora, productora y camarógrafa.
—¿Y cómo fue la travesía desde Chile?
—Mira, partimos el 2 de febrero en una camioneta prestada, con carpas y todo lo necesario para el rodaje. En 15 horas llegamos a Córdoba vía el Paso Los Libertadores, y nos fuimos a una especie de hosteling en San Roque. Los habitantes tratan a los visitantes del festival como si fueran sus nietos, es muy lindo lo que pasa. La mayoría convierte sus casas en camping, construye baños y cocina las famosas milanesas (escalopa de carne, huevo y pan rallado) y los panchos (completos).
“Si no te gusta acampar, a unos 15 o 20 minutos está el pueblo de Cosquín, donde se pueden encontrar hoteles y cabañas, pero la gracia es instalar la carpa cerca del predio, donde están los escenarios. Demás está decir que es barato. La comida, el camping, la bencina, todo sale económico”.
—Buen dato. Para terminar, ¿Qué bandas chilenas habrían pegado en Cosquín?
—Silencio lo hizo muy bien en el 2007, así que tienen que volver a estar. Fiskales Ad Hok, Silverjack y tal vez algo rolinga, pueden ser Los Humberstones. Subradical también creo que andaría bien allá. Y una banda que conocí hace poco, pero no sé si aún tocan, Los Gatos Negros. Weichafe ya ha ido harto, hay que darle paso a otros, hasta tienen su fans club allá jaja.
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Cosquín Rock: Bajo el Escenario
25 minutos, 2008.
Directora y periodista: Francesca Roccatagliata.
Editor: Ricardo Álvarez.
Cámaras: Pía Cerda y Romano Tempesta.
Producción: María Paz Órdenes.
Post Producción: Leo Piagnieri.
Estreno: 4 de septiembre.
Bar Óxido (Purísima 282, Bellavista), 21 horas. Entrada liberada. Bandas invitadas: Mierdaster + Terkos.