Girl Talk – Feed the Animals (08, Illegal Art) #
La técnica de tomar un poco de acá y mezclarlo con un poco de allá— los famosos mashups— son el alma de Feed the Animals, el cuarto disco de Girl Talk, el alias que Gregg Gillis usa para mezclar en esta ocasión más de veinte canciones por tema, y armar un disco de casi una hora con 16 de estos experimentos.
La lista es curiosa. De Rage Against the Machine, Nirvana y Radiohead, a T.I., Justin Timberlake y los sesenteros Procol Harum. Aunque en medio de la era de la sobre información no debe extrañar un disco de estas características, lo prolijo del resultado sorprende.
El disco es coherente y habla de una cuidada selección de las partes, las bases, sus samples y una mínima pero audible creación musical por sobre las intervenciones. La excelente What It’s All About, por ejemplo, mezcla desde Rihanna y Phil Collins a Faith No More, Outkast y Jackson 5. Y cierra con un emotivo Bohemian Rhapsody rapeado por Vanilla Ice.
Feed the Animals es un disco de buen humor, con roqueros y mainstream cantando en pos de la pista de baile. Ahí funciona como misil. ¿En serio!
The Verve – Forth (08, Mri Associated) #
A punto de cumplirse veinte años del comienzo de la banda, y más exactamente en la tercera junta de The Verve, uno de los discos más esperados tras el bullado reencuentro y anuncio de nuevo material en junio pasado, con Glastonbury de vitrina; llega por debajo de los excelentes A Northern Soul (95) y el a estas alturas clásico Urban Hymns (97).
Sin su guitarrista y tecladista original, Simon Tong, que desde que reemplazó a Graham Coxon en Blur no se separó más de los proyectos de Damon Albarn; el resto de la banda: Richard Ashcroft, Nick McCabe, Simon Jones y Peter Salisbury, practicó el encierro a medias en un estudio londinense, mientras alternaban una gira de reencuentro por todo el primer mundo, mostrando una selección del recopilatorio This is music: The singles 92-98 (04).
En esa lectura, con Forth como protagonista de la temporada es que el disco cumple, se afirma y se vuelve expresivo. Primero, porque mantiene el cliché de la textura de viaje atmosférico— como la tapa— y lisergia permanente: ya en Sit and Wonder, el tema que abre las 10 nuevas y sobre expuestas canciones, y Numbness; que The Verve y en particular su cantante Ashcroft, confirman esas credenciales como una identidad incipiente, asomada en una discografía tan breve como intensa y, podríamos agregar, volada.
Forth avanza entre temas que promedian los seis minutos, lo que de a poco gasta la fórmula, ya perceptible en el sencillo Love is Noise y buenas canciones como I See Houses y Valium Skies. Y aburre en los nuevos arreglos vocales y canciones que debieron quedar afuera, como las extensas y abrumadoras Noise Epic y Columbo.
Repasándolas, prefiero la última parte en solitario de Ashcroft, que a propósito está obligado contractualmente a editar otro disco solista. Muy a pesar de los renovados The Verve.
Bloc Party – Intimacy (08, Wichita) #
Nunca me gustó Bloc Party. Aunque siempre tienta esa explosión de riffs y golpes de batería con violencia punk— como en el bravo Silent Alarm (05)—, nunca acepté los cruces bruscos y forzados que hacen con la electrónica y las estructuras pop.
Con este tercer disco producido por Paul Epworth y Jacknife Lee, puedo reafirmar mis prejuicios. La banda de Kele Okereke, Gordon Moakes, el buen baterista Matt Tong y el desaprovechado Russell Lissack, se rodeó de perillas y mandó a la posteridad toda esa rabia que desenfundan en sus conciertos y que los discos poco o— como en este caso— nada muestran.
Hay temas donde los efectos realmente estorban (Halo); se comen la canción (Biko); o de plano te estimulan a adelantar el disco (Trojan Horse). Lo contrario pasa cuando los nuevos elementos sirven a los instrumentos (One Month Off y Better Than Heaven) o cuando dan paso a la simpleza de la íntima Ion Square.
Intimacy me suena a un claro síntoma de la industria por renovarse o consolidar sus propuestas más recientes. Muy lejos de pasar la prueba del tercer disco exitoso, Bloc Party debiera pelear mejor su próximo LP.
Black Kids – Partie Traumatic (08, Almost Gold-Columbia) #
Uno de los debutantes interesantes de este año. Del myspace a regalar su EP por internet. Del anonimato al hype, y luego a lanzar su primer disco Partie Traumatic, de la mano del productor y ex guitarrista de Suede, Bernard Butler.
La banda de Owen Holmes, Kevin Snow, Dawn Watley, Ali Youngblood y el frontman Reggie Youngblood, hierve un pop instrumental movedizo y ágil. De las fluidas guitarras que juegan con dos coloridos teclados y coros, al timbre de Youngblood que se levanta como un renovado Robert Smith; Partie Traumatic refresca una escena instrumental desteñida por los vinilos setenteros y el pop de perillas. Tan de moda por lo demás en su natal Estados Unidos.
I’m Not Gonna Teach Your Boyfriend How to Dance With You es un manual de fiesta y el estandarte de este quinteto. Pero hay pasajes de funk y coros pegajosos en este disco que lo hacen un imprescindible del año y tus fiestas. Sobre todo por la austeridad y el tinte fluorescente de canciones como I’ve Underestimated My Charm o la pegote Love Me Already. Bien, muy bien por Black Kids.




