No es la idea ser autorreferente, pero a modo de introducción les puedo decir que cuando decidí estudiar pedagogía muchos pensaron que estaba puro hueviando, que tantos años en la media me habían dejado medio chalado y que tal personaje de Chancho Cero –que de tanto pasar detenido en las protestas se termina haciendo paco– había sufrido de una especie de Síndrome de Estocolmo y había terminado por identificarme con aquellos que una vez desprecié irracionalmente.

Dudo que sea el primero -y mucho menos el último– de aquellos que se dan cuenta que lo suyo es enseñar, el problema es que desde tiempos inmemoriales a los profesores se nos ha enseñado hasta el cansancio cómo enseñar y nos han enchufado la pedagogía, es decir la enseñanza de la enseñanza, hasta por las orejas, olvidando los contenidos que hay que enseñar contribuyendo a que en los colegios se sigan enseñando las mismas burradas de todo tipo año tras año sin siquiera fomentar el amor por el conocimiento, sea del ámbito que sea.

Además de la falta de contenidos sustanciosos que despierten el interés de los alumnos, la idea de “alumno integral” –ese que maneja todos las materias al dedillo– conspira a que los jóvenes pierdan el interés en las materias que más le gustan, y que finalmente le serán de utilidad en la universidad, para poder poner atención a esas que le cargan y que no tienen mayor utilidad práctica.

Entiendo lo complicado que debe ser para un profesor tratar de explicar hechos históricos con sus causas y efectos a un montón de adolescentes que no quieren escucharlo pero que tienen que escucharlo por obligación, algunos porque no les gusta la materia y otros porque su estrechez mental les impide entender que es algo que podría servirle, mucho más que un celular con mp3, alisarse el pelo o ponerse aros. Imagino la frustración y la rabia que debe provocar aquello, sobre todo si la situación se repite año tras año, hasta que en un momento uno explota y suelta toda esa mierda ante una aparente provocación mínima, como sucedió en Antofagasta.

Tal fue el caso de un profesor de historia del Instituto Superior de Comercio de Antofagasta quien le recordó a una alumna su miserable condición. Cuando escuché el audio del fuerte sermón dije “a este culiao se le arrancaron las cabras pal monte”, sin embargo cuando la alumna hizo su defensa lo único que atinó a decir fue “profe usté se va en la media volá”. Como mierda puede haber alguien en este mundo, que luego de una humillación pública en la que se dice la santa y pura verdad, simplemente diga que la persona que le está dando el merecido sermón se fue en una volada. Es como que el Violador de Reñaca le diga al juez que se fue en la volada cuando este le recuerda lo despreciable de sus crímenes. A mi no me entra en la cabeza.

Yo no entiendo con que cara es crucificado y criticado cuando el 99,9% de los profesores de colegio, universidad, instituto, escuela o que se yo, ha pensado muchas veces que un alumno es limitado o que en el fondo es pura mierda. Es reprochable la forma en la que se lo dice, delante de todos sus compañeros y exponiendo que el sermón –por muy válido que este sea– se tome para la chacota y pierda la seriedad, pero al menos es sincero y lo dice, porque por muy doloroso que suene, en este país de mierda muchas veces la única forma de enseñar es a la mala, o sea, la letra con sangre entra.

Bajo ningún caso apoyo la violencia en las aulas, ni siquiera como última opción, eso dejémoselo a los milicos. Sin embargo, muchas veces es prudente un buen remesón mental que abra los ojos. Es como cuando nuestros padres nos empapelan a chuchadas luego de algún condoro. Al principio duele por uno no es capaz de asumir su responsabilidad, pero con el tiempo uno agradece ese tipo de cosas.

Tampoco entiendo como es posible aplaudir mariconamente lo que hizo la tal Música –porque ningún adulto jamás se hubiese atrevido a hacer eso por mucho que lo pregone a los 4 vientos– y criticar lo que hizo el profesor. Dicen que merecido se lo tenía porque la actitud de la Ministra no contribuía al diálogo, ¿pero acaso no es lo mismo ignorar a quienes tratan de enseñar porque estúpidamente se cree que es poco menos que su enemigo y que lo único que quiere es cagarlo?

Yo sé que lo que aquí está escrito le va a caer como ají en el culo a más de alguno, pero es la verdad, y puta que da lata que así sea. Dejen de culpar a los profesores porque ya es tiempo que alumnos y apoderados se hagan cargo y asuman sus responsabilidades. Claro que esto es harto más difícil que salir a protestar a la calle con una proclama incendiaria que se olvida en una semana.