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Archivo September 2008

Partamos diciendo que todo va en la pinta. Esa de la chaqueta gringa de cuero de los 80s y los lentes poto de botella que les daba todo el aspecto retro. En esa imagen que de a poco se desvanece en la nueva etapa del cuarteto Teleradio Donoso, se entiende su segundo disco: nuevas fórmulas, nuevo eje. Guitarras, bajo, harto piano; recuerdos y baile, también. Tienen algo de todos y suenan a mil cosas distintas. “Ritmos más modernos”, dicen ellos. Estuvimos en el lanzamiento de Bailar y Llorar, un disco para lamentarse hasta las lágrimas, si es que te saltas la excelente sección bailable del disco, para ponerse la ropa de fiesta y salir a moverse.

Casi treinta minutos del documental Eramos todos felices sirvieron de preámbulo para escucharlos comentar su nuevo LP. En el lanzamiento de su nuevo retoño en directo, no tocaron las canciones del disco precisamente. Se dedicaron a discursear: anunciaron, por ejemplo, que el lanzamiento se viene el próximo 31 de octubre en Blondie.

Siempre escoltados por Carlos Fonseca, aseguraron que serán el disco del año. ¿Nuevo éxito? Primero entendamos el disco en esta entrevista.

Amar en el Campo es un tema muy bailable en comparación a Gran Santiago. ¿Cómo definirían este nuevo trabajo?
Cristóbal Fredes (bajo y coro): Este es un paso adelante, un ritmo distinto. Los temas del disco anterior podían a lo mejor ser un poco retro. Ahora son sonidos mucho más modernos. Además ahora los temas tienen esta dualidad: hay temas bailables y otros decididamente más lentos. Y bueno, por lo mismo se llama “Bailar y Llorar”.

¿De dónde sale el nombre?
Martín del Real (guitarrista): Bueno, el nombre era la manera más fácil de englobar o de dividir el proceso de grabación. Mientras se componían las canciones se estaba dando esa característica. Salían canciones como muy “extremadamente hechas”, muy bailables, como la que estamos escuchando: suena “Cama de clavos”, desde la sección de canciones movidas del disco. Y por otro lado, se estaban haciendo unas baladas románticas, cebollas si querís. Entonces al final nos dimos cuenta de que esto estaba dividido en dos. Lo encontramos entretenido… y bueno, funciona.

Bueno, en las letras pasaron de “Eras mi persona favorita” a un hiriente “Y entiendas que no significas nada”. En la música pasa más o menos lo mismo pero a la inversa. Ahora dan ganas de bailar escuchándolos. ¿Cómo fue ese proceso?
CF: Fue un proceso largo, intenso. Muchas canciones se fueron quedando afuera, porque se salían de la columna vertebral principal.

MDR: De hecho, el disco se iba perfilando para otro lado hace pocos meses. Ahí tuvimos que tomar decisiones. Hay un par de temas que literalmente fueron de último momento, a última hora. Todo para que encajara dentro de la propuesta original, que en un principio tuvo hartas pistas falsas.

¿Y hacia dónde apuntaron?
CF: Queríamos que fuera un poco conceptual, en el sentido de que todos los temas que estuvieran ahí, estuvieran por algo, porque obedecen al concepto del disco, incluido en el nombre. El primero no era tan así, sino un poco más aleatorio.

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Amar en el campo” fue el primer sencillo de este disco, una de las canciones que chocó con el sonido de Gran Santiago (07), y que es definida por Alex Anwandter (el cerebro y voz de la banda) como “una cosa romántica, campestre y social, extremadamente animada”.

Cuéntame, Martín, ¿Qué influencias tuvieron para este disco?
MDR: Bueno son en realidad influencias que hemos tenido toda la vida, pero que en el primer disco no nos atrevimos mucho a ponerlas. Nosotros somos como de ir mucho a fiestas, nos gusta bailar y nos decidimos ahora a irnos por ese lado. Harta música negra, mucho soul negro, pop negro de los 80s, pop blanco también. Harto teclado, cosa que no teníamos en el otro disco, sintetizadores, más efectos. Nada kitsch: pop bien bailable.

Y antes de que tomen sus instrumentos, ¿Cómo etiquetarían a Bailar y Llorar musicalmente?
CF: Pop-rock, por el uso de guitarras y eso. Pero no sé si nos gusta encasillarnos en esos términos, los grupos se van paseando hoy cada vez más rápido por distintos estilos dentro de un mismo disco, incluso dentro de una misma canción.

MDR: Hay de todo. Claro, decir pop rock, es lo más fácil. Te da una idea previa al escuchar un grupo, lo buscas por Internet y decis si te interesa o no.

CF: Teleradio Donoso entra como en una categoría más amplia, más que ponerse alguna etiqueta. Las etiquetas obedecen a tipos de movimientos, pero hoy día la música va en solo.

¿Una novela de Batman? ¿Y de Enrique Lihn más encima? De seguro varios lectores y fans de cómics se deben haber preguntado lo mismo cuando se enteraron de la reedición de Batman en Chile. Un extraño libro que, como si fuera poco, fue escrito por el siempre bien ponderado Lihn (La pieza oscura, Poesía de paso y Paseo Ahumada en otros). Y que ahora -gracias a la gestión de editorial Bordura- tenemos por fin en librerías chilenas.

Publicado en Argentina en el fatídico 1973, Batman en Chile es un bicho anómalo dentro de las letras chilenas. Y tiene dos subtítulos que ayudan a adentrarse en el contenido. El primero: Solo contra el desierto rojo. Estamos en la Unidad Popular y el FBI necesita parar “el marxismo imperante” de Chile. Y como “en momentos de grandes apuros (…) ahí está Batman”, al murciélago lo contratan para detener el gobierno de Allende. Su compinche Robin –como miles de jóvenes norteamericanos- anda en Vietnam peleando una guerra pronta a perderse, lo que tiene algo preocupado a famoso héroe de la DC cómics.

Al pisar tierras chilenas, Bruce Wayne se va dando cuenta que las cosas no son como las pinta el gobierno norteamericano. Chile no es más que la lechuga del sándwich de la guerra fría mundial. La novela de Lihn, entonces, retrata ese ambiente polarizado. Y el murciélago enmascarado, al poco tiempo, se va dando cuenta de aquello. Si al principio de la historia la estética se parece más a la serie de Batman de los años 60 (con Adam West y los clásicos Bang, Crash), luego el libro se va convirtiendo en un mapa mental y verbal del Chile modelo UP. Y así Batman pasa de ser un macho recio que flirtea con Juana Sommers (agente del FBI), a alguien se cuestiona todo el plan que lo tiene de paso.

Lo que nos lleva al segundo subtítulo: El ocaso de un ídolo. A través de las páginas Batman se va perdiendo en pensamientos y dilemas interiores. Y eso incluye polvillos blancos escondidos en su traje (“encontraron algunos gramos de cocaína en el interior de su receptor muñeca”) o que se siente a fumar marihuana con unos jóvenes y se vaya en una volada grandecita:

“- No, gracias, no fumo.
- ¿Quién habla de fumar? –dijo otro.- Nosotros creíamos que tú también volabas.
- No vuelo ni fumo –dijo Batman en un tono menos firme.

(…) Aceptó un cigarrillo a medio consumir, devolviéndolo a la circulación después de una profunda pitada”.

Como resultado, el personaje se va desenfocando de su papel de héroe. “He renunciado, entre otras cosas, a la publicidad”, dice en cuanto a su preciada imagen. Y la historia se vuelve más hermética y experimental. De hecho, al final, da la sensación de que el Batman que presenciamos fuese Lihn cubriendo sus propios dilemas existenciales bajo una capa y un antifaz.

Quién sabe: tal vez Batman en Chile tiene las cuotas de introspección que faltó en Chile para contener la polarización. Porque –mientras en la novela de Lihn, el superhéroe sigue cuestionándose todo- en otro lado del territorio nacional, el verdadero antagonista (ese que sacará tanques a la calle el once de septiembre) ideaba el verdadero plan de esta historieta.

Lee un avance de la novela acá.

Batman por Chile
Enrique Lihn
165 páginas. Ediciones Bordura

JiminelsonAmor del Rey (08, Armónica Discos /Oveja Negra)

Tras la extensa y austera mezcla de blues y punk de las dieciocho canciones de Yo, Jiminelson (05), el reformulado trío Jiminelson escupe ocho nuevos temas bajo el título de Amor del Rey. Siguen con la simpleza del sonido que conocimos años atrás en sus presentaciones en vivo, claro que totalmente inclinados a la experimentación del blues.

Al mejor estilo de los cantantes negros sangrantes, la banda llena los audífonos de ese paisaje de algodones y frontera, muy en la imagen que eligieron para la tapa.

Hay canciones incendiarias, como la excelente y corrosiva No estoy hecho de esto; sinceras y recriminatorias del tipo No fue sino hasta que te fuiste ó La sensación, donde el mismo Alvaro España mastica los coros como un tallo de trigo. Y una primera parte más amable y plagada de nuevos arreglos (trompetas, pianos) bajo la supervisión del productor Simón Cox.

Es cierto que las esperas dejan viendo borroso, pero se escucha buena salud en este puñado de temas que además inauguran el catálogo de discos de la distribuidora Armónica.

 
 

Juana MolinaUn Día (08, Domino Records)

Este quinto disco es simplemente agotador. Me hartó a la primera pasada, como si escuchara una alarma. La pose pendeja, étnica y esas onomatopeyas absurdas del primer single Un día, son del peor mal gusto. Esto ya lo escuchamos hace años en Islandia. Ese caos de pegar un ritmo monótono en un secuenciador y repetirlo hasta el cansancio habla muy mal de una artista que creo sobre valorada.

Debió ser muy bueno el show del año pasado en el Teatro Oriente. Verla rodeada de pedales y samples, digo, por la expectactiva que el disco ha generado en ciertos círculos, además fichado en el sello de Arctic Monkeys y Franz Ferdinand. Lo que es mi copia, no me queda otra que apilarla lo más abajo posible del montón.

Aunque reconozco que hay melodías y juegos acústicos llamativos, siempre en esa estética de “jardín infantil triste y al aire libre con tierra”, me quedo cien veces con una solista mucho más interesante, con un disco cien veces mejor: Songs For Luci (06). No pasa nada con Juana Molina.

 
 

Sensorama 19-81Retrato de un Desconocido (08, Autoedición)

El año pasado quedé para adentro con un honesto y delgado EP que adelantaba este trabajo, la proyección del ex músico invitado de Teleradio Donoso, que se armó un disco en solitario para pasearse por historias y situaciones sacadas del lente de Godfrey Reggio.

Involucrado como tecladista, programador y guitarrista de este disco de historias y composiciones llenas de arreglos y recortes de una vida fuera de equilibrio, Rafael Casanova hace malabares con sonidos simples que se funden y anudan en un dramatismo único. Retrato de un Desconocido es la banda sonora del insomnio con saliva seca en las comisuras y las cutículas rotas. Un pasaje a lo mejor de Duchamp- sin sobajear a nadie-, como esas incomparables caminatas por el centro, enchufado a los audífonos.

Cuando la tetera se oxida entre las enredaderas de una noche de verano parece sacada de un sueño en cámara lenta, al igual que la notable ABCXYZ, donde canta el también responsable de la mezcla de este disco, Alex Anwandter. Canciones que además desfilan saxos, violines y sobre todo muy buen gusto. Canciones que al terminar sirven para enfocar lo borroso y notar que las agujas siguen corriendo.

Afuera, The Hives tiene la etiqueta de una de las mejores bandas de rock en vivo, y la verdad es que lo de anoche iba bien en ese sentido. Está claro que The Hives no es la banda con más adornos, luces y parafernalia arriba del escenario. No. Por el contrario, son una banda que rockea con entrega, muchos saltos y camiseta mojada, y al nivel que están en la escena mundial simplemente lo encuentro notable, y eso se agradece. Reseña: Diego Huenchur – Fotos: Cristóbal Marín El concierto comenzó puntual a las 21:04, con los chicos subiendo al escenario y de fondo la instrumental y psicodélica A Stroll Through Hive Manor Corridors. Es el momento en que uno sabe que la ola va a caer encima. Una noche de locura, buen rock y gritos por doquier. Elegancia, trajes de buen corte y canciones totalmente cabeceadoras. Luego de la mini psicodelia, y con los chicos ubicados en sus puestos y listos para rockear, quebraron el silencio con Hey Little World, uno de los tracks más explosivos de su último disco, The Black and White Album (07). La locura no paraba, era un hit tras otro. Siguieron con Main Offender (¡clásico!) y Try It Again (otro de los más fulminantes del último disco), donde el respetable hacía lo posible para corear, saltar y no perderse el espectáculo visual que presentaban los chicos oriundos de Suecia. Cada canción era bien recibida, desde la tribuna hasta la cancha la gente saltaba por igual. Porque así son The Hives, una banda que se atreve a tirar uno de sus más grandes caballitos de batalla como segundo tema principal. Porque se pueden jactar de tener muchos hits y que cada uno de ellos te vuele la cabeza a guitarrazos y por igual. Por un momento, la mala calidad del sonido se hizo presente, y de una se fue a segundo plano entre los saltos de un montón de pitillos y melómanos que seguramente han seguido la trayectoria de 15 años que estos chicos llevan en el cuerpo. La sincronía era precisa, cada uno metido en su instrumento tratando de que la ejecución fuese perfecta. Como una máquina europea, como una bomba que explotó y nos voló la cabeza. The Hives hizo que el Caupolicán temblara, explotara, muriera y renaciera a punta de riffs sólidos de guitarra, baterías punzantes, un bajo extraordinario y la voz siempre gritona del carismático y amado por la chicas, Howlin’ Pelle Almqvist. En cuanto a los actores, el ya mencionado Pelle, acompañado del guitarrista Nicholaus Arson, se robaron la película a punta de abrazos con el público, caras graciosas y gestualidades bastante provocativas, mientras que Dr. Matt Destruction (bajo), Chris Dangerous (batería) y Vigilante Carlstroem Rounders the movie (el gordito buena onda de la segunda guitarra) hacían lo suyo para mantener el concierto en su pick. Las interpretaciones eran notables, puro power, y la interacción con el público, casi perfecta. En la primera pasada The Hives estuvo impecable, tocaron 13 temas que repasaron todos sus éxitos desde el Barely Legal (97) hasta The Black and White Album (07), pasando, obviamente, por el energético Veni Vidi Vicious (00) y el notable Tyrannosaurus Hives (04), los cuales no dejaron respirar a nadie e hicieron que cada vez nos fuéramos metiendo más en sus bolsillos. La locura se vivía a cada segundo y no paraba. Éramos suyos. Pelle nos tiraba una frase y obedecíamos como si estuviéramos frente a uno de los más grandes host en la más importante fiesta del mundo, y si lo pensamos un poco, en realidad así era. “Mano izquierda, mano derecha y ahora aplaudan”, nos decía Almqvist en un forzado español. “Dense un aplauso. Denle un aplauso a The Hives”. Frases como esa hicieron que el Caupolicán se animara y reventara. Para el bis, se mandaron al hilo: Bigger Hole to Fill y armaron una mini explosión tocando la clásica Hate To Say I Told You So, la que les abrió las puertas al mercado mundial, para terminar: “Tick, tick, tick, tick, tick”, dijo Pelle y nosotros respondimos. El recinto se cayó de la explosión. Tick Tick Boom se encargó de cerrar una de las noches más rockeras del año. El público eufórico, las rodillas apretadas de tanto saltar y la garganta gastada de tanto gritar. Definitivamente, y aunque suene muy descalificador para algunas otras bandas, The Hives es un espectáculo de primera. Un show sólido. El público en el bolsillo, con los uniformados más desordenados del planeta. Porque al final eso es The Hives, pura testosterona adolescente y rockera que, canción tras canción, salto tras salto, golpe y sudor tras sudor te meten en su trance de guitarras. Si todos los uniformados fueran así, este mundo sería distinto.
Tracklist 01.- “Hey Little World” 02.- “Main Offender” 03.- “Try it Again” 04.- “Little More for a Little You” 05.- “Walk Idiot Walk” 06.- “A.K.A. I-D-I-O-T” 07.- Untitled 08.- “It Won’t Be Long” 09.- “Die, Alright!” 10.- “Diabolic Scheme” 11.- “You Dressed Up for Armaggedon” 12.- “Two-Timing Touch and Broken Bones” 13.- “Return the Favour” GRITOS 14.- “Bigger Hole to Fill” 15.- “Hate to Say I Told You So” 16.- “Tick Tick Boom”

Otra vez estamos cayendo en lo mismo. Robinho y Dunga lo dejaron claro el domingo, “A los rivales se les respeta”. “Chile debe aprender a hablar menos y jugar más” nos dedicó Diego. Y es que otra vez estamos viendo por debajo del hombro al nuevo rival de La Roja, Colombia. Claro, obviamente que los cafeteros no son el Scratch, y que Hugo Rodallega, se parece a Robinho en el color de piel. Pero es cosa de acordarse de que los tropicales nos han amargado dos veces seguidas en el Nacional. Espero que no se vuelva a repetir la chilena del “Tigre” Castillo el año 2000 para las eliminatorias rumbo a Corea-Japón, o el patético empate a cero entre el “Nuevo Camarín” de Juvenal y la Colombia de las pasadas eliminatorias que también quedó en el camino.

Ojo con Colombia, que hace rato que aprendió a jugar de visita. Ya no es el equipo Valderrama-dependiente que tocaba y tocaba. La selección cafetera de Pinto sabe defenderse, tiene marca, y sabe sacar esos “puntos de oro” como decía Carcuro. No me preocupa tanto los pergaminos de Giovanni Hernández ni las filigranas de Macnelly. Lo que atemoriza es ver esa imagen de Chile chocando constantemente con la muralla defensiva amarilla, con un Suazo que no se puede dar vuelta frente al arco, y con un Matías Fernández naufragando en el medio campo.

Ya tuvimos suficiente con las eliminatorias pasadas. El ganarle a Colombia es más importante que hacerlo con Brasil. Que nadie venga a cuestionar la veracidad de los llamados “partidos bisagra” porque si existen. Es verdad que para ir al mundial hay que sumar, ya sea frente Argentina, Ecuador o Bolivia. Pero Colombia es un rival directo, es también un candidato a quedarse con uno de los dos cupos y medios, no hay que olvidase que antes de su partido con Uruguay en el Campín de Bogotá, el equipo de Pinto estaba tercero e invicto, cosechando empates en La Paz, Lima y Quito.

Si no se gana esta tarde a los colombianos, la cosa se pone cuesta arriba. De ninguna forma estaremos eliminados, todavía queda más de la mitad de la clasificatoria, pero los partidos frente a los otros cinco rivales directos, valen doble.

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LambchopOH (Ohio) (08, Merge Records) #

Lambchop es la excusa del cantante Kurt Wagner para asomarse sobre los escenarios con un puñado de músicos estrechamente relacionados al country alternativo. Son de Tennessee, pero su más reciente disco se llama OH (Ohio). Es particularmente sencillo y de registro negro, con la simpleza de las canciones más minimalistas de Velvet Underground y el soul de gente como Curtis Mayfield y Marvin Gaye.

Acá lo primero que llama la atención es el registro de Wagner: suena poco más fuerte que un susurro, como si no quisiera invertir mucho aire, como si fuera a camuflar su voz por debajo del instrumental. De ahí a la calidez y el preciosismo de canciones como Slipped Dissolved and Loosed, las letras ambiguas y canciones más introspectivas como A Hold of You ó Sharing a Gibson with Martin Luther King Jr.

De todas formas, prefiero la época cuando se llamaban Posterchild. Este disco no pasa de la ambientación de una sala de espera.

 
 

RubiesExplode From The Center (08, Hybris Records) #

Insuperables para esas mañanas eternas de los fines de semana con pijama, el trío Rubies despachó su excelente debut Explode from the Center este año, armadas de nueve canciones del pop instrumental que uno agradece en la bulia.

Amy Cooper, Simone Rubi y Terri Lowenthal cantan y se reparten entre una guitarra, un bajo y el sinte, en la mañanera Too Bright, la hipnótica y pegote Diamonds on Fire, o el single I Feel Electric. Las mejores canciones de este disco, junto a Stand in a Line, que tienen un poco de Stereolab y pasajes teñidos de Air France, por la calidez de las voces y los coloridos y primaverales arreglos.

Hay discos para odiar gente en el metro; otros que te sacan la voz cuando estás enterrando a tu mascota de años o recogiendo colillas un sábado por la mañana; y algunos que invitan a sacar la guitarra y sacar una canción. Este es de los segundos.

 
 

BabasónicosMucho (08, Universal)

Muy lejos del sonido que los tenía emparentados a los Peligrosos Gorriones y Los Brujos, Babasónicos hizo escuela con el imponente Infame (03), pero muy tibiamente repasó los pergaminos de su rock pop en el flojo Anoche (05). Precisamente lo mismo pasa en este Mucho: el single Pijamas prende pero parece una prolongación del disco de Risa y Putita; y Microdancing es otro juego más sobre instrumentos y una programación del sinte.

El nuevo bajista ya no acaricia el mástil como el fallecido Gabo, que alcanzó a grabar parte de este disco. Del barrido con que comenzaba Carismático o Risa, la nueva mano se puede medir en el excelente tema Cuello Rojo. Otro punto alto es Estoy Rabioso, una canción que se desmarca del tono fresa que en general tiene este Mucho. Pero ahí nos quedamos.

Estoy de acuerdo en que la segunda etapa de Babasónicos es la mejor. Pero este disco está más cerca de ser una segunda parte del Anoche que de brillar solo. Por mucho que las letras de Dárgelos sean de las más fáciles de memorizar, todavía no escriben un buen punto de comparación con el inmejorable Infame.