Fotos: Teresa Peralta.
El club Mist es como un pequeño oasis dentro del panorama reggaetonero que se forma en el barrio Suecia. Su estilo es más bien ajeno, la decoración es como la de una vieja cantina gringa de las películas del viejo oeste, mientras un plasma proyecta “La Naranja Mecánica
” en un rincón.
Esa misma diversidad tiene Picnic Kibun, que se presenta esta noche en vivo. Difíciles de clasificar dentro de un estilo determinado, según ellos tienen directa relación con la diversidad cultural y musical que llevan consigo: “Metemos todo en una batidora y ahí sacamos una mezcla. No nos casamos con un estilo”. De ahí a que sobre el escenario su impecable show en vivo muestre canciones de corte electrónico, hip-hoperas y otras más bien cercanas al rock pop.
Precisamente eso sedujo al director Nicolás López para incluirlos como banda sonora de la serie nocturna de Canal 13, Transantiaguinos. Los Picnic Kibun, que están formados por Cristóbal Korenblit (sintetizador y electribe), Eduardo Vila-Echagüe (tornas y samples), Juan Nechochea (guitarra y bajo) y Harvey Jones (voces y guitarras); fueron los encargados de realizar el tema central de la serie, proceso que en palabras de Cristóbal fue raro aunque excitante.
¿Cómo llegaron a esa vitrina?
—Cristóbal: A través de Facebook, Nicolás López nos contactó y nos dijo ‘estoy haciendo una serie con actores no famosos, con escritores no famosos’ y ahí fue cuando dijo que le gustó la banda y que le gustaba la música. Fuimos al gran estudio, nos dieron palabras así como ‘drama’, ‘comercial de shampoo’, ‘comedia’ y armando cortinas chicas terminamos en eso. Fue una serie que se veía dos veces al día, en red nacional y ver nuestro nombre en pantalla era raro. Pero bacán.”
¿Y les gustó su paso por pantalla chica?
—C: Sí, de todas maneras. De hecho personalmente es lo que más me gustaría hacer en términos profesionales. Trabajar para audiovisuales, hacer música, eso fue una gran oportunidad como para innovar. Nos decían que hiciéramos unas canciones western y era un desafío inmenso.
—Juan: Imagínate, tienes una banda y te dicen haz una canción western. Hacer una canción western, ir a lo western de nosotros y hacerlo. Es bien loco porque estas cosas nos han pasado sin sello, sin otra cosa, han sido todas nuestras locuras que han resultado en tropiezos bacanes en la vida.
La música de Picnic Kibún suena a una mezcla de desenfreno y euforia. A volverse loco, a bailar y a divertirse haciéndolo. Son conceptos que ellos tienen bastante claros y que extrapolan dentro de frases en japonés o inglés, según sea la ocasión. Si sumamos esto a las bases electrónicas agitadas y los bajos poderosos, el resultado son unas ganas incontenibles de fiesta, una idea poco desarrollada por este lado. De ahí a que cuando se les menciona la posibilidad de incorporar instrumentos tradicionales como guitarras o trompetas, ellos se muestran un poco reticentes.
“Con el electrónico logras cosas que no resultan en otros instrumentos. Es la búsqueda de un sonido, a mi me gusta como suenan las cosas digitales. Pero también está la parte que por mucho que suene electrónico, nosotros también nos basamos en samplear cosas de fuentes naturales como guitarras o baterías. Y de ahí lo agarramos lo cortamos y lo reordenamos.”
¡Shoooryuken!El tema Mawashite tiene samples del clásico movimiento de Ryu y Ken de Street Fighter. ¿Son muy gamers, de dónde salió eso?—Eduardo: Yo tenía discos para hacer scratch y tenía todos los sonidos de Street Fighter. Haciendo una canción en japonés, me resultó natural y el Shoryuken está en el inconsciente colectivo de todo el mundo. Todos lo conocen. Le iba justo, aparte nadie sabe que está cantando Harvey, ni siquiera nosotros, y filo, entró bien. De hecho yo soy fanático de Mortal Kombat.
Uno de los elementos visibles en Picnic Kibun es la idea de nunca descartar, de dejar entrar la mayor cantidad de sonidos posibles para probar y ver que sale, aceptando las distintas influencias de los otros.
—Harvey: Yo veo a la banda como culturalmente diversa. Yo canto, trato de cantar en tres idiomas y la idea de eso es romper esquemas y barreras- dice el vocalista de origen estadounidense y japonés.
—C: Cada uno tiene sus gustos hacia algunos lados, pero coincidimos en varias cosas. Por ejemplo a Juan le gustan las cosas punk, Harvey escucha folk, blues y country. Eduardo y yo escuchamos bastante de lo mismo, cosas más electrónicas, hip hop, mezcla.
“Queremos que nos escuche harta gente, pero no hacer música para que mucha gente nos escuche”
Los integrantes de Picnic Kibun son partidarios de regalar su música bajo etiquetas Creative Commons, y no poner demasiadas trabas para adquirirla. Sin ir más lejos, en su página está descargable su EP homónimo.
Piensan hacer lo mismo con el ábum que están preparando en este momento, el primero en estudio que graba el cuarteto, aunque se sienten perjudicados desde el punto de vista de la nueva ley que la SCD intenta proclamar.
—C: No estamos de acuerdo con esa ley, pero no estamos en contra de la SCD. La SCD como organización está bien, pero la ley que hizo está en contra de lo más importante, el público. Si bien el artista debe ganar plata con su música, el público se ve muy perjudicado.
—J: Es el juego que estamos tratando de aprender a jugar, porque estamos viendo sellos y si es con sellos, es a la venta. Hay costos y después no sabemos cómo lo vamos a hacer.
—E: Igual hay una tendencia en relación a nuestra aproximación con la música y a conseguir música. Aquí somos todos pirateros, entonces yo creo que de cualquier forma que lancemos el disco, habrá una tendencia a que esté flotando en Internet. Si es que la ley llegara a aprobarse, vamos a tener que romper la ley y ser como delincuentes.
Hablaron de buscar sello. ¿Qué más se viene para Picnic Kibun?
—E: Queremos llegar a un punto en que por lo menos podamos vivir de ello. En la seriedad como banda, quién sabe. Hace un año esto era de los fines de semana. Lo que tenga que pasar tendrá que pasar.
—J: Somos cuatro personas que lo pasan bien y usamos la misma ropa desde la mañana. Estamos aprendiendo a hacer un disco y cómo va a ser la vida que tendremos con un disco encima. Queremos que nos escuche harta gente, pero no hacer música para que mucha gente nos escuche.
Andrea Ducci es Nea, la fiel colaboradora de CHC y proyectos como la banda de calipso Yaia, el trío Van y los exitosos Los Mono.
Esta semana fue la encargada de abrir el ciclo musical “Ellas cantan solas”, donde algunas voces femeninas muestran el estado actual de sus bandas y proyectos, incluidas Valentina Fel, Dadalú, Sabina Odone y Los Ex!.
Por Christian Yáñez – Fotos: Daniela Méndez.
En vivo, el nuevo proyecto solista de Nea suena como una muralla de ataris, órganos Casio y tambores. Por casi una hora de show desfiló buenos pasajes electrónicos y de máquinas análogas, que se mezclaron con apoyo de la VJ Andrea Miranda.
Su banda compuesta por el guitarrista Barraco Parra (compañero en Van), DJ Vásquez, las percusiones de Marcelo y el bajista y productor del nuevo disco, Cristóbal Carvajal; son los encargados de acompañar el primer álbum solista de Nea, que cobrará vida en marzo próximo y llevará por título “De acá y de allá”.
Dentro de la presentación, mostró su single “Ups & Downs” junto a la bailarina Angie Simon, dueña de una personalidad efervescente sobre el pequeño escenario la sala; y temas más conocidos como “Why“, que pertenece al disco Efectos Espaciales, donde colaboró con el ex CompiutersPol.
Con una puesta en escena sobria y simple, la rubia de CHC también repasó canciones del disco Fractales (07) de Van. Bombos, maracas, sintetizadores, guitarras y scratches armonizaron este adelanto, con Nea cantando en su lengua natal: el inglés norteamericano. Acá, el video oficial de Duele, que tocó esa noche:
Al final de la presentación la también DJ y artista visual nos contó que está enfrascada en el “Electro Sound System” y que para este disco que todavía prepara se aferró al sonido del dúo estadounidense Crystal Castles.
¡Gana entradas para otras fechas del ciclo, en este link!
Set List:
1. Far away
2. Peligro
3. Next Two
4. Abre la puerta
5. Duele
6. Volando Bajo
7. Ups & Downs
8. Why
Conversamos con Álvaro Bisama (autor de Caja negra, Postales urbanas y Zona cero). El escritor más conocido como el comelibros, está próximo a lanzar su próxima novela titulada Música marciana (su tapa en la foto derecha). Ahí narra la historia de los 14 hijos de un pintor chileno que se larga del país tempranamente. Y la trama incluye rarezas como el hermano negro de John Lennon o un capítulo en que se describen 49 extraños tatuajes. Además de locaciones que van desde Chiloé hasta Reñaca pasando por Marte.
En esta sección, mostramos clips y nuestro invitado comenta.
Plastilina Mosh – “Millonaire”
—Robots gigantes al ritmo de la música disco. Plastilina Mosh dio con el clavo. “Millonaire” es leve, perfecta y lo suficientemente caústica como para ser inolvidable. El video, que es puro g-pop tampoco está mal: efectos especiales rascas para un pop latinoamericano que merece y debe tener solo eso: efectos que parecen hechos en la intimidad –tan garage, tan Michel Gondry- del computador de la familia.
Radiohead – “Just”
—Una especie de peste hecha de pura desidia. Un secreto que hace toda la gente decida abandonarlo todo. Una banda que canta desde un edificio y mira todo en picado. Sí. Siempre me gustó ese tema de Radiohead. De hecho, siempre consideré a The Bends mejor que el resto de discos de la banda porque es un milagro absoluto: como dejar de ser un one-hit-wonder y alcanzar alguna clase de futuro. “Just” es precisamente eso, esa percepción de que a la banda le quedan un par de trucos. Por eso, por esa atmósfera de desolación media desquiciada y kafkiana (el video podría estar sacado perfectamente de los diarios del checo) es que lo metí en “Caja negra” como una cita secreta. Para mí no era solo una canción, era la imagen de unos de los infinitos Apocalipsis de los que está llena esa novela.
Chinoy – “N.N”
—Al diablo el folk. Chinoy siempre ha tenido un temple punk, siempre ha sido un marciano absoluto: ojo con esa guitarra del video que quizás dibuja el signo del caos con huincha plástica. Eso es, quizás, Chinoy. El caos dibujado con cinta adhesiva. Aquello estaba en la primera vez que lo vi cantar, cuando tocaba con los ojos cerrados en un bar donde a nadie le importaba mucho la música. Su voz era algo tan maravilloso como monstruoso: emergía en medio del ruido ambiente como una fuerza secreta que destellaba una luz insondable acorde tras acorde. Pero eso era el año pasado, cuando Chinoy era un secreto a voces que funcionaba como un virus en la noche de Valparaíso; porque este año Chinoy parece ser una promesa casi cumplida, algo que a él, me imagino, capaz que no le importa mucho. Como dijo alguna vez Sinatra o alguien hablando de Sinatra: las canciones son su casa. Pero me desvío: la última vez que lo vi en vivo quizás ya se había convertido en otro. En el mismo bar, cantaba con los ojos abiertos y fulminaba a todo el mundo con una mirada hecha de rayos X que bien podía haber salido del espacio exterior.
Selección personal: At The Drive-In – “One Armed Scissor”
—En alguna parte de “Música marciana” un tipo se pierde en el desierto. Tenía esta canción en mente mientras escribía esa historia. Ese sonido. Los escenarios de este video hecho de puro cut & paste de grabaciones en vivo. No es raro: la primera vez que escuché a At the Drive-In fue una revelación. No había visto ese nivel de agresión y desgarro en años, quizás desde algún viejo recital de los Supersordo en la década del 90. Puro dejavú. Esta canción tiene esa clase de intensidad. Porque en “One armed Scissor“, las imágenes –caseras y azarosas, tomadas de cualquier lado- parecen desfigurarse hasta un punto donde pierden toda lógica y todo sentido. El punk es acá un rito catártico, una especie de actualización de aquello que Lihn dijo hace treinta años sobre la lengua: “el estilo es el vómito”. Es raro, porque siempre vuelvo a este disco y a esta canción, a este video donde todo está desenfocado, el material crudo de una realidad que se rompe en pedazos, de una música alienígena destemplada, de una frontera que una vez cruzada, se vuelve un punto de no retorno.
Álvaro Bisama estará presentado su novela “Música marciana” este domingo 2 de noviembre a las 18:00 en la Feria del Libro (Estación Mapocho). La sala: Nemesio Antúnez y los presentadores: Francisco Ortega, Jorge Baradit y Mike Wilson.
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