Tres años duró Gustavo León en la carrera de Ciencias políticas, hasta que no aguantó más. Se aburrió y un día simplemente dejó de ir a clases.
De la turbulencia agarró su guitarra, que venía tocando en sus ratos libres, y ese 2004 formó Jiminelson. De a poco el combo de rock y blues fue un divulgado secreto a voces. El ajustado pitillo de León se repetía en el circuito de bares y locales capitalinos y una incipiente carrera tomaba forma junto a su amigo de años, el baterista Andrés “Chino” Villarroel, y Cristóbal Cowboy, que podía reemplazar el bajo con un pandero.

El tope era la falta de un nombre. León asegura que “Jimmy Nelson era un niño de básica (que perdió su pase escolar) y yo lo usaba en la U. Por eso juntamos el nombre para que pareciera el de una banda, y aquí estamos”.
Él mismo escribe todas las canciones y planifica cómo serán incorporados los instrumentos. Ese año 2004 armaron una mochila de temas que para finales del año siguiente aparecerían como el disco “Yo, Jiminelson Stand by Me video ” (05), su debut con 17 canciones de blues puro y a ratos agitado, gracias al austero sonido de una guitarra, la batería y el pandero.
Amor del Rey
Tras fijar la atención de la prensa en su debut, Jiminelson amplió su círculo de tocatas y hasta rotó algunos integrantes, para que durante la última semana de septiembre apareciera Amor del Rey (08), su segundo disco de estudio, editado en conjunto por Armónica Discos y Oveja Negra. “Creo que el primer disco fue mucho más turbulento. Ahora lo escucho y lo asocio con un periodo de adolescencia bien accidentada y rápida. Confusa. Al contrario de este (disco, “Amor del Rey”) que tiene solo 8 canciones, y es una pequeña probada de lo que viene”.
Producido por el integrante de Usuales, Simón Cox, el nuevo disco introduce piano, banjo, arreglos de mariachis, el contrabajo de Bernardita Martínez (Guiso) y la voz de Álvaro España (Fiskales Ad Hok).
Lo iniciaron sin muchas certezas, en dos meses de grabación, y terminó siendo muy distinto al anterior. León explica que “lo que tenía claro era que el piano iba a sustituir al bajo, la acústica iba a ser con flautas dulces y que el Chino iba a tocar con menos intensidad.”
¿Y por qué Amor del Rey?
—Viene de un documental que probablemente nadie lo conoce porque es malísimo. Trata de unos newyorkers, una secta, donde su grito era “Amor del rey”. Lo vimos con el Chino y era bacán que nadie cachara.
Este disco muestra un sonido más acabado, acorde con el momento personal de Gustavo, que hace un año y medio vive solo en el departamento donde conversamos esta entrevista. Son ocho canciones que no caen en la similitud, pero con la misma tónica del grupo. Los cambios en la intensidad de la guitarra se agradecen y permiten distinguir las canciones más allá de sus letras. “Me parece que los ochos temas son suficientes. Es un pequeño adelanto, una pequeña probada de lo que viene. Yo no estoy en condiciones de darlo todo”, dice Gustavo.

El primer sigle, “El delincuente”, fue la canción más escuchada del myspace del grupo y según Gustavo “representa toda la complejidad y simpleza del disco. Tiene una suavidad nueva para nosotros, con instrumentos que nunca habían estado, como los mariachis”.
La decisión de tener en escena el sonido mexicano fue también instintiva. Buscaban algo nuevo y lo encontraron en la guía telefónica. Los mariachis llegaron pensando que iban a tocar para un matrimonio y se encontraron con un grupo de blues que cantaban una canción de desamor.
¿Qué estabas escuchando cuando partió este disco?
—Soy más de canciones que de artistas. Rallo con Dylan, escucho desde chico a los Stones, pero creo que Kurt Cobain sacó una weá de mÍ que quizás no sé dónde estaría ahora. Siento que Jiminelson tiene que ver 100% con Nirvana. No sé si la gente se da cuenta, tiene que ver con el orden, las dinámicas. Cobain es más que un gusto, trasciende.
En Jiminelson todas las canciones son de su creación. Aclara que “en la música las cosas son más cerebrales. No conozco a ni un buen músico que sea tonto”. Dice que nunca ha pedido ayuda para componer un tema: “Cuando lo necesite lo haré, porque sé que hay muy buenos músicos. Pero hasta ahora no he necesitado ayuda”.
¿Y cómo ha sido la respuesta a este disco? ¿Suena en la radio, por ejemplo?
—Mira, sonar en la radio no es una prioridad. A veces, cuando te das cuenta que tu trabajo le gusta a la gente, te da cierto sentido, pero esto viene y va, como en los conciertos. No podríamos tocar más de lo que tocamos, porque me parece que en los periodos bien álgidos la gente igual dice “ya, me aburriste”. Lo que me preocupa bastante poco, sobre todo en Santiago. A lo que voy es que nosotros no tenemos amigos. No somos una banda que nos conozca la gente que nos va a ver a los conciertos. De hecho tengo amigos que ni siquiera saben que toco. Me parece que son de otro lado, de otro roce. No tengo amigos abajo del escenario. Y la gente se siente con eso. Hay gente que espera que les agradezca porque fueron a vernos, cuando son ellos los que deberían agradecer porque estamos tocando. Estamos en el lugar que merecemos estar, ni más ni menos, claramente no merecemos nada menos. Todo lo que hemos conseguido ha sido con trabajo, tenemos un mensaje claro y directo y se agradece que haya gente que lo disfrute. Después de todo, cada disco que hicimos se agotó: la primera edición de Amor del Rey (Oveja Negra /Armónica Discos) está casi agotada.




