Una voz aguda y nasal rompe el hielo de la noche, con una respiración que también suena cruda, como la asfixia de una tortura en una bañera con agua. En solitario una rodilla rebota con fuerza en el pequeño ángulo que deja la posición del sentado. Los dedos de a poco sangran de la fuerza con que toca una desconsolada guitarra de palo. Al minuto, el silencio abre aplausos espontáneos, en la escena que Chinoy repite en cada tocata recorriendo canciones como “Valpo lo hizo“, “Yo de barro” y “Carne de gallina“; mientras el medio cada vez más reconoce su renombre y se aleja de ser un selecto secreto a voces de la escena.
Por: Diego Huenchur • Fotos: Nancy Fuentes.

A primeras aparece callado y hasta un poco tímido, pero con el correr de los segundos devela un tipo firme en sus convicciones y definitivamente un músico de adentro. Así es Chinoy en persona, el cantautor local que ha hecho llorar su guitarra a punta de canciones sobre calles, ciudad y relaciones humanas; envuelto en el halo del punk-folk y las letras cargadas de metáforas, donde las seis cuerdas y sus rasgueos con rabia, el tono casi femenino de su voz y el sonido descuidado a propósito encuentran un lugar común a través de este ex punketa de puerto.
El músico oriundo de San Antonio hace rato que da que hablar. Sin tener ningún disco llena pequeños clubes en Valparaíso y de a poco se da a conocer en Santiago. Comenta que prefiere entregarse a la maravilla del ‘en vivo’ y dejar salir todo lo que lleva dentro armando shows impecables y personales.
A mediados de este año estuvo trabajando su debut discográfico en compañía de Cristián Heyne, pero el resultado no terminó siendo de su total agrado. “No me gustó porque cambié de opinión en un momento. Estábamos haciendo lo mismo que hago en vivo, y obviamente va a sonar mucho mejor en vivo”, reflexiona Chinoy.
—Me gustaría que se creyera más en el trabajo fresco que en un material que pueda resultar como un negocio.
¿No te interesa vender discos?
—Yo creo que si la música es buena va a resultar de cualquier forma.
“Me gustaría tener un grupo”
Como solista, sus planes a futuro son inciertos. Le gustaría hacer discos rápidos, de producción inmediata. “Me gustaría un disco que se hiciera en una semana, que se hiciera todo en una semana”, es lo que mejor calza para este músico de mirada verde y tranquila. Como Mauricio Castillo (25), el nombre con el que paga sus impuestos, lo que le interesa es simplemente seguir haciendo canciones que broten desde adentro con su fórmula infalible.
—Trato que salgan así como que la melodía sea gratis, o sea que no me cueste nada. Cuando me aparece una buena melodía trato de ver lo que me está pasando y lo anoto.
La meta más próxima de Chinoy es tener una banda para que sus canciones suenen mejor en vivo. “Me gustaría tener un grupo, me gustaría poder tocar de una manera distinta, poder sonar con más gente, poder hacer un equipo”. Con eso disfruta lo que hace. Al contrario de cuando hablamos sobre la industria, el negocio musical y la dinámica de los sellos. Ahí se muestra perturbado. “Es que esa es una cosa súper aburrida de la parte de tocar, como que yo no me veo en eso. Creo que es suficiente con hacer la música, porque la otra cosa ya es algo sin nada nuevo. Uno termina repitiendo algo que se supone que funciona, y eso de alguna manera para mí no tiene ninguna gracia”, opina Chinoy.
Chinoy empezó de abajo, cuando un día decidió que cantar era lo suyo y que debía buscar vivir de la música. “Tenía que ganarme la vida con algo, no quería trabajar y quería pasarlo bien… llegué y fui a los lugares a pedir que me dejaran tocar, y de a poco me fui haciendo más conocido. Hubo lugares en los que me abrieron las puertas al tiro, tenía qué comer rápido”, afirma, haciendo referencia a su pasado en la banda punk a Don Nadie (NdE: sólo alcance de nombre con la banda de Ariel Levy), donde tocó desde los quince años y con quienes ensayaban bajo un puente en San Antonio.
En este momento Chinoy está en alza. Lo reconocen en la calle, sus canciones en MySpace superan las 30.000 reproducciones y su agenda se encuentra llena de tocatas y pequeñas presentaciones de aquí a fin de año. Es en ese circuito donde conoció a Manuel García y Nano Stern, e incluso fue invitado a tocar para la conmemoración de los 100 años del natalicio de Salvador Allende junto a Los Tres y Denisse Malebrán.
—Lo bueno es que todas estas personas se consideran entre ellos, entonces por ejemplo Manuel García trabajaba con Nano Stern, se conocieron y son amigos, y ahora soy amigo de Manuel García, entonces Manuel García tiene dos amigos que tocan la guitarra (risas).
¿Y tienen onda musical?
—Sí, o sea cuando uno conoce a la persona completamente, cuando sabe que anda usando calcetines rotos, que de pronto no le gusta… no sé po, cosas pequeñas, cosas simples que hacen que uno saque a la persona del sueño, de lo que no es; que no es una especie de cosa rara y especial, y que es una persona normal. Y así hay gente, como también la Camila Moreno, y bueno, lo que puedo decir de estas personas es que están tocando la guitarra, que están todas comenzando. Y que bueno, yo por lo menos conozco a la Camila Moreno, y ella es súper simpática, súper humilde, sencilla, estudiosa, inteligente y graciosa.
Ahora que te reconocen en la calle, ¿Cómo es tu relación con la exposición?
—A veces es medio incomodo, la verdad es que uno es un montón de cosas, y a veces uno anda enojao o anda en otra cosa… y cuando empiezan “Chinoy, Chinoy” te sacan de ti. Entonces tú no veis a las personas como por lo que tienen dentro, sino que empezai’ a ver menos.
De folkstar no tiene nada, de hecho asegura entre molesto y anonadado no gustarle el estilo de vida de artistas más conocidos como Los Tres: “Tenían el camarín cerrado, y cuando pasabas decían ‘despejen ahí, que vienen los artistas’ y ellos pasaban por al medio y no conversaban con nadie”.




