Emir Kusturica, el conocido director serbio de películas como Arizona Dream y Gato Negro, Gato Blanco, se presentó anoche en el Teatro Caupolicán de Santiago junto a su banda The No Smoking Orchestra con un show basado en la película Tiempos de Gitanos de 1988.

Tras algunas horas de espera, ya que la gente llegó temprano para ver la derrota futbolera frente a Ecuador en las pantallas instaladas en el teatro, Emir Kusturica (en su tercera visita al país luego de 2001 y el 2005) y sus músicos de inmediato devolvieron toda la energía a la masa abatida.

La agrupación que fusiona una cantidad increíble de estilos como el ska, sonidos balcánicos, melodías gitanas, punk, folklore rumano y una energía de otro planeta tuvieron al Teatro Caupolicán lleno con casi 4.000 personas saltando por dos horas sin parar, con una puesta en escena sencilla y bastante humilde (uno que otro foco y un género negro en el fondo), que fue totalmente ignorada debido al nivel de entrega, pasión y talento de unos viejos que te hacen recordar cómo es la música de verdad, la que se hace desde el alma, logra cautivar sin la necesidad de esa pirotecnia extrema a la que tanto nos tienen acostumbrado las bandas que visitan nuestro país.

Y es que las penas del fútbol, al final, se pasan con fútbol… dicen. Yo prefiero pensar que se pasan con una fiesta, y eso fue Emir Kusturica. Una fiesta absoluta dirigida por el serbio junto a The No Smoking Orchestra, un concierto lejano a esas exhibiciones de tipos que buscan subir su ego, sino que un despelote fuera de control. Si usted estuvo ahí desde temprano era como estar en el estadio, pero en galería y ganando 10-0 la final de un mundial. Pura locura.

La cancha se convirtió en un deleite visual de círculos, bailes y buena onda. Imposible resistirse a bailar Unza Unza Time o Evergreen, sobre todo si los músicos de esta orquesta que parecía sonora eran diversión asegurada, con una que otra performance para reír como en esos bailes del matrimonio al que te llevaron tus papás cuando chico y te reías de los tíos borrachos (imposible explicarlo más claro que eso).

Y cómo no, todo lo que una fiesta colectiva llena de frenesí implica estuvo presente. Chicas del público en el escenario, improvisación grupal, bailes, una mini lluvia de agua mineral y un after show a cargo de la banda nacional La Mano Ajena, que con dos de sus canciones lograron mantener en sus lugares a todos los asistentes. Emir Kusturica junto a The No Smoking Orchestra nuevamente lo consiguieron en nuestro país, con un show de puesta en escena sencilla pero lleno de alegría y talento, en el que no faltaron los reclamos por Kosovo y un recuerdo a Violeta Parra, y en el que hasta el más rehacio terminó bailando y celebrando durante casi dos horas en el Teatro Caupolicán.