Vinieron a mostrar su nuevo disco y cumplieron.

La tarde pintaba para familiar en el Parque O’Higgins; panorama clásico de fines de semana con padres paseando, coches de guaguas insolándose y chiquillos disfrutando del último día libre antes del temido lunes. Ciertamente pintaba familiar, pero de un espíritu pop familiar, de una extraña mezcla de clases sociales, edades biológicas (y mentales, claro está) y sensibilidades musicales. Definir como ecléctico al público de esa tarde en Duran Duran en Santiago es ciertamente un eufemismo.

Fotos: Julio Stark

Era rara la cosa: nadie empujaba, nadie atropellando a nadie, padres e hijos caminando con tranquilidad por las canchas que lucían bastante vacías antes de comenzar el show. Quizás la falta de público hacía que el Arena, que poco tiempo tuvo para recuperarse de las dos noches de SUE, pareciese un lugar amplio como para pasearse con popcorns y bebidas, tal como una salida al cine, tal como una excursión dominical.

Con una puntualidad inglesa digna de horario de película, a las ocho en punto comenzó la respetuosamente escuchada presentación de los teloneros Canal Magdalena, que a pesar de los intentos de Cristián Arroyo por prender el ambiente, no logró destellar más de lo que brilló el plateado vestido de su corista. Sirvió como sinopsis de una explosión pop que se desataría minutos después.

Claramente nadie iba a escuchar temas nuevos. La gira del nuevo disco “Red Carpet Massacre” (08) parecía simplemente una excusa. Tampoco se respiraba excesivo olor a nostalgia, sencillamente porque Duran Duran fue una banda que recurrió a la potencia máxima del volumen para hacer sentir que uno estaba en medio de una fiesta gigante, una fiesta que no necesariamente empezó al sonar la primera canción sino que se desató al sentirse los acordes de “Planet Earth” o “Hungry Like the Wolf“, los primeros clásicos de la noche.

Simon Le Bon, a pesar de sus caderas tiesas y su panza a lo Miguel Bosé, todavía despierta esa pasión quinceañera de carteles declarando amor. John Taylor recorre el escenario regalando sonrisas para la primera fila sin nunca descuidar la base rítmica que depende de él y de Roger Taylor, mientras Nick Rhodes parece imperturbable en el universo de sintetizadores que están a su poder y dan la transición entre canción y canción.

Porque Duran Duran en vivo parecen ensamblados en una maquinaria pop que trabaja sin descanso lanzando éxito tras éxito, donde no alcanza uno a descansar de “Notorious” para pasar a “I Don’t Want Your Love” y terminar recibiendo “Save a Prayer”, tan coreada por el público que la banda ni siquiera se esmeró en cantar su coro.

Y se sucedieron uno a uno los hits; “A View To Kill”, “The Reflex”… En medio, Le Bon preguntaba si querían más. Claro, es de esas bandas que tiene tantas sandías caladas como para instalar dos horas de fiesta sin descanso, excepto por sus canciones nuevas que nadie parecía disfrutar demasiado.

Un momento de tranquilidad entre tanta señora que danzaba como si se llamase Río y bailase en la arena se dio con Come Undone (que tremenda la corista que traían), pero fue tan sólo un respiro. De ahí “Is There Something I Should Know?“, “Serious” “Girls on Film“,”Wild Boys“. Y la banda seguía, con ese volumen quizás exagerado pero eficiente, como intentando demostrar a toda costa de que pertenecen a esa vieja escuela tan añorada hoy, esa que podía verse tan maqueteada como Backstreet Boys pero con esa característica no menor de cantar pop de autor, que más encima tiene una habilidad especial de envejecer en paralelo a nuestras experiencias y recuerdos, y seguir permaneciendo fresco para que una nueva generación se apodere de esas canciones que es imposible no bailar.

Al final no era necesaria la camiseta de la selección con el nombre de Alexis Sánchez, el saludo al público, la presentación de los músicos, los gritos eufóricos de fans desatadas. Ni siquiera la infaltable “Rio” fue tan ovacionada. No, Duran Duran demostró, con dos horas repletas de canciones inolvidables, qué es básicamente el pop, ese que hace mover jovencitas y a señoras con alma de jovencitas. Córtenla con que esto es nostalgia. Esto es puro goce, porque la nostalgia no huele a sintetizador.