Extracto de “Diario de las especies” de Claudia Apablaza.
“Diario de las especies” es la historia de un blog que quería ser libro. O un libro que quería ser blog. O, quizás, algo en el medio. Porque la primera novela de la autora chilena Claudia Apablaza (ganadora del concurso de la revista Paula con el cuento “Mi nombre en el Google” y autora del volumen de relatos “Autoformato”) ocupa una bitácora online como modelo de escritura. Lo que incluye muchos comentarios anónimos y no anónimos, spams y otros elementos tipo web 2.0 a lo largo de sus páginas. Además de, claro, rencillas literarias de segunda, Barcelona como telón de fondo, metaliteratura, blogueros que putean, blogueros que jotean, el fantasma de Bolaño y el escritor español Enrique Villa-Matas.
¿La trama? Una mujer -de apodo A.A- quien se va de Chile para establecer y encaminar su carrera de escritora. “Decidí hacer un blog en relación a la búsqueda de las formas de escribir una novela”, dice A.A quien, a través de varios posts, intentará responder el dilema de cómo redactar una historia literaria en plena época Internet.

A continuación mostramos un extracto exclusivo de “Diario de las especies”:
I. Búsqueda de una novela
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Perfil: Mujer, 27 años
Partir la biografía
Sábado 15 de octubre
9.05 a.m.
Apenas llegué a Barcelona olvidé qué es escribir una novela, entre otras cosas. Sufrí en el avión una especie de shock emocional al ver cómo un niño se aterraba de los despegues y los aterrizajes. Gritaba que no quería morir aún, mientras su madre intentaba calmarlo. Desde niña sufro pérdidas de memoria, pero está vino más fuerte. Quién sabe. Estar lejos, vivir lejos de la larga carretera que va de Arica a Punta Arenas (carretera plagada de vísceras de perro). Morir lejos de la cordillera.
Vine a esta ciudad precisamente con el fin de terminar algunos proyectos de escritura y desaparecer de ese apestoso humo santiaguino. Humo material y mental. No voy a caer en el lugar común del desarraigo y el encuentro con mi natura, espero. Escribir es también no saber dónde se caerá.
Decidí hacer este blog en relación a la búsqueda de las formas de escribir una novela. Perdí la noción de ese ejercicio. Será un ejercicio matinal. Por ahora. Luego puede derivar en nocturnos, en insomnes.
Debo partir. Siempre van a ser fragmentos. Especies de recuerdos.
(…)
Ahora estoy en Barcelona. Escucho a REM. Camino por la Carrer de Gigna´s. Mi calle favorita. No conozco demasiadas. Perfectamente mañana podría dejar de serlo. Busco la anulación de las distancias. REM me ayuda a eso. Por intervalos, por segundos, logro sintonizar el ritmo de mis líquidos a los de ellos.
Recuerdo a los sordomudos que viven en el piso arriba del mío. Me asustan. Son dos hermanos. Una chica y un chico. Son gemelos. Por la noche emiten quejidos y debo subir la música del PC. No tienen lengua. Nacieron sin lengua. Balbucean. No saben que los escucho y que he llorado por ellos, incansablemente cada noche.
Bueno, recapitulo. No soy de ninguna parte, pero ahora estoy en Barcelona. Nací en San Francisco de Mostazal. Busco disminuir la distancia entre los puntos para afinar mi biografía, sin embargo, la actitud radical de la biblioteca tira para su lado y la niña de los sapos tira para el otro. Las conclusiones y logro de objetivos sólo se verán en el camino, con el paso del tiempo. Con los gestos y los pasos que dé.
Viajé a Barcelona tal vez para estar más cerca de Vila-Matas, de algún escritor de mi biblioteca. Quién sabe. Suena ridículo, pero aunque no lo conozco, quiero estar más cerca de él.
Otra cosa me trajo aquí y creo que es la primordial. Desde niña mi padre me dijo: Barcelona es una gran biblioteca. La más grande del mundo en literatura latinoamericana y española. Bueno, y me vine y estoy dentro de esta gran biblioteca. La voz de mi padre se repite ahora y me dice que ese es el camino para lograr la totalidad, pero que también es el camino para perderme, fusionarme y terminar anulándome. Siendo un mix, un chubasco, un animal.
Volviendo a Literatura y Psicoanálisis, en Formas breves, Piglia hace un buen paralelo de la relación entre ambas. Qué le debe la literatura al psicoanálisis y viceversa. Cuando a Joyce le preguntan qué relación tiene con Freud, o qué tan influida está su literatura por el psicoanálisis, Joyce responde: Joyce significa Freud; y Freud significa Joyce; es decir, alegría. La alegría de Joyce se vio interrumpida cuando Lucía Joyce contrae una enfermedad del ánimo. Entra en un estado psicótico grave. Joyce la insta a escribir, como forma de reparación y olvido. No da resultado. Uno de los mejores amigos de Joyce le recomienda llevarla donde Carl G. Jung, que por ese entonces estaba viviendo en Dublín. La afinidad de Joyce con el psicoanálisis lo lleva a tomar la decisión de llevar a Lucía donde Jung. Lamentablemente ella se rehúsa. Joyce le lleva los manuscritos de Lucía. Jung le dice: donde usted nada, ella se ahoga. No la obligue a escribir.
La alegría de Freud se ve interrumpida cuando escribe Más allá del principio del placer, en el año 1920, cuando descubre el influjo de Tanatos sobre la vida anímica. La alegría de la niña de los sapos se vio interrumpida cuando la atacaron unos patos (esta historia se relata en el cuento La risa de los patos, publicado en la antología EL ARCA, Buenos Aires, 2007). Se interrumpe y su biografía comienza a fragmentarse en pedazos de pequeñas vidas. Es vivida por otros. Otros la desean y se buscan en ella, realizan sus propias biografías.
Para terminar este post me quedaré con algunas ideas que plagié de un escritor polaco: uno va perdiendo el “ser de alguna parte” desde el minuto en que nace y se radicaliza cuando sale del país en que nació. Va encontrando padres adoptivos en el camino. Se va armando de biografías paralelas. Infinitas. Padres y biografías que uno después debería traicionar. Padres y biografías que debe aprender a trozar para reunir todo en una sola y gran biografía, finalmente. Lanzarnos desde cualquier cima para olvidarnos de todas ellas.
(26 comentarios)
Limítrofe dice…
13.30 p.m.
Leí ese libro de Piglia, de sus libros es el que menos me ha gustado. Prefiero Plata Quemada. Se quema más pasta ahí. A veces los balbuceos burgueses de algunos escritores hacen imaginar que no todos tienen cabida en el espacio ficcional. Te apunto en ese grupo. Podemos dividir a los escritores entre burgueses y no-burgueses. Eterna discusión. Ambos se reconocen en las primeras líneas de sus escritos. Hay sólo dos posibilidades: literatura volcada a lo social o literatura sobre las formas.
¿Qué son los movimientos vanguardistas? En los anaqueles de las bibliotecas está repleto de teorías de ello. Tomemos un ejemplo cualquiera. Pensemos en un poeta contemporáneo: Carlos Germán Belli. Poeta peruano, en sus datos biográficos, vemos que si bien ha vivido la mayor parte de su vida en Perú, siempre viajó desde muy joven – y continuó haciéndolo – por Europa, los Estados Unidos y Latinoamérica. Cuando niño vivió con sus padres en Amsterdam. “En la farmacia en que reina la paternal panacea, / allí frente a frente al océano infinito,/ por primera vez vislumbro aquella luz que alborea,/ iluminando el espacio como si fuera aerolito…”. ¿Se entiende? Nada. Vamos a Juan José Saer. Vamos a Glosa. Una novela. Dos hombres recorren siete cuadras caminando y preguntándose por qué no los han invitado a una fiesta que se celebró en el sábado anterior. Esa es la novela. Vamos a Paseo, de Walser. Un hombre camina alrededor de su cuadra cada día. Eso es la novela. Vamos a Tabucci, a Bernhard, a Beckett. Qué mal, ¿cierto? La literatura no está en las formas, sino en las formas de lucha que remueven a los pueblos.
Eres de las del grupo de escritores burgueses. ¡Lo sabía! Aunque con una leve tendencia a ser una niña-rica-revolucionaria.
No me has visitado. ¿Visitas blogs? ¿O sólo te gusta visitar los de tus amigos? Te lo dejo nuevamente: revolucionesyreuniones.blogspot.com.
A.A. dice…
13.50 p.m.
Hay diferentes divisiones de escritores. Cada escritor tiene su subdivisión. Es decir, hay tantas subdivisiones como escritores en el mundo. Me atrevo a decir que tantas subdivisiones como hombres en el mundo. Los fascistas creen que debe haber un tipo de hombre y una sola literatura.
Las divisiones como la que acabas de nombrar, son precisamente las que no me atraen como lectora.
“Diario de la especies”
Editorial Lanzallamas
147 páginas




