Desde que Mariel sacó su disco “No me despierten” el año 2007, ha estado presentándose tanto en México como en nuestro país. Le tocó aparecer en la escena local junto a una camada de chicas cantautoras con las que a ratos siente cercanía y otros no. Sobre su aventura en el país azteca, su infancia, la música y más, conversamos con ella, con Mariel

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Por Daniel Hidalgo • Fotos: Roberta Rebori.

 

EL ETERNO RETORNO

Es pasado el medio día y estoy en la puerta de la casa de Mariel Villagra- el nombre completo tras el nick de Mariel- ubicada en Ñuñoa. En realidad no es su casa, es la de su madre. Ella está ahí momentáneamente, por un imprevisto. Para estas fechas pensaba estar en México pero un retraso en la llegada de sus pasajes y el estallido de la gripe porcina o gripe A (H1N1), dejó su travesía como cantante en las tierras de Televisa “en stand by”, como ella misma dirá más adelante.

“Hola, ¿Cómo estai?” me dice Mariel con una ternura explosiva, mientras abre la puerta y me hace pasar al patio de la casa, lugar en donde conversaremos durante los próximos cuarenta y cinco minutos. En el sitio hay una mesa, unas sillas, un cuadro de The Beatles del periodo Sgt. Pepper colgando de un muro, y dos canes, uno marrón y uno blanco, que me saludan efusivos. “No hacen nada” me tranquiliza Mariel y se dirige a preparar dos tazas de café.

Mariel grabó su disco “No me despierten” bajo la producción de Luis “Tata” Bigorra (Los Tetas, Frijoles, Funkattack) el 2006 y apareció bajo el Sello Azul al año siguiente. Con ello dio el primer gran paso de su carrera como solista y fue posible ver sus fotos en los medios, sus videos en MTV y escuchar su música en la radio. Pero antes de esto, Mariel ya tenía cierta cancha en los escenarios: integró La Pedroband, junto a su padre, Pedro Villagra (Santiago del Nuevo Extremo, Inti Illimani) y el proyecto de drum n’ bass Ultrafat Soundsytem, junto a los djs Fat Pablo y Ultramal, el baterista de jazz Andy Baeza, y Chico Claudio en beatbox y rimas, “la banda ideal pa’ una que le gusta la variedad, con una identidad súper clara, con todo pa’ grabar, pero que finalmente no concretó, se jipearon mis socios” se lamenta entre risas.

 

Háblame de tu último video, de la canción “Sé”.
—Ese video lo hicimos el año pasado, y después me dieron ganas de corregirlo. Lo que pasa es que es súper casero porque la gracia era el lugar donde se grabó, que es la casa donde vivían mis abuelos maternos cuando yo era chica. Venía un día del mercado con mi familia, de comer, y vimos que la habían botado ya, y quedaban escombros, parte de la cocina, pedazos de la casa. Yo lo encontré increíble y supe de inmediato que quería hacer un video ahí, como fuera. Quería grabar el lugar y dije ya, filo, de ahí elijo la canción pero voy a grabar un video ahí. Elegí la canción “”, que tiene que ver con el desapego.

¿Y las ganas de corregirlo? ¿Siguen?

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—No. Ya se terminó el video. Sentía que había un tema con la edición, pero más que nada detalles, problemas con los ángulos, que estaba como movido o qué se yo, y lo probé. Por ejemplo, la versión que pasan en el Metro, es una versión antigua del video. Mejor. Como no tengo mánager, a veces mis caprichos terminan transformándose en cosas oficiales. Pero está bien que hayan dos versiones, que la de Youtube sea distinta a la que pasan en el Metro me parece bien.

¿Cómo fue retornar a la casa de tus abuelos?
—Mil historias ahí, con mi familia, con mis primos, jugando, actuando. Yo hacía mil juegos ahí, nos metíamos a una piscinita y, ahora, por un ensanchamiento de la calle, derribaron las casas antiguas. Es la calle Lira, están construyendo departamentos y unos edificios enormes. No sé qué habrán hecho ahora, pero sé que está todo destruido.

Oye, y ya que estamos en tu infancia, me imagino que en ese periodo ya estabas rodeada de música, por tu viejo. ¿Cómo fuiste asimilando todo lo que significaría la música en tu vida?
—Hablaba de la casa de mis abuelos maternos, la cercanía de la música podría haber sido más por el lado de mi papá. En la casa de mis abuelos maternos yo era absolutamente libre, nadie me presionaba, nadie se preocupaba mucho de esto de la música, veían que me desarrollaba como niña absolutamente normal. Pero me tocó pasar por las típicas enfermedades de cabra chica, muy largas, y como a los nueve años me pasé muchos meses en cama con un tecladito Casio de estos chiquititos y ahí empecé a aprender sola, súper sola, súper estimulada, cantaba despacito y este teclado no puede hacer dos notas al mismo tiempo, no puede hacer acordes, sólo melodía y ritmo. Era muy estimulante tocar. En esa etapa también empecé a inventar coreografías, a hacer bailes, me enganché con cosas de danza, de teatro y un montón de otras más.

¿Pero tu papá te influenció de alguna forma en esto?
—Mi viejo me influenció de una manera importante, pero no tan directa. Creo que él esperó que yo tomara la iniciativa con respecto a la música. Desde chica, cada vez que tenía una duda se lo preguntaba. Después él se fue de viaje y nos comunicábamos por carta, y cuando volvió fue súper intenso, empecé a sacarle información, me enseñó algunas cosas, me enseñó flauta traversa que es el instrumento al que él se dedica, después empecé a estudiar música en la universidad, en el conservatorio, estudié como dos o tres carreras al mismo tiempo, probando, y él siempre bien. En ese sentido sí, es claramente una influencia. Después yo pasé a formar parte de su grupo y ahí empezamos a asociarnos por lo que él es, la música folclórica y la música latina.

¿Te acuerdas de algo de la discoteca de tu viejo que te haya marcado?
—Claro, el máximo referente que me llegó de ahí, en la infancia, fue Charly García. Yo creo que por él me dediqué a la música. Fue impactante conocer su música y su historia, y que fuera latinoamericano y estuviera tan cerca, que pudiera llegar a conocerlo. Me marcó.

 

POP ART

Al terminar la adolescencia, Mariel Villagra estudió Licenciatura en música, “en el segundo año de universidad ya había cachado que la música que aprendía ahí era la que no quería hacer. Era una contradicción pero me sirvió mucho el proceso de aprender toda la teoría. Sin embargo, me interesaba mucho más el trayecto de Ñuñoa al Centro que las cosas que enseñaban en las clases de cada día. Ver la locura de la ciudad para después llegar a hacer las tareas era como triste”, reflexiona. Luego de eso, empezó a subirse a escenarios, preparando el camino a lo que sería su carrera solista. Con un disco ya editado, una variada galería de R&B, funk, rock, bossa nova, boleros y baladas, con letras que oscilan entre lo dulce, lo amargo, la desesperanza y las relaciones de pareja, todo de su autoría, y siempre bajo una premisa muy pop, Mariel ya se había abierto paso en una nueva escena de solistas nacionales.

Si bien los sonidos por los que te paseas con tus canciones son bien variados, siempre trabajas con el formato de la canción pop. Sin embargo, tus letras son más bien tristes, a ratos obsesivas e incluso perversas y coquetas de cierta forma. ¿Cómo calza eso en el mundo pop?
—El otro día me decía un periodista amigo que pertenezco a un grupo de artistas que estamos desenmascarando un poco al pop, quitándole el plástico, el envoltorio, y haciendo cosas distintas. Contando verdades con letras no tan optimistas. El disco está escrito en base a vivencias mías, todo lo que se cuenta ahí son mis grandes éxitos. El primer disco me demoré 25 años en hacerlo, claramente me representa y están las cosas que marcaron de alguna forma mi vida.

Con respecto a lo mismo, el pop funciona en base a fórmulas que están súper probadas y repetidas hasta el cansancio. ¿Cómo se puede ser original en el pop?
—Creo que la creatividad es algo innato, y ahí está la gracia de todo artista, y creo que la sensatez también, hay que ser consecuente. Creo en mi gracia y es lo que ha hecho este proyecto tan mío. Cuando yo logro encontrarme con una canción simple y transparente, eso es lo que funciona. Mis letras son lo que más me gusta, creo que es lo más importante, me gusta jugar con la oscuridad, es simple, tienes que decir algo simple y honesto pa’ que la música popular funcione, traducir la vida a tus canciones.

¿Podrías darme un ranking de divas de la música popular latinoamericana?
—Me carga que me pregunten por mis referencias. Esta parte me cuesta mucho, es una pesadilla. Cada vez que doy una entrevista me digo ay, me van a preguntar por mis referencias. Mira, prefiero darte nombres de chicas más alternativas. La Martina Lecaros, que es una chica que está muy bien, trabaja la música popular, le gusta mucho el soul y va a sacar un disco. ¿Quién más? La Daniela Conejeros, la Valentina Fel, esta chica que provoca polémica y no sé, el resto, las más conocidas, las nombrai tú.

¿Pero y pa’ atrás? De los años 60’s, 70’s…
—Ah, la Cecilia. Me gusta mucho su estilo. No me tocó vivir en su época y ahora es muy distinto pero escucho un disco de ella y me lo transmite todo. Ella tenía una voz muy hermosa y distinta y acompañada por gente que era seca en la música. A mí me encanta.

Para Cecilia la noche implicaba mucha vida pero también un desgarro que te terminaba destruyendo ¿Qué hay con eso?
—Sí, mira, yo trabajé harto tiempo de noche y, claro, me cansaba el ambiente. Hay gente que se dedica a la noche y tiene esa cosa de tristeza y alegría. En el caso de Cecilia está eso, cosa que me identifica harto.

Tú apareciste en un momento en que estaba naciendo toda una movida femenina ¿Te sientes cercana a eso?
—A ratos sí. Me di cuenta de que cuando yo era más chica no habían referentes pa’ una. Estaba Madonna o qué se yo, pero de nuestro país, no habían. Que ahora haya y que estas chicas hayan aparecido todas juntas me parece súper bien. Por ejemplo, un referente que yo tengo, a pesar de que todos me molestan con ella, es la Myriam Hernández, me encanta, no puedo con ella, siento que es una estrella, pero no había nadie que te dijera qué camino tomar, y ahora está lleno y atrás de nostras vienen muchas más.

 

¡HÍJOLE, TÚ ERES MARIEL, GÛEY!

Por esas cosas de la vida, y a raíz de un amigo mexicano que alojó en la misma casa en donde Mariel y yo conversamos en estos momentos, la cantautora tuvo la posibilidad de probar suerte en Ciudad de México. Primero fue a conocer y a estudiar el terreno, ver la posibilidad de contactos y de sacar su disco por esos lados, ella intuye que el disco y su proyecto funcionarían muy bien en el país de Paulina Rubio. Luego viajó ya a presentarse, conoció a una banda que se transformó en su banda de apoyo. Tocó junto a Ratones Paranoicos. Tocó en el Metro, hecho que la expuso frente a cientos de ojos y oídos mexicanos e incluso se armó su club de fans, para el que realizó una presentación especial, e incluso descubrió que la gente empezaba a reconocerla en la calle, hecho al que aún no se acostumbra, “en México pasaron un montón de cosas importantes, que por cosas ajenas, pestes que atacaron al mundo, está en stand by, pero pretendo irme luego”.

No alcanzaste a ver nada de lo que pasaba con la gripe porcina.
—No, nada. Por suerte.

Y ya que estuviste en el D.F., en otro sistema cultural ¿Cómo se ve Santiago a tu regreso?
—Se ve maravilloso. Caminar por Santiago es un privilegio. Todo esto en el plano físico, en el cultural se ve como un lugar encerrado, con referentes locales, no sólo en lo musical, en las probabilidades de vida es lo mismo. Creo que a toda la gente le vendría bien salir. Al final, en la práctica, uno siempre se cuestiona lo mismo: ¿Por qué el arte no funciona en este país? Puedes tocar en todos los lugares, que son como ocho acá en Santiago, y ese es el tope.

¿Pretendes radicarte en México en algún momento?
—No sé, es que el mundo está tan virulento que no sé. Con una amiga conversábamos que lo loco de la peste es que en México nadie conoce a alguien que la tenga, ¡pero nadie! Yo tenía pensado irme todo este año, me quería ir en marzo o abril, y ahora no sé qué va a pasar, y esa es la gracia de ser artista, que uno vive al día, esta semana me sentí la raja porque toqué el lunes, ahora toco el sábado y así se va armando. Me fui al D.F. porque me aburrí de Santiago y ahora cuando estaba con toda la energía para irme de nuevo, por estas cosas de que no pude viajar, me he reencantado con esta ciudad. Pero voy a irme y a lo que venga. Allá tienen tantas ganas de que llegue que voy a quedarme un buen rato, pero radicarme así, no sé lo que es eso. Para mí todo es una cosa natural.

¿Algo más que quieras decirnos?
—Sí, que toco en la Blondie el 30 de mayo, es algo importante porque voy a experimentar con otra faceta mía, con una cosa más teatral porque es el cumpleaños de Kylie Minogue y me invitaron a cantar sus canciones y las mías también. Me gusta mucho hacer musicales y comedia musical, entonces que me hayan dado esta posibilidad me gustó harto. No es que vaya a personificar a Kylie seré yo cantando sus canciones, pero me voy a meter en su personaje. Va a ser súper rico pa’ mí y olvídate pa’l público de Blondie, que le gusta poco.

 

Estamos. Mariel me acompaña a la puerta de la casa, yo tengo mi nota y siento que no pude haber tenido mejor entrevistada, tengo la sensación de haber conversado con alguien que tiene ganas de hacer todo y de intentarlo a su manera, sin prisas.

 

Otros singles de Mariel: La enredadera, La gata y No me despierten:

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