
Ya sé que hizo un milagro, una cosa casi épica y lo hizo de una manera noble y ejemplificadora. Que ya no va a llegar cualquier pichanguero de cuarta a vetar a la selección y picanterías así. Y que ser titular va a ser casi una quimera para cualquier juvenil de 17 con visos, zapatos dorados y tatuajes en los brazos. Como lo fue en algún tiempo y no debió dejar de ser.
Eso es para aplaudir.
Yo le temo al “Efecto Bielsa”. Y no me refiero a que unos diputados ociosos quieran otorgarle la nacionalidad (nacionalicen primero el agua, patanes), o que Piñera prometa hacer con el país lo mismo que el rosarino con la selección (vende tus acciones primero, payaso).
Lo que me alarma es que lo elijan como personaje del año o verlo en portadas de revistas que no son deportivas. Que traten de darle a su gesta deportiva una trascendencia que no debiera tener. O sea, no olvidemos que el fútbol es sólo el más importante de los temas sin importancia. Nada más que eso.
Tengo pavor de verlo en charlas tipo Percade o en la Feria del Libro (inviten primero a los editores locales, oportunistas). Que haya un culto a su personalidad.
Les pongo un ejemplo que va a dejarles en claro lo viejo que soy. Cuando se estrenó La Sociedad de los Poetas Muertos, yo estaba en el colegio. Y todos, absolutamente todos, los profesores -especialmente los jóvenes-, quisieron ser Mr. Keating. Era patético.
En vez de enseñarnos las materias que debíamos aprender, querían darnos ejemplos de vida. Enseñarnos a ser mejores personas. Marcarnos a fuego. Lo que no tiene nada de malo. Sólo que eso se logra (si se logra), con la sumatoria de todas las experiencias vividas en la etapa escolar. Las buenas y las malas. Y no porque profesores engrupidos vieran una película que les recordó el cliché del maestro formador que los angustiosos y frustrantes años de ejercicio de la profesión les sepultó.
Lo mismo con Bielsa. Tengo miedo que todos quieran ser como él. Que mi jefe quiera serlo, y el jefe de mi jefe también. Odiaría una reunión motivacional con un superior que se mande un discurso bielsista enmarañado e impostadamente formal.
Peor que eso, me aterra que a partir del éxito del DT sea bien visto ser un tipo estresado, trabajólico y perfeccionista hasta la ridiculez. Que HAYA que ser así obligatoriamente. Que el enfermito que va a trabajar el día feriado sea el héroe y quienes pensamos que hay cosas más importantes (la vida propia por ejemplo) seamos chantas, sacadores de vuelta, y todos esos adjetivos “felipebianchiescos” que están tan en boga.
Porque el éxito de un tipo de liderazgo no es mandatorio sobre el resto. Porque, queridos gerentes, editores y seudo emprendedores, Bielsa es uno de los mejores técnicos del mundo, pero no el único. Y hay otros igual de buenos que tienen otras formas de manejar equipos humanos y logran éxitos aún mayores.
No crean que soy alarmista. Cuando menos lo piensen van a llegar los bielsistas de cuello y corbata a sus universidades o lugares de trabajo. Tipos que, por querer emularlo, simplemente van a hacer el loco.




