El patetismo virtual no tiene límites. Siglos de evolución humana para terminar perdiendo el tiempo inútilmente en jueguitos digitales. La aldea global creando cerebros intercambiables. Algo así como el fracaso de la alfabetización digital. O la pesadilla viral de Biblioredes. Toda una generación alimentada con basura 2.0.

Personas de todo tipo utilizando sólo el lado desechable de Internet. En el comportamiento en Facebook queda más que claro. Ni hablar de fotologs, chats y foros varios. Y esto recién comienza.

Lamentablemente, el avance tecnológico no siempre va de la mano con el desarrollo intelectual. Si alguien sumara todo el tiempo perdido en aplicaciones sin sentido, en un año, perfectamente podrían haber aprendido algún idioma nuevo o bajado de peso, por ejemplo. Pero no: El laptop de 260 gigas termina siendo ocupado para leer “La frase del día”, pidiéndole algún consejo conspirativo a Salfate, preguntando qué está in y out a Gonzalo Cáceres, perteneciendo a un grupo del tipo “yo también me tropecé con una hormiga cabezona” o desperdiciado en cualquier basura digital que nos envuelve día a día.

Y uno termina configurando FB para sólo leer a unos pocos, los que ponen estados de Facebook asertivos o entretenidos, los que tiran buenos links o recomiendan algo interesante. Pero no son la mayoría. Siempre parecen ser más los que creen que van terminar con Hidroaysén, uniéndose a un grupo en Facebook.

A nadie le gusta dar lástima, pero el comportamiento online siempre nos define de alguna forma. Tomando en cuenta que cualquier jueguito de FB es más bien triste, aquí va una selección de los peores. Ocupar estas aplicaciones es la mejor manera de dar pena en Facebook. Veamos:

Las galletas de la fortuna: ¡Qué hincha pelotas hacer clic en “tienes 3 nuevos mensajes” y aparece alguien abriendo galletas de la fortuna! Mal. Más encima se ponen contentos por lo que les salió, se aplauden. Es difícil saber qué puede pasar por la cabeza de alguien que piensa que este tipo de cosas le alegran el día o pueden ser graciosas. La ingenuidad llevada al límite. Las galletas de la fortuna: nuestro spam positivo de cada día, como un patético post it corporativo.

El lector de mentes: Si alguien me leyera el pensamiento con esta aplicación, tendría que decir: ”eres un wea de Facebook”. Imposible que alguien que utiliza esta aplicación no piense que está haciendo algo que raya en lo ridículo. Los veo con los ojos brillantes, esperando que les llegue el aviso de alguien comentando su hazaña. Antes de andar leyendo mentes, sería mejor apagar un rato el computador y ponerse a reflexionar en los pensamientos propios, tal vez las cosas cambian o mejoran.

El horóscopo: La gran estafa en todos los formatos. El imperio donde reina la Tía Jolly. La caracola mágica de los seguidores astrales. No puedo creer que en pleno 2009 todavía exista gente que pregunte el signo en algún momento de la conversación. Y claro, como en la era de las redes sociales todos tienen su espacio, el esoterismo online también es parte fundamental en todo esto. Así las cosas, no es tan difícil imaginarse en un futuro cercano, que en el curriculum esté incluido el signo de cada persona, para poder saber si alguien es alegre, trabajador o envidioso, porque el horóscopo es el real oráculo de la vida.

¿Cuánto me conoces? Es el extremo de la vanidad. Se supone que en un par de preguntas patéticas sale el porcentaje exacto de conocimiento entre dos personas, el nivel de amistad, el grado de intimidad, etc. Es como la CEP de las relaciones humanas. Nunca antes la amistad estuvo tan en tela de juicio como con esta aplicación. Dime cuánto rato pasas en Facebook y te diré quien eres. Algo así.

El estado de Facebook para tontos. Aquí están todas las personas que no se les ocurre nada más creativo que poner: “tengo sueño”, “con frío”, “cansado”, “feliz” o cualquier estado de animo que a nadie le importa. Todo es básico. Todo es mínimo. Como si tantos emoticones en MSN los dejaran sin palabras. Como si tantas horas perdidas en jueguitos de Facebook los hubiesen dejado sin cerebro.